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Full text of "Manual elemental de gramática histórica española"

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MANUAL ELEMENTAL 



GRAMÁTICA HISTÓRICA ESPAÑOLA 




DE 






POR 



R. MENENDEZ PIDAL 




MADRID 

LIBRERÍA GENERAL DE VICTORIANO SUÁrEZ 
4L8, Preolados, 48 

1904 . 



ES PROPIEDA& 



Hloi 



EBt. tip. de la Viuda é hijos de TetU>, O. de ::>«a i< raaciACu 4. 



s 



CAPITULO PRIMERO 

|DEA DE LOS ELEMENTOS QUE FORMAN LA LENGUA 
ESPAÑOLA 

1. El español entre las lenguas romances. 
— Al desmembrarse el Imperio romano se siguió 
usando el latín en' gran parte de él, sobre todo en el 
Imperio occidental, la mayoría de cuyas provincias 
continuaron hablando dicha lengua á pesar de las 
muchas invasiones de pueblos extraños que sufrieron, 
y podemos decir que aun hoy día siguen hablándolo, 
claro es que muy alterado y de diversa manera, en 
cada una de esas provincias. 

Los varios estados de transformación á que en 
esas provincias llegó el latín hablado, se llaman 
«lenguas romances ó neolatinas,» y_&aajésias, enu- 
meradas de Oriente á Occidente; > ^RuMAN p^ habla- 
do en la antigua Dacia, ó sea en Rumania y parte 
de Rusia y Hungría, y al S. del Danubio en parte 
de Macedón i a y Albania; gI^Ladii:^ _ó^REm^o^ 
N0¡) hablado en la antigua Ret[a^ esto es, en parte 
de Suiza, It alja y Aust ria; el(ÍTAi.iAN^^ hablado en 
Italia ; el (Francés y Pi^yEN^L,jhablados en la^an - 
tigua GajIa¡~y"d^^^LÁfr¡^^ 
GÓ-PoRTUGUÉs,! hablados en la antigua Hispania. 
El castellano, por servir de instrumento á una lite- 
ratura más importante que la de las otras regiones 



de España: por ser la lengua de un pueblo que rea- 
lizó un plan histórico más vasto y expansivo, y en 
fin, por haber absorbido en sí otros dos romances 
principales hablados en la Península (el Leonés y el , /^ 
Navarro- Aragonés), recibe el nombre de lengua es- / . 
PAÑOLA por antonomasia. Se propagó á la América, 
viniendo á ser de las lenguas romances la que logró 
más difusión, pues la hablan como unos 6o millo- 
nes de hombres, mientras el francés es hablado por 
5o y el italiano por 3o. 

Todas estas lenguas son una continuación moder- 
na del Latín; pero no del Latín literario, escrito 
por Cicerón, Horacio y los demás autores clásicos, 
que tenía mucho de convencional y artificioso, sino 
del Latín vulgar, hablado al descuido, sin preocu- 
pación literaria, por los legionarios, colonos, ma- 
gistrados y demás conquistadores que se establecían 
en las provincias ganadas, los cuales, gracias á su 
poderío político, á su talento administrativo y á su 
superior cultura, romanizaban rápidamente las ra- 
zas sometidas y les hacían ir olvidando su idioma 
nativo, que no podía menos de resultar pobre é in- 
suficiente para las complejas necesidades de la nue- 
va vida que la colonización traía consigo. Además, 
aparte de la mayor perfección del latín, esta lengua 
se presentaba con otra superioridad respecto de los 
idiomas indígenas; eran éstos tantos y tan variados 
en un territorio como, por ejemplo, el de España, 
que la imposición de la unidad en el latín, aunque 
molestara cariños y vanidades patrióticas, resultaba 
cómoda y útil para el comercio y la cultura general. 
Felizmente los idiomas nacionales se olvidaron casi 



3 

^el todo, de tal modo, que apenas en el Español se 
descubren restos cada vez más dudosos. 

2 . El latín vulgar. — El fondo primitivo del 
idi oma español, su e lemento esencial, es únicamente 
^ 1 latín vulgar . Este no debe confundirse con el latín 
>que se escribía en la decadencia del Imperio roma- 
no, ni menos con éi hijo l atín que se usaba en la 
Edad Media, pues estos dos, aunque difieran á veces 
mucho del latín de Cicerón ó de Virgilio, siempre 
están más próximos del latín clásico que del vulgar. 
El latín vulgar no se diferencia del clásico por la fe- 
•cha, pues es tan antiguo, y más, que el latín litera- 
rio; vivió siempre al lado de él, aunque no siempre 
igualmente divorciado. 

Es cosa bastante difícil el estudio del latín vulgar, 
pues nunca se escribió deliberadamente: el cantero 
más rudo, al grabar un letrero, se proponía escribir 
la lengua clásica; sólo en los escritos menos litera- 
rios, como inscripciones ó diplomas, se escapan, 
gracias á la incultura del escribiente, algunas for- 
mas vulgares. Pero fuera de estos escasos restos, la 
ciencia se tiene que valer principalmente para su 
^conocimiento de la restitución hipotética de las for- 
mas vulgares, en vista de la comparación de los idio- 
mas neolatinos, pues claro es que un fenómeno que 
se encuentra á la vez en todos ó en muchos de esos 
idiomas, provendrá del latín hablado comunmente 
antes de la completa disgregación dialectal del Im- 
perio romano; si en vez del clásico acuére, halla- 
mos en español aguzar, en portugués aguijar, en pro- 
venzal agitsar, en francés aiguiser, en italiano aguz- 
jsare, etc., podemos asegurar con toda lógica que en 



4 
el latín vulgar hablado en todos estos países se decía 
*acutiare, derivado de acutus, participio del clá- 
sico acuere (i). Por igual razonamiento se llegad 
concluir que la é latina acentuada se pronuncia- 
ba con sonido abierto (v. adelante § 8) que produja 
el diptongo ie (v. § lo) en el latín vulgar de una 
extensa zona del territorio romanizado; porque en 
vez del clásico férus, se dice en español é italiano 
fiero, en provenzal y francés fier, en rumano fiara,. 
etcétera, y en vez del clásico pédem, se dice en 
italiano piede, en francés pied, en español y reto- 
romano pie, etc. En casi todas las lenguas romances 
hallamos ille, sirviendo de artículo, como en espa- 
ñol el padre, italiano ü padre, francés le pere^ etc.; 
bien podemos asegurar que tal artículo era de uso 
común en el latín vulgar antes de la disgregación del 
Imperio. Este latín vulgar se distinguía principal- 
mente en la tendencia á expresar por perífrasis lo 
que en latín clásico se expresaba por una síntesis 
gramatical; el artículo y las preposiciones sustituían 
á la declinación clásica de diversas terminaciones, y 
en vez del genitivo plural siatétito cervorum, de- 
cía el vulgar: de i líos cervos; el comparativo 
sintético, v. g., grandiores, se perdió también y 
se sustituyó por la perífrasis magis grandes; la 
terminación pasiva, v. g., amabantur, se olvidó 

(i) Estas formas como *acutiare, que la ciencia indu- 
ce de la comparación, y que, por muy seguras que sean^ 
siempre son hipotéticas, se suelen marcar con asterisco, y 
así se hará en el resto de este Manual. También se marca- 
rán con asterisco las formas hipotéticas del español que se 
suponga que existieron. 



5 
para expresar la idea pasiva con el rodeo erant 
amatos, etc., etc. 

Al lado de estos fenómenos generales del latín 
vulgar, cada región tenía sus particularidades idio- 
máticas: así, mientras todos los romances conocían 
el clásico cava (italiano y reto-romano cava, pro- 
venzal caiis, etc.), en España se usaba el dialectalis- 
mo * cóva, de donde el portugués cova y el español 
£Ueva (v. § i3); mientras todos los romances cono- 
cían el clásico nodus (italiano nodo, Tun\a.no nod, 
provenzal notz, etc.), en nuestra Península se decía 
nüdus, acaso siguiendo la pronunciación de óseos y 
sabinos, por lo cual el español dice nitdo y el catalán 
nu. Estas diferencias eran sin duda escasas en la 
pronunciación y en la sintaxis, salvo en el vocabu- 
lario; como vemos que hoy pasa en diversas pro- 
vincias de España, que más que por la pronuncia- 
ción ó la construcción se diferencian entre sí por el 
uso preferente de tales ó cuales vocablos y acepcio- 
nes; los vocablos de uso preferente en el latín vul- 
gar español son los que forman el vocabulario es- 
pecial que distingue nuestra lengua de las hermanas 
neolatinas. Por ejemplo: Plinio menciona una pala- 
bra usada especialmente en España, donde, según él, 
á las paredes las llamaban for maceos, y esta voz 
se conserva todavía en la Península y no en otros 
países neolatinos, llamándose en español moderno 
hormazo á la pared de piedra seca. 

Cuando el Imperio romano se desmembró cons- 
tituyéndose lasjnaclonés bárbaras, cesaron las rela- 
ciones íntimas entre las antiguas provincias, ahora 
ocupadas por suevos, visigodos, francos, borgoño- 



6 

nes, ostrogodos, etc.; con esto, las diferencias regio- 
nales, en un principio escasas, se aumentaron con- 
siderablemente y cada vez divergió más el latín vul- 
gar hablado en España del hablado en Francia ó en- 
Italia; pero como esta divergencia se fué acentuanda 
por lenta evolución, no hay un momento preciso en 
que se pueda decir que nacieron los idiomas mo^ 
dernos. 

Los hispanoromanos bajo el dominio visigoda 
continuaron hablando latín, y aun por efecto de su 
mayor ilustración impusieron su lengua á los con- 
quistadores. 

Difícil es también llegar á conocer el habla usual 
en la época visigótica, pues tampoco nos quedan 
monumentos escritos en este lenguaje corriente; en- 
tonces no se escribía sino el bajo latín, última dege- 
neración del latín clásico, y cosa muy distinta del 
latín entonces hablado. Sólo en este bajo latín hay 
algunos rastros del habla familiar, y los eruditos de 
entonces no dejaron de apuntar algunos términos 
vulgares. San Isidoro, Arzobispo de Sevilla, nos da 
bastantes noticias del vocabulario español de la más 
antigua Edad Media; él, por ejemplo, nos da á cono- 
cer el nombre de la lechuga silvestre, de hoja denta- 
da, en forma de sierra, llamada serralia, de don- 
de deriva el español cerraja y el portugués serralha; 
ó el nombre del establo de bueyes, bostar, que 
nosotros decimos hoy igualmente bostar y los portu- 
gueses hostaly así como otros términos usados des ■ 
pues sólo en nuestra Península y no en los otros- 
países latinos. 

Dada la escasez de estos testimonios escritos, se 



I 



7 
puede decir que sólo disponemos de una fuente co- 
piosa de conocimiento para el estudio del latín espa- 
ñol en esta época prehistórica, falta de documentos: 
y es la comparación del español más tardío, del es- 
pañol escrito, á partir del siglo xii, con el latín clá- 
sico. Por ejemplo: nos es fácil descubrir que ese la- 
tín vulgar jamás escrito prolongaba con un sufijo 
muchas voces clásicas, y por longáno longano- 
nis, decía *longanicia, de donde el español lon- 
ganiza, catalán llangonissa; en vez del clásico ilex 
ilicem, usaba el derivado *ilicina, de donde el 
español encina (v. § 64 6), y en Alto Aragón leci- 
;ííí; junto á calcan eum, usaba "cal caneare, de 
donde el español calcañar, portugués calcanhar; en 
vez de anethum, se decía *anethulum , de don- 
de se deriva eneldo (v. § 5y ^). Esta tendencia es del 
latín vulgar general, que en vez de miscére, decía 
*misculare, mezclar, ital. mescolare, etc.; en vez de 
spes, decía *sperantia, esperanza, fr. esperance, 
etc.; e stos incrementos vulgares de las vo ces clásicas 
son importantísimos, porque sin ellos es im£osible 
explicar las lenguas romances. 

También se puede observar el cambio total del 
vocablo; el clásico vespertilio (que se perpetuó en 
Italia, vipistrello, pipistrelló) se usó muy poco en 
España, quizá sólo en Asturias (donde aún se dice 
esperteyo, por ^vesperteyo), mientras en el resto de la 
Península se usaron otros nombres, especialmente 
murecaecu, de donde el portugués morcego, espa- 
ñol mur ciego ó muvcieg-alo, murciélago. El nombre 
de la m usté la, conservado en otros romances, y 
también en Ribagorza (mustrela), Asturias y León 



8 

("mustel-ella, mustuliella, mostolüla), fué sustituí- 
do en el hispano-romano por un diminutivo de com- 
mater, *commatercula, d& donde comadreja. 

Hay que advertir también acepciones propias del 
latín vulgar de España; por ejemplo: serra para el 
latín clásico y para los romances en general, signi- 
fica la sierra del carpintero; pero los hispano-roma- 
nos llamaron así también por metáfora á la cadena 
de montañas, el perfil de cuyas crestas semeja al 
instrumento citado, y de ahí el español sierra^ por- 
tugués serra, en la acepción de cordillera. 

Este idioma hispano-romano, continuado en evo- 
lución espontánea, es el mismo que apareció ya 
francamente divorciado del latín en elJPoema del 
Cid; el mismo que perfeccionó iVlfonso el Sabio; y 
substancialmente el mismo que escribió Cervantes. 

3. El latí n clásico y los cultlsmos del 
IDIOMA E SPAÑOL. — Pero si el latín vulgar explica, 
perfectamente la. pai'ie. más -g4-ande y. castiga de la 
lengua española, no puede explicarla toda. jStSi^n 
porción de nuestro idioma, como de todos los ro-, 
manees, procede del latín literario. 

Desde luego se comprende que el latín vulgar no 
podía vivir en completo divorcio del latín clásico ó 
escrito, pues éste, como superior en ideas y en per- 
fección, tuvo que influir continuamente sobre aquél, 
lo mismo en tiempos de la República y el Imperio 
romanos, que en el período de orígenes de las len- 
guas neolatinas; estas voces literarias introducidas 
en el habla vulgar en período tan antiguo, siguieron 
generalmente en su desarrollo igual proceso que las 
voces populares. Pero, además, después de la prime- 



9 
ra edad de las lenguas romances, los pueblos nuevos 
formados sobre las ruinas del Imperio jamás deja- 
ron de estudiar los autores clásicos; sobre todo se 
generalizó su estudio con el Renacimiento, en los 
siglos XV y XVI, y desde entonces no ha cesado el 
torrente invasor de palabras del latín escrito en el 
habla vulgar. Estas voces literarias de introducción 
más tardía en el idioma, tomadas de los libros cuan- 
do el latín clásico era ya una lengua muerta, son las 
que llamaremos en adelante ^voces cultas^jy conviene 
distinguirlas siempre en todo estudio histórico, pues 
tienen un desarrollo distinto de las voces estricta- 
mente populares: mientras éstas son producto de una 
evolución incesante y espontánea desde los períodos 
más antiguos, las palabras cultas son introducidas 
cuando esa evolución popular estaba muy adelan- 
tada en su camino, y, por lo tanto, no participan 
de aquella compleja serie de cambios que en su evo- 
lución sufrieron las voces primitivas del idioma. 
Buen ejemplo de cómo las voces cultas apenas su- 
frieron modificaciones, nos lo ofrecen cualquiera de 
las muchas palabras latinas que, después de haber 
sido usadas y transformadas por el vulgo, fueron se- 
gunda vez incorporadas al idioma por los litera- 
tos; el vulgo hispano-romano usaba el diminutivo 
artícülus en el sentido concreto de artus ó nu- 
dillo del dedo, y de ahí se derivó el vocablo popular 
artejo, según las leyes esenciales del castellano 
(v. § II I y 572); pero más tarde los eruditos vol- 
vieron á tomar la voz, no de la pronunciación, sino 
de los libros, y la i se conservó como í, y con- 
servaron la ú postónica, contra el § 26, es decir^ 



10 



conservaron toda la palabra tal como la veían es- 
crita, sin la menor alteración: articulo. La misma 
diferencia se puede notar entre el vulgar heñir de 
fingere y el culto fingir , pues éste no cumple con 
ia ley de la i enunciada en el § i8i, ni con la del 
grupo ng del § 473, y sólo modificó la voz latina en 
la terminación, pasando el verbo de la conjugación 
en -er á la en -ir. Intacto también queda el culto 
se-xtOj sexta de séxtus sin cumplir la evolución in- 
dicada en el § 10 1 respecto de la é, ni la del § 5i2, 
respecto del grupo foy "mientras el popular siesta su- 
frió todos esos cambios. Igual observación cabe ha- 
cer respecto del culto círculo y el popular cercha 
(§ 61 2), del culto cátedra y el popular cadera (§ 6 i 
y 40 nota); y adviértase de paso, en cuanto á la 
acepción, que en los casos citados, en que un mismo 
tipo latino produjo una voz en boca del pueblo y 
otra en los escritos de los eruditos, la voz popular 
tiene una significación más concreta y material, 
mientras la culta la tiene más general, elevada ó 
metafórica. 

Pero las voces cultas, aunque apenas sufren alte- 
ración alguna en su paso al español, no pueden pa- 
sar intactas; y daremos aquí una ¡dea de sus mudan- 
zas para no volvernos á ocupar en ellas: se ha nota- 
do el cambio de conjugación de fingere en fingir, 
y esto es muy corriente: re ge re, regir; recurrir, de 
recürrere (popular recorrer, pues según el § 20 la 
ü suena o); restituére, restituir, etc. Otras termi- 
naciones de voces cultas se asimilaron á las popula- 
res, quedando intacto el cuerpo de la palabra: así 
- tatem se asimiló á la terminación popular -dad, y 



II 

de amabilitatem se dijo amabilidad; continui- 
tatem, continuidad. Y aun aparte estos cambios 
más sencillos que sufren casi todas las voces cultas, 
sufren otros más profundos aquellos cultismos que 
se introdujeron desde muy remotos tiempos en el 
romance; por ejemplo: títulum debió ser importa- 
do por los doctos en fecha muy antigua, cuando aún 
había de regir la ley de la pérdida de la vocal postó- 
ni ca interna, § 26 i, y se llegó á pronunciar ''^titlo y 
luego "^tidh, tilde; pero que, á pesar de estos cambios 
bastante profundos, la voz no es popular, lo prueba 
la vocal acentuada: si títulum no hubiera ingre- 
sado en la evolución popular ya tarde; si pertene- 
ciera al caudal primitivo de la lengua, su i breve 
acentuada hubiera sonado ^, § 11 i , como hallamos 
TRTLU escrito en una inscripción española; pero este 
TETLU vulgar usado un tiempo por los hispano- 
romanos, gayó luego en olvido (que á haberse con- 
servado hubiera producido en romance "^tejo, como 
viejo y almeja, citados en el § 57 3 ) y los letrados 
tuvieron que importarlo de nuevo tomándolo de los 
libros y no de la pronunciación, por lo que la i se 
mantuvo como i. En igual caso que tilde están las 
otras voces que podemos llamar semicultas, v. g., 
cabildo (§ II I nota), molde, rolde (§ 13 i nota), re- 
gla (§ 5y 2 nota), 7iatío que perdió la v de nativum 
como las voces populares, § 43 2; pero mantiene la t 
contra el § 40, y á haber sido enteramente popular, 
hubiera resultado "nadío. 

En el estudio histórico del idioma hay que conce- 
der muy distinta importancia á estas dos clases de 
voces. Como las populares hoy usadas son la última 



12 



fase evolutiva de las que componían el idioma latino 
vivo, merecen, por su complicado desarrollo y por 
formar el fondo más rico del español y su herencia 
patrimonial, una atención preferente; las voces cul- 
tas, en cambio, por la pobreza de su desarrollo, no 
ofrecen un interés tan grande para el estudio, y no 
hablaremos de ellas sino por nota. 

4. Otros elementos del español extraños 
AL LATÍN. — Además de los elementos latinos, en- 
traron á formar parte del idioma español otros ex- 
traños y en muy diversos tiempos. Ya en el período 
del latín vulgar, esto es, antes de la clara aparición 
de los romances, se incorporaron elementos de las 
lenguas indígenas de España y elementos germáni- 
cos que participan, por lo tanto, de la misma evolu- 
ción que las palabras vulgares; los elementos incor- 
porados al idioma después de su período prehistóri- 
co, participan de esa mayor inmutabilidad que hemos 
señalado como característica de las voces cultas. 

i] La influencia de las lenguas ibéricas, que sal- 
vo el vasco, perecieron con la romanización de Es- 
paña, es muy escasa y dudosa. Hay voces que pare- 
cen indígenas, como páramo, tan peculiar de nues- 
tra topografía, que aparece por primera vez en la 
inscripción votiva de una ara de Diana hallada en 
León, en que Tulio ofrece á la diosa la cornamenta 
de los ciervos que cazó in parami aequore, en la 
llanura del páramo, en la paramera; pero aún se 
abrigan dudas que ésta sea voz ibérica. Se duda 
también, con mucha razón, de vega, de nava y de casi 
todas, y apenas si se tiene por segura alguna como 
izquierdo, análogo al vasco ez querrá, ó las de 



13 
sufijo -rro, como pizarra, becerro, cazurro, guijarro, 
vasco eguij arria. 

2] Parece que los elementos germánicos del es- 
pañol no proceden, en general, de la dominación 
visigoda en la Península, como pudiera creerse; el 
número de los invasores era demasiado escaso para 
influir gran cosa, y además los visigodos, antes de 
llegar á España, habían vivido dos siglos en íntima 
contacto con los romanos, ora como aliados, ora 
como enemigos en la Dacia, en la Mesia, en Italia 
misma y en Galia, así que estaban muy penetrados 
de la cultura romana. El centenar escaso de palabras 
germánicas que e mplea el español es, en su mayo- 
ría, de introducción más antiguaTse incorporaron al 
latín vulgar antes de la desmembración del Imperio, 
y por eso se encuentran, no sólo en el español, sino 
también en todos los otros romances. Allá en los 
castros y en las colonias de las orillas del Rhin y del 
Danubio, el legionario romano vivía en continua 
roce con los guerreros germanos que trataba, ya como 
adversarios, ya como auxiliares, y de este trato ha- 
bía de resultar una jerga ftonteriza, de la cual pa- 
saron al latín vulgar general gran porción de las 
3oo voces germanas comunes á las diversas lenguas 
romances, como tirar, tocar, ardido = osado, fal- 
da, etc. Vegecio, ya en la segunda mitad del si- 
glo IV, latiniza una, burgus: «castellum parvullum 
quem burgum vocant.» La mayoría de las voces de 
este origen son militares,- como guerra, tregua, guar- 
da, robar, ganar, albergar, guiar, guarecer, guarne- 
cer; el vestuario y armamento de los bárbaros susti- 
tuyó, en parte, al de los romanos imponiendo los 



H 
nombres de yelmo, guante, cofia, dardo, espuela, bri- 
da, estribo; también hay algunos nombres de institu- 
ciones políticas, como bando, sayón, y referentes á la 
vida y costumbres señoriales, jaca, esparver, jerifal- 
te, galardón, arpa, danzar, orgullo, aleve, escarnio, 
guisar, escanciar, rostir, etc., etc. 

3] La estancia de los conquistadores de lengua 
árabe en España durante ocho siglos no podía menos 
de dejar profunda huella entre los cristianos. Las 
relaciones políticas y matrimoniales entre las fami- 
lias soberanas de ambas religiones empezaron ya en 
los primeros tiempos de la Reconquista, y el trato 
guerrero y comercial de ambos pueblos no cesó ja- 
más. Alrededor de las huestes cristiana y mora que 
en la frontera vivían en continuo trato, había ur.a 
turba de enaciados que hablaban las dos lenguas, 
gente de mala fama que hacía el oficio de manda- 
deros y correos entre los dos pueblos y servían de 
espías y prácticos al ejército que mejor les pagaba; 
y sin que constituyera una profesión como la de és- 
tos, había también muchedumbre de moros latinados 
ó ladinos, que sabían romance, y cristianos algaravia- 
dos, que sabían árabe; los conquistadores nos hicie- 
ron admirar su organización guerrera y nos ense- 
ñaron á proteger bien la hueste con atalayas, á en- 
viar delante de ella algaradas, á guiarla con buenos 
adalides, prácticos en el terreno; á ordenar bien la 
^aga del ejército; también mirábamos como mo- 
delo sus alcázares, adarves, almenas y la buena cus- 
todia que sabían mantener los alcaides, Pero no sólo 
en la guerra, sino_£ue^nJ.a cultura general eran su- 
periores los moros á los cristianos durante la época 



15 
de esplendor del califato, así que en las institucio- 
nes jurídicas y sociales nos parecían muchas cosas 
mejores, y por eso nos impusieron los nombres de 
alcalde, alguacil^ zalmedina, almojarife, alhacea, etc. 
En esta época de florecimiento el comercio moro nos 
obligaba á comprar en almacenes, alhóudigas, almo- 
nedas; todo se pesaba y medía á lo morisco por qui- 
lates, adarmes, arrobas, quintales^ azumbres, almudes, 
cahíces, fanegas, y hasta la molienda del pan se pa- 
gaba en maquilas. Y cuando la decadencia postró á 
los invasores, aún nos daban oficiales y artistas 
diestros: de ahí los nombres de oficio alf ájeme, alfa- 
yate, albardero, alfarero, albéitar, y sus albañiles ó 
alarifes construían las alcobas de nuestras casas, za- 
guanes, azoteas, alcantarillas, etc. Los moriscos ga- 
naron fama de buenos hortelanos: de ahí los nom - 
bres de plantas y frutas como albaricoque, albérchi- 
go, acelga, algarroba, altramuz; de su perfecto sistema 
de riegos hemos tomado aceqitia, aljibe, alberca, albu- 
fera, noria, azuda. Continuar estas listas sería hacer 
el resumen de lo mucho que nuestra cult ura de be á 
l a de los árabes. 
r mJj Lo que el españQ l...tam6 de otros idiomas 
extranjeros,.- fué. ya en época más tardía y, por lo 
tanto, fuéJUenos imp ortan te que lo que tomó de ger- 
manos y árabes, pues ya el idioma había terminado 
su período de mayor evolución y era menos accesible 
y^á influencias externas. El francés fué la lengua que 
^ más influyó; en el siglo xiii y xiv era muy conocida 
la literatura francesa en España; en el xv nuestros 
caballeros admiraban la cortesía y lujo francés, y es 
sabido cuánto libro de la nación vecina se lee entre 



i6 

nosotros desde el siglo xviii; así los galicismos po- 
demos dividirlos en dos principales épocas: unos muy 
viejos, anteriores al siglo xvi, como paje, jar din, 
trinchar, manjar, bajel, sargento (anticuado ser gente), 
jaula, (fr. geóle^ de caveola , que dio en castizo es- 
pañol gayola), forja, reproche, etc.; y otros moder- 
nos, como petimetre (por pisaverde), coqueta (algo 
como casquivana, presumida), bufete (por escritorio 
ó estudio), charretera, ficha, corsé (por cotilla), tupé 
(por copete), hotel (por fonda); sin contar otras voces 
menos arraigadas, corao parterre (por terrero), silueta 
(por perfil ó sombra), soirée (por sarao ó serano), toi- 
lette (por tocado), avalancha (por alud), couplet (por 
copla ó tonadilla), pot-pourri (por revoltillo ó cajón 
de sastre), que ininteligibles para la mayoría del 
pueblo iletrado, y anatematizadas por los puristas, 
llegarán probablemente á olvidarse, como se han ol- 
vidado ya cientos de palabras que usaban los gali- 
cistas del siglo xviii, tales como remarcable (por no- 
table), surtout (por sobretodo), chimia (por química), 
coclicó (fr. coquelicot, por amapola), laque (fr. la- 
quais), etc.; un idioma, como un cuerpo sano, tiene 
facultad de eliminar las substancias extrañas no asi- 
miladas é inútiles. Después del francés, el italiano 
es la lengua que más enriqueció el español; explican 
esto la cultura superior italiana del Renacimiento 
y nuestra larga dominación allá; términos de indus- 
trias y artes: fachada, escorzo, carroza, medalla, so- 
neto, terceto, piano, barcarola, etc.; milicia: escope^ 
ta, baqueta, centinela, alerta, bisoño, parapeto, etc . ; 
comercio: banca, fragata, galeaza, piloto; diversos: 
estropear, aspaviento, saltimbanqui, charlatán, espada^ 



_ 17 
chin, sofión, gaceta. \j)e\ alemán y el inglés son po- 
cas las voces introducidas en el español. J 

5J Más interesantes para el estudio histórico son 
las palabras que el español tomó de otras lenguas mo- 
dernas de la Península. D el gallego -portugués tomó 
palabras desde^mux^l^^ pues la poesía lírica 

en lengua gallega fué cultivada por los poetas caste- 
llanos en los siglos xiii á xv; y viceversa los poetas 
portugueses de los siglos xvi y xvii escribían en cas- 
tellano; por ej., son gallegas ó portuguesas de ori- 
gen morriña, macho (contracción de mulacho), folla- 
da, sarao (cuya forma castellana serano se usa en Sa- 
nabria), chubasco, achantarse^ vigía, chumacera, payo 
(contracción de Pelayí , tomado como nombre rús- 
tico), Lisboa (en vez del anticuado Lisbona), portu- 
gués (en vez del anticuado portugalés). Del catalán 
ó valenciano , retor, paella (en vez del castellano pa- 
dilla); pleita de plecta (que en cast. hubiera dado 
*plecha, I 5o i); seo, nao (| 76 n. 2); capicúa (voz que 
aunque no está en el Diccionario se usa entre los 
jugadores de dominó para indicar una jugada). Tam- 
bién las otras hablas de España más afines al caste- 
llano y que se fundieron al fin con él para formar la 
lengua literaria, dieron á ésta muchísimas palabras; 
pero son difíciles de reconocer, pues como estos dia- 
lectos afines tienen la mayoría de sus leyes fonéti- 
cas comunes con el castellano, no llevan sus pala- 
bras sello de evolución especial. Por ejemplo: el va- 
llesoletano Cristóbal de Villalón tiene por voces de 
las montañas, propias de los que no saben castella- 
no, las de masera por artesa, ó peñera por cedazo, y 
en efecto, esas dos son voces muy usadas en Astu-_ 



rías y León, pero que para su derívación de massa, 
*massaria, y de penna, *pennaria, siguieron 
iguales leyes que las del castellano, las mismas que 
expondremos en los capítulos II y IIÍ de este Ma- 
nual (I 9 2 para la terminación era, | 49 j y 3 para 
la doble ss y un). Los casos en que siguen leyes 
fonéticas algo diferentes son raros; podemos creer 
leonesas la voz cobra, cobre, «reata,» de copula, 
pues en leonés los grupos cuya segunda consonante 
es una / la truecan en r contra el | 39 2. 48, 67 „ y 
dice: brando, pvata, niebra, puebro, sigro; también es 
leonesa nalga (| 60 3); y podemos asegurar que es 
aragonés el sustantivo fuellar, de *foliare (por fo- 
liaceus, derivado de folia), pues este dialecto dip- 
tonga la ó aun cuando le siga una yod, y dice nueite 
por noche, huey por hoy, contra el | i3 3, y en vez 
de la 7 castellana usa la // en fuella por hoja, ove- 
lla por oveja, etc.; son de origen andaluz jíím^/^o, 
jaca, jalear, cañajelga, por revelar una pronuncia- 
ción andaluza de la / etimológica, que se opone á la 
ley general del | 38 2. 

6] En fin, el descubrimiento y colonización de 
América puso al español en contacto con la muche- 
dumbre de lenguas del Nuevo Mundo. Claro es que 
por su inferior desarrollo respecto del español y por 
su mucha variedad, las lenguas americanas no pudie- 
ron resistir la invasión de la española. Esta se pro- 
pagó con relativa facilidad, pero sin destruir por 
completo los idiomas indígenas, y claro es que los 
productos naturales, la fauna, los utensilios y las 
costumbres de las tierras recién descubiertas influ- 
yeron demasiado profundamente en el comercio 




19 
y la vida, no sólo de España, sino de Europa entera, 
para que no se importaran con los objetos multitud 
de nombres americanos. El primer pueblo con que u ) 
tropezaron los descubridores fué el de los caribes del ^ 
mar de las Antillas, y esto explica el que á pesar de 
su barbarie, superior á la de otras razas americanas, 
ellos hayan enseñado á los españoles muchos de sus 
vocablos, que no fueron después sustituidos por los 
propios de pueblos más cultos, como los aztecas y f 
los incas; de origen c aribe son las primeras voces 
america nas que circularon en E spaña, y las más 
arraigadas como canoa (ya acogida por Nebrija en su 
Diccionario en 1493), huracán, saMjui^^cique, maíz, 
ceiba, colibrí, gHacamajQ^^i^ia,{^íé]ico) por la gran 
importancia que lo^^ztecas teman en la época del 
descubrimiento, dio también muchas voces: tomate^ 
chocolate, cacahuete, cacao, aguacate, jicara, petaca, 
^^^^."M^^labras dio el quichuajiablado en e\/^Q\ 
í Imperio inca; |os destructore^~d€'este Imperio toma-vj^J/ 
Twrttttí gran porción de nombres, como cóndor, ja- 
guar, alpaca, vicuña, loro^ pampa, chacra, papa, 
puna^ y las propagaron por toda América y por Es- 
paña. Estas son las tres principales procedencias de 
l os americanismos; las demás tribus indígenas menu- 
das no estaban en condiciones de influir, y alguna 
familia muy importante, como la guaraní, que se 
extendía desde el Plata al Orinoco, fué explorada ya 
demasiado tarde para imponer muchos nombres de 
uso general. 

No podemos estudiar despacio todos estos elemen- 
tos que contribuyeron á la formación del vocabulario 
español; sólo será objeto de nuestra atención prefe- 



20 

rente el elemento más abundante, más viejo, el que 
nos puede ofrecer la evolución más rica: el del latín 
vulgar ó hablado, que forma, por decirlo así, el patri- 
monio hereditario de nuestro idioma, prescindiendo 
de las ganancias ó acrecentamientos posteriores. A 
él consagraremos el resto de este Manual. Por me- 
dio de nota, y sólo á título de contraste con el ele- 
mento vulgar, se harán algunas observaciones sobre 
las palabras tomadas por los eruditos del latín es- 
crito. 



CAPITULO II 

LAS VOCALES 

Para estudiar históricamente el idioma español es 
preciso empezar por conocer la historia de los soni- 
<Íos que forman sus palabras, qué cambios sufrieron 
desde la época latina hasta hoy día. Este estu dio d e 
los sonidos se llama Fonética^^ y ae divide en est udio 
de las Vocales y de las Consonantes. 

La vocal es la vibración de las cuerdas vocales, 
sin que la columna de aire que produce esa vibra- 
ción halle en su salida obstáculo mayor, ni por con- 
tacto ni por estrechamiento suficiente de las partes 
del tubo formado por la garganta, lengua y labios. 
En el estado de reposo de la lengua y labios se pro- 
duce la a. Las otras vocales se dividen en dos series. 
La serie anterior se pronuncia elevando la mitad 
anterior de la lengua, para lo cual se baja la mitad 
posterior; asi se produce con menor ó mayor eleva- 
ción la ¿ y la i. La serie posterior se pronuncia ele- 
vando la lengua en la mitad posterior, para lo cual 
se baja y se retira en la parte anterior; los labios 
ayudan cerrándose y adelantándose; dos grados de 
«stos movimientos producen la o y la u. 

Todos los cambios que sufrieron las vocales lati- 
nas á través del tiempo hasta producir las vocales 
«spañolas, se subordinan principalmente al acento de 



22 



la palabra en que figuran; cada vocal tiene una his- 
toria bastante diferente según que está acentuada 6 
inacentuada, así que es necesario decir antes, á 
modo de preliminar, algo acerca de la Acentuación. 



ACENTUACIÓN 



5. Acento clásico conservado en romanc e, 
— El acento se mantiene inalterable desde el tiempo 
de Planto, de Horacio, de Prudencio, hasta el de 
Cervantes y hasta el nuestro, informando, como un 
alma, á la palabra y asegurando su identidad substan- 
cial á pesar de los cambios más profundos que los 
demás elementos de la palabra puedan sufrir: mari- 
tum, marido; quindécim, quince; pópúlum, ^wé- 
blo; comitem, conde; comitatum, condado; *tré' 
mulo, tiemblo; *tremulare, temblar; circinum, 
cercen (así acentúan los clásicos y Zorrilla, y no 
cercén^ como escriben los Diccionarios por error). 
Sólo es preciso hacer una advertencia respecto al í 
acento de las voces que tienen una vocal larga por po- 
sición: el latín coloca el acento en la sílaba penúlti- 
ma cuando ésta es larga, sea por naturaleza ó por po- " 
sición (v. g.: virtutem, virtiid; sagitta, saeta) y y lo 
coloca en la antepenúltima, cuando la penúltima es 
breve y no larga ni por naturaleza ni por posición 
(arbórem, árbol); es decir, que la cantidad por na- 
turaleza de una sílaba larga por posición no influ- 
ye nada en el acento clásico y vulgar de una palabra, 
y sólo influye en el sonido de esa vocal, según el § 8; 
por ejemplo: en sagitta, para la cuestión del acen- 
to no nos importa nada conocer la cantidad por na- ^ 



23 

turaleza de la penúltima, pues nos basta saber que 
es larga por posición para colocar sobre ella el acen- 
to; pero para el sonido de dicha vocal sí nos impor- 
ta conocer su naturaleza, pues sabiendo que es bre- 
ve, deduciremos el derivado español saeta (§ lo ,); 
mientras que, si fuera larga, hubiera producido ^saíta 
(§ I i). Otro ejemplo: para la acentuación de cae- 
pulla, medulla, no necesitamos enterarnos de la 
naturaleza de la penúltima, ya que es larga por po- 
sición, y diremos caepúlla, medúlla; verdades 
que hoy es corriente la acentuación disparatada de 
la voz culta médula que se introdujo en el español 
muy tarde, al lado de la correcta medula usada por 
Cervantes, Calderón, etc.; pero no hagamos caso de 
esta voz culta; el derivado popular no se pudo equi- 
vocar tan groseramente, y dijo cebolla, meollo, guar- 
dando la longitud por posición en cuanto al acento, 
pero observando la cantidad por naturaleza para el 
sonido, pues siendo en ambas voces breve la ü^ la 
pronunció ó (§ i3 |), que á haber sido larga, hubiera 
dicho *cebulla, *meullo (§ 14). 

6. Algunas diferencias entre el acento clá- 
sico Y VULGAR. — i] Por el párrafo anterior vemos 
que el latín no consentía dejar sin el acento la sílaba 
penúltima cuando estaba en posición* el latín clásico 
empero, no acentuaba necesariamente la penúltima, 
cuando estaba en lo que se llama «positio debilis,» 
ó sea la producida por una explosiva (§ 33 ,) seguida 
de la líquida r (por ejemplo: pátrem, cuya á sólo 
entre los poetas se contaba alguna vez como larga 
por posición), pues este grupo de explosiva -h r no 
producía posición; el latín clásico podía acentuar ín- 



24 

tégrum, ténébrae; pero el latín vulgar generali- 
zó el principio del párrafo anterior aun al caso de la 
«positio debilis,» y no consintió tampoco dejar ina- 
centuada la vocal que precedía al grupo de explosiva 
-f- y y así acentuó íntégrum, de donde entero; té- 
nébrae, de donde tinieblas; cathédra, de donde 
cadera (en el sentido de asiento ó caja del cuerpo: 
aragonés, cadiera, silla); son cultas las formas ínte- 
gro y cátedra. 

2] El latín vulgar forma diptongos con los gru- 
pos de vocales en hiato: de modo que si el acento 
clásico cae sobre la vocal más obscura, lo transpor- 
ta sobre la más clara para hacer posible el dipton- 
go; las vocales van en este orden de claro á obscuro 
a, o, e, u, i, § 8. El latín clásico acentúa filíolum, 
pero el vulgar filió lum, de donde hij tiélo ; c\á.sico 
putéóium, vulgar putQÓlum, pozuelo; clásico ta- 
léólam, vulgar taleólam, tajuela; áQW3irus, pos- 
tilla, se sacó el diminutivo *varíóla, ^varióla, 
viruela; clásico mulíérem, vulgar muliérem, 
mujer; paríétem pariétem, pared. En época pos- 
terior se observó también esta dislocación del acen- 
to: en español antiguo se acentuaba reina, regina, 
vaina, vagina, beodo {§60 i),Dios, Déus, viuda, ví- 
dua; y hoy SiCQniúa. reina, vdina, beodo ^ Diós^ vitída *. 

3] En los verbos compuestos con un prefijo, el 
acento clásico se rige también por la cantidad de la 
penúltima vocal: ré-cito, de donde en español rezo; 



« La ley de la acentuación de la vocal más clara la ge- 
neraliza más el habla popular de varias regiones de España 
y América acentuando mái^, rái^, bául, páis, maestro, etc. 



25 

cól-lócat, cuelga; cóm-pútat, cuenta; pero la 
tendencia á acentuar no el prefijo, sino el elemen- 
to principal, es tan natural que ya la hallamos has- 
ta en los derivados cultos recito^ coloco^ computa. El 
latín vulgar en muchos casos disloca de igual modo 
el acento, y en vez de renegó, dijo renegó, de 
donde vienen reniego; en vez de renovó dijo re- 
novó, de donde yg/íMcuo; por rétinet dijo reténet, 
de donde retiene, etc. *. 

clase de vocales. 

7. Vocales largas y breves del latín clá- 
sico. — El latín clásico distinguía diez vocales á á e 
é i í o ó ü ú; es decir, cada una de las cinco funda- 
mentales podía ser «larga» ó «breve,» según se pro- 
nunciaba en una unidad de tiempo ó en dos. Esta 
«cantidad de la vocal» la marcan los Diccionarios; 
pero al hojear cualquiera de éstos, se advertirá que 
no señala cantidad á las vocales que van seguidas de 
un grupo de dos ó más consonantes, /pues la sílaba ^/^' 
cerrada por una consonante agrupada con otra, es 
siempre «larga ^6v posición; )\ con esta frase dan á 
entender los gramáticos que la sílaba es larga por 
una. suposición ó convencionalismo, que esto quieren 

* Las voces cultas dislocan el acento fuera de los tres ca- 
sos señalados en este párrafo, con confusiones extrañas que 
no hallaremos en las voces populares; hoy se dice por mu- 
chos orgía^ cuando lo correcto es orgia; y se dice parási- 
to, hipógrifo, epigrama, telegrama^ intervalo^ debién- 
dose acentuar todas en la penúltima; gemido va también 
contra el acento clásico gémttus. 



26 

decir al decir «longa positione,» y no como general- 
mente se cree: larga por colocación. Permítasenos 
insistir algo sobre esto, pues las confusiones á que 
esta «posición» suele dar lugar, viciarían radical- 
mente el estudio de la fonética en que vamos á en- 
trar y la harían á cada paso ininteligible; nótese, 
pues, que en i n J e r . por ejemplo, si bien la sílaba 
in- es larga «por posición,» la vocal i podía ser in- 
dependiente larga ó breve «por naturaleza,» y en 
efecto es breve. Esta posición ó suposición de que 
toda vocal ante un grupo de consonantes es larga 
tiene su aplicación principal en la métrica, aunque 
no en la de todos los tiempos: así en la métrica ar- 
caica de Plauto se cuentan como breves ínter, 
ünde, sagitta, ille, fenéstra, y ya veremos 
cómo confirma esta medida la fonética de los idio- 
mas romances. Además de la métrica arcaica, nos 
podemos convencer de la cantidad de las sílabas que 
en la métrica clásica eran «largas por posición,» ayu- 
dándonos de la etimología de las palabras; nada más 
evidente que en col loco, la sílaba col-, larga por 
posición, tenía la ó breve por naturaleza, pues es la 
misma ú de cúm; yde igual modo el participio 
mortuus, tendrá la misma ó que el presente mó- 
rior; ó viceversa, el presente ere seo tendrá la mis- 
ma e que el participio c re t u m . Otro testimonio nos 
lo proporciona la gramática comparada; septem tie- 
ne su primera e breve, como breve es la vocal en el 
griego ÍTí-zé. y en el sánscrito sáptan, y en igual caso 
está octo, comparado con el griego oxt(Ó y sánscri- 
to áshtau. El conocimiento en todo caso de la can- 
tidad de las vocales, ora estén ó no ante dos conso- 



27 

nantes, es de absoluta necesidad para el estudio de la 
fonética histórica; se hallará marcada en el Diccio- 
nario latino romance de Gustavo Korting {Lateinisch- 
romanisches Warterbuch, 2/ edic, 1901). 

8. Vocales abiertas y cerradas del latín 
VULGAR. — La diferencia de cantidad del latín clásico 
fué en el latín vulgar diferencia de calidad: no dis- 
tinguió dos e, ó dos o, por su duración, sino por su 
sonido ó timbre; las vocales largas del latín clásico se 
pronunciaron en el latín vulgar más obscuras ó cerra- 
das que las breves, que eran más claras ó abiertas. 
Se llama abierta ó clara la vocal que se pronuncia 
con mayor anchura del tubo sonoro formado por la 
lengua y el cielo de la boca; la a es la vocal más cla- 
ra, y la i la más obscura; metiendo un dedo en la 
boca y pronunciando la serie a, e, í, se notará cómo 
se va estrechando el canal formado por la lengua y 
el paladar. Las vocales van en este orden de abiertas 
á cerradas a o e u i. Además cada vocal de estas 
cinco puede tener sus grados; aunque la escritura co- 
rriente no nota, por ejemplo, más que una e, claro es 
que tiene varios matices y podemos distinguir sobre 
todo una abierta {Embajada) y otra cerrada {amk), 
que en las gramáticas se señalan con una coma y un 
punto suscritos e e o o; la o abierta tiene algo de 
a, la o cerrada tiene algo de íi, la e abierta tiene algo 
de a, la e cerrada tiene algo de i. Esto sentado, te- 
nemos que las diez vocales clásicas á a, é e, i i, ó o, 
ü ü, habían de ser en latín vulgar a a, e e, i i, o 9, 
u 11; pero adviértase que las dos a a se confundieron 
desde luego en un mismo sonido; que la e cerra- 
da (mezclada de i) y la i abierta (mezclada de e) se 



28 

confundieron luego en e; y que igualmente la o 
(mezclada de w) y la u (mezclada de o) se confun- 
dieron también en o. Después de estos cambios, el 
latín vulgar tuvo en vez de las diez vocales del latín 
clásico, sólo siete, á saber: a (= á a), e (= é), e 
(= e i), i (= i), Q (= ó), o (= o ü), u (= ü). De este 
estado de cosas procede el idioma español que (fiján- 
donos sólo en la sílaba acentuada) diptonga la e o 
y conserva las demás: a, e, i, o, u. El diptongo ae se 
asimila á la é, y el diptongo oe á la e. Consérvese en 
la memoria los ejemplos del siguiente resumen: 



Canti- 
dad 
clásica. 


Sonido 
teórico. 


Sonido 
en el 
latín vul- 
gar. 


Sonido 
en 

español 
(sílaba 

acen- 
tuada). 


Ejemplos. 


a 


a 
a 


! a 


a 


iátus, lado. 
gránum, grano. 


é ae 


e 


e 


ié 


tcrr a., tierra; caeium, cielo 


é oe 
i 


i 


? 


e 


retem, red; foedum, feo. 
cibum, cebo. 


i 


1 


i 


i 


ficum, higo. 


o 


o 


.? 


ué 


nova, nueva. 


oau 

ú 


o 

u 




• 


o 


leonem, león; aurum, oro. 
bucea, boca. 


ü 


u 


u 


u 


ünum, nno. 



29 

En sílaba átona veremos que estas siete vocales 
se redujeron á cinco ó á tres. 

Veamos ahora más al pormenor la suerte de cada 
una de las siete vocales acentuadas. Son el element p 
m ás fijo de Ija^ palab ra que, nunca Bj^ sden desaparefier 

Ípor ser el soporte del acento, elemento esencial del 
vocablo ; pero sufren cambios muy profundos y más 
variados. que las vocales inacentuadas, 

VOCALES ACENTUADAS EN PARTICULAR 



(/OCC^ 



9. a á DEL LATÍN CLÁ^CO, a DEL VULGAR; SE 

CONSERVA EN GENERAL. -f^iV La a larga ó breve se 
conserva: pratum, prado; ad-gratum, agrado; 
gratia, gracia; ánnum, año\ mátrem, madre; 
m á n u m , mano; p á t r e m , padre, 

(^ Pero si^l e_sigue una , y' . se mezcla con el la y ^ 
grogucgn- ambas ei sonido e; por ejemplo: laicus, ^^ 
riego. Esta i puede proceder de la sílaba siguiente y AT^tM^ 
haberse atraído á formar sílaba con la « (§ 53 2): sa- ^ /^ 
piat, *saipat, sepa; capiat, quepa; basium^*bai- y 
su, heso; cerasium, cerezo; caldaríum, *cal- ^ 

dairu, caldero; cáballaríum, caballero; sartagí- /^^^Q. 
ne, *sartaine, sartén; plant agine, llantén; far- 
ragíne, //^rr^'w. Adviértase de ahora para siempre 
que la e postónica en hiato se equipara enteramente 
á la i: caséum, casiu, *caisu, ^íííso; giaréa, 
glera. Otras veces la i que mezclada con la a produ- 
ce e, proviene de una consonante gutural (§ 50 , y ,), 
agrupada con otra consonante: lactem, se pronun- 
ció en una época prehistórica laite, *laitie, lech& 
(nótese que hoy el pueblo, cuando quiere pronunciar 



30 

voces cultas como recio, vocaliza también la c y dice 
reito ó reuto); factum, hecho; tractum, trecho; 
verbactum, barbecho; claro es que igual cambio 
sufre la c agrupada en la :v: taxum, tejo; mataxa, 
madeja; íxQiXlnMín, fresno] axem, eje *. 

3] Otras veces la a se mezcla con una u siguien- 
te y ambas se transforman en o: aurum, oro (véa- 
se § 14 i). La íí puede venir atraída de la sílaba si- 
guiente: así el perfecto de babeo, ha.bui, se pro- 
nunció *haubi, que dio en castellano antiguo /zc>6^ 
y hoy httbe; lo mismo el perfecto de sapio fué en 
vez de sapivi, sapui, de donde ^saupi, sope, 
supe. La íl procede también á veces de vocalización 
de una / agrupada: talpa, *taupa, topo; alte- 
rum, "autro, otro; saltum (bosque), so/o; cal- 
ce m, *cauce, coz; falce m, hoz; no es constante 
esta evolución, pues al lado de esas palabras halla- 
mos altum, alto; saltum (brinco), salto; "cal cea 
(por calceus), calza, etc. 

10. é ó ae del latín clásico, e del vulgar, 

SE DIPTONGA EN ie ROMANCE EN GENERAL. — l] La 

é se diptonga en ie generalmente: métum, miedo; 
pétram, piedra; vénit, viene; nébula, niebla; 
séptem, siete; áécQm, diez; pédem,^¿¿; équam, 
yegua; génerum, yerno. Lo mismo sucede con el 
diptongo ae: caecum, ciego; caelum (coelum 
es ortografía falsa), cielo; quaero, quiero; grae- 
cu m griego ^. 

* Son voces cultas pació, acto, intacto, laxo, Práxe- 
des y otras por el estilo, en que la a permanece inal- 
terada. 

' No diptonga en las voces cultas como preces, pre- 



31 
2] El diptongo ié^ por medio de una dislocación 
del acento, íe, se redujo posteriormente á i en algu- 
nos casos, como saeculum, ant. esp. sieglo^ mo- 
derno 5 ¿^ /o; vésperam, ant. viespera, mod. víspe- 
ra; méspilum, ant. niéspera, mod. níspero; y en 
todas las palabras terminadas en -éllu, -ella, que 
desde el siglo xiv cambiaron la terminación ieHo en 
illo: castél lum , castiello, castillo; cultéllum, cu- 
chiellof cuchillo; s c u t é 1 1 a, escudiella, escudilli; sella, 
sidla, silla, etc. Se reduce también á i cuando está en 
hiato: Déus, ant. Dieos, Dios, mod. Dios; méum, 
mío; j u d a e u s , judío, 

3] No se diptonga la é cuando le sigue una gutu- 
ral agrupada con otra consonante: sex, ó sea secs, 
seis; péctínem, peine; léctum, lecho; péctum, 
pecho; intégrum(|6i)> entero. Igual sucede cuan- 
do el grupo de la gutural se formó posteriormente por 
pérdida de una vocal latina (| 26 j): spécúlum, 
spéclu m, espejo. Tampoco se diptonga cuando en la 
sílaba siguiente hay i; por ejemplo: veni, ven (im- 
perativo). El caso de una i en hiato en la sílaba si- 
guiente, impide la diptongación en prétium, pre- 
^ ció; médium, medio; materia, madera; nótese que 
ego venio esj/o vengo; pero en desapareciendo ese 
hiato, tenemos ya el diptongo: vénis, vienes. En 
caso análogo están las voces que sólo en romance 
ofrecen hiato, como grégem, grey, 

11. e í ó oe DEL LATÍN CLÁSICO, 6 DEL LATÍN 

ees, ccntrum, centro; t^mplum, templo (el popular 
tiemple es anticuado); Scptimum, séptimo (el popular 
sietmo es anticuado); gentem, gente (el pop. yente anti- 
cuado). 




32 

VULGAR, SUENA 6 EN GENERAL. — l] TantO 6 COmO 

i, oe, se confunden en español en e generalmente: 
aliénum, ajeno; plenum, lleno; acetum, acedo; 
debita, deuda; — cippum, cepo; vittam, veta; 
c o n s i 1 i u m , consejo; n í g r u m , negro; signa, seña; 
ínter, entre; ille, el; fídem,/^ ';— foedum, feo, 
2] La e del latín vulgar se reduce á i cuando en 
la sílaba siguiente hay una yod, ó sea una i 6 e en 
hiato (v. I 9 2): cereum, cirio; vindemia, vendi- 
mia; s e p i a m , jibia; v i t r e u m , vidrio . Lo mismo 
sucede cuando en la sílaba siguiente hay i; por ejem- 
plo: en los perfectos ven i, vine; feci, hice; en los 
pronombres tíbi, ti; sihl, sí; en el numeral vi- 
ginti, ant. veinte, mod. veinte (comp. | i8 2). 

12. i DEL LATÍN CLÁSICO, í DEL VULGAR; SE CON- 
SERVA EN ESPAÑOL COMO i. — Permanece inaltera- 
ble siempre: vitem, vid; filium, hijo; litigat, 
lidia; li m p i d u s , limpio] scriptum, escrito; a s - 
tilem, astil, 

13. ó DEL LATÍN CLÁSICO, O DEL VULGAR, SE 
DIPTONGA GENERALMENTE EN Ue, EN ROMANCE. — l] 

La Ó se diptongó primitivamente en uó, y luego en 
ue {como la. é en ie): rotam, rueda; bonum, bue- 
no; i ocum, juego; novem, nueve; orphánum, 
huérfano; h o s p i t e m , huésped; c ó 1 1 o c o , cuelgo ; 
mórtuum, muerto; mórsum, almuerzo', 

* En las voces de origen culto, la i breve se interpreta 
como iV librum, libro; dignum, digno, indino; con- 
tinuum, continuo, Qlc. Son cultismos muy antiguos, y por 
lo tanto, han sufrido alguna evolución en su sílaba postó- 
nica: tituium, tilde; capitulum, cabildo. 

^ Las voces cultas no diptongan: fóssam, fosa (el de^ 



33 

2] El diptongo lie ipiitáe reducirse á e (como el ie 
se reduce á i): flóccum, flueco y fleco; stórea, 
'^ est llera y estera; frontem, ant. fruenle y mod. 
frente; Boroviam, ant, Biinieba y mod. Bureta; 
*cólóbram (por cólúbra) (§ 6 j), ant. culuchraj 
mod. culebra, 

3] No se diptonga la o por causas parecidas á las 
que impiden la diptongación de la é (§ lo 3): cuan- 
do le sigue una gutural agrupada con otra consonan- 
te que se transforman en un sonido palatal como oh 
ó i (lacera antes palatal § 35 3); ócto, ocho; nóc- 
tem, noche; bis»cóctum, bizcocho; "cóxum (en 
vez de coxo, -onem), cojo. Lo mismo sucede 
cuando la agrupación de la gutural es efecto de la 
pérdida de una vocal: ócúlum, '^óclu, 070. Tam- 
poco se diptonga la o cuando en la sílaba siguiente 
hay una yod que produce una consonante palatal y 
6 j en contacto con la ó: póáium , poyo; hódie, 
hoy; f ó V e a m , hoya; f o 1 i a, hoja; de-spólium(de^ 
spoliare), despojo; en aragonés diptonga (§45). 

14. o Ú, au DEL LATÍN CLÁSICO, O DEL LATÍN 

vulgar; suena o, generalmente en romance. — 
i] Ejemplos de o en español: totum, todo; do- 
n u m , do7i; r o b ó r e m , roble; n o m i n e m , nombre; 
— lútum, lodOf de-ünde, donde; cübitum, codo; 
recupero, recobro \ — El diptongo au es también o: 

rivado popular es AMesa); cómputum, cómputo (^tl modu- 
lar es cuento); organum, órgano; notam , nota, etc. Son 
cultas muy antiguas y que han sufrido alguna evolución ea 
cuanto á su sílaba postónica: modulum, molde; rotu- 
lum, rolde. 
* La u breve en las voces cultas subsiste como u: pur- 

3 



34 
maurum, inoro; taurum, toro; paucum, poco; 
caulem, col \ 

2] La o del latín vulgar se reduce á veces á u 
(como la e á i, § II 2), cuando le sigue un grupo 
de consonantes, de las cuales la primera es una gu- 
tural ó /, que se transformó en palatal: lúctam, lu- 
dia ; t r ú c t a m , trucha; p ü 1 1 e m , puches; m ú 1 1 u m , 
mucho; auscültat, ant. asciicha^ mod. escucha; 
pügnurn, puño (en autümnum, otoño, no hay la 
consonante gutural que hemos dicho). Lo mismo 
sucede cuando en la sílaba siguiente hay una yod 
que produce una consonante palatal ñ: cúneum, 
cuño, 

3] La o combinada con una i en hiato, atraída 
de la sílaba siguiente (§ 53 2), produce el diptongo 
ue: augúrium, ant. agoiro, que por intermedio de 
*agóero, pasó luego al mod. agüero; salem-mú- 
riam, ant. salmoira, mod. salmuera; Dorium, 
ant. Doiro, mod. Duero; verecundia, ant. vergoi- 
%a, vergoinza, mod. vergüenza; c ico ni a, cigüeña. 'Rn 
este caso están los derivados con el sufijo -oneum, 
como el derivado de r i su m , *risonéum, ^rísoinioy 
risueño, pedigüeño, etc., y los derivados del sufijo 
-torium, como coopertoriam, coberloira, cober- 



puram, púrpura (el pop. porpola es ant.); numerum, 
72Ümero (arcaico nombre); mundum, mundo (el adjetivo 
mundus dio el derivado popular mondo); crucem, crwf; 
bulla, bula ó buida {']unto al popular bolla, que tiene 
sentido bien diferente); lucrum, lucro {]unio al popular 
¡ogro). 

* Son cultos claustro, cáustico, encausto, áureo, fauce 
(popular /zof). 



35 

tiieni y cobertera (§ 13 2); de *ad-biberare (por 
adbibere) se dijo *adbiberator¡um, -í/aíVo, -duero, 
abrevadero. Compárese á éstos el perfecto fúit, que 
en dialecto asturiano es fói, en castellano antiguo 
fóe y luego fué, 

15. Ü DEL LATÍN CLÁSICO, U DEL VULGAR; SE CON- 
SERVA iL EN ESPAÑOL. — Permanece siempre inaltera- 
ble: acütum, agudo; müscülum, muslo; cüpam, 
cuba {copa no deriva de éste, sino de *cúppa, véase 
§45); sücídum, sucio; nubil um, nublo; lücum y 
Lugo. 

vocales átonas en general 

16. — Idea de su naturaleza y desarrollo. 
— Pasemos á examinar ahora las vocales inacentua- 
das. Las acentuadas no sólo se mantienen siempre, 
sino que, aun por la energía especial con que se las 
articula, hemos visto que se refuerzan, ora desen- 
volviendo una vocal accesoria, esto es, diptongán- 
dose (§ 10 1 y i3 i), ora atrayendo hacia sí la vocal 
de la sílaba vecina (§ 9 2, 3 y 14 3). Lejos de estos 
refuerzos, las vocales inacentuadas no sólo son me- 
nos persistentes, ya que muy á menudo se borran y 
desaparecen por completo (§ 22, 24, 26, 28 3 y 29 2), 
sino que, aun cuando subsisten, tienen un sonido 
más apagado y confuso que las acentuadas, de modo 
que, en vez de las siete vocales que hallamos en la 
sílaba tónica (¡§ 8), hallamos sólo cinco átonas: a, 
e, i, o, u, pues fuera del énfasis del acento la e y la e 
se confundieron, así como la o y la o, y siendo fina- 
les, se redujeron sólo á tres: a e o. 



36 

Fuera del acento no difieren tanto entre sí las dos 
vocales anteriores e i (v. pág. 21) ni las dos pos- 
teriores o u. Esto permitía, aun en el siglo xvi, va- 
cilaciones en el lenguaje literario, que ya no eran 
posibles respecto de las vocales acentuadas; así ha- 
bía todavía entonces personas leídas que decían va- 
nedad, envernar, escrebir, ahondar, roidoy r o fian, co- 
brir, si bien las formas actuales ya prevalecían en 
personas de mejor gusto, como, por ejemplo, Jua» 
de Valdés, que desecha las variedades apuntadas. 

La vocal a es tan resistente que, aun átona, se 
conserva en todas las partes de la palabra en que se 
halla (v. § 17, 23, 25, 27; pero véase, no obstan- 
te, § 22). 

La suerte de las otras vocales átonas está deter- 
minada por la resultante de dos condiciones: i.*, su 
colocación respecto del acento; 2/*, su colocación en 
el comienzo, medio ó fin de la palabra; la posición 
inicial es la más firme, la que da más resistencia á 
las vocales, la que más las asemeja á la acentuada; 
sigue luego la final; la vocal menos resistente es la 
medial, que se pierde frecuentemente. Estudiare- 
mos, pues, aparte la vocal inicial de la palabra, la 
protónica interna, la postónica interna y la final. 



VOCAL INICIAL 
17. áá DEL LATÍN CLÁSICO, a DEL VULGAR; SE 

CONSERVA. — i] Permanece generalmente *annü- 
cülum (derivado de annus), añojo; ante na- 
tura, alnado; ánte-ócúlum, antojo; -^ámicíta- 



37 
tem (por amicitia), amistad; pánariam, panera; 
cápistrum, ca6^5Í;'í?; bállistam, ballesta; *pan- 
neólum (otro diminutivo, en vez de pannúlus), 
pamielo. 

2] Como la a tónica, la inicial se hace e mez- 
clada con una i atraída de la sílaba siguiente: ba- 
siare, *baisare, 65s.ír; variólam (§62), *vai- 
rola, ant. veyuela, mod. viruela; mansíonem, 
masionem {% 473), maisone, dio en español 
mesón^ tenido sin motivo por voz venida del francés 
maison. La i que se mezcla con la a puede proceder 
de una gutural agrupada: lactucam, /^^A/í^cí; jac- 
tare, echar; maxillam, mejillz; *taxonem, te- 
jón *. 

3] La a inicial se puede mezclar con w, como la 
tónica, y convertirse en o: habuimus, ant. habi- 
mos, mod. hubimos; altarium, otero (v. § 9 3). 

4] Pero como nunca es tan fija la evolución de 
las vocales átonas, aun siendo iniciales, la a se 
cambia en e en otros varios casos, además de los 
comunes con la posición tónica, y sin influencia, 
como en éstos, de los sonidos vecinos, sino sólo por 
confusión de a y e^ menos distintas que cuando son 
acentuadas (comp. § 183). Así, abscondere, que 
en esp. antiguo era asconder, díjose después esconder, 
y a(u)scultare (§ 66 i) fué antiguamente ¿í5czíc/íar 



' Son cultas voces como jactarse^ maxilar, taxativo, 
títc, y aun lo son algunas que perdieron la c, como tratar, 
de tractare, cuyo derivado popular es trechar, usado en 
algunas provincias en el sentido de prensar y secar los pes- 
cados, ó trecheo, en el sentido de acarreo. 



38 

y luego escuchar; asparragiim, espárrago; y si en 
estas palabras, que en varios romances llevan e- ini- 
cial, debió influir la confusión con el prefijo ex-« 
(§ 71), no puede alegarse esta confusión en otras 
muchas voces; el nombre de la planta olorosa ané- 
thum salió, en romance, de su diminutivo "ane- 
thülum, y se dijo aneldo y eneldo; de la tus se de- 
rivó ad-lataneus, «cosa que está al lado de otra,» 
y de ahí el ant. aladaño, mod. aledaño. 

18. é ae del latín clásico, e del vulpar, y 

e i DEL CLÁSICO, e DEL VULGAR; SE CONFUNDEN EN C 

ROMANCE. — i] Los dos souidos e e del latín vulgar 
se confunde fuera del acento en uno solo: légumíne 
(por legumen), legumbre; séniorem, señor; prae- 
conem, pregón; saecularem, seglar; mensura- 
re, mesurar; securum, seguro; pilcare, llegar ; 
piscare, pescar '. 

2J Se reduce la e .in icial_á^' por influencia de 
una yod siguiente (comp. § 11 2): unas veces la yod 
está en la palabra latina solamente, v. gr.: céréóla 
(§ 62), que produjo ciruela y no ceruela; otras veces 
la yod se desarrolló solamente en romance por efec- 
to de una diptongación, v. gr.: gen ésta, hiniesta; 
caementum, cimiento; tenébra (§61), tinieblas; 
fér ventera, hirviente. Nótese en la conjugación sin- 



* En voces cultas la i breve se pronuncia siempre como i: 
vigiliam, vigilia; dictatum, ¿í/í:/¿r<io (el popular es ííe- 
chado); minutum, minuto (el popular es menudo): tri- 
bu tum, tributo (el popular es íreudo ó el anticuado trebu- 
do); vigorem, vigor; vitiare, viciar (el popular es ave- 
^ar); historia (anticuado estoria); inclinar^ etc. 



39 
tieron, sintiese, sintiera ^ frente á sentir, sentimos, scji' 
tiría, etc. 

3] El carácter más incoloro de la vocal átona se 
muestra bien en el cambio de la e inicial en a, cosa 
inaudita respecto de la tónica: bílancem, dio ba- 
lanza; sílvaticum, dio salvaje; aeramen, dio 
alambre (ya en latín vulgar ara m en por asimila- 
ción, §65); ver rere, dio barrer; "ver sur a (formado 
del participio versum, de verrere, «barrer») dio 
basura; vérvactum, barbecho; ervilia, arveja; vér- 
bascum, verbasco y varbasco; circellum, cercillo y 
zarcillo; vérr(es)-í-accum, verraco y varraco; * 1 é- 
micaneam (derivado de lema), lagaña, junto á 
légaña. Nótese que la mayoría de estos casos sufren 
el cambio por la influencia de una r vecina. 

4] Otro cambio extraño á la tónica sufre la e 
inicial convirtiéndose en o; ''aerigine (por aerü- 
gine, § 71) dio orín; episcopum dio obispo; eru- 
cam, oruga; de míxt-encum (de mixta, mes- 
ta, «reunión ó mixtión de ganaderos»), salió el anti- 
cuado mestengo, mestenco y luego mostrenco, «cosa 
perteneciente á la mesta de los ganaderos» y «cosa 
poseída en común, ó que no tiene dueño conocido.» 

19. i DLiL LATÍN CLÁSICO, i DEL VULGAR; SE 

CONSERVA i EN ROMANCE. — La 1 se conserva inalte- 
rable como cuando tónica: limitare, lindar; ripa- 
riam, ribera; civitatem, ciudad; hibernum, 
ivierno. 

20, ó DEL LATÍN CLÁSICO, O DEL VULGAR, Y OÚ 
au DEL CLÁSICO, O DEL VULGAR; SE CONFUNDEN EN 

O ROMANCE. — i] Los dos souidos O y O del latín 
vulgar se confunden, cuando están fuera del acento, 



40 

en uno solo: "córiamen (derivado de corium), 
corambre; ^dominiare (por dominare), dome- 
ñar; nominare, nombrar; orationem, oración; 
süperbiam, soberbia; "cúpiditiam (por cupi- 
ditas), codicia; súspecta, sospecha '; pausare, 
posar; *aurundum, (hinchado por el viento, de 
aura), orondo; a.uTÍcu\a.m , or^/a; "••ravíi)danum 
(de r a vid US, «gris»), "raudanu, ant. rodano, 
mod. roano ^. 

2] La reducción de la o inicial á z^ es más fre- 
cuente que la e éi i y en condiciones menos claras; 
quizá obedecen á la palatal siguiente en cógnatum, 
cuñado; m u 1 i é r e m (§62), mujer; t ó r c ú 1 a r e, ir 11 - 
jal; co chicare, ant. cuchar, mod. cuchara; por una 
yod siguiente se explican: tonsionem, tusón; có- 
riandrum, culantro; áov mi a. mus, durmamos (fren- 
te á dormimus, dormimos), muráis (frente á. morís). 
Hay una porción de casos inexplicados: pollicarem, 
pulgar (vulgRY pólgar); lócalem, lugar (ant. logal)\ 
joca re, jugar (ant. jogar)\ rúgitum, ruido (anti- 
cuado roído); lócellum, lucillo; cólóbva. (§132), 
culebra; etc. 

3] Lo mismo que la e inicial, la o se puede cam- 
biar en a (§ 18 3): nóvaculam, navaja; "•■lúmbri- 
cúlam (de lumbricum), lambrija; cólostrum, 
calostro; '"süb -fumare, sahumar; ■"süb-büllire, 
zabullir; "süb- fundare, zahondar. 

* Las voces cultas conservan siempre la u breve como u: 
lucrare, /wcr^rr (popular lograr); duplicare, duplicar 
(popular doblegar); etc. 

' Las vocales cuitas conservan el au: auda^, aumento, 
aurifero, tauyomaquia^ caución, etc. 



41 
4] Se puede también cambiar la o en e (comp. 
§ i8 ^): formosum, hermoso; rotundum, redolido; 
"post-auriculum, pestorejo; obscurum, escuro^ 
junto á oscuro; h o r ó 1 o g i u m, reloj, 

21. Ü DEL LATÍN CLÁSICO, U DEL VULGAR; SE 

CONSERVA II EN ROxMANCE. — Ejemplos de la conser- 
vación: dürítiam, dureza; scütellam, escudilla; 
1 ü c t a r e, licchar; j ü d i c i u m, juicio. 

22. PÉRDIDA DE LA VOCAL INICIAL. — Aunque la 
vocal inicial es la más resistente de las átonas, algu- 
na vez sucede que se pierde: abrotonum, da abró- 
tano y brótano; "accipitrarium (de accipiter) 
áa. acctrero y cetrero; apotheca da el ant. abdega 
y el mod. bodega: éleemosyna da el anticuado 
almosna y el mod. limosna; épithema, bizma; 
Emérita, M crida; Aemilianus, Millán (nom- 
bre semiculto según el §53 ¿)\ horologium, reloj; 
abscessionera (con el sentido de abscessus, 
tumor), "cicion^ chichón (§ Sy 2 c). 

VOCAL PROTÓNICA INTERNA 

23. La VOCAL a conservada siempre.— La a 
permanece: paradisum, paraíso; mi rabil ¡a, ma- 
ravilla] calaméllum, caramillo; can na- férula, 
cañaherla. Se puede decir que esta ley no tiene excep- 
ciones (á no ser en voces exóticas); comprar no se 
deriva del clásico c o m p (a) r a r e , sino de c o m p (e) - 
rare, forma del latín vulgar. 

24. Todas las otras vocales desaparecen. 
— i] Ya en el latín vulgar se perdía la protónica en- 



42 

tre r y otra consonante: '-cerbellaria (por cere- 
bellare), cervülera; vergundia (por verecun- 
dia), í;í^rg«¿w;s'rt; v ir di ar i u m (por viridiarium), 
verjel. En romance se generalizó la pérdida de la 
protónica á todas las palabras, entre cualesquiera 
consonantes: pipérata, pebrada; iterare, edrar; 
caténatum, candado; ante-natum, alnado (es 
^^vnicuMo eyitenado) ; solídatam, soldada; decíma- 
re, dezmar; septimanam, ant. sedniana, mod. se- 
mana; comitatu m , condado; *tempüranum (por 
t emporaneum), temprano; hon orare, lionrar; 
reputare, ant. reptar, mod. retar; *consüturam 
(por sutura, del participio consütum: de con- 
suo, «coser»), cos/z¿r<7 *. 

2] En el caso en que haya dos protónicas inter- 
nas, se pierde la más próxima al acento: vicinita- 
tem, vecindad; ingénérare, engendrar; v^cú^b- 
rare, recobrar; comunicare, comulgar; *disre- 
nicare (de renes), derrengar; *at- testifica re 
(por testificari), atestiguar; *pellicícare (de 
peí lis), pellizcar ^. La razón es que además del 
acento principal de una palabra hay uno secundario 



« Las voces cultas conservan la protónica: colorare, 
colorar (popular corlar); luminariam, luminaria (po- 
pular lumbrera); col locare, colocar (pop. colgar): lite- 
rato (pop. letrado), pectoral (pop. petral), secular (popu- 
lar seglar], roborar (pop. robrar y roblar), laborar (popu- 
lar /a^rar), temperar {"po^). templar), limitar [^^o^. lindar), 
masticar (pop. mascar), vindicar (pop. vengar), adjudi- 
car {^o^. juagar). 

* Cultas conservan la doble protónica: episcopal, fideli- 
dad (popular anticuado ^e/ífarf), recuperar, etc. 



' 43 
que hiere las sílabas pares á partir de la tónica: hu- 
militáte, y la sílaba que se halla entre los dos 
acentos se pierde: humildad. Como voz culta pasó 
singuláritátem intacto al castellano: singulari- 
dad; pero como popular perdió las vocales entre 
acentos en el asturiano señardd, «pena de soledad ó 
añoranza.» 

3] La protónica interna se conserva á veces cuan- 
do en otras formas del mismo vocablo tiene distinta 
posición respecto del acento: así, dolorosum se 
dijo doloroso, y no *dorloso, porque se tuvo presente 
á dolor, en que la segunda o va acentuada, y por lo 
tanto se conserva; y hospitatum, se á\]o hospeda- 
do^ y no *hosdado^ recordando á huésped, en que tam- 
bién se conserva la e; en igual caso están coronado, 

saludador, etc También se conserva por pérdida 

de una consonante sonora intervocálica (§§ 42 y 43)> 
co(g)itare, cuidar; fumigare, humear. 



VOCAL POSTÓNICA INTERNA 

25. La a se conserva siempre. — Lo mismo 
que protónica: orphánum, huérfano; sabanum, 
sábana; raphánum, >íZ¿a/zo; tympánum, témpa- 
no; anátem, ánade; asparágum, espárrago. 

26. Todas las otras vocales desaparecen *► 

* Las voces cultas conservan la postónica: //síco, médi- 
co, clérigo, trípode, víspera, áncora (pop. ancla), ánima 
(pop. alma), décimo (pop. die:¡mo), famélico (pop. jamel- 
go), pólipo (pop. pulpo), ínsula (pop. isla), rápido (popu- 
lar raudo). 



44 
— Lo mismo que en la sílaba protónica. — i] Ya los 
autores clásicos latinos decían caldus al lado de 
calidus, ca/io; y Planto usa domnus por domi- 
nus, í?wi2fío. El latín vulgar decía auric(u)la, ore- 
ja; oc(u)lum, ojo; vir(i)dis, t^^ri^; pos(i)tum, 
puesto; pop(u)lum, pueblo; el romance generali- 
zó la pérdida entre cualesquiera consonantes: eré- 
mun, yermo ; quindécim, quince; duodécim, 
doce; semitam, senda; cúbitum, codo; episco- 
pum, obispo; lepó re m, liebre; saeculum, siglo; 
ungulam, uña, 

2] La postónica interna se conserva algunas ve- 
ces; el caso más corriente es cuando la pérdida de la 
final vino á hacer imposible la de la protónica ar- 
bo r ( e m ) , árbol; h o s p i t ( e m ) , huésped; o rd i n e m , 
orden; circin(um), c^rc^^^; ees pite m , césped. Otro 
caso notable es cuando se pierde la cons. sonora 
(§§42743) postónica: tepi(d)um, tibio; limpi- 
<d)um, limpio; suci{á)um^ sucio; \iti{g)3it, lidia, 

VOCAL FINAL 



27. a LATINA. — Se conserva siempre: armam, 
arma; dubitas, dudas; can tan t, cantan; amat, 
urna. 

28. é,éi, i LATINAS. — i] Si en la posición áto- 
na inicial y medial hallamos confundidas la e y la e 
acentuadas, ahora en la ñnal hallamos que también 
lá i se confundió en el sonido de e; tres sonidos di- 
ferentes en la sílaba tónica, dos en la átona general, 
se reducen á uno solo en la final: patrem, padre; 



45 
d(e)undé, donde; \egit , lee; ]o\is^ jueves; feci,. 
hice; ven i, vine; dixi, dije; ülis, les. 

2] La -e se hace -i cuando queda en hiato: re- 
(g)em, rey; bo(v)em, buey; ho(dj)e, hoy; y no 
sólo en el caso en que la pérdida de la consonante^ 
origen del hiato, sea muy antiguo, sino aun cuando 
es reciente, por ejemplo amatis, a.n\. amades, moa, 
amáis, cogéis, etc., '. 

3] La e final se pierde siempre tras t, d, s, c 
(^ z)y r, n, I y alguna vez tras //; pero nótese que 
se pierde solamente cuando en latín esta vocal final 
no lleva consonante después de sí (á no ser la m del 
acusativo que no se pronunciaba ya en latín), por 
ejemplo; veni, z;^/í; pero venit, viene; parem (sub- 
juntivo de parare), pare; parem (acus, depar)^ 
par; pares (plural), pares; paret (subj.), pare, 
Ejemplosdeí/ t: mercedem, merced; litem, lid; 
en adjetivo muy usado se perdió la e tras nd: gran- 
dem, grande, y antic. grand, mod. gran; ejemplos 
de s: mensem (§ 473) mes; reverse, (§ 47 j)^ 
revés; tra(ns)verse, través (no de transversum, 
que dio travieso); de c (=.?): pacem, paz; de ri 
mare, m>ar; ólq n: rationem, razón; de /: rega- 
lera, r^íi/; tras // se pierde en mille, mil; i lie, el;- 
val le m, val (junto á valle); pellem, piel^ pero no 
en calle f fuelle^ etc. 

29. ó, o ú, ü LATINAS. — i] Los tres sonidos di- 



• Son cultas todas las otras voces con i final, como me- 
trópoli, Corpiiscrisli, palmacristi, diócesi y diócesis, crisi 
y crisis, análisis, síntesis, génesis, raquis, pelvis, bron^ 
quitis. 



46 

ferentes de la sílaba tónica o o y u se confunden en 
la átona en dos o y ii, según vimos en los §§ 20 y 21; 
ahora en la sílaba final no aparece sino uno solo, o *: 
citó, cedo; lego ^ leo; quando, cuando; tempús, 
tiempo; vinüm, vino; sen sus (acusat. plur.), se- 
sos; fructüs, frutos. 

2] Rara vez la o final se trueca en ^ y esa e, 
cuando le preceden las consonantes dichas en el 
§ 28 3, se pierde: colaphum, golpe; silvatícum, 
salvaje; viaticum, viaje; ministerium, menes- 
ter; batillum, badil; viridiarium, verjel; voces 
cultas angelum , ángel; apostolum, apóstol; nó- 
tense las dobles formas de adjetivos primero y primer, 
prostrero y -er, tercero y -er^ uno y un^ alguno y -im^ 
bueno y buen^ malo y inal^ ciento y cien, santo y san; 
además los adverbios secundum, ant. s^^zmí?, mo- 
derno según, y muy (§ 47 „). 

VOCALES EN HIATO 

30. Hiato de origen latino. — i] Pocas ve- 
ces se conservan el hiato contando las dos vocales 
por dos sílabas: leonem, león; creare, criar. 

2] Predomina la tendencia á destruir el hiato, 
ora contando las dos vocales por una sílaba: equa, 
yegua (otros ejs. enlos§§ 52 ,,53 ,); ] o 2inn es ^ Juan; 
píétatem, piedad (en el siglo xiii aún se pronun- 
ciaba ^¿-^íÍííí:?); cereum, cirio, etc. (§ 11 2); cóá- 
gulum, cuajo; ora perdiéndose una de las dos vo- 

* La u sólo aparece en voces cuhas: tribu, espíritu, ím- 
petu, ángelus, Nicodemus. 



47 
cales, como ya en latín vulgar d(u)odecim, doce; 
mort(u)um, uiueyio '; coactum, cacho; coriá- 
cea, coraza; coriandrum, culantro; *coríami- 
ne (derivado de corium, cuero), corambre; os- 
tream, ostra. También se destruye atrayéndose 
una de las vocales á la sílaba anterior: basium bai- 
sum, ¿^so, etc.; habui, hube {^(^ ^.y ^\ muriam, 
sal- muera; etc. (§ 14 3); varióla m, vinuela, etc. 
(§ 17 2). Muy importante es también la supresión 
del hiato por combinarse una de las vocales con la 
consonante próxima: di-úr-nalem se pronunció 
dior-nale, djornal, jornal; *diurnatam, jor- 
nada; este caso se estudiará al hablar de las conso- 
nantes (§53 3 á 7). 

31. Hiato de origen romance. — Cuando el 
hiato no es latino, sino que se originó en romance 
por la pérdida de una consonante, .se dan los dos 
mismos casos. 

i] El más raro es el de la conservación de las dos 
sílabas: legére (porlégere), leer; credére (por 
crédere), creer; audire, oir; ligare, liar; cru- 
delem, cruel. 

2] Lo corriente es que las dos vocales se reduzcan 
á una sola sílaba: a) Si son vocales iguales se funden 
en una sola, ya á partir de los siglos xiii y xiv: así, 
videre hacía antiguamente veer, pero ya al fin de 
la Edad Media se decía ver^ pues el uso frecuente de 
este verbo impuso la simplificación, mientras el ape- 

* Las voces cultas conservan más las vocales latinas, si 
bien pronunciadas como diptongo: perpetuo, continuo 
{junto á contino), inicuo (ant. inico), espiritual {ani. espi- 
rital). 



48 

nas usado proveer conservó hasta hoy mismo su hia- 
to; por este ejemplo se ve que la reducción depende en 
gran parte del mayor ó menor empleo de las pala- 
bras, que parece como que se desgastan con el uso. En 
el siglo XIII se decía todavía sed ere, seer, y se em- 
pezaba á decir s¿r; de *impedéscére (incoativo 
de impediré), se decía ¿w^^éCí^r, y se empezaba á 
decir empecer; de ped es se decía, piees, y también^^es. 
— b). Claro es que tratándose de vocales iguales la 
reducción á una sílaba había de ser muy temprana; 
más tardía es en el caso de vocales desiguales; éstas 
pasan á formar diptongo. Aun en el siglo xvi se pro- 
nunciaba 5ímíw^o en cuatro sílabas: Sánete Jaco- 
be (vocativo usado como grito de guerra que en el 
siglo XIII se pronunciaba santt Y agüe), y ju-icio, j u - 
dicium, en tres sílabas, aun en tiempo de Lope de 
Vega; regale m se dijo re-al, y hoy predomina real 
monosílabo, pero el menos usado légale m, se pro- 
nuncia todavía corrientemente leal *. Si para hacer 
posible el diptongo (que siempre ha de llevar acen- 
tuada la vocal más clara), es preciso dislocar el acen- 
to etimológico, se disloca: reina se hiizo réina^ y Dios, 
Dios (véase § 6 2). 



* En el habla vulgar, desde Asturias á Andalucía y des- 
de Méjico á Buenos Aires la tendencia á formar diptongos 
con vocales en hiato es más general que en la lengua litera- 
ria, y se dice j£?/or (por peor), tialro (por teatro), train, cain 
{por traen, caeri)^ gol piar (por golpear). Se avanza más, 
suprimiendo una de las dos vocales: Sania Teresa decía an 
(por aun), y en Buenos Aires se dice ande (por aonde, 
adonde), deseso (por deseoso), etc.; en Asturias, por real se 
dice rial y ral, etc. 



CAPITULO III 

LAS CONSONANTES 

Si la columna de aire que hace vibrar las cuerdas 
vocales, en vez de hallar el paso franco á través de 
la boca, halla una estrechez ó un contacto de los 
órganos exteriores á la glotis (velo del paladar, len- 
gua, paladar, dientes, labios), entonces en vez de 
producirse una vocal sola, se producen una vocal y 
una consonante. 

CLASICACIÓN DE LAS CONSONANTES 

32. Clasificación por el lugar de la ar- 
ticulación. — La estrechez ó contacto de los órga- 
nos puede efectuarse de cuatro maneras principales: 

i] Con los labios, «consonantes labiales,» , como 
la p. Pueden distinguirse para más precisión las «bi- 
labiales» como la pt de las «labio- dentales» como 
la /; esta distinción es necesaria para no confundir 
la V que pronuncian los valencianos de la 7; y 6 cas- 
tellanas. 

2] C on los diente s, «c onsonantes dentales» como 
la t. Pueden distinguirse entre otras subclases la que 
se pronuncia con el ápice ó punta de la lengua contra 
los dientes, «linguo-dentales ó apical supradental» co- 
mo la ¿, y las que se producen con la punta de la len- 
gua entre los dientes «interdentales» como nuestra ^r. 

3] C on el paladar , « consonantes palatales» . La 
// nuestra, con la lengua que choca contra el cielo de 

4 



50 
la boca. La ch española es un sonido compuesto de 
una explosiva t, seguido de una fricativa y sorda; no 
es, pues, puramente palatal, sino palatal-dental. 

4] ^££^J,X^1"L¿^P^— 3^ ^ ^^ garg anta, «conso- 
nantes„yEi^RLAS ó GUTURALES^^^ como la /e, con la 
raíz de la lengua que choca contra el velo movible 
del paladar (cuando la sigue vocal posterior) ó con- 
tra la parte inmediata del paladar óseo (cuando la 
sigue vocal anterior). 

33. Clasificación por el modo de la articu- 
lación. — Cada una de estas clases de articulación 
se puede verificar de diversas maneras: 

i] Con expulsión ora repentina, ora prolongada 
de la columna de aire. — Cuando por la boca y por las 
narices se impide un momento por completo la salida 
del aire, entonces se produce una consonante explo- 
siva ó plosiva; el aire, detenido por el contacto de 
los órganos factores del sonido, se expulsa con una 
separación repentina de los mismos: por ejemplo, la 
p. — Si en vez de una expulsión repentina de la co- 
lumna de aire, ésta no deja nunca de hallar paso 
al exterior, aunque no francamente, sino comprimi- 
da con cierto roce, produce entonces una vibración 
continuada (y no momentánea como la efectuada por 
la ruptura súbita del contacto de las explosivas), y 
éstas se llaman consonantes continuas. Pero así 
como la explosión no puede ser más que de una clase, 
la vibración continuada puede producirse por varias 
maneras: unas veces los órganos factores de la con- 
sonante cierran completamente la boca, como para 
las explosivas, pero el aire busca la salida continua 
por las narices y se produce una consonante continua 



51 
NASAL como la m; otras veces los órganos factores, en 
vez de establecer un contacto perfecto que interrum- 
pa la salida del aire, producen sólo una estrechez 6 
canal, por el cual sale el aire con cierta fricción, y 
por esto se llama continua fricativa á la /y sus 
análogas; otras veces los órganos factores de la 
consonante interrumpen completamente la salida del 
aire por un sitio, pero lo dejan escapar por otro: así 
se produce la continua líquida que, según dejan es- 
capar el aire por el centro de la lengua adherida al 
paladar ó por un lado, se llaman centrales como la 
r ó laterales como la /. 

2] Con vibración de las cuerdas vocales supe- 
riores, ó sin ella, tanto las consonantes explosivas 
como las continuas pueden producirse de dos mane- 
ras: ó bien con una aproximación previa de las cuer- 
das vocales que producen una especie de zumbido ó 
vibración de parte de la columna de aire que se es- 
capa por las narices y precede á la articulación de 
la consonante, la cual entonces es sonora como la 
/;; ó bien sin este zumbido previo, y entonces la con- 
sonante es SORDA como la p. Esta importantísima 
diferencia se puede apreciar materialmente de varios 
modos. Como la vibración que precede á las sono- 
ras se produce gracias á parte de aire cjue se deja es- 
capar por las narices, tapando éstas se estropea la 
pronunciación de las consonantes sonoras, mien- 
tras que no se afecta á la de las sordas; por ejemplo: 
con las narices bien oprimidas hacia la parte ósea, 
pronúnciense las dos silabas to y do: la primera sal- 
drá limpia; la segunda sólo con grande esfuerzo se 
podrá pronunciar de una manera artificial y desusa*- 



52 
da. Pronuncíense ambas sílabas con un contacta 
muy prolongado de la lengua y velo del paladar tito 
dddoy y se notará el rumor ó zumbido previo de la 
sonora g tapando los oídos, ó se advertirá una ligera 
trepidación poniendo la mano sobre la parte central 
de la cabeza. 

34. Clases de consonantes latinas. — He 
aquí el cuadro de las consonantes latinas: 



Labiales.. . 
Dentales. , 
Guturales. 



EXPLOSIVAS 








nasales 


sordas 


sonoras 


sonoras 


P 


b 


m 


t 


d 


n 


c 


g 


ñ 



CON TINUAS 



frica 


ivas 


sordas 


sonoras 


f 


V 


s 




h 


j 



laterales vibrantes 



Nótese en las explosivas, que la c ante vocal ante- 
rior ^ í (§ 32 4), y á veces que, qtñ, se asibiló en épo- 
ca antigua, pero incierta (unos creen que en tiem- 
po del latín vulgar, antes del fin del siglo iii de Cris- 
to, y otros creen que mucho más tarde, hacia el si- 
glo VII ó aun viii); y centum dejó de pronunciarse 
kentum para decirse algo así como sentum; la^ 
ante e i se confundió con la j. Respecto de las nasa- 
les, la gutural ñ es la que se pronuncia ante explo- 
siva gutural, v. gr., anguis, como en español an- 
guila. De las fricativas la h era una aspiración fa- 
ríngea sorda (articulada en lo más hondo de la gar- 
ganta) y dejó de pronunciarse ya en latín; de modo 



53 
que en romance no tiene valor alguno, y no lo tuvo 
nunca la h nuestra cuando es recuerdo ortográfico de 
la escritura clásica, por ejemplo en hombre. La frica- 
tiva sonora j sonaba, no sólo en jam, jocum,s¡no 
en corjum, casjum, por caseum (§9,). 

35. Clases de consonantes españolas. — 
La pronunciación española no fué, naturalmente, 
siempre la misma; podemos distinguir dos peri odos 
principales, separadoSl por el siglo xvi) en éste y en 
principios (^el~xvir)se efectuaron irrTportantes cam- 
bios que dieron por resultado la pronunciación mo- 
derna. He aquí el cuadro de todas las consonantes; 
en él incluyo entre paréntesis ( ) las consonantes que 
hoy han desaparecido {x j h) ó sólo existen acciden- 
talmente (6 s z), y entre llaves [ ] las consonantes 
modernas que no existían antiguamente [j]: 





EXPLOSIVAS 




CONTINUAS 




nasales 


fricativas 


laterales vibrantes 




sordas sonoras 


sonoras 


sordas sonoras 


sonoras 


■Labiales. . 


P ib) 


m 


f V 




Dentales.. 


t d 


n 

í 


s qes-j 
) f^'^^{s){z] 
óz 


1 r 


'Palatales . 


ch 


ñ 


{^) (i) y 


11 


Guturales. 


c g 


n 


[)■] (h) 





Obsérvese que la diferencia entre b y v que mar- 
ca. la ortografía apenas existe en la pronunciación: 



54 
igual se pronuncian tuvo y tubo; si alguna diferen- 
cia se hace á veces, consiste sólo en el énfasis ma- 
yor ó menor: asi que en inicial de palabra ó de 
sílaba solemos pronunciar b explosiva, como en 
basta, nombre; pero entre vocales usamos siempre 
la fricativa ?; y no la explosiva b, v. gr., Córdoba^ 
acaba, que se pronuncian cordova, acava, con v fri- 
cativa; pero adviértase que esta fricativa no es labio- 
dental como la pronuncian los valencianos (y algu- 
nos castellanos por afectación), sino bilabial, dejando 
escapar el aire continuo entre los dos labios ligera- 
mente aproximados, sin cerrarse del todo; pues si la- 
oclusión es completa se pronuncia la 6, que es muy^ 
rara en nuestra pronunciación moderna. 

Bien se ve en el cuadro precedente que las diferen- 
cias esenciales entre los sonidos del español antiguo 
y el moderno se reducen á las fricativas. La lengua 
antigua distinguía tres pares de sorda y sonora que 
la lengua moderna confunde, por haber perdido las 
sonoras; distinguía además la b de la v, y hoy se 
perdió la b casi totalmente. 

i] La lengua antigua distinguía una s sorda (que 
generalmente escribía doble: vinicssCy passar, ó senci- 
lla tras consonante: mensage), de una s sonora (que 
se escribía sencilla: casa). El español moderno per- 
dió la s sonora, análoga á la s sonora del francés, y 
conservó únicamente la sorda que emplea en todos 
los casos; entiéndase esto rigurosamente de la s in- 
tervocálica, pues por excepción hay 5 sonora en caste- 
llano moderno cuando va agrupada con otra conso- 
nante sonora, como en sesmo, mismo, desde, sesgo,, 
fisgar, fresno, y esto por contagio de la consonan- 



55 
te inmediata, sin que intervenga la etimología. 

2] La lengua antigua distinguía también la pro- 
nunciación de la c sorda y de la ;r sonora, cuya pro- 
nunciación podría representarse por P y d^: plaga, 
hazer. Ambos sonidos se confundieron á partir del 
siglo XVII en uno solo sordo, perdiéndose el sonoro; 
por más que la ortografía moderna distingue la c y 
la z, las distingue sólo para usar una ante a o u, y 
otra ante i e, sin atender nada á la ortografía anti- 
gua etimológica, como lo evidencia el hecho de que 
las dos palabras apuntadas las escribe precisamente 
al revés de como antes se escribían y pronunciaban: 
plaza, hacer; ambas consonantes las pronuncia igual- 
mente, con z actual, que- probablemente es igual á 
la c antigua. Es decir que hoy sólo existe un sonido 
sordo representado ora por c ora por z; aunque por 
excepción (como sucede con la s) se pronuncia sono- 
ro por contagio de una consonante sonora siguiente: 
brizna, haz-lo, portazgo, 

3] La lengua antigua y clásica distinguía la x 
sorda de la 7^ sonora: dixe se pronunciaba con soni- 
do diferente que hijo ó coger; el sonido de la a; y el de 
la i era respectivamente muy parecido á la ch y gj 
francesas de chambre, jour. Hoy ambas fricativas han 
desaparecido y han sido sustituidas por un sonido 
único, el de la 7 actual, desconocida á la lengua an- 
tigua; hoy se pronuncian con igual sonido dije que 
hijo. 

4] La lengua antigua distinguía una b explosiva 
sonora y una v fricativa sonora; la b procedía de p la- 
tina: recipio, recibo; y la. V de h ó v latinas: ama- 
ba m, amava; caballum, cavallo; SiVQm, ave. Ha- 



5^ 

cia el siglo xvi se confundieron ambos sonidos, sub- 
sistiendo sólo el fricativo ü, que se escribió ora v, ora 
h, para amoldar artificialmente las palabras á la or- 
tografía latina, y entonces se introdujo la costum- 
bre de escribir amaba y caballo de modo distinto 
que ave, (Véanse adelante los §§ 41 i y 43 J. 

5] La lengua del siglo xv y xvi poseía además 
una h aspirada en hacer, humo, holgar, etc., que hoy 
es completamente muda en la lengua literaria; sólo 
en dialectos como en el Oriente de Asturias, en An- 
dalucía ó en América, se conserva la aspiración con- 
fundida con la jf y se pronuncia jVic^r, jumera, jol- 
gorio, juerga (por huelga), etc. (v. § 38 ,). 

Por estas diferencias de la pronunciación antigua 
y moderna se comprenderá cuan arbitrario es, y 
cuánto daña á los estudios históricos del idioma, e 
afán de los editores de hoy por reformar la ortogra 
fía de los autores antiguos, amoldándola á las últi 
mas reglas académicas; este afán procede de la equi 
rocada creencia de que antiguamente se pronuncia 
ba igual que hoy, y que si se escribía de distinto 
modo era porque no había ortografía fija, lo cual es 
muy inexacto hasta el siglo xvi; aun respecto de los 
autores que vivieron en un período de transición 
prosódica, como es el siglo xvii, conviene respetar 
escrupulosamente su ortografía, pues la inseguridad 
y vacilación que en ella muestran sirve para estu- 
diar los cambios de pronunciación en su lucha por 
encontrar una ortografía adecuada. 

36. Idea general del desarrollo de las 
CONSONANTES. — Las consonantes, aunque muchas 
más en número que las vocales, no tienen una bis- 



57 
toria más complicada que éstas: cada vocal por sí 
tiene una historia aparte, mientras todas las conso- 
nantes explosivas sordas p, t, k, se agrupan en una 
común evolución, lo mismo que las explosivas sonoras 
by d, g, 6 las fricativas, etc. Nótese también que la 
vida de las consonantes no depende apenas del acento; 
se puede decir que éste no influye nada, mientras que 
á las vocales la condición de acentuadas ó no acen- 
tuadas les da un doble desarrollo que exige una do - 
ble historia. Toda la evolución de las consonantes se 
determina por su modo de articulación (§ 33), por su 
condición de simple, doble ó agrupada con otra con 
sonante, y por su posición, ora inicial, ora interior, 
ora final de palabra. 

Las consonantes simples son las que más cambios 
sufren; las dobles se simplifican, y por lo demás 
quedan inalterables; las agrupadas tienden á con- 
fundirse en su sonido simple. 

La posición inicial da á las consonantes una re- 
sistencia quizá superior á la de las vocales; la posi- 
ción interior hace que las consonantes simples pro- 
nunciadas con más energía se debiliten, y que las 
pronunciadas con menos energía estén expuestas á 
perderse; las consonantes finales latinas desapare- 
cen, de modo que en español no hay más consonan- 
tes finales de palabra que las que quedaron después 
finales por pérdida de una vocal (§ 28 5, 29 ^). 

consonantes iniciales 
37. Las consonantes iniciales simples se 

CONSERVAN EN GENERAL INALTERABLES. 1] Ejem- 



5» 
píos de la conservación: Explosivas: pectínem, 
peine; ^péáicum (por pédica), piezgo; badium, 
bayo; balneum, baño; taedam, tea; tegülam, 
teja; digitum, dedo; domitum, duendo; coctu- 
rarium, cochurero; cognatum, cuñado; galli- 
cum, galgo; gaudium , gozo. Nasales: mutilum , 
mocho; móllem, muelle; nébula, niebla; navi- 
gium, navio. Fricativas: viridem, verde; viati- 
c u m , viaje; summarium, somero; s o m n u m , siie - 
ño; c i c o n i a , cigüeña; c i r c e 1 1 u m , cercillo y zarci' 
lio. Líquidas: "lactem (nuevo acusativo, por lac), 
leche; lútea, loza; radicem, raíz; retem (femeni- 
no y no rete neutro), red, 

2] Sólo hay que hacer observaciones respecto de 
las fricativas, y en primer lugar respecto de las que 
se conservan: 

a) Recuérdese que hoy las iniciales verde, via- 
je^ etc., se pronuncian igual que la de bayo, baño, 
etc., pues la distinción entre la 6 y í; se borró ya en 
el siglo XVI, conservándose después sólo en la orto- 
grafía (§ 35,J; y cuando la etimología no fué recor- 
dada se tendió á usar siempre la b, por ejemplo: en 
verrere, barrer; '^versura, bastirá; vermicu- 
lum, bermejo; vota (plural de votum), boda; «pa- 
nem votivum,» bodigo; vervactum, barbecho; 
etcétera. 

b) La s alguna vez se muda en j: saponem, 
jabón; sucum, jugo; sepia, jibia. Todas estas 
palabras se escribieron antes con x y proceden de la 
pronunciación de los moriscos, que toda s pronuncia- 
ban X «xean llevadox todox extox.» — También se 
muda en c (asi hilada) ó 2' (moderna): setaceum. 



59 
cedazo; sera re, cerrar; sub bulliré, zabullir; sub- 
funda re, zahondar; *subsuprare (volver lo de 
abajo arriba), zozobrar; soccum, zueco; saburra, 
zahorra. Estas son palabras procedentes de alguna 
región Andaluza, que cecea toda s. 

c) Nótese respecto de la c asibilada, que antigua- 
mente, en algunas regiones, no debía ser fricativa 
sencilla, sino probablemente africada, ó sea, mezcla 
de explosiva y fricativa que no representariamos por 
un signo simple P sino doble tz 6 ts; así que pudo muy 
bien mudarse entonces en la dento-palatal ch (com- 
puesta de la explosiva t, más la fricativa ch france- 
sa), como vemos en algunos casos: ciccum, c/íí- 
co; '^cicérum (por cicer a.) ^ chícharo; cimícem, 
chinche. Este es un cambio bastante moderno, como 
lo prueba el que lo sufren palabras semicultas, como 
cistella, chistera, «cesta de pescador» (el popular 
es cestilla); schisma, cisma, chisme; y lo sufren 
además las c procedentes de 5, v. g., *subputeare 
(derivado de puteus), zapuzar y chapuzar; soccú«* 
lum, zoclo y choclo; sub-potare, chapodar, 

38. Algunas consonantes simples que se 

HAN PERDIDO EN COMIENZO DE PALABRA. — También 

aquí únicamente las fricativas ofrecen materia de ob- 
servación, como en el § 37 ,_,. 

i] La h no se pronunciaba ya en latín, de modo 
que en romance no tuvo representación ninguna; en 
la antigua ortografía, más fonética que la de hoy, se 
escribía ombre, onor, eredero, etc.; luego los escrito- 
res eruditos fueron introduciendo el uso de la h en 
estas palabras para imitar la ortografía latina. La h 
que se escribía en el siglo xv representaba un ver- 



6o 

dadero sonido y se empleaba sólo en vez de una / 
latina, v. gr., hazer, faceré; hijo, filium (v. el 
número siguiente y § 35 .). 

2] La / se conservó hasta el siglo xiv y luego 
«mpezó á sustituirse por la h, que era verdadera as- 
pirada en los siglos xv y xvi; modernamente se es- 
cribe todavía, pero ya no tiene sonido ninguno: fa- 
bulare, ant. fablar^ siglo xv hablar, mod. ablar 
(escrito con h muda); folia, ant. foja, mod. hoja; 
follicare (respirar anhelosamente con ruido como 
<3e un fuelle) folgar (su sentido primitivo «descan- 
sar de la fatiga»), holgar; factum, fecho, hecho. 
La aspiración del siglo xv se conserva en forma de 
j en algunas partes (v. § 35 g), y la lengua literaria 
acogió algunas voces de estas regiones como jamel- 
go, de famelicum; jaca por haca; jalear, derivado 
de la interjección hala!; caña-jelga por caña-hería, de 
c a n n a - f e r u 1 a . La / de la Edad Media se conser- 
vó en la lengua literaria sólo ante el diptongo ue, y 
á veces ante el ie y en otras circunstancias mal de- 
finidas: follem, fuelle; fortem, fuerte; íoniem^ 
fuente; focum, fuego; ferum, fiero (frente á fe- 
r r u m , hierro; f i e 1 , hiél); f o e d u m , feo; f u n d u m , 
fondo (junto á hondo); fidem, fe. 

3] La ge gi j se conserva con el mismo sonido y 
del latín vulgar, sólo ante vocal anterior (a e i) y 
acentuada *: jacet, yace; génerum, yerno; gém- 
ma, yema; gélu, yelo (escrito por la Academia hie- 
lo); gypsum, yeso; ante vocal posterior se ve sólo 
en jugum, yugo. Fuera de este caso ante vocal pos- 

* Son cultos género y gente. 



terior, sea acentuada 6 no, la fricativa se ensoideci6 
en j : j u d e x , jiiez; j ó c u m , juego; J ó v i s, jueves; 
j u s t u m , justo; j u r a t , jura; j u n i u m , junio; j ü - 
1 i u s , julio; j u n c t u m , junto; j u v e n e m , joven; 
j u n c u m , junco; j u d i c i u m , juicio; j u d a e u m , ju- 
dío. Ante vocal anterior átona se pierde la fricativa 
(descártese la h que inútilmente introdujo la ortogra- 
fía moderna en muchos casos): januarium, í;;ííj- 
ro; jactare, echar; '^] di] uní uva (por jejunium), 
ayuno; germanum, ant. ermano (mod. con la It 
inútil hermano); *genuculos (por geniculum),. 
ant. inoj os [moa. hinojos); genéstam, hiniesta; *je- 
nipérum (por juniperum), enebro; g&lavQ , ant. 
elar (mod. helar); *gemellicium (por gemellus),. 
ant. emellizo, moa. mellizo; Geloira, Elvira; gin- 
giva, encía '; ante vocal posterior se piérdeselo ei> 
jungere, uncir, 

39. Consonantes iniciales agrupadas. — i] 
Los grupos compuestos de una consonante seguida 
de r se conservan en general: *praegnare, pre- 
ñar; pratúm, prado; bracchium, brazo; bra- 
ca m, braga; tribulum, trillo; tructa, trucha; 
draconem, dragón; credo, creo; crudelem, 
cruel (en el caso de cr abundan las excepciones, ora 
de metátesis, crepare, anticuado crebar, moderno 

* La única excepción popular es jamás, jam magis 
(mientras el simple j^¿i, jam, es regular). Son cultos gen- 
til, gigante, Jesús, giba; jacinto, hyacinthus; gemir 
(el popular es aniicuado emer); gemido con dislocación 
del acento, ;§ 6, nota (el popular es anticuado; j'ewí/o, en 
el cual la y no representa la g, pues se perdió, sino la i dei 
diptongo ie de gémitum). 



62 

quebrar; ora de pérdida de la r, ere m are, anticua- 
do cromar, moderno quemar; ora de cambio en gr, 
cretam, greda; crassum, graso); graculum, 
grajo; graecum, griego; gregem, grey; fraxi - 
num, fresno; *frontaria, frontera. 

2] El grupo de consonante seguida de / vacila, y 
unas veces se conserva como en plangére, plañir; 
plateam, plaza; plumam, pluma; plumbum, 
plom,o; blitum, bledo; blandum, blando; c\slv\- 
culam, clavija; clamorem, clamor; clarum, 
claro; gloriam, gloria; fioccum, fleco; florem, 
flor. Qtrasjveces la consonante inicial se asimila á 
la siguiente y producen la palatal //: plantam dio 
llanta junto á planta; pilcare dio lle^arijunio á 
^plegar; p 1 e n u m , lleno; p 1 u v i a m , lluvia ; p 1 a n - 
t agine, llantén; la raíz onomatopéica cloc- dio 
llueca junto á clueca; clamare dio llamar; c la- 
ve m, llave; clausam, llosa; flammam, llama. 
Si la primera consonante es la sonora g^ aún puede 
haber un tercer representante con / inicial, como 
de glaream tenemos glera, llera y lera (que de este 
último modo se dice en Santander); glándula, 
landre; glandem, antic. lande^ «bellota»; *gli- 
ronem (en vez de glirem), lirón; glattire, la- 
tir; y añádase el caso de la sorda /; flaccidum, 
lacio, 

3] A la s- líquida, ó sea á la s inicial seguida de 
otra consonante, se le anteponía una i ó una e ya en 
el latín vulgar; en las inscripciones se halla escrito 
istare, ispatium, ispiritum, Estephanus, 
etc., y por eso en español se dice estar, espacio, espí- 
ritu^yáe sea m num salió escaño; se ribo, escribo; 



63 
^smaragdam (por smaragdus), esmeralda; spe- 
culum, espejo \ 

4] El grupo qu-f es decir, la gutural c seguida 
de la fricativa labial v (que podíamos representar 
cz£'-), pierde su fricativa, ora en la escritura y pro- 
nunciación: qua.ttuoráecim t catorce; *qualania 
(derivado de qualis), calaña; *quassicare (de- 
rivado del participio quassus de quatére), cas- 
car, ora se pierde en la pronunciación aunque se 
siga escribiendo la ?/ por seguir e ó i: quaero, qui(^- 
ro; quem, quien; quingenti, quinientos; quin - 
decim, quince; quinionem, í/mwow *. Sólo se ex- 
ceptúa el caso de quá- quó- acentuados, que éstos 
conservan la «; qualem, cual; quattuor, cuatro; 
quadrum, cuadro; quando, cuando; comp. coa- 
gulum, cuajo; á& quó- no hay más ejemplo que 
quomodo, que antiguamente iuécuomo, luego cue- 
rno y también como, forma esta última que preva- 
leció y en la cual quo- se miró como átono, por- 
que las partículas pueden pasar como enclíticas mu- 
chas veces; caso igual ofrece quasi, que mirado 
como tónico dio cuasi, y como átono casi. Para cinco 
y cincuenta v. § 66 ,. 



* En voces cultas 5C- se hace también c, como en scep- 
trum, cetro; scienciam, ciencia; s chisma, cisma, 
chisme {% 37 2 c). Otras veces se antepone la e, como en es- 
cena, escénico (anticuado cena, cénico). También spaS' 
mum, pasmo, frente á espasmo, parece culto. 

- Son cultas las palabras que conservan la «, como, 
qualitatem, cualidad [e\ \>o\)\x\2iV qs calidad)'^ quadru- 
p e d u m , cuadrúpedo; q u a t e r n i , cuaderno; q u e s t i o - 
nem, cuestión; cuodlibeto, tic. 



64 



consonantes interiores simples 
40. Las explosivas sordas latinas entke 

VOCALES se convierten EN SONORAS *. — La p se 
hace b (que claro es que en la tegua antigua no se 
pronunciaba fricativa sonora como la v (§ 35^ y 
comp. §41): cepullam, cebolla; lupum, lobo; ad- 
ripam, arriba; apiculam, abeja; tripédem, tré- 
bede. La t se debilita en íÍ: vitam, vida; metum, 
miedo; cretam, greda; rotam, rueda. La c se hace 
g: securum, seguro; secat, siega; apotecam, 
bodega; cucullam, cogulla; ciconiam, cigüeña; 
*vessicam (por vesicam), vejiga; focaciam, 
hogaza; lactucam, lechuga. No es excepción, como 
pudiera creerse, el hallar la ce ci latinas representa- 
das por la fricativa sorda c moderna: dicit, dice; 
facis, haces; vicinum, vecino; pues antiguamen- 
te todo ce ci latino se escribía en español con jsr, 
que era sonora, y no con c, que era sorda: dize, ha- 
zes, vezino; r a c e m u m , r ázimo; placeré, plazer, y 

* Son cultas las palabras que conservan, las sordas in- 
tervocálicas, por ejemplo, la p: capítulo (semi-popular ca- 
bildo); epístola, ocupar, insípido; la /: cátedra (popular ca- 
dera), voto (anticuado vodo), votivo (anticuado vodivo, lue- 
go bodigo, se sobrentiende panem votivum), rotwido 
(pop. redondo), minuto (pop. menudo), metallum, metal 
(comp. el popular italiano medaglia, de donde nuestro me- 
dalla)^ plátano (el popular es el nombre de lugar Prada- 
nos); la c: pacato {^iO^^. pagado), cicuta, fecundo, sofocar 
(comp. el popular ahogar), delicado (pop. delgado); de sa- 
bucum los letrados dijeron sabuco y luego saúco, mien- 
tras el pueblo dijo sabugo. 



65 
sólo en el siglo xvii se pronunció sorda (v. § 85 ^). 
La c fricativa se cambia en ch menos veces que ini- 
cial (§ 37 2c)» por ejemplo: furnaceus, hornazo y 
Jiornacho; *cicerum (por ciceram), chícharo; 
*cappaceum (de cappa), capazo y capacho. 

41. Las explosivas sonoras ó se conservan 
ó desaparecen. 

i] La b intervocálica subsiste, pero confundida 
con la V ya en latín vulgar (§ 43 ,); así en castellano 
antiguo siempre se escribía v^ á diferencia de la de- 
rivada de ^ que se escribía 6, V. gr.: superbiam, 
sobervia, con dos clases de 6 í; que se confundieron 
en el siglo xvi-xvii (§ 35 J. 

2] La d se conserva en sudare, sudar; n i d u m , 
nido; nudum, des- nudo; pero se pierde en credit, 
cree; foedum, feo; pedes, anticuado piecs, mo- 
derno pies; videt, anticuado vee (comp. pro-vee)^ 
moderno ve; tedam, tea; laudat, loa; audire, 
oir; *dis-af-fiduciare (derivado de fidücía), 
anticuado des-a- fiíiciar, moderno desahuciar; me- 
dullam, meollo; limpidum, limpio; tepidum, 
tibio; flaccidum, lacio; lucidum, lucio; rosci- 
d u s , rucio. 

3] La o^ se conserva en a(u)gurium, agüero; 
A(u)gustum, agosto; legumen, (S 62 ,), legum- 
bre; plagam, llaga; castigare, castigar; Tí^gaL- 
re, negar; navigare, navegar; pero se pierde en 
ru migare, rumiar; ligare, liar; litigare, lidiar; 
fumigare, humear; legalem, leal; regalem, 
real. Sólo van aquí ejemplos de ga go; para ge gi 
véase § 43. 

42. Las fricativas sordas se hacen sonó- 



66 

RAS. — i] La 5 permanece siempre, pero debilitada 
en la sonora -s- del castellano antiguo, que luego se 
ensordeció otra vez (§ 35 j): causam, cosa; fu- 
sum, huso; thesaurum, tesoro; pausare, posar, 

2] La / se debilita igualmente en la sonora v ó b: 
Stephanum, antiguo Estovan, ortografiado á la 
moderna Esteban; Christophorum, Cristóbal; 
raphanum, ant. ravano, ortogr. moderna rábano; 
cóphinum, cuévano; aquifól(í)um, acebo; trífó- 
l(i)um, /r^6o/. Sólo cuando la / está en voces la- 
tinas compuestas, cuyos elementos componentes 
aprecia ó siente todavía el romance, se trata la / 
como inicial, y, por lo tanto, se pierde (§ 38 ,): sub- 
fumare, sahumar; defensa, dehesa \ 

3] Para ce ci, español ant. ze zi, véase § 40. 

43. Las fricativas sonoras intervocálicas 
vacilan de igual modo que las explosivas sono- 
RAS. — i] La j, asi como la ge gi, suenan y: pa- 
gensem, payes; legendam, leyenda; majorera, 
mayor; *jajunare (por jej uñare), ayunar; ma- 
jum, mayo-; esta jv se pierde generalmente: ni- 
gellum, niel; magistrum, antic. may estro, mod. 
maestro; sigíllum, anticuado seyello, seello, mo- 
derno sello; sexagínta, anticuado sesaenta, mo- 
átíno sesenta; vyjígiiMVCít ruido; sagittam, saeta; 
vaginam, vaina (§ 6 ,); pejorem, peor; *me- 

* Ant. también devesa. Son cultas profesar^ profundo, 
edificio, elefante, refundir^ referir. 

* Laj y ^ latinas suenan como j castellana sólo en vo- 
ces cultas como rugido (popular ruido), sagitario (popular 
saetero), vigilar (popular velar), magisterio, mágico, ma- 
jestad. 



67 
jare (por mejére), mear; co(g)itare, cuidar. 

2] La z; y la 6, que intervocálica se confundió con 
Ja V ya en latín vulgar, se conservan como fricativa 
í;, aunque se escriba hoy día b en muchos casos 
(§ 35): bibére, ortografía antigua bever, moderna 
■beber ^ igual que vi vé re, ortografía antigua bivir 
(§ 37 ,), moderna, vivir; probare, ortogr. ant. pro- 
var, mod. probar; hibernum, ivierno é invierno; 
Xdi\diVQ^ lavar; nova-m^ nueva; pavonem, pavón; 
aviólum, abuelo (ortogr. ant. avuelo). Se pierde en 
saburra, zahorra, sorra; sabucum, sabuco, saiico; 
tributum, ireiido; *sub-undare, sondar; rí- 
vum, no, y sobre todo en la terminación -ivus, 
por ejemplo: aestivum, estío; gígivam, encía, 
^. lixivam (por lixiviam), lejía. 

44. Las nasales y líquidas permanecen. — 
i] w;fumum, humo; ramum, ramo; 2] n: lu- 
nam, luna; honorem, honor; donare, donar; 
bonum, bueno; 3] /: dolorem, dolor; malum, 
malo; pilum, pelo; \] r: pariculum, parejo; í^ - 
.rum, fiero; maurum, moro. 



consonantes interiores d0}3les 

45. Las explosivas dobles sü hacen simples 
Y LUEGO QUEDAN INALTERABLES. — Labiales: cap- 
pam (no capam), capa; cippum, cepo; *cúp- 
pam, copa (pero cüpam, cuba); gibbam, giba; 
abbatem, abad. Dentales: guttam, gota; va ii- 
tere, meter; cattum (no catum, comp, it. gat- 
Ao), gato; *in-addit, anticuado enade^ moderno 



68 

arpa de. GuiuvaXQs: buccam, boca; peccatum, ¿^ 
cado; siccum, seco; vaccam, vaca. 

46. Las continuas dobles también se siMt- 

PUFICAN, PEKO Á VECES CON ALGUNA ALTERACIÓN^ 

— i] Quedan inalterables: la m: flammam, llar 
ma; gemmam, yema; *assummare (derivado de 
summum), asomar; la s: sessum, sieso; grosr 
s u m , grueso; m a s s a m , masa; p a s s u m , paso; 
crassum, graso (nótese sólo que en castellano an- 
tiguo ésta s sorda se escribía 5<> aunque en la pro- 
nunciación era un sonido simple, para diferenciarla 
de la s de casa^ etc., que era sonora, § 35 ,). 

.2] La rr latina se pronuncia en español distinta 
de la f, pues se pronuncia con una vibración más pro- 
longada: carrum, carro (pero carum, cíiro); fe- 
rrum, hierro; turrem, torre; terram, tierra. 

3] La // y la nn se palatalizan en las españolas- 
,// y ñ: vallem, valle; cdihdiWum, caballo; bel- 
1 u m , bello; p u 1 1 u m , pollo; m e d u i la m , meollo; 
can na m, caña; grunnire, gruñir; pannum^ 
paño *. 

CONSONANTES INTERIORES AGRUPADAS 

47. Los GRUPOS CUYA PRIMERA CONSONANTE ES^ 
UNA CONTINUA, SE CONSERVAN INTACTOS CON CIER- 
TAS excepciones; la continua permanece como íinal- 



* En voces cultas se pronuncia I ó n 6 n-n: illustrem, 
ilustre; collegium, colegio., colega^ ¿m/<x (el popular es 
tolla), anales (el popular t^añal), inocense^ imiovar^ con- 
nivencia, connatural. 



-de sílaba, y la consonante siguiente no se altera 
tampoco como inicial, semejantemente al § 37. 

i] Ejemplos de r -}- consonante: serpentem, 
serpiente; barbam, barba; ^iortam , puerta; chor- 
d a m , cuerda; a r c u m , arco; v i r g a m , verga; f o r - 
micam, hormiga; tornare, tornar; servum, sier- 
vo. Se exceptúan rgi, que dio rz: spargére, es- 
parzer; argilla, arzilla, comp, 3, ng; y rs que se 
asimiló antiguamente en ss^ y desde el siglo xvrí se 
escribió s: transversum, ant. traviesso, mod. tra- 
uieso; ursum, ant. osso, mod. oso; reversare, reve- 
sar; "versuram (de versum, participio de ve- 
rrere), basura '. 

2] Ejemplos de I -\- consonante: vulpécula, 
vulpeja; albam, alba; altum, alto; saltum, salto; 
caldum, caldo; sulcum, sidco {y surcó); dulcem, 
dulce; algam, alga; ulmum, ohno; falsum, falso; 
*púlvum (por pulverem), polvo. Una excepción 
importante forma la vocalización de la /, que ocurre 
á veces en circunstancias mal definidas, cuando está 
precedida de ^ 6 w y seguida de consonante sorda; 
«jemplos de al- vocalizado en au-^ y luego en o: sal- 
tum, soto^ y demás citados (§ 9 5); altarium, otero 
i% 17 -); ejemplos de -íí/¿-'convertido en -uit-: vul- 
turem, buitre, y luego, cuando -i^it^- está ante vo- 
cal, se convirtió en -nch- (§ 5o ,): multum, anticua- 
do muito (ó niuitf moderno nmy)^ y luego mucho; pul- 
les, puches *ascultat (por auscultat), antiguo 
escucha, moderno escucha; qmXíqWmvcí ^ cuchillo. 



« Voces cultas: persona, verso (ant. viesso), cwrso (pop. 
tcoso, ant. cossd). 



70 

3] Ejemplos de nasal -\- consonante: lampá- 
dam, lámpara; i em-pus^ tiempo; ambos, ambos; 
cambiare, cambiar; plantam, llanta; funáum, 
hondo; mancum, manco; longum, luengo; invi- 
diam, envidia; anserem, ánsar. Las excepciones 
son aquí numerosas, y más populares que la conser- 
vación del grupo, respecto de mb, mn, ng con g fri- 
cativa, y jís. Hay asimilación en mb, que se hacer 
*mm, m, por ejemplo: lumbum, lomo; palum- 
bu m , palomo; antiguamente se decía con más regu- 
laridad amos^ camiar, etc. Parecida asimilación hay 
en mn, *nn, ñ: d o m n u m , dueño; s o m n u m , site - 
ño; scamnum, escaño *. En ng^ con g fricativa, se^ 
produjo el mismo resultado que en nj (§ 84 y 53-)r 
plangere, plañir; *ringere (por ringi), reñir *'r 
6 resultó nz: jungére, uñir y uncir: *ringélla, 
renzilla; gingiva, encía; frangére, ant. frañer y 
francer. En latín vulgar ya 7is se reducía á s, así el 
derivado popular de pensare es pesar y y de sen- 
sum, seso; mansión em, mesón; consuere, coser;: 
defensam, dehesa; ansam, asa, 

4] 'E]Qmp\os áQ s -\- consonante: vespam, avis- 
pa; despectum, despecho; testum, tiesto; cris- 
tam, cresta; muscam, mosca; a(u)scultat, es- 
cucha; floresco, anticuado jíoresco, luego florezco ;^ 
florescis, anticuado floresces, moderno floreces;- 
baptismum, bautismo. 

5] Un caso análogo á los cuatro enumerados, es- 
el del diptongo au que hace el efecto de una conso-^ 



• Son cultas: columna, solemne^ omnipotenie. 

' Consérvase uge y ngi en voces cu\í2l^^ ángel, longitud^ 



71 
nante continua, para impedir el paso á sonora de la 
sorda siguiente: paucum , ^oco; aucam, oca; cau- 
tum, coto; autumnum, otoíio; fautum (favore- 
cido, protegido), hoto; *saupi (§93), sope supe. Las 
excepciones son raras: pobre no debe provenir de 
pauperem, sino de la pronunciación *poperem 
que los gramáticos latinos señalan como rústica an- 
tigua, por más que no se haya generalizado si no 
en plena Edad Media. 

48. Las consonantes seguidas de I ó r su-- 

FREN IGUAL SUERTE QUE SI FUESEN INTERVOCÁLI- 
CAS. — Las explosivas sordas se hacen sonoras (comp. 
§40), duplare, doblar; aprilem, abril; pa.tr em , 
padre; eclesiam (forma que se halla en algunos au- 
tores é inscripciones en vez de ecclesiam), iglesia; 
macrum, magro *. — Las explosivas sonoras se con- 
servan ó desaparecen (comp. § 41): oblatam, 
oblada; februarium, febrero; quadrum, cuadro y 
frente á quadraginta, cuarenta; cathedra, ca- 
dera; nigrum, negro ^ frente á pigritiam, pereza; 
integrum, entero. — Las fricativas sordas se hacen 
sonoras (comp. § 42 ,): afr icum, ábrego (pronun- 
ciase avrego). 

49. En el grupo de labial seguida de den- 
tal SE ASIMILA LA LABIAL Y DESAPARECE DESPUÉS. 

— Ya en los primeros tiempos del Imperio romano 
ipse era pronunciado isse, de donde el español an- 
tiguo esse, moderno ese; gypsum, anticuado yesso, 
moderno yeso; septem, *siette (comp. ital. sette), 

« Voces cultas: duplicar (pop. doblegar)^ petrificar, de- 
macrado, eclesiástico, sacramento (antic. sagramientó)^ 



72 

siete; scripturam (¡tal. scrittura), escritura; ap- 
tare, "^attar, atar; captare, catar; subtilem, sw- 
til *. Para mn asimilada en mi = ñ, v. § 47 5. 

50. El grupo de gutural y dental produce 
UN SONIDO PALATAL. — i] -ct- por intermedio de -it- 
produce la palatal sorda ch *: factum , aragonés an- 
tiguo feito, cast. hecho; lactem aragonés ant. leit^ 
cast. leche; tectum, techo; coactum (forzado, do- 
blado), cacho adjetivo, y gacho; lectum, lecho; jac- 
tare, echar. 

2] La -es-, ó sea -x-, por intermedio de -is- dio 
la palatal sorda del español antiguo x (§ 35 j), con- 
vertida en el español moderno en la gutural sorda j; 
taxum, anticuado ¿¿;^o, moderno ¿^70 (§ g ,); maxi- 
1 1 a m , anticuado niexiella, moderno mejilla; d i x i s t i , 
dijiste; adduxi, aduje; exemplum, ejemplo ^. 

3] La -gn- por intermedio de -m- se hace -ñ- *: 
signa, seña; im-pignus, empeño; *dis-digna- 
re (por dedignari), desdeñar, 

51. Grupos de tres consonantes, — i] Se 
conservan las tres cuando la primera es nasal, líquida 
ó s y la tercera líquida: *incontrat (de contra), 

* En voces cultas no hay asimilación: lapso ^ aceptar^ 
exceptuar^ concepto ^ precepto. 

* Son cultas las voces que conservan la ct: defecto^ doc- 
to, nocturno, pacto. 

^ Sólo en voces cultas se pronuncia -es-: examen^ exen- 
to, eximir, exorcismo, exhortar. 

* Las voces cultas, ó dieron sólo el primer paso -m-, 
comoregnum, reino, ó no dieron ninguno, como pug- 
nare, pugnar (antic. puñar), signar (popular en-señar). 
maligno, magnífico, indigno, insigne; ó pierden la g, 
como sino, indino, que están semi-popularizadas. 



73 
encuentra; rastrum, rastro; nostrum, nuestro;- 
capistrum, cabestro; philtrum, filtro; incli- 
nare, inclinar; implicare, emplear; novem^ 
brem, noviembre. 

2] En las otras combinaciones se suele perder la 
consonante interior del grupo; ya en latín clásico se 
decía fartum por farctum, harto; de punc- 
tum, salió ^M?^ío; de cinctum, cinto;^^. campsa- 
re («volver, doblar», ital. cansare, «apartar, refu- 
giarse»), cansar; de sexta m, siesta; de mixta, 
mesta (comp. § 61 ^). 

3] Menos veces se pierde la consonante primera: 
abscondo , diViúc. ascondo^vnoá. escondo; constare, 
costar, 

52. Consonantes seguidas de la semivo- 
cal u. — i] Para la atracción en habui, hube^ 
V. § 9 3; para la pérdida de u, v. § 3o ,. En el gru- 
po qu, gu la explosiva se trata como intervocálica ', 
y se conserva la u ante a: aquam, agua; equam, 
yegua; anticuam, antigua; linguam, lengua; ae- 
qualem, igtial. Excepciones: numquam, nunca; 
*torquatium (por torquatum), torcazo y torcaz, 

2] Ante o e ileL u desaparece en la pronunciación 
aunque se conserve en la escritura: aliquod, algo; 
*sequo (por sequor), sigo; ^sequere (por se- 
qui), seguir; aquilam, águila. 

3] La pérdida de la u fué á veces tan antigua, 
que la q seguida de e i se portó como si fuese ce- ci-y 

* Son cultas las palabras que no hacen sonora la q; por- 
ejemplo: aquilonem, aquilón (anticuado aguilón)', se- 
quacQm ^ secua^, locua^^ secuela. 



7+ 
y se asibiló (§ 34): coq(u)ere, cocer; coq(u)ina, 
cocina; laq(u)eum, lazo; torquere, torcer; *tor- 
quealem, torzal; torquem, torce. 

53. Consonantes seguidas de la semivo- 
cal y. — Las consonantes labiales permanecen en ge- 
neral (números i y 2), las dentales se palatalizan ó 
asibilan (números 3 á 7). 

i] Nótese que la e en hiato se hacia igualmente 
y: rubeum, rubio, etc.; my, by se conservan: vin- 
d e m i a m , vendimia; p r a e m i u m , premio; 1 a b i u m , 
/íí6io; *rabiam (por rabie m), rabia; rubeum, ru- 
bio; caveam, gavia; pluvia m, lluvia. Rara vez se 
pierde la 6, como en habeat, haya; foveam, hoya. 

2] py, sy, ry dejan atraer la jy á la sílaba ante- 
rior: sapiat, sepa^ y otros ejemplos (§§ 9 ,, 17 ,); 
augurium, agüero^ y otros ejemplos (§ 14 J. A 
veces lajv se conserva aunque obre en la sílaba an- 
terior: sepiam, jibia (§11 J, ó se pierde sin que 
para nada se note su influencia en la vocal preceden- 
te: coriaceam, coraza (§ 3o J. 

3] dy gy producen y ya en el latín vulgar *: ra- 
diare, rayar; podium, poyo; modium, moyo; 
exagium , ensayo; esta y desaparece tras las voca- 
les análogas, que son las de la serie anterior e i: 
fa stidium, hastío; perfidiam, porfía; seáGam, 
sea; video, veo; pulegium (ya en latín pule- 
jum), poleo; corrigiam, correa. Si á dy precede 

• Se conserva ij^ en médium, jjíedio {ant. meyo)^ que 
debe ser voz culta. Son cultas las demás palabras en que 
se mantiene dy, gy, como repudio (anticuado repoyo)^ 
odio, radio, rsmedio, homicidio, envidia, prodigio, sufra- 
gio, refugio^ prestigio, vestigio. 



75 
otra consonante, resulta '^"'^ z (como rgi^ ngi dan rz^ 
nz, S 47 , y 5): hordeolum, orzuelo; *virdia, por 
vir(i)dia, berza; verecundiam, vergüenza; así 
que, atendiendo al § 47 5, el resultado regular de 
gaudium será gozo. Merecen notarse algunas pa- 
labras importantes en que dy se hace z al lado de jy, 
por ejemplo: badium, además de bayo áió bazo 
(color moreno), *radiam (por radius) dio raya y 
raza (línea genealógica, rayo de sol, hilaza desigual 
en una trama, etc.); estas formas con z sólo pueden 
explicarse suponiendo que en el latín vulgar existió 
la tendencia á duplicar la consonante delante de yod, 
como existe en el italiano (appio, labbio, prezzo) 
y al lado de las formas apuntadas, decía también 
*baddium, *raddiam. 

4] ^y y ^y ^^ hacen z: plateam, plaza; pu- 
teum, pozo; *acutiare (por acuére, derivado de 
acutus), aguzar; rationem, razón; ericium; 
erizo; coriaceam, coraza; setaceum, ' cedazo f 
calceare, calzar; urcea (del neutro urceum), 
orza. Lajy se conserva muchas veces por influencia 
culta : p r e t i a r e , preciar; c u p i d i t i a m , codicia; 
gratiam, gracia; palatium, palacio; judicium, 
juicio; Gallaecia, Galicia, — Precede á ty cy otra 
consonante: *altiat (de al tus), alza. 

5] ny se palataliza en ñ: v i n e a m , viña ; s e n i o - 
rem, señor; extrañen m, extraño; araneam, ara- 
ña; Hispan i am, España; *dominiare (derivado 



* Son cultas las voces que conservan ny: línea (popu- 
1 ir liño)y ingenio (anticuado engeño), calumnia (anticuado 
caloña), idóneo^ etc. 



76 

de dominium , en vez de dominare), domeñar*. 

6] ly se palataliza en la j palatal antigua (gutu- 
ral moderna, § 35 ^): viril i a, verija; m el i ore m, 
mejor; mulierem, mujer; taleólam, tajuela; 
p a 1 e a m , paja ; f o 1 i a , hoja ; m i 1 i u m , mijo. Se 
han introducido posteriormente en el idioma las pa- 
labras en que ly se palatalizó en //: como mirabi- 
lia, maravilla; humiliare, humillar; muralia, 
muralla; battaliam, batalla; victualia, vitua- 
lla; tale a re, tallar {ii-^ni^ k tajar) '. 

7] Cuando á ly precede otra consonante, el re- 
sultado palatal no es la 7 sonora antiguamente, si no 
la sorda ch; cochleare, antic. cuchar, mod. cu- 
chara; amplium, ancho; impleamus, hinohamos 
(de donde se sacó luego el infinitivo henchir). 

grupos interiores romances 

54. Idea general del desarrollo de estos 
GRUPOS. — Las consonantes que son intervocálicas 
en latín llegan á agruparse en romance á causa de 
la pérdida de la vocal protónica interna y postónica 
interna de que se habla en los §§ 24 ,, g, 26 ,. Estos 
grupos, de fecha posterior á los originariamente lati- 
nos, se llaman grupos secundarios ó romances, y de- 
ben estudiarse aparte por dos razones: una, porque 
ofrecen más combinaciones de consonantes, agrupan- 
do sonidos que nunca se agrupaban en latín clásico. 



* Las voces cultas conservan ly: peculiarem, pecu- 
liar {popular pegujal), concilio (popular concejo)^ cousilia^ 
rio (popular consejero). 



77 
como por ejemplo: duod(e)cim, portat(i)cum. 
La otra razón es porque si bien en muchos casos la 
suerte de estos grupos es la misma que la de los gru- 
pos latinos, otras veces, cuando la pérdida de la vo- 
cal es de fecha relativamente tardía, muestran una 
evolución diferente, efecto de la distinta época en 
que se desarrollaron; pongamos un ejemplo con las 
dos palabras poen(i)tere y vicin(i)tatem: am- 
bas por la pérdida de la protónica interna formaron 
un grupo 'iit' romance; pero la primera ó bien su- 
frió esta pérdida antes que la segunda y en fecha tan 
antigua, que ad-re-poen'tere se dijo anepentir, 
conservando el grupo -nt- intacto como si fuese lati- 
no, como el de centum, ciento (que, según el 
§ 47 -, permanece) ó bien por influencia de la pro- 
nunciación culta llegó á ese resultado de mantener 
la sorda (la primera suposición es quizá la cierta); 
en cambio vicinitatem conservó su i protóni- 
ca más tiempo, hasta después que se cumplió la ley 
enunciada en el § 40, del debilitamiento en sonora 
de la sorda intervólica, de modo que se hubo de de- 
cir *vecinidad y luego v&cindad. Según esto, ha- 
blando con todo rigor, debiéramos decir que en 
poenitere se da un grupo nt romance; pero en 
vicinitatem el grupo romance es nd; sin embar- 
go, no se suele hacer esta distinción, y bastará ha- 
cerla aquí en esta advertencia una vez para siempre. 
El caso de pérdida antigua como en repoen(i)tere, 
es el más raro; lo general es que la vocal protónica 
y postónica se hayan perdido después del debilita- 
miento de la consonante sorda intervocálica; triti- 
cum se encuentra en documento del siglo xii escri- 



78 

to iridigo, luego se dijo '^Iridgo, y por fin trigo; ga- 
llicum se halla escrito galigo en el siglo xi, luego 
gcilgo. La fecha tardía de estos grupos hizo que se 
desarrollaran de manera diferente que los grupos de 
origen latino, conservando cada uno de sus elemen- 
tos su individualidad por más tiempo, ya que al pe- 
ríodo en que se agruparon precedió otro período en 
que vivieron como intervocálicos; notemos aquí las 
diferencias que se observan en el desarrollo de los 
grupos romances que hemos hallado también como 
grupos latinos (§§ 47-50). 

i] Los grupos cuya primera consonante es una 
continua se conservan intactos cuando son latinos 
(§ 47)> ps^'o cuando son romances no sucede lo mis- 
mo, y lo general es que la explosiva sorda se haga 
sonora como intervocálica: veritatem , verdad 
{§ 55 ,). El caso de arrepentir, en que la sorda per- 
manece, es la excepción. Obsérvese también que mu 
latino da ñ: damnum, daño (§ 47 -); mientras si 
€s romance intercala una consonante, según diremos 
<in el § 59 : * n o m i n e (por el neutro n o m e n , § 62 ,), 
nombre. 

2] Las consonantes seguidas de r, ya que cuan- 
do están en grupo latino se portan como intervocáli- 
cas, no pueden tener tratamiento distinto cuando es- 
tán en grupo romance; igual desarrollo ofrece capra, 
cabra, que aperire, abrir. En cambio, el grupo de 
consonante seguida de / es de resultado muy distinto 
cuando es latino (§ 48) que cuando es romance (§ 5y). 

3] La labial seguida de dental cuando está en 
grupo latino se asimila; pero en grupo ronlance con- 
serva la labial su individualidad; compárese sep- 



79 
tum, en que las dos sordas agrupadas (como una 
sorda doble, § 45) produjeron un sonido simple y 
sordo, ^setto, seto, con capital em, en que la ^ y la 
t evolucionaron primero como intervocálica *cabi- 
dal, y después de la pérdida de la vocal postónica 
evolucionan como agrupadas: cabdal (anticuado), cau- 
dal, vocalizándose la b. También aquí hallamos al- 
gún caso, pero mucho más raro todavía que los aná- 
logos á arrepentir, en que la pérdida de la vocal in- 
termedia es muy antigua ó influida por la pronun- 
ciación culta, de modo que se impidió el paso de las 
sordas á sonoras; apenas se puede citar más que 
reputare, anticuado reptar^ moderno retar y no 
'^rejidar 6 ''^redar, como era de presumir; por el em- 
pleo jurídico de esta palabra, más debe achacarse su 
sorda á influencia culta. 

4] El grupo de gutural y dental cuando es latino 
produce una palatal, ch 6 j 6 ñ (§ 5o); pero cuando es 
romance prevalece la articulación dental, como por 
ejemplo: placitum, plazo,- plan t agine, llantén. 

Notada esta diferencia, adviértase que como las 
combinaciones romances de consonantes son muchas 
más que las latinas, y ponen en contacto consonantes 
muy difíciles de pronunciar, ocasionan por esto cam- 
bios muy variados; adviértanse especialmente los cua- 
tro principales que sufren las consonantes continuas: 

a) La /y r se truecan á menudo: ulicem, urce; 
pallidum, pardo; robure, roble; corytum, * gol- 
de, goldre. 

b) La / y n se truecan muchas veces: ilicinam, 
encina; rotulare, ro;jí/ar (§ 57.), animam, alma; 
inguen, ingle. 



8o 

c) La n se puede hacer r: sanguinem, ant. 
sangne, mod. sangre; hominem, ant. omne, mod. 
hombre (§§ Sg y 6i ,). 

d) La nasal se hace labial, dental ó palatal, se- 
gún la consonante que la sigue: semitam, anti- 
cuado semda, moderno senda; co n ch u 1 a m , concha, 
que se pronuncia concha, 

ej También para facilitar el contacto de las con- 
sonantes se emplean frecuentemente sonidos de 
transición que se intercalan entre una y otra: me- 
morare, mem-b-rar (v. § Sg). 

Hechas estas advertencias preliminares, deben 
enumerarse ahora todas las combinaciones roman- 
ces de consonantes. 

,55. En el grupo romance, cuya primera 
consonante es continua, se desarrolla la se- 
GUNDA CONSONANTE COMO INTERVOCÁLICA. 1] SÍ 

la continua va seguida de explosiva sorda, ésta se 
hace sonora: bonitatem, bondad; limitem, an- 
ticuado limde y lim^b-de {$ 5^ ^ y ¿j, moderno linde; 
comitem, conde; domitum, duendo y duende; 
amites (plural de ames), anticuado andes, mo- 
derno ¿iWí/as; sancte-Emeteri; ^Santemder, San- 
tander; manicam, manga; tunicam, tonga; co- 
municare, comulgar (§ 54 ¿); *pulicam (por 
pulicem), pulga; famelicum, jamelgo; sori-, 
cem, anticuado sorze, con z sonora (comp. § 40), 
moderno sorce; nótese que la continua puede vocali-, 
zarse ó desaparecer: salicem, anticuado salze y 
satLze, moáQvno sauce; calicem, anticuado calze^ 
moderno cauce; *lemicaneam (derivado de le- 
ma, estoes, sordes iGmicsm q3l) , '^¡engaña y IC' 



8i 

gaña. Son escasos los ejemplos en que la pérdida de 
la vocal intermedia ocurrió antes del debilitamiento 
de la sorda en sonora ó en que la influencia literaria 
impidió este debilitamiento (§ 54), como en poly- 
pum, pulpo; colaphum, golpe; *solütum (por 
solütum), suelto; -'volútum (por volütum), 
i'?/^//í); solitarium, soltero; *as-sessitare (deri- 
vado de assessus, de assideo), asestar; *quas- 
si car e (derivado de quassus), cascar. 

2] Si la continua va seguida de explosiva sono- 
ra, ésta permanece: solidare, soldar; laridum ó 
lardum, lardo. 

3] Continua seguida de continua, permanece: 
eremum, yermo; asinum, astio; eleemosy- 
nam, limosna. Eñ cimicem hemos de suponer 
primitivamente '^cince, que luego se pronunció chin- 

(^^^^ (§ ^7 c). 

56. Las consonantes seguidas de r, claro 

ES QUE SE DESARROLLARÁN COMO INTERVOCÁLICAS 

(comp. § 48), — i] Las explosivas sordas seguidas 
de r se hacen sonoras: recuperare, recobrar; pi- 
perem, pehrc; lateralem, ladral y luego adral; 
iterare, edrar. 

2] Las explosivas sonoras se conservan: robo- 
retum, robredcr; liberare, librar; hederam, 
hiedra. 

3] Las fricativas sordas se hacen sonoras: a ce- 
re m, azre, con z sonora antiguamente (§ 35 2); si- 
ceram, anticuado '-^sizra y cizra, moderno sidra; 
biferam (esto es, ficus bifera), anticuado 6¿?:;ríí, 
moderno breva^ con el mismo cambio de / en v que 
hallamos en el § 48 fií^ y 42 2» 

6 



82 

4] Las dobles permanecen después de simplifi- 
cadas: litteram, lett'a; quattuor, cuatro (no de 
quatuor, que daría '^cttadro). 

57. Las consonantes seguidas de / producen 
Á VECES UN sonido PALATAL. — i] Labiales: la p^l 
da ch en capul a, cachas; pero permanece en po- 
pulum, pueblo; capul um ^ cable; copulam, co- 
pla. La b'l produce //en tribulum, trillo; insu- 
bulum, ejijullo; pero permanece en la mayoría de 
los casos: nebulam, niebla; nubil um , nublo; t a. - 
bulatum, tablado; stabulum, establo. 

2] Guturales: c'l da j siempre: oculum, ojo; 
*genuculos (por geniculos), hinojos; *fenu- 
culum (por feniculum), hinojo; vermiculum, 
bermejo; novaculam, navaja; sólo en voces tar- 
días se conserva c7 como gl: saeculum, siglo; 
miraculum , anticuado miraglo, moderno milagro; 
periculum, ant. periglo^ moderno peligro; jocu- 
larem, juglar. Igual sonido^' produce ^7: tegu- 
lam, teja; coagulum, cuajo \ 

3] Dentales: tanto fl como d'l trasponen sus 
dos elementos, trocándose en Id: capítulum, ca- 
bildo; títulum, tilde; rotulum, rolde; *ane- 
thulum (por anethum), aneldo, eneldo; spatu- 
lam, espalda; foliatilem (esto es: pañis folia- 
tilis), anticuado hojalde^ moderno hojaldre; mó- 
dulum, molde, Pero nótese que todas estas voces 
son algo tardías y semicultas á juzgar por su vocal 
acentuada (§§ 11 , nota, y i3 , nota). Una pérdida 

* Se conserva en las voces tardías ó semicultas: regu- 
lam, regla. 



i 



83 
•más antigua de la vocal intermedia revelan vetu- 
ium, vetlu, veclu, viejo; mitulum, al-meja; 
escam mutilare (tomando esc a en el sentido 
de cebo del fuego, yesca, desperdicios de los árboles), 
encíi] mijar. 

58. Explosiva seguida de nasal. — Aparte de 
decimum, diezmo; ricinum, rezno; duraci- 
num, durazno; epithema, bizma, nótese que í'w 
invierte sus términos lo mismo que fl: catena- 
ium, candado; serotinum, serondo; *rétinam 
<de retiñere), rienda. 

59. Los grupos de nasales y líquidas aña- 
den casi siempre una consonante explosiva in- 
termedia, pues ambas consonantes continuas son 
difíciles de pronunciar seguidas, sin la interrupción 
de una explosiva. 

i] in'n: la nasal labial m desarrolla una explo- 
siva labial para facilitar la unión con la siguiente, 
y la n se hace r (§ 64 ¿) : h o m i n e m , hombre; f e m i - 
nam, hembra; *faminem (sardo famini, por f a - 
men), hambre; *columinare (divisar á lo lejos 
desde una altura ó colum^u.) y columbrar; semi- 
nare, sembrar; luminaria, lumbrera, 

2] mV da igual resultado: humerum, hombro; 
cucumerem, cohombro; memorare, membrar, 

3] mV; la m desarrolla aquí también una b: tre- 
mulare, temblar; pero también hay la inversión de 
ambas consonantes continuas: cumulum, colmo» 

4] «V; la nasal dental desarrolla una explosiva 
dental: ingenerare, engendrar; cinerem, cen- 
dra^ acendrar; pero también se prodúcela inversión: 
*cineratam (de cinis), cernada junto á cendra^ 



84 

da; generum, yerno; Veneris, viernes; tene- 
rum, tierno. Aún hay una tercera solución: se con- 
serva wr haciendo fuerte la r: honorare, honrar, 

5] n'm cambia su n en r ó / (§54 ¿, y J: mini- 
mar e, mermar; animam, alma, 

6] Vr: colorare, corlar, 

60. Grupos de explosivas. — La segunda tiene 
más resistencia y sufre menos cambios que la pri- 
mera, limitándose su evolución á convertirse en so- 
nora la explosiva sorda. 

i] Grupos de labial y dental: pH^ hH y vH se re- 
ducen en español antiguo á hd, y en moderno á nd ó 
d: capitellum (en igual sentido que nuestro «ca- 
becilla»), anticuado cabdiellOf moderno caudillo; ca- 
pital em, ant. cabdal, mod. caudal; debitam, ant, 
debda, mod. deuda; bibitum, ant. bebdo, béiido^ 
beodo y mod. beodo (§6 ^); civitatem, ant. cibdad, 
mod. ciudad. El antiguo 6' d después de una vocal 
posterior, no produjo en el habla moderna itd, sino d 
por disimilación (§ 66 .) : * c u p i d i t i a m (por c u p i - 
ditas), ant. cobdicia, mod. codicia; cubitum, ant. 
cobdo^ mod. codo. Para retar, v. § 54 _. — Al resultado 
ud se llega también cuando la segunda consonante es 
sonora, como lapidem, laude; rapidum, raudo '. 

2] Grupos de gutural y dental: cH produjo zd y 
luego z: asi placitum dio en español antiguo plaz- 
do y luego plazo j § 67 ,, como recitare dio rezar. 
El grupo g^t dio yt y /, por ejemplo: "plagitum 
(forma vulgar, en vez de placitum), pleito; caso 



* Las voces cultas no forman grupo de consonantes y 
conservan éstas intactas hábito, súbito, rápido, etc. 



85 

análogo ofrece el grupo dyt en medietatem, an- 
ticuado meytad, moderno mitad. 

3] En grupos de dental y gutural la primera se 
hace continua ó desaparece, y la segunda permane- 
ce explosiva, pero convertida en sonora la sorda. 
Ejemplos de fe, d'c: la dental se convierte en la con- 
tinua z y rara vez en la continua /: portaticum, 
3.nüc. portad go, moa. portazgo; pedicum (por pe- 
di c a m ) , piezgo; j u d i c a r e , juzgar * ; son más raros 
y de origen leonés (en este dialecto se dice porialgo, 
mayoralgo, julgar, etc.) los casos de conversión de 
la primera en /, como en "naticam (por natem), 
nalga; medicam (herba medica), mielga; piérdese 
la primera en triticum, '^tridgo, trigo. Ejemplos 
de d'c': duodecim, ant. dodze, doze, mod. doce; 
tredecim, trece. 

61. Grupos de tres ó más consonantes. — i] 
Se conservan las tres cuando la primera es nasal, 
líquida ó s, y la tercera ró/;temporanum, tem- 
prano; "comperare (por comparare), comprar; 
con trueque de la liquida tercera: glándula, tan- 
dre. Las dos continuas primera y última pueden 
sufrir cambios: ancora, ancla {%5^ i); vulturem, 
buitre; alterum, "antro (§ g ^), otro. A éstos se asi- 
milan los que, aunque tienen nasal la última conso- 
nante del grupo, la truecan en r ó / (§ 64 & c)' san- 

* Compárese, para esa conversión en continua, el ya ci- 
tado piando, *plad^o (con la d fricativa final de sílaba, §63 
nota) *pla^:fo y j?/¿ifO, y caso más semejante: gothicum, 
gozque, voz que no cito en el texto porque parece exótica 
por no convertir en sonora la sorda segunda; la enteramen- 
te popular sería * go:fgue. 



86 

guinem, sangre; *lendinem (por lens, len^ 
d e m ) , liendre; i n g u e n , § 62 , , ingle, 

2] c7, g''l precedidas de consonante producen un- 
sonido palatal sordo, y no sonoro como antiguamente 
sucedía en el caso comprendido en el § 57 g: circu- 
lum, '"^ cercho, cercha; cicerculam, cicercha; trun- 
culum, troncho; *manculam (§ 68, pormacu- 
1 a m ) , mancha; conchulam, concha; c i n g u 1 u m , 
cincho; la primera consonante del grupo puede des- 
aparecer: sarculum, Sí7c/w; marculum (martilla 
ó martulum), macho; masculum, macho; cal- 
culum, cacho sustantivo. Excepción importante es 
misculare, mezclar, por influencia culta. 

3] En la generalidad de los otros casos se con- 
servan sólo la consonante primera y última: vindi- 
care, vengar; episcopum, obispo; masticare^ 
mascar; computa, cuenta; archipresbyter, ar- 
cipreste; simplicellum, sencillo; u n d e c i m , once;' 
quattuordecim, catorce; panticem, panza. La 
última consonante puede alterarse, v. gr.: en cor- 
ticem, que en vez de ^corce ó corzo dio corcho, con- 
virtiendo en ch su z (§ 40 fin y 37 „ J. La prime- 
ra consonante se altera en domnicella, doncella 
(§ 54 rf); antenatum, antic. aunado, luego alnado 
(§ 54 h). Se funden la consonante primera y tercerar 
acceptorem, antic. aztor § 67 ,, luego azor, cóma- 
las palabras citadas en el § 60 ,. 

4] Se pierde la consonante primera en ciertas- 
combinaciones; cuando la primera y segunda son 
ct 6 es, la c se vocaliza en i: pectinare, ^pecnar^ 
peinar, y esa i se pierde, influyendo ó no en la vo- 
cal anterior: pectorale, petral; *Iectorilem (de:^^ 



87 
lector) dio letril y luego *latyil y atri!; *benefac- 
toriam, behetría; ívaxinum, fresno. Otros grupos 
en que también se pierde la primera consonante: 
culmen (§ 62 ,, 54 c), cumbre; pignora dio ^^pen- 
ra, anticuado pendra (§ 54 ^), Xn&go prenda; septi- 
manam, ant. sedmana^ mod. semana. Claro es que 
insulam habrá de dar isla por la antigua reduc- 
ción de ns á s (§ 47 j). 

CONSONANTES FINALES 

Distínganse siempre las que son finales en latín 
de las que lo son en romance: asi en sudorem la 
final latina es m, mientras la final romance es r por 
la pérdida de la m (§ 62 ,) y de la ¿ (§ 28 ,). 

62. Las consonantes finales del latín se 
pierden en castellano, salvo la s y la / que se 

conservan, y LA r QUE PASA Á SER INTERIOR. — He 

aquí los pormenores de esta ley general: 

i] Labiales: la m final latina se perdía ya en la 
pronunciación de Plauto: quindecim dio en ro- 
mance quince; caballum dio caballo; novem, nue- 
ve '. Sólo se pronunciaba en los monosílabos, y aun 
se sigue pronunciando en español: quem, quien, 
y por causa de éste: aliquém , alguien; cum, con; 
tam, tan; quam, cuan; excepción jam, ya. 

2] Dentales: ejemplos de /perdida: caput, cabo; 
aut, ó; amat, ama; sunt, son. Ejemplos de d 
perdida: ad, d; aliquod, algo. Ejemplos de n: se 
pierde en non, ant. non, mod. no^ se conserva en 

* Voces cultas: Adán, Jeriisalén, etc. 



88 

in, en, y pasa al interior de la palabra converti- 
da en r en los neutros nomen, nombre; lumen, 
lumbre (§ 64 c). La r pasa á interior: inter, entre; 
semper, siempre; quattuor, cuatro; sartor, sas- 
tre; piper, pebre. La I se conserva en los neutros 
fel, hiél; mel, miel. La s se conserva: mi ñus, 
menos; Deus, Dios; ambos, ambos; venis, vie- 
nes; sex, se es, seis. 

3] Guturales: ejemplos de c perdida: ad-illac, 
allá; neo, ni; sic, si; dic (imperativo), di \ 

63. Consonantes finales rOxMAnces. —Quedan 
finales en romance las letras latinas ¿, d, s, c (= 2'), 
r, «, / y alguna vez //, por pérdida obligada de la e 
tras ellas, según el § 28 2, y á veces por la pérdida 
eventual de la o, según el § 29 ^. Estas consonantes 
al quedar finales sufren alguna mudanza para su 

[ más fácil pronunciación; nótese, sobre todo, que 
cuando queda algún grupo final se simplifica per- 
diendo una de las consonantes, pues el español mo- 
derno no tolera grupos finales. 

/ i] t y d se confunden en d -: caritatem, ca- 
ridad; mercedem, merced; pero \3l d\3i\.ina.sQ T^itr- 
de en los monosílabos: pedem ,* anticuado pied, 
moderno pie; fidem, anticuado fed, moderno fe. 
Si nd y más rara vez nt quedan excepcionalmente 
finales, se hacen n: grande^ ant. grand, mod. gran; 
ant. segund, mod. segim; ant. sant, mod. san, 

' En voces cultas se conserva la c: Isaac, Abimelec. 

' Nuestra d final es una fricativa para los asturianos, 
montañeses, leoneses, castellanos viejos, que pronuncian 
rirlu^^ soleda^; en Castilla la Nueva. Andalucía y América, 
se borró la final, y se dice re por rei, usté por usted, etc. 



I 



89 

2] A la s se equipara la rs y ns (§ 47 , y ,) y 
la ss: mensem, mes; burgensem, burgués; 
messem, mies. 

3] ce, ci y ty dan z final: pacem, paz; sola- 
cium, solaz; pretium, prez; la lengua antigua no 
toleraba la sorda z final. También queda final se, 
aunque con antigua vacilación: piscem, pece en el 
Diccionario de Nebrija, pez, y lo mismo ocurre con 
le vocalizando ó perdiendo su /; calcem, coce en 
Nebrija, coz; falcem, hoce en Nebrija, hoz; sali- 
c e m , saz, j u nto á salce; c a 1 i c e m , caz, junto al anti- 
cuado calze. 

4] r: amare, am^r. Se muda en / (§§54 « y 663): 
arborem, árbol; carcerem, cárcel; viridia- 
rium, verjel, 

5] n: fuliginem, hollín; sartaginem, sar- 
tén; pane m , pan, 

6] /; salem, sal; fidelem, fiel. También II 
en pe lie m, piel; vallem, val; batillum, ba- 
dil; mil le, mil. 



CAPITULO IV 

FENÓMENOS ESPECIALES aUE INFLUYEN EN LA 
EVOLUCIÓN FONÉTICA 

64. Hemos visto en el capítulo II el desarrollo de 
las vocales y en el III el de las consonantes, consi- 
derando cada sonido como cosa aparte y aislada» que 
evoluciona y se transforma de un sonido latino en 
otro correspondiente castellano. Pero la regularidad 
de esta evolución se ve turbada no pocas veces, pues 
los sonidos no viven así aislados como los hemos 
estudiado, sino formando palabras; y al tener que 
pronunciarse juntos varios de esos sonidos cuyo des- 
arrollo individual hemos visto, no puede menos de 
suceder que unos influyan sobre otros, pues la len- 
gua, al ponerlos en contacto, procura allanar las di- 
ficultades de pronunciación, que á veces resultan de 
la proximidad, y así se producen varios fenómenos, 
hijos de la «influencia de un sonido sobre otro» 
(§ 65 á 68). Pero, además, la palabra no es sólo un 
producto acústico de la garganta y de la boca, sino 
que representa ideas, y no es extraño que la idea in- 
fluya sobre los sonidos, pues el que habla procura á 
veces asemejar por su forma aquellas palabras que 
tienen alguna semejanza en su significación, y así se 
producen varios fenómenos que obedecen á la «in- 
fluencia de unas palabras sobre otras» (§ 69 á 72). 



91 



INFLUENCIA DE SONIDOS VECINOS 



65. Asimilación. ; — Dos sonidos próximos en 
una palabra pueden tener bastante semejanza entre 
sí para que la lengua no los distinga sin trabajo, y 
por lo tanto tienda á igualarlos más; entonces se 
produce la asimilación, que es, por lo general, una 
confusión entre dos sonidos semejantes; sin embar- 
go, se da á veces la asimilación sin esta semejanza 
previa. 

i] Ejemplos de asimilación de vocales: el latín 
directum debiera haber dado en castellano *dire- 
cho (§ 19); pero la vocal acentuada influyó sobre la 
inicial para producir derecho. De *súbmérgülio 
(derivado de submergo, y con el sentido de m er- 
guí us) debiera salir ^souiergujo; pero se asimiló la 
vocal protónica á la inicial y se dijo somorgujo, in- 
fluyendo además para este cambio el que la vocal 
acentuada pertenece también á la serie posterior, y 
hallándose la e entre dos posteriores, se cambia en 
posterior, ün caso frecuente es la asimilación de una 
e protónica á una yod siguiente, como prisión de 
prehensionem, simiente de seméntem, hirviente 
por ferviente y demás casos del § 18 .,. 

2] Ejemplos de asimilación de consonantes: en 
latín vulgar, en vez de pituita, asimilándose la 
semivocal w á la explosiva p inicial, se dijo pitpi- 
ta ó *pippita, de áonáQ províQue pepita. El mis- 
mo somorgujo citado, á propósito de la asimilación 
de vocales, se dijo después somormujo, asimilando 
las consonantes m...g. 



92 

66. Disimilación. — Se produce para suprimir 
la incómoda semejanza entre dos sonidos de una pa- 
labra. Es de varias clases. 

i] Disimilación de vocales: ya en latín vulgar, 
probablemente por disimilación de las dos i de vici- 
nus, se pronunciaba vecinus, de donde el español 
vecino según el § i8 , y no según el 19. Otro fenóme- 
no de disimilación, muy importante por tener carác- 
ter de regla general, ocurría en latín vulgar con el 
diptongo au, que perdía su u cuando en la sílaba si- 
guiente había otra ii, y por Augustus se decía 
Agustus, de donde agosto; y por auscultat se de- 
cía ascultat, de donde antic. ascucha, mcd. escucha 
(§ ^7 i)> po^' augurium se decía agurium, de don- 
de agüero. Otras veces la disimilación no es tan an- 
tigua, sino de origen romance; por ejemplo: en el 
caso del derivado de fibella (forma vulgar, con di- 
ferente sufijo que fibúla), que dio en castellano 
antiguo fibiella; pero al reducirse el sufijo -iello á 
- illo (§ 10 ,), en vez de *hibilla se dijo hebilla. En 
los verbos esta disimilación es abundantísima; baste 
sólo el ejemplo de di ce re, que como d ico es digo, 
debiera ser en el infinitivo dicer, ó pasándolo á la 
conjugación en ir, cambio muy frecuente, debiera ser 
dicir; pero las dos i seguidas trajeron la forma de- 
cir, y lo mismo sucedió en las otras formas en que 
la vocal acentuada era i, como dice(b)am, antic. 
dicia (con i tónica por estar la e latina en hiato, comp. 
§ 10 ,), moderno decía. 

2] Ejemplos de disimilación de consonantes: 
comparando los derivados romances de quinqué y 
quinquaginta con los de quindecim y quin- 



93 
gentos, se deduce que el latín vulgar en los dos 
primeros casos esquivaba la repetición de los dos so« 
nidos qii próximos, convirtiendo el primero en c, y 
decía cinqne, de donde cinco, y cinquaginta, de 
donde antic. cinquaenta, mod. cincuenta; mianirds tn 
los otros dos derivados de igual raíz mantuvo la qu 
inicial, por no haber causa de disimilación, y se de- 
rivó quince y quinientos. La disimilación ocurre prin- 
cipalmente entre las consonantes continuas, sobre 
todo nasales y líquidas; nuestro nombre nacional era 
en latín clásico hispa ni ó hispanici; pero en la- 
tín vulgar había tomado el sufijo -one (que se usa 
para designar razas, como bretón, borgoñón, sajón, 
frisón, valón, lapón, sufijo que hallamos en el clásico 
asturco -onis, junto á astur -üris, brito, bur- 
gundio) , y de *hispanionem se decía en la len- 
gua antigua españón; luego, disimilando las dos na- 
sales, se llegó á español con la terminación -ol, que 
no se usa para designar naciones. Recuérdense, ade- 
más: robur, roble por robre; caree rem, cárcel; 
marmorem, mármol (§§ 63 ^ y 64 abe)- 

3] La disimilación puede llevar no sólo al cam- 
bio de un sonido, sino á su eliminación. Esta puede 
ser de dos clases: eliminación disimiladora de una 
letra, como por ejemplo: aratrum, antic. aradrOy 
mod. arado; *tremulare (de tremulus), *trem- 
blar, temblar; ex-conspuo, '^ escuspo, escupo; con- 
fratria disimiló dedos maneras, ora anticuado con- 
fadria, ora moderno cofradía. Hay también elimina- 
ción de una sílaba entera (en latín veneficus por '^ve- 
neni-ficiis; nutrix, por *nutri- trixy etc.), como en 
met-ipsissimus, que fué en vulgar *met-ipsi- 



94 
mus, de donde antic. meismo, mod. mismo; á igual 
razón se debe contendor por contendedor y los anticua- 
dos entendor por entendedor, apvendor por aprendedor. 

67. Metátesis ó cambio de lugar de los sonidos 
dentro de la palabra. Puede ser de dos clases: 

i] Metátesis recíproca ó retrueque de dos soni- 
dos semejantes que se hallan en sílabas vecinas: 
acaece entre las consonantes nasales y líquidas, como 
en parabolam, antic. parabia, moa. palabra; ^q- 
riculum, antic. periglo, mod. peligro; miracu- 
lum, antic. rniraglo^ mod. milagro; calcanea- 
rem, calcañar y carcañal; el latín vulgar usaba al 
lado de anhelitum, que dio aneldo^ otra forma: 
"^^alenitum, de donde aliento. La metátesis entre 
otras consonantes es rara: faciem ferire, antic. 
facerir, hacerir, y después zaherir. 

2] Metátesis sencilla: una nasal ó líquida sola 
puede también cambiar de lugar en la palabra en vir- 
tud de la inconsistencia movediza de esas consonan- 
tes, ó de la dificultad que causa su contacto con otra 
letra vecina. La r es la más insegura: *torculare, 
(por torcülar) hubiera dado ''^torchal, § 61 j, pero 
*troculare dio ¿ní/a/; * ex-troculo (por extor- 
queo), dio estrujo; pectorale, d\ó petral y pretal, 
como *pectorinam, pretina, y *ap-pectorare 
{estrechar contra el pecho) dio apretar ^ y praese- 
pem, pesebre; crepare, antic. crebar, mod. quebrar; 
extonitrum, estruendo; integrairGf entregar; bi - 
feram, antic. bevra, mod. breva, y acere m, azre y 
urce; para jy^rwo, etc., v. § 59 ^. Para la metátesis de 
/ en aneldo, cabildo, espalda, v. §§ 58 3 y 59 .). Otras 
consonantes: *conteum (como contera, de con- 



9i 
tus) dio gonze y gozne; el paso de las formas anti- 
^'uas plazdo, aztor á las modernas plazo, azor debe 
suponer un intermedio *pladzo * algor, con pronun- 
ciación fricativa de la dental final de silaba (comp. 
juzgar, S 6o 5, nota). 

68. AÑADIDURA DE SONIDOS. — A los sonidos 
latinos se incorpora á veces alguno desarrollado 
entre ellos para su más fácil pronunciación, como se 
expresa en el § Sg; también entre vocales para des- 
hacer el hiato: tuum, tuyo; suum, suyo. Pero 
otras veces, sin esta razón, se desliza un sonido entre 
los latinos, como la cizaña entre el trigo; las letras 
añadidas son nasales y líquidas: m, n subbullire, 
zabullir y zambullir^ sosacar y sonsacar, etc.; ya en 
latín vulgar se dijo man cu I am por maculam, 
pues en castellano se dice mancha, según el § 6i ^^ 
que á haber sido la n añadidura romance, se hubie- 
ra dicho primero *maja, según el § Sy ,, y luego 
'^nianja; *alaudulam (diminutivo de alauda), 
'^alodla, por disimilación: *alodra, alondra; *po- 
tioneam (por potionem), ponzoña; matianum 
(malum matianum), mazana y manzana. — k ofrece 
multitud de ejemplos: tonum, antic. tueno, mod. 
trueno; foliatilem, antic. hojalde y mod. hojaldre; 
compárese jalde y jaldre; corytum, *golde y gol- 
dre; sobre todo tras st: stellam, estrella; *stup- 
paculum (mazo de estopa para fregar), estropajo; 
regestum, registro; mixtencum (§ i8 ^), *wds/m- 
co, mostrenco; rastellum, rastillo y raslrillo. 



96 



INFLUENCIA DE UNA PALABRA SOBRE OTRA 

69. Idea general de esta influencia. — El 
sonido y el pensamiento que forman el lenguaje son 
de naturaleza tan distinta, uno material y otro espi • 
ritual, que están entre sí en la relación del signo á 
la cosa significada, es decir, en una relación pura- 
mente convencional, siendo indiferente cualquier so- 
nido para representar cualquier idea, y cualquier 
idea para encarnar en cualquier sonido; podemos re- 
presentarnos el sonido y el pensamiento como dos 
relojes isócronos que marchan uniformes, pero sin 
influir el uno en el otro, ó como dos lineas paralelas 
que nunca se tocan. No obstante, hay casos en que 
una de estas líneas converge hacia la otra; la palabra 
no siempre se limita á ser signo indiferente del pen- 
samiento, sino que arrastra á la idea, y así de las pa- 
labras nacieron mitos y leyendas antiguas, y las pa- 
labras sugieren retruécanos y otros juegos de vo- 
cablos; y hay casos también en que el pensamiento 
no se limita á usar de la palabra como de signo in- 
diferente, sino que lo amolda á su gusto, invadiendo 
el campo de la evolución fonética para violentar su 
desarrollo natural; estas intrusiones del pensamiento 
en la fonética obedecen al deseo de hacer resaltar 
con el sonido la analogía verdadera ó supuesta que 
se descubra entre dos ó más voces, avecinando el so- 
nido de una al de otra ó confundiendo en una dos vo- 
ces de significado análogo. Veamos las varias clases 
de esta influencia: 

70. Etimología popular.-— Las palabras más 



97 
usuales y corrientes de la lengua se pronuncian por 
el pueblo viendo en ellas íntimamente encarnada su 
significación; así que al pronunciar una palabra no 
tan corriente y que tiene alguna apariencia rara, bien 
sea por su configuración ó agrupación poco común 
de sonidos, bien sea por su grande extensión, le pro- 
duce una impresión de extrañeza y quiere hallar en 
esa voz aquella transparencia que descubre en las 
familiares; si entonces advierte cierta semejanza de 
sonido entre esa voz obscura y otra de las más co- 
munes y conocidas, piensa que hay entre ambas al- 
guna conexión etimológica, y siente la necesidad de 
acercar aún más en el sonido la voz desusada á la 
familiar. Pongamos un ejemplo: el latín recibió la 
voz de origen céltico paraveredus para designar 
el caballo de posta; esta palabra tenía que sonar á 
cosa rara en los oídos del pueblo, hasta que se vio 
en ella relación con la palabra frenum, y se dijo 
'parafrenum, de donde se derivó palafrén. Lo 
mismo pasó en romance con la voz culta vagabundo, 
cuya extraña terminación interpretó el pueblo di- 
ciendo vagamundo. En la palabra de origen griego 
necromantia (v£xpo-[JiavT£Ía, evocación de los 
muertos), creyeron descubrir los semi-eruditos evi- 
dente relación con la magia negra, y pronuncia- 
ron nigromancia y nigromancia, A la plazuela que en 
las poblaciones antiguas de España se dejaba ante la 
puerta (ostium en latín, U90 en castellano antiguo) 
de las casas se la llamaba ante -ostium, con el sufijo 
-anum, y de *ante-osti-anum se derivó la voz 
antigua anUuzano; esta plazuela se conserva todavía 
en el Norte de España, y se llama en Vizcaya y las 

7 



98 

Encartaciones antnzano y en Asturias antoxana; pero 
ha desaparecido de las ciudades, pues por necesidad 
de la urbanización sólo podían conservar esta pla- 
zuela las iglesias, castillos y casas grandes; y como 
éstas suelen estar en la parte más alta y fuerte de 
la ciudad, hicieron creer que su antnzano se llamaba 
así por estar en alto, y se le llamó en consecuen- 
cia altozano, y se dejó de llamar así á las plazuelas 
que no estaban en alto por creer cometer una impro- 
piedad *. En la lengua antigua se usaba el verbo 
trechar {át tractare, manejar, trabajar una cosa) 
con la acepción concreta de preparar los pescados 
abriéndolos y salándolos, y como el bacalao se vende 
siempre así, irechado, se le llamó '^trechnela; pero 
como el verbo trechar cayó en desuso desde antiguo 
(ó se conoce sólo en pocas provincias, como As- 
turias), no se entendió el sentido de *trech¡iela, y ase- 
mejándolo á trucha, se dijo truchuela. Del latín 
veruculum se dijo en francés «verrou» y en es- 
pañol antiguo berrojo, y como esta palabra designaba 
un instrumento para cerrar las puertas, se pro- 
nunció cerrojo. En los nombres de pueblo juega 
mucho la etimología popular; algún patricio romano 
llamado Atilio tenía su palacio unas cuatro leguas al 
Sur de Burgos, y el lugar se llamó por eso Turris 
Atilii, en vulgar Turre(m) de Atiliu(m), y en 
castellano antiguo Tor d' Adijo (§ 53 g); pero luego, 



* No obstante, aún hay sitios, como en Bogotá, donde 
altozano conserva su sentido primitivo, y se llama así á los 
atrios de las iglesias, ora estén elevados, ora bajo el nivel 
de la calle. 



99 
como el nombre Adijo no se conservaba en español, 
se creyó que Tordadijo era evidentemente un deri- 
vado de tornar, y se pronunció Tornadijo. Una 
aldea próxima al Escorial se llama en el Libro de la 
Montería de Alfonso XI Navalquexigo, y hoy alguno 
de sus naturales la llama lo mismo Navcilquejigo, 
€sto es, nava del quejigo; pero los que descono- 
cen este árbol pronuncian Navalquejido, y éste es el 
nombre oficial del pueblo y de la estación de ferro- 
carril. 

71. Analogía de unas voces con otras. — 
Dos voces de significado semejante ó correlativo, 
que se suelen usar juntas en la conversación, indu- 
cen al que habla á modificar la una según el patrón 
de la otra. En vez de decir en una enumeración pri- 
marius y postre mus, se dijo en el vulgar prima- 
rius y *postrarius, de donde primero y postrero; 
por igual razón, al pronunciar seguidos déxtrum y 
sinistrum, se decía igualando la vocal acentuada 
de ambas voces: déxtrum y *sinéstrum, de donde 
se dijo diestro y siniestro (§ lo ,). Como nürus ocu- 
rría muchas veces junto á so::era ó sócra, se dijo 
*ndram, como sócram, igualando la vocal acen- 
tuada de ambas y la terminación, y en español sue- 
gra y nuera (§ i3 ,). Otro ejemplo importante nos 
lo da la historia del numeral treinta: trigínta 
debiera haber producido * treinta (§ ii ,), ^trenta; 
pero como vigínti hizo veinte primero y luego 
veinte, según el § ii 3, también en vez de '"treént.i 
se dijo treinta antiguamente, y después treinta. Al 
citar seguidos los días de la semana, como tres de los 
genitivos Martis (esto es, dies Martis), Jovis, 



100 

Venerís, llevaban una -s final, se añadía otra -s á 
los otros dos que no la tenían en su origen, y por 
dies Lunae se dijo *Lunae-s, át áonÚQ Lunes ^ 
y por dies Mércürii se dijo ''Mércuri-s, de 
donde Miércoles; en este último nótese que la seme- 
janza con los otros días de la semana no sólo se 
buscó en la s final, sino también en colocar el acenta 
en la sílaba primera según lo llevan los otros cuatra 
nombres. El derivado correcto de decimare es 
dezmar; pero la voz diezmo con la primera sílaba 
acentuada, y por lo tanto diptongada (§ lo ,), traja 
el diptongo también á la sílaba átona de diezmar. Un 
sufijo que se observa en muchas palabras influye 
sobre otro parecido; por eso cambiaron su ü acen- 
tuada en i: aeruginem, ferruginem, haciéndose 
■^"'aeriginem , --ferriginem , de donde orín, he- 
rrín, á imitación de fuliginem, hollín; rubigi- 
nem, rohin. Del mismo modo dos prefijos pueden 
confundirse. 

Además, el comienzo de una palabra puede recor- 
dar un prefijo, como es el caso en esconder, escuchar,, 
espárrago, citados en el § 17 ^. La analogía es de 
todos los fenómenos especiales que enumeramos en 
este capítulo IV, el más importante de todos, pues 
influye muchísimo en la conjugación; pero de ésta 
no se ha de hablar aquí (véase § 73). 

72. Fusión de dos voces. — Dos palabras de 
significado muy parecido ó igual y de sonido seme- 
jante son miradas como una sola y funden sus so- 
nidos; pues al tratar de expresar la idea se pueden 
ocurrir juntamente ambas voces, y como se distin- 
guen poco por el sonido, el que habla, después de 



I 



lOI 

haber empezado á pronunciar una, salta á la otra, 
mezclando sonidos de ambas bajo un mismo acento, 
•ó sea haciendo de las dos una misma palabra. Para 
<Íesignar el a escalón» se podían ocurrir dos derivados 
deapedemo: pedalis ó *pedilis y pedaneus, 
<iue tenían idéntica acepción y que podían designar 
-el tramo de un pie de alto; de la reunión de ambos 
derivados se pudo formar *pedalaneus, *ped(i)- 
laneus (§ 24) y peldaño (¡§ Sy .). De calx, calcem, 
■<.el talón,» se derivaron con distinto prefijo dos ver- 
bos: *in-calceare (pisar los talones al que se per- 
sigue, alcanzarle), en español antiguo encahar, y otro 
*ac-calceare, en español antiguo acalzar; de la 
fusión de acalzar y encalzar se produjo *ancalzar y 
iuego alcalizar, por metátesis (§ 67 J. 



CAPITULO V 

EL NOMBRE 

73. La Morfología. — Hemos estudiado los so- 
nidos aislados y formando palabras (§ 64), pero no& 
falta estudiar esas palabras revestidas de varias fun- 
ciones gramaticales, ora de nombre ó de pronombre, 
ó verbo ó partícula, funciones que en general se 
marcan por una desinencia característica de que aún 
no hemos hablado. Trataremos, pues, de las diver- 
sas partes del discurso, y en especial de las que por 
medio de la flexión expresan diversas relaciones; 
pues aunque las desinencias de flexión obedecen en 
principio á las leyes fonéticas ya enunciadas, obe» 
decen también á otras leyes morfológicas, y es^ 
preciso ir examinando en cada caso la resultante del 
cruce de estas dos fuerzas. La historia de la decli- 
nación y conjugación sería incomprensible por la 
sola fonética, sin tener en cuenta la tendencia ana- 
lítica del romance (págs. 40), manifestada continua- 
mente, ora por el uso de las preposiciones y el ar- 
tículo en la flexión nominal (§ 74) y de los auxilia- 
res haber y ser en la verbal (§ io3), ora por una es- 
pecie de análisis interno de la palabra sustituyendo- 
sufijos y desinencias tónicas en vez de las latinas- 
atonas (I 83 ,, 107 4 b, c, 122 3). Además, la analo- 
gía (§71) tiene un aspecto predominantemente mor- 



103 

fológico, pues actúa más que nada para asimilar ca- 
tegorías de palabras que desempeñan igual función 
gramatical, por ejemplo, igualando la terminación 
de los singulares (§ 77 ^ i), de los femeninos (§ ^ j) 
ó las diversas formas del verbo (§ 104). En fin, hay 
que recordar también una tendencia opuesta: la de 
diferenciar por medio de la forma funciones diver- 
sas. La fonética puede hacer confundirse formas de 
función diversa, y si la lengua unas veces permane- 
ce indiferente dejando confundirse los derivados de 
amem y amet en una forma común ame (§62 , y ,)» 
alguna vez procura una distinción, y en vez de tu 
es, ille est, toma una forma del futuro y dice tu 
eris, ille est, eres, es. También se da el caso de 
que para funciones que el latín confundía crea el ro- 
mance formas diferentes, como los femeninos en -ora 
y -esa (| 78 ,), que el latín confundía con los mascu- 
linos. Otras veces el romance, que dejó descuidada- 
mente perderse una distinción latina, por ejemplo el 
plural de quien^ remedió más tarde su falta creando 
un plural nuevo (§ loi ,). 

Además, el estudio siguiente tendrá otra parte 
nueva. El caudal de voces del latín había de resultar 
deficiente, con el correr del tiempo, para expresar las 
múltiples ideas nuevas que han venido transforman- 
do la vida de los pueblos románicos. Las lenguas 
romances, como todas, poseen recursos para crear 
nuevas palabras, siempre que la necesidad de ellas 
se presenta; recursos que en su mayoría son un des- 
arrollo histórico de los que ya poseía el latín y que 
es preciso estudiar. 

Comenzando por la historia del substantivo, la 



I04 
dividiremos en dos puntos principales: la evolución 
de los accidentes gramaticales latinos (caso, núme- 
ro y género), y la formación de nombres nuevos. 

FLEXIÓN DEL SUBSTANTIVO 

74. Los CASOS.— Las desinencl\s casuales 

LATINAS SE OLVIDARON, USÁNDOSE SÓLO EL ACUSA- 
TIVO; DE LOS OTROS CASOS QUEDA ALGÚN RECUERDO 

EN PALABRAS AISLADAS. — i] A causa de la pérdida 
de la -m final (§ 62 ,) y de la desaparición de las 
diferencias cuantitativas en sílaba final (§ 29), se 
confundían entre sí muchas desinencias casuales, y 
sonaban igual el acusativo cervúm que el dativo - 
ablativo cervo, el ac. manüm que el abl. manü; 
la misma -o final resultaba para esos casos de aquel 
nombre de la 2.^ declinación que para los de éste de 
la 4.' 

2] Sin embargo, no son estas razones fonéticas, 
sino otras sintácticas, las que más contribuyeron á 
la pérdida de la declinación latina. Las relaciones 
indicadas por las desinencias casuales, como mu- 
chas veces resultan vagas, necesitaban concretarse 
por medio de una preposición; en frases como «pro 
patria mori,» «cum amicis deliberavi» las ideas 
«en interés de,» «en compañía de» no las expresa el 
ablativo; la preposición lo dice todo, el caso nada. 
Asi se comprende que la preposición, por más có- 
moda y expresiva, se generalizó en latín vulgar, con 
merma de la desinencia, que llegó á ser completa- 
mente inútil. De tal modo que, desde muy antiguo, 
el latín vulgar construyó todas las preposiciones con 



105 
acusativo, olvidando el ablativo (caso que en singu- 
lar se confundía fonéticamente con el acusativo, pero 
que en plural tenía desinencia bien clara, is,-íbus); 
en Pompeya, hasta un maestro caía en faltas como 
escribir «Saturninus cum suos discentes;» y en ins- 
cripciones romanas españolas se halla «iacet in lo- 
-cum,» fpro salutem,» etc. Por esto no se halla en 
los romances huella del ablativo *, y lo mismo el 
de procedencia que el locativo ó el instrumental se 
•expresaron con diversas preposiciones: de, in, 
x:um, etc. 

3] El dativo era sustituido por la preposición 
ad. Plauto decía ya «hunc ad carnificem dabo;» en 
tiempos de Sila y César se escribía vulgarmente 
-«ad id templum data.» No se conserva del dativo 
rastro en las lenguas neolatinas, salvo en el rumano. 

4] El genitivo (á pesar de tener en plural una 
forma bien clara, -rum) se perdió también en fe- 
cha incierta, pero seguramente anterior á la época 
romance. La relación de dependencia se expresó con 
la. preposición de; en las inscripciones se halla ya 
«curator de sacra vía,» «oppida de Samnitibus.» No 
se conservan de él más reliquias que en algunas fra- 
ses petrificadas: «forum judicum,» Fuero juzgo; 
4(comitem stabuli,» condestable; «pedís úngula,» 

* Algunos han querido ver pruebas de la supervivencia 
del ablativo en los derivados españoles de los neutros, como 
legumen, etc.; pero legumbre, etc., se explica sin nece- 
sidad de UQ ablativo (v. § 77 i c)- Sólo con valor adverbial 
podemos suponer que se conserva algún ablativo, v. gr., 
«quanto magis, tanto melius,» aquanto más, tanto me- 
jor.» Del abl. pl. no hay rastro alguno. 



io6 

pesuña; iifil(ium) eclesiae,» ñUgres, feligrés; «au- 
ri fresum,» ant. orfrés (luego rehecho: orofrés). Y 
los días de la semana marteSj jueves, viernes (§ yi)^ 

5] El vocativo no expresa relaciones sintáctica» 
y no necesita forma especial; en latín era igual al no- 
minativo, salvo en la segunda declinación. De ésta 
sólo algún nombre propio muy usado en vocativo- 
conservó su forma: Santiuste, Sánete Juste; San' 
quirce. Sánete Quirice; Santander (| 55 ,); Y agüe, 
J acó be (I 3i 2 6). El refrán andaluz «San Sixte, bus- 
ca las uvas donde las viste» conserva otro vocativo, 

6] Quedaban, pues, en la declinación vulgar dos 
solos casos, el nominativo y el acusativo; ambos- ' 
empleados en el antiguo francés y provenzal. Pero 
si ambos casos se distinguían por su forma en el 
plural de la primera y segunda decl. (-ae, -as; -i, 
-os), se confundían en los demás plurales y en el 
singular de la primera (-a, -am), y se tendían á 
Confundir en todos los otros singulares, porque al 
lado del nominativo con -s, se usaba ya en el latín 
arcaico otro sin -s, fil io, Cornelio, que siguió sien» 
do siempre propio del latín rústico; y porque en los 
substantivos imparisílabos se tendía á igualar las sí- 
labas del nominativo con las del acusativo, hallándo- 
se aun en los mismos clásicos stirpis por stirps^ 
carnis por caro, mentís por mens, bovis por 
bos, caléis por calx, nominativos que, hechos 
sin -s, se confundían también con los acusativos. Así 
la generalidad de los romances desde sus orígenes 
no conocieron ninguna distinción entre ambos ca- 
sos, y sólo usaron una forma. El español no conoce 
sino la del acusativo; los restos del nominativo son. 



107 

esporádicos; la -s aparece por influencia eclesiásticar 
ó culta en Dios, Jesús, Longinos, Carlos , Marcos; en- 
los nombres rústicos Domingos, Pabros, Toribios, etc.;: 
en el de lugar, Roncesvalles, rumícis vallis (un 
genit. y un nominat.), y en el anticuado res junto ét 
ven. De los imparisílabos tenemos jüdex, ant. jtcdez, 
luego jttez (judicem hubiera dado juze, comp.. 
doze, trcze); pümex (clásico, pü-), pómez ; calx, 
cal; y de los que tienen el acento en distinta silabar 
présbyter, preste (quizá, como chantre, venido á 
España por intermedio del francés); sastre (| 62 ,);: 
■" c o m p a n i o , compaño ("companionem da com- 
pañón; comp. fr. «copain, compagnon»); cuxc-ii-iip, 
gorgojo; bübo, buho; avis strüthio, avestruz,-: 
séTpens, sierpe (serpentem, serpiente con doble 
forma como en otros romances, por ej. portugués- 
fserpe, serpente,» catalán «serp, serpent»); el anti- 
cuado virios = ejército, virio = fuerza, violencia,, 
virtus; esperteyo (pág. 7). Pudiera añadirse maes- 
tre, magister, debido al uso de esta palabra en 1» 
cancillería latina. Sin contar los cultos cráter, vérti- 
go, fárrago^ prefacio, tempesta, etc. 

Fuera de estos pocos casos, todos los demás subs- 
tantivos se derivan del acusativo latino. 

75. El número.— Pérdida de la 4." y 5.* de- 
clinación LATINAS. Las tres declinaciones ro- 
mances. — La 4." decl. latina se confundía fonética- 
mente con la 2.' en su acusativo (sing. man-üm,, 
pl. man-üs = cerv-üm, cerv-os)*, yyaeneL 
* Sólo en voces cultas aparece la u final (§ 29 i, nota) 
en nombres de la 4.* declin., impelii, etc., antic. apelilu. 



io8 

latín clásico muchos nombres de la 4.'^ hacían algu- 
nos casos por la 2.*(domus, laurus, pinus, ficus, etc.) 
La 5.^ decl. no podía distinguirse de la 3.^ (faci-ém , 
-es = leon-ém, -es). Quedaban, pues, en ro- 
mance sólo tres declinaciones. 

i] Sing. rosam, rosa; pl. rosas, rosas. Esta 
declinación responde á la i.^ latina, y se acrecentó 
con una porción de nombres de la 5.^, de la cual ya 
■en latín clásico había algunos con doble flexión (lu- 
xuries y -ria, materies y -ría); en romance 
se dijo "rabia m rabia, *diam día, *saniam saíia, 
^^ caria m, en Aragón quera, por carcoma. — Además 
:se agregaron á esta declinación todos los nombres 
que por su etimología tenían -a final (§ 77 i « y 2)» y 
otros que sin tener - a final etimológica, la tomaron 
después, por ser esa vocal característica del género 
femenino. De estos últimos, además de los citados 
«n el S 76, pueden citarse con preferencia algunos 
nombres de la 3.^ decl. que, teniendo terminación in- 
diferente para el género mase, ó fem., tomaron, sin 
•embargo, la - íi como forma más clara del fem.; an- 
tiguamente se decía la cuchar, las cuchares (en latín 
neutro); luego se dijo -ra, -ras (§ 20 J; antes se 
decía las andes (en lat. mase), y luego las andas 
{§ 55 1); de puppem se ái]o popa (it. poppa), por 
influencia de prora. Los latinos grus, grüen y 
•cinis, cínérem (mase, ó fem.) fueron en español 
grúa, gruya, grulla y cendra, pantícem y pulí- 
cem (masculinos), hicieron p a) iza, pulga. 

2] Sing. cervum, ciervo; p\. cervos, ciervos. 
Corresponde á las declinaciones latinas 2.^ y 4.* — 
Además se agregaron á esta decl. los nombres que 



109 
por su etimología terminan en - o, como cabo, etc» 
(§ 77 I « b). gorgojo, buho, virto, esperteyo (| 74 g) y 
otros que sin tener -o etimológica, la toman coma 
característica del género masculino (g 76); recuér- 
dense especialmente los nombres de la 3." decl. que, 
teniendo terminación indiferente para el mase. 6 
fem., tomaron, sin embargo, la o, como los mase, la- 
tinos cucümérem, cohombro; passerem pajaro. 
3] Sing. leonem, león; pl. leones, leones. 
Comprende los nombres de la 3.* decl. latina y aqué- 
llos de la 5.** que no pasan á la i.": faciem, haz;- 
fidem, fe; especie junto á especia. Esta declin, ad- 
quirió también aquellos nombres de la 2/ que cam- 
bian su - ü linal en -¿,6 que la pierden, como cu - 
p r u m , cobre; t r i f o 1 ( i ) u m , trébol ¡ capitán , cape • 
ll.ín, etc., y otros ejemplos en el | 29 ,. Además 
preste y maestre, citados en el | 74 ^ , y Dios^ que 
hacía en el siglo xiii su plural por la 2.^ decl. déos, 
dios, resultando igual al singular, por lo que los ju- 
díos españoles motejaban á los cristianos de politeís- 
tas por usar siempre Dios en forma de plural, y no 
decir en singular Dio (del acus. Deum), como di- 
cen todavía los judíos españoles de Turquía y Bul- 
garia; para evitar este molesto equívoco, se formó 
el plural dioses por la 3." declinación. Nótese que el 
plural de la 3." se forma en español, como el de la 
I." y 2.^ añadiendo -s al singular: hombre -s; pera 
como en ella abundan más los nombres acabados 
en consonante, los cuales añaden en el plural - es, 
león - es, se generalizó este - es, en vez de la sim- 
ple -s, á los terminados en diptongo, y en vez de 
los anticuados y dialectales bueis, leis, reis, se dice 



lio 

'bueyes^ leyes; sin que hoy se admita ia forma sin -e- y 
•sino en voces raras como estai, que junto á estayes 
se dice también estáis. Luego se generalizó la -e- á 
los nombres en vocal acentuada; especialmente á los 
en 'í, que si antes eran corrientes en doble forma, 
javalis, -íes; alfaqiás, -íes; borceguís, -íes, hoy rara 
vez se usan sin la -e- . De los acabados en otra vo- 
cal acentuada todos (salvo papas, mamas, pies) ad- 
miten el plural -es; es el más general en el caso de 
-á: albald ^es, baldes, sofaes; es indiferente en el de 
•ó -ú: chacó -Sf rondó -es, tisú-s ó tisú- es; y no en- 
teramente desusado en el de - é, pues si lo general 
«s corsé- s, también se dice de las letras del abece- 
dario cees, tees y hasta á veces cafées; antiguamente 
piees (I 31 2). 

76. El género. — Masculino y femenino. — 
^\ romance conservó los dos géneros mase, y fem. 
ial como en latín: pañis, axis, mons, sol — 
mors, navis, lis, salus. No obstante, hay va- 
rias diferencias entre el género de los nombres lati- 
nos y el de los romances; pero sólo merece notarse 
aquí que el romance simplificó las relaciones entre 
la terminación y el género, y salvo en día y mano 
no consintió la -a final átona de la i.*decl., sino en 
• los femeninos \ ni la - o sino en los masculinos *. 

* La -a tónica de la 3.°' decl. puede ser de mase, sofá, 
papá. Los de la i.^ mase, no son populares: poeta, atleta, 
eremita, papa; antes se habían popularizado, diciéndose 
David la profeta, las padriarcas, y hoy el pueblo dice la 
mapa. No son excepciones los populares fem. aplicados á 
personas con artículo mase.: el vista, el cometa, el cura, 

' Los otros femeninos en - o son voces extrañas al cas- 



III 

Los femeninos en - o no tuvieron más remedio 
que ó cambiar de género, como los nombres de árbo- 
les, fraxinus f. fresno m., taxus f. tejo m., pinus 
f. pino m., y de fruto, ficus f., higo m., ó cambiar 
de terminación, como socrus (ya en inscripciones 
socera), suegra; nurus, nueras y los nombres de 
piedras preciosas amethystus amatista, smarag- 
4us m. y f. esmeralda. No faltan ejemplos de este 
doble cambio en una misma palabra, como en el 
nombre del arbusto alaternus f., ladierno y ala- 
dierna; sapphirus f., ant. piedra zafira^ mod., el 
zafiro, 

11. Desaparición del género neutro. — El 
género neutro se caracterizaba en latín por tener el 
nominativo igual al acusativo, en singular con di- 
versas terminaciones especiales al género, y en el 
.plural terminando ambos casos exclusivamente en 
-a. Esta forma externa especial se conservó en ro- 
mance; pero la idea del género neutro se perdió 
(salvo en el pronombre y adjetivo substantivado)» 
quedando así una forma vacía de sentido. Ante esta 
contradicción, el romance incluyó las formas del 
neutro que acababan en -o entre los masculinos; las 
en -a entre los femeninos, y las indiferentes, por 
no terminar en ninguna de estas dos letras, las atri- 
buyó á cualquiera de los dos géneros (v. especial- 
mente el núm. i c y d), según razones que escapan 



tellano: la nao viene del provenzal ó catalán; la seo segu- 
ramente del catalán por intermedio del aragonés; la testu- 
do es culta, y además en el Dice, de la Ac. desde su lo.* 
edición aparece como masculino. 



112 

al estudio. Veamos el pormenor de las diversas ter- 
minaciones que el neutro ofrecía, 

i] Neutro singular. He aquí las principales for- 
mas que podía presentar. 

a) En primer lugar había ciertos neutros que 
terminaban su nominativo acusativo en -o y en -a, 
coincidiendo exactamente con los nombres de la 2.* 
y I.* decl. Unos son los neutros en • um, pratum 
prado, grafio, vino, gozo, hilo, iguales por su forma 
á los masculinos de la 2^, cuyo género recibieron. 
Otros son los neutros en -nía, -matis, derivados áeY 
griego: epithéma bizma, apostema, cauma,. 
calma, c(e)leusma chusma, asthma, diadema , 
flema; estos nombres en romance tenían una forma 
igual á los de la i/ declinación, y fueron todos mi- 
rados como femeninos; sólo los eruditos, que sabían 
que en latín eran neutros, tendían á usarlos en mas- 
culino, género que representa mejor la indetermina- 
ción sexual del neutro que no el femenino, y por 
influencia erudita tienen á veces uso como mascu- 
linos algunos nombres que en el uso vulgar son^ 
siempre femeninos, como chrisma, phantasma^ 
rheuma, aroma, anathema, thema \ 

h) Los neutros en -us ofrecían al oído un aspec- 
to de plurales: pectus pechos, te m pus tiempos, 
pignus peños, á pesar de lo cual, en el periodo 
primitivo del idioma, conservaban su valor de sin- 
gular, ó al menos no se usaban nunca sin la -5; asi 
la frase latina « opus est mihi» la calcaba la lengua 

* Los únicamente cultos son siempre masculinos: em- 
blema, poema, síntoma, epigrama. 



113 
antigua truchos me es» y nunca decía iiebo; el poema 
de Fernán González escribe «escudo contra pechos, 
en la mano su espada,» y el Arcipreste de Hita 
dice «cató contra sus pechos el águila ferida;» siem- 
pre se decía en la Edad Media «dar /)¿;7os,)) por dar 
prenda, «recebir en peños, í> «tener en ^¿«os, » como 
en el período clásico «tenía á empeños cualquier 
cosa,)) y hoy «echarse k pechos algo,» «tomar k pe- 
chos,)) «abierto á^ pedios;)) «hubo en tiempos)) = en 
otro tiempo, «en tiempos del rey Alfonso,» etc. — 
Pero, naturalmente, esta -s no podía sonar sino á 
plural, y hubo de formarse un singular antietimoló- 
gico: empeño, pecho, tiempo^ cuerpo, lado. 

c) Los neutros en -r y -;í final, según la fonéti- 
ca (§ 62 i), harán pasar estas consonantes al inte- 
rior de la palabra y recibirán una e final de apoyo *: 
robur robre, roble (sin que sea necesario suponer, 
según el punto ^, un nuevo acusativo "robu re); 
u b e r , ^tbre; p i p e r , pebre; s ú 1 f u r , azufre; i n g u e n , 
ingle; legumen, lumen; vimen, bimbre, mim- 
bre; examen, enjambre; aeramen (§ 18 ,). En 
cuanto al género, la terminación en -5 es indiferen- 
te para el masculino ó el femenino, y así unos esco- 
gieron aquel género y otros éste; los cultos se hacen 
todos masculinos. 

d) Neutros de varias terminaciones. — Son tam- 
bién indiferentes para el género mase, ó fem. cocb- 
leare (no cóchléar), cuchar, cuchara; puteale 
(no putéal), pozal; fél, hiél; mél, miel; ^d^X^ (no 

* Los cultos quedan intactos: certamen, régimen, cri- 
men^ germen, examen. 

8 



114 

del mase, sal), sal; mare, tnar; rete tenía tam- 
bién un fem. retis, red. — Tenían que hacerse mas- 
culinos por su terminación caput, cabo, y cornu, 
cuerno, 

e) Deben ponerse aparte ciertos neutros que te- 
nían dos formas de nom. ac. Junto á vas, vasis, 
se decía también vasum, -i (el plural era siempre 
por la 2.% vasa-orum); junto á os, ósis, había 
ossum, de donde vaso, hueso; y en vez de lac, lac- 
tis, se usaba en latín arcaico lac te, de donde le- 
che. En vista de éstos, stercus (que dio "estiercos, 
antic. y provincial estierco según el punto b) podía 
tener una forma accesoria de nom. ac. " stercore, 
de donde "esUercor disimilado en estiércol (comp. 
marmorem, marmol) *. 

2] Neutro plural. El plural de los neutros cita- 
dos se formó de nuevo, según el singular, y no si- 
guiendo la terminación -a del latín: los prados, de 
prado, no de prata; cabos, de cabo, no de capita. 
— Si el romance conservó muchos plurales latinos 
en -a, no fué con valor de tales plurales, sino como 
singulares femeninos; recuérdese que en latín, junto 
á arma, -orum, había ya el femenino arma, -ae, 
yjunto á opera, -um, había opera, -ae, femeni- 
nos, como el esp. arma, uebra, obra. Hay neutros que 
dejaron en español doble descendencia de sus for- 
mas sing. y plural: pignus dio peños y pignora, 
prenda; brachium, brazo, y brachia, braza. — 

* En voces cultas se halla también el tema del genit. 
abl., como en género, en que la vocal final es extraña al 
latín. 



"5 
Estos neutros en -¿i, respondiendo á su valor latino 
^e plurales, tienen, al menos originariamente, un 
valor plural ó colectivo: braza, la medida de los dos 
brazos abiertos; ova, la hueva del pez; de velum, 
4a vela de la nave; la hoja del árbol; la boda ó votos 
matrimoniales; la gesta, hechos de un héroe; de in- 
teraneum, la entraña, conjunto de visceras; la 
leña; la ceja, parte de la frente donde están las cejas; 
IsL fiesta, etc. Anticuados: la buena ó conjunto de bie- 
nes de un propietario, la dona ú objetos regalados; 
en asturiano: la vasa ó vajilla, etc. Nótense también 
los substantivos como herramienta, vestimenta, etc., 
y los nombres de frutos: morum, la mora; pirum, 
pera; Matianum, manzana; pomum, pom.i; pru- 
num, pruna (que en algún dialecto es mase, pruno ^ 
como pero, prisco y piesco, persicum). Algunos 
se usan preferentemente en plural, como capul a, 
cachas \ 

FLEXIÓN DEl'aDJETIVO 

En cuanto á los casos y al número nada hay que 
advertir. El adjetivo deriva del acusativo, sin que 
muestre, como hace el substantivo, rastro alguno 
del nominativo ú otro caso. 

78. El género.— Al revés del substantivo que 
conservó la forma y perdió el sentido del género 
neutro, el adjetivo romance no recuerda la forma es- 



. * Aun en voces cultas se halla esta derivación del plu- 
ral: ule US, úlcera; viscus, viscera; nomen, nómina; 
antic. la idola, la claustra. 



ii6 

pecial del adjetivo neutro latino (salvo el compara- 
tivo lo menos)y aunque conserva su sentido en el 
abstracto substantivado ¡o corriente (neutro cu- 
rrens), lo feliz (ví^uir o felix). No era necesaria 
una terminación especial de adjetivo neutro, ya que 
no había substantivos neutros con quien necesitase 
mostrar su concordancia. En consecuencia, los ad- 
jetivos latinos de tres terminaciones se harán en ro- 
mance de dos, y los de dos, de una. 

i] En el acusativo se confunden los dos tipos de 
flexión latina: altus: -um, -am = alto; -a; y dex- 
ter: -érum, -am = diestro^ -a, negro, tierno, otro^ 
nuestro. Están sujetos á apócope uno, alguno, ningu- 
no (y antiguamente mucho, iodo y millo), bueno, malo, 
primero ., postrero, tercero, ciento, santo. Se da algún 
caso muy raro de adjetivo que en latín tenía forma 
especial de femenino y la perdió en romance: dü- 
plus, doble, firme y libre; lo general es la tenden- 
cia contraria de distinguir el mase, y fem. en casos 
en que el latín no los distinguía. No hemos de con- 
tar como excepciones los derivados de los doce ad- 
jetivos que en latín acaban en mase, -er, fem. -ris^. 
neutro re, pues éstos no distinguían el mase, del 
fem. más que en el nominativo, y no siempre (-ri& 
se usaba también para el mase); así que en el acu- 
sativo no tenían sino -rem para ambos géneros; 
alácrem, ó vulgar alécrem, a/^^r^, y los erudi- 
tos célebre, salubre, campestre, terrestre, etc. Había 
tendencia á convertir estos adjetivos en -us; asilos 
gramáticos latinos advertían que para hablar bien se 
dijese «acer, non acrus;» pero esta última for- 
ma prevaleció en agro. 



117 
2] Los adjetivos latinos de dos terminaciones 
«quedan con una sola: fdiz, igual, breve^ viviente^ po- 
bre; sujetos á perder la -^ en la lengua a.í\iigua. fuer t, 
semsjant, amaneciente diilz ó daz, grant, práctica que 
hoy sólo se conserva con gran cuando precede in- 
mediatamente al substantivo (§ 28 .). — Es fuerte la 
tendencia á dotar estos adjetivos de terminación es- 
pecial para el femenino: ¿ij En primer lugar, deben 
citarse los adjetivos en -o/, que si antiguamente 
eran invariables «alma sentidor^ iva. aturadory vezina 
morador, espadas tajadores, » á partir del siglo xiv co- 
menzaron á generalizarse con terminación femeni- 
na, que luego se impuso como obligatoria, salvo á 
los comparativos (§ 79 2), y aun éstos toman -a cuan- 
do se substantivan: la superiora, y en Aragón la me- 
ñora = «la mujer menor de edad.» b) Van después 
los adjetivos en -on, (no común)) el poema de Fer- 
nán González dice «gentes españoJtes;» pero luego se 
dijo españolas, bretonas, ladrona, juguetona. Los en 
^n, in, como proceden de -anus, -i ñus (^alazán y 
alazano, vizcaíno J, tienen su -a etimológica: alema-r 
na, asturiana, holgazanas, niallorquina, danzarina, 
cj En fin, los adjetivos en -ensis ofrecen ya desde 
el siglo XII ejemplos como burgeses é burgesas, jun- 
to á «tres eminas de \ino leojieses;)) hasta en el pe- 
riodo clásico se conservó «provincia cartaginés; la 
leonés potencia.» Hoy es de rigor la -a en los deriva- 
dos de pueblos como francesa, cordobesa; pero rara 
en montesa é imposible en cortés, dj El francés, el 
provenzal y, menos, el catalán generalizan esta ter- 
minación femenina á otros casos; en armonía con 
-ellos el aragonés antiguo dice sinipla, dolienta, gra.11 - 



ii8 

da, etc.; los judíos españoles de Oriente dicen ilus- 
tra, y en varias regiones cuala, 

79. Gradación. — i] Las terminaciones co- 
rrientes de comparativo -ior y superlativo -issi- 
mus, -i mus, eran en latín ya inaplicables á Ios- 
adjetivos en -i US, -eus, para los cuales se usaba 
la perífrasis magis necessarius, máxime n.,. 
perífrasis que los poetas aplicaban á toda clase de 
adjetivos; y en el latín arcaico y decadente se halla 
además plus miser, plus felix. En España y 
Dacia se continuó usando para el comparativo más- 
(port. mais, catal. mes)^ y en Galia (franc. y prov.) é 
\i2i\m plus; para el superlativo se olvidó el máxi- 
me, y se expresó bien por medio del mismo compa- 
rativo precedido del artículo, ó bien anteponiendo 
otro adverbio, que en español es muy. Se anteponen 
más rara vez otros adverbios como altamente, suma- 
mente dañoso, y uno se pospone: abatido además. 

2] La gradación interna ú orgánica subsiste en« 
los comparativos mejor, peor, mayor, menor., medios, y 
en los cultos iiifefior, superior., ulterior, exterior., etc., 
adjetivos todos de una sola terminación contra el 
§ 78 2 fl. El superlativo orgánico es siempre culto, 
tanto el de aquellos comparativos óptimo, etc., coma 
el de éstos: ínfimo, supremo, tíltimo., extremo, etc. El 
superlativo -issimus se conservó en -isimo, forma 
enteramente culta * y apenas usada en la Edad Me- 
dia. A un clérigo como Berceo se le ocurría alguna 



* Según el § II (en inscripciones romanas españolas se 
halla karessemo, merentessemo), y el §26 (ei> 
Burgos se adaptó diciendo buenismo, muchismo). 



119 
vez el latinismo dulcissimo; pero el que en tiempo de 
Alfonso X tradujo en castellano el epitafio latino de 
San Fernando, tenía tal forma por exótica y nunca 
usaba sino la perífrasis fidelissimus, patientis- 
simus, humilissimus, el más leal, el más sofrido 
é el más omildoso. El superlativo -ísimo á veces no 
se une á la forma vulgar del adjetivo, sino á su forma 
latina antiqu-isimo, sacrat-ísimo, orudel-, fidel-^ ama- 
bil'f terribü-; integérrimo, acérr-, paupén-, 

3] Aunque no muy usada, debe señalarse la for- 
ma de un superlativo hecho, no con sufijo, sino con 
prefijo: re-bueno y -feOf -mejor; superabunda ns, 
sobre-abundante, -saliente, -agudo, especialmente en 
Aragón sobre-bueno, -barato, etc.; en Berceo sobra- 
gran, sobrabien; per-doctus, -eloquens, -du- 
rabilis, perdurable ^ muy usado en el reino de León 
(desde Asturias á Salamanca) : per-blanco^ -ciego, 
-hecho, -dañoso^ y también en la forma peri-tieso, de 
la cual clase admitió el idioma general peripuesto, 

4] El comparativo y superlativo se refuerzan re- 
pitiendo el adverbio: muy mucho mejor, ó repitiendo 
la sílaba característica, ú otra parecida, en los fa- 
miliares: muchi-si-simo, re-te- bueno, re-que-te-bueno, 

FORMACIÓN NOMINAL 

Los nombres nuevos del romance se formaron ó 
por HABILITACIÓN de palabras de otra clase para 
ejercer funciones de nombre (§§ 80 y 81); ó por deri- 
vación añadiendo al radical de una palabra un su- 
fijo ó terminación nominal (§§ 82-84); ó por prefija- 
ción anteponiendo á una palabra un elemento que 



120 

determina su significado (§§ 85 y 86); ó por compo- 
sición juntando dos palabras en una, para expresar 
una idea única (§§ 87-88). En todos estos procedi- 
mientos los romances superan en riqueza y variedad 
á la lengua latina. 

80. Palabras habilitadas como substanti- 
vos. — De todos los otros dominios del léxico se pue- 
den tomar palabras para el del substantivo. 

i] Nombres propios de personas, ora para desig- 
nar personas: lazarillo, tenorio, quijote, fúcar, adán; 
ó cosas: quevedos, simón, mañuela. Nombres de lu- 
gar: rioja, málaga. 

2] Adjetivos. En latín se decía simplemente 
persicus (sobrentendiéndose malus) por el pries- 
co ó prisco, ó sérica (esto es, tela ó vestís), de 
donde viene jerga; derivados también de nombres 
propios están avellana, Abellana nux, manzana, 
espinela, cordobán^ lombarda, malagueña, etc. — El ro- 
mance en vez de hiems decía tempus hiber- 
nMVtíLinvi^my en vez de a es tas decía t.aesti- 
vum, esfíojpor ver decía veranum, verano; ipov 
vitrum se dijo en España vitreum, vidrio. En 
igual caso están innumerables substantivos: cirio^ 
hogaza, hoguera, higuera, ribera, etc. Muchos se 
usaban aún en la lengua antigua como adjetivos: 
«un buey noviello,» «el puerco jabalí,» «unas medias 
calzas,» «cosa nada.)) Además, los que hoy tienen 
valor de adjetivo pueden substantivarse: una capital 
(ciudad ó letra), un periódico y el estrecho, el bajo, el 
falso (del vestido), etc., y mediante el artículo neu- 
tro lo bueno, lo bello. Recuerdo especial merecen los 
adjetivos femeninos con valor- de substantivo, el alba^ 



121 



Ja gruesa^ nueva, llana, que deben proceder de neu- 
tros plurales, comp. gesta (§ 77 ^], por lo cual se usan 
á veces también en la terminación o del singular: el 
llano, ant. en vero, mod. en veras. 

3] El verbo es fuente abundante de substantivos. 
a) El participio está en primer lugar. El participio 
pasado se presta á innumerables formaciones, como 
los substantivos latinos dictata (neutro), equita- 
tus (mase); tenemos en español dechado^ cabalgada, 
7nandddo, dado, bajada, podada, armada, ganado, tra- 
':ado, comunicado, herida, bastida, acometida, ejido, 
etc., é indicando personas: asilado, repatriado, heri- 
do, etc. Aparte deben citarse los participios fuertes 
(§ 106 y 122) que, por no tener la forma ordinaria del 
participio, se prestaban á perder su oficio verbal; eran 
-en latín substantivos: debitum, cu r sus, mor sus, 
tractus, unctus, sponsus, y lo son sus derivados 
españoles, con otros como venta, inesta, peso, etc., 
que en romance quedaron fuera del sistema verbal, 
«in uso de participios. Otros conservan, ó conserva- 
ban en algún período del español, su doble empleo, 
verbal y substantivo: vista, puesto, hecho, fecha, di- 
.cho, dicha, tuerto, falso, junta. — El participio de pre- 
sente es de poco uso; como los substantivos lati- 
nos adolescens, oriens, occidens, tenemos 
levante, poniente, la corriente, mendigante, etc. b) El 
infinitivo va en segundo lugar; el latín lo substan- 
tivaba como nominativo ó acusativo neutro: vi- 
ve re ipsum, scire tuum, sobre todo en los pe- 
ríodos arcaico y decadente; el romance usa de este 
giro con toda libertad, y gracias al artículo puede 
usar el infinitivo en funciones de genitivo ó dativo. 



122 

como el griego (casos para que el latín usaba el ge- 
rundió y supino), y aun va más allá que el griego, 
pues lo usa también en plural: el dormir^ los decires^ 
¿os andares, haberes, dar es y tomares. El español con- 
servó hasta hoy entera la libertad de substantivaciór^ 
de todo infinitivo que el francés coartó mucho á par- 
tir del siglo XVI. El español admite también á subs- 
tantivación la forma reflexiva el arrepentirse (ital. ü 
peniirsi; pero en francés sin pronombre, le repentir). 
c) Las otras formas verbales ofrecen escasos substan- 
tivos. Primera persona, fallo, pésame, recibí, pagaré^ 
abonaré, cargareme. Tercera, vale, debe \ 

4] Otras palabras pueden también producir subs- 
tantivos: el adv. bene da el substantivo bien, y se 
substantivan el lejos, un sobre, el contra, «en aquel 
entonces, )> uponer peros,» los ayes, d yo, el 110 yo. 

81. Palabras habilitadas como adjetivos. — 
Son menos que las del párrafo anterior. 

i] Algunos substantivos fueron convertidos en 
adjetivos; el neutro acetum dio acedo; y derivan de 
masculinos latinos fundus, hondo; ciccus, chi- 
co; vermiculus, bermejo; por cus, puerco; hidal- 
go, y de femeninos derivan castaño, cenizo. Aten- 
diendo á la cualidad distintiva de un ser, puede to- 
marse el nombre de éste como adjetivo: lince, topOr 
asno, «llevar \\ádi perra, )> mosca, alcornoque. 

2] Cualquier participio puede usarse como adje- 
tivo; aquí citaremos únicamente los participios arran- 
cados del dominio verbal y que subsisten sólo como 



* Añádanse los latinismos credo, distingo, lavabo, dejí- 
city explícita exequátur. 



123 

adjetivos: bibítus, beodo; domítus, duendo; ten- 
sus, tieso; st rictus, estrecho; í\Q.\.\\^f hito; {?iVC, - 
tus, harto f etc. 

82. Formación por medio de sufijos. — Sig- 
nificación DE LOS MISMOS. — El sufijo es el recurso- 
más abundante de formación de palabras nuevas. 
Las lenguas romances son más pobres en raíces que 
la latina, de la cual dejaron perder una gran masa 
de vocabulario; pero suplen esta pobreza con una 
riqueza mayor de derivaciones. Los múltiples sufi- 
jos latinos pasaron al romance, pero de dos modo& 
diferentes: unos como tales sufijos, y otros sin ca- 
rácter de tales. Al decir anda-dor, raspa-dura, el 
tema y el sufijo ofrecen al que habla dos ideas cla- 
ramente separadas: por un lado la idea verbal, y 
por otro la de agente ó la del efecto de la acción, y 
esos sufijos son útiles para aplicarse á otras pala- 
bras y modificar su significación: raspa- dor, mata- 
dor^ 6 mata- dura, anda- dura; los sufijos latinos -tor 
y -tura viven todavía en español y son aptos para 
formaciones nuevas. En cambio, al decir rastro, 
rostro, no se siente doble idea, no se enuncia la sí- 
laba -tro como significativa de nada, aunque es un 
sufijo latino que designa el instrumento; y al decir 
cincho ó teja, de todo punto ignoramos que esas pa- 
labras envuelven el sufijo -úlu, también instru- 
mental; de modo que hay otros sufijos latinos que 
perdieron por completo su valor en romance, ó su 
valor y su forma á la vez. — Los sufijos que en ro- 
mance conservan su vida, conservan en general el 
oficio que tenían en latín: -mentum formaba subs- 
tantivos abstractos de tema verbal, como alimen- 



124 

ium, y en romance valimiento, sentim-, abastecim-, 
-osus indica la posesión de una cualidad, ó la po- 
sesión abundante, como anim-osus, form-osus, 
y en romance tramp-oso, olor-, caballer-, gvaci-, tardi-, 
~guej-. Pero claro es que el significado de los sufijos 
experimentó sus alteraciones: -tor se une á temas 
verbales para expresar el agente, como en accusa- 
tor, lec-tor, fac-tor; pero en romance, además 
-de este uso, el sufijo forma adjetivos, acusa-dor, sal- 
va-, ó mediante una personificación, expresa tam- 
bién el instrumento (en vez del -trüm, -ülu y otros 
del latín), calza-, partí-, cola-, destila-, trilla-dora, 
apisona-, y luego el lugar en que se hace algo: mos' 
tra-dor, come-, obra-, mira-, corre-, 

83. La forma de los sufijos. — i] Para que 
-en romance un sufijo pueda vivir y producir nuevas 
palabras, necesita llevar el acento. Los sufijos ina- 
centuados fueron sustituidos por otros. El sufijo ad- 
jetivo -éus, por ser átono, no conservó su valor en 
romance; vinéus no se conservó sino como un 
substantivo, viña; junceus, vitreus, cereus, 
se substantivaron en juncia, vidrio, cirio, y se acu- 
dió á otros sufijos para formar estos adjetivos: vino- 
■so, juncal, etc. Los diminutivos latinos en -úlus, 
cannúla, querquedúla, albulus, no podían 
subsistir y debían ser sustituidos por los en -ellus, 
<:omo novéUus, y lo mismo que al lado de catu- 
lus decía el clásico catéllus, de donde el ant. ca- 
diello, ó junto á anulas decía anellus, de donde 
anillo^ el vulgar dijo *cannélla, canilla, Cercedi- 
Ua (§ 52 5), al be 11 US, albillo, y esta sustitución es 
«luy antigua, ya del latín vulgar, porque se verifica 



125 

también en nombres que no tuvieron nunca en ro- 
mance significado diminutivo, por no conservarse su^ 
positivo, como tragula, *tragella, trailla; as- 
tüla, *aste]la (de axis), astilla; fibüla, *fibé- 
lia, hebilla; pústula, postilla , martillo, cuchillo,. 
pestillo, por pessülus '. En virtud de leyes fonéti- 
cas (§ 6 ,), el sufijo -olus se hizo tónico y sirviá 
para formar diminutivos como hijuelo, lenzuelo, pa- 
lpítelo, etc. 

2] El sufijo diminutivo se une al nombre á veces 
mediante una -c. Su origen es latino; la termina- 
ción diminutiva latina era -ülus en los nombres de 
las dos primeras declin., á la cual se anteponía ge- 
neralmente una c en los nombres de las otras tres, 
y como el vulgar sustituía á ülus, éllus, según 
queda dicho, antepuso también la c, y así navicü- 
la fué en el latín imperial navicella, de donde 
navecilla; pauper-cúlus fué en vulgar *pauper- 
c-éllus, pobre-c-illo; carbun-cülus, carbón- c-il lo; 
mani-cula, manecilla; montí-culus, montice- 
lus, mcntecillo; y esa c se generalizó á otros sufijos: 
avecilla, avecica, dolor cito, viejezíielo, autor ztielo, rey- 
ezuelo, piecezuelo^ por el anticuado ^ piedezuelo de 
'^ pedeciello, *pedicellus por pedicúlus. 

3] El sufijo viviente, que conserva su significa- 
ción propia y sirve para formaciones nuevas, al unir- 
se á la palabra cuyo sentido modifica, lo hace según 



• Por igual razón en la derivación culta crystalli- 
nus, cedrlnus, debían de tomar el sufijo de d i v i - 
ñus, bovlnus, Alplnus, y se dijo cristalino, ce- 
drino. 



126 

las leyes fonéticas; pero con marcada tendencia á 
hacer resaltar la forma aislada de la palabra á que 
-se une el sufijo. De équa se derivó *équaricius, 
y de péllis, pellicia, egiiarizo y pelliza, consiác- 
rando átona la sílaba inicial; pero luego se reformó 
la primera de estas dos voces, áiciénáost yeguarizo. 
Primitivamente se dijo pedreziiela, ternezuelo, lo mis- 
mo quQ pedrollo, pedrusco, ternera; pero luego se rehi- 
cieron de nuevo los diminutivos, diciéndose también 
piedrecilla, tiernecito, nnevecito, pañuelito. Para un 
glosador del siglo xi, siccitates resultaba obscuro, 
y lo explicaba traduciendo seketateSy porque el deri- 
vado romance conservaba sin asibilar la c, atendien- 
do al simple seco, como á^ flaco se dijo flaqueza; al- 
guna vez existió el derivado estrictamente fonético, 
3^ luego se abandonó: b urgen sis dio antiguamente 
burgas y burees (§ 47 ,); luego no se dijo más que 
burgués; el derivado fonético subsiste hasta hoy en 
perdigón, narigudo, narigón junto á narizón, y siem- 
pre que no se reconoce la derivación; v. gr., en sucio. 
Por igual causa, muchos derivados de participios 
fuertes se rehicieron sobre una forma de participio 
débil, para hacer resaltar la forma ordinaria del 
verbo: en vez de dictorem se dijo decidor; en vez 
de lectorem, leedor; en vez de factorem, hace- 
dor (sólo en compuestos: malheclioYy bienh-); en vez 
de apertorem, abridor , abridura, rompedor, pren- 
■dedor'ura, veedor ', todos los cuales se formaron lo 

* Las excepciones son cultas muchas veces: escritor, 
j)ostor, redentor, revisor, conductor, colector, ruptura; 
pero no siempre, sobre todo, con el sufijo -ura, cochu- 
ra, soltura, basura, juntura, rotura, estrechura. 



127 

tnismo que la mayoría de los derivados amatorem, 
par ti t ore m, etc. 

84. Procedencia de los sufijos. — La casi 
totalidad de los sufijos romances son procedentes 
del latín; desde luego todos los mencionados en los 
dos párrafos anteriores. 

i] Pero algunos revisten doble forma por haber- 
se introducido por el doble camino de la tradición 
oral y de la escrita: así, al lado de prim-eyo, som-, 
saet-, moned-y tempor-, nsur-y clav-, se dicen tam- 
bién éstas y otras muchas palabras con forma latina 
de sufijo: monet-ario, etc., imagin-, domicil-. El su- 
fijo -aticu tiene una forma popular: portazgo, 
mont-, aluiinint-f hall-; otra culta, aqu-atico, sílv-, 
y otra extraña, salv-aje^ port-, ram-y vi-, 

2] El sufijo -iccus del diminutivo no es de ori- 
gen latino; se halla también en portugués y en va- 
laco. Tampoco es latino -iio, usado en portugués y 
de origen obscuro. En igual caso está el sufijo pro- 
pio del español y el portugués -écus: andar-iego, 
labr-, palac-, rap-, mujer-, verán-, cadañ-{i)ego, 
Manch'{i)ego. También es desconocido el origen de 
nuestro sufijo patronímico que reviste múltiples for- 
mas: Ferrdz, Garciáz, Diaz; Ferríz, Sanchíz, Mu- 
ñíz; Alvaróz, Muñoz; Alvarez^ Nilñez, El sufijo ger- 
mánico -ing pasó á las lenguas romances abad-en- 
go, frail-engo, real-engo ó realenco, mestmgo ó nios- 
trenco (§ 68); en Aragón agrienco acritud, salobrenco 
salobre, friolenco. De origen árabe es 4 que se halla 
formando adjetivos de algunos nombres propios: Al' 
fonsí, Ceiítí, Marroquí, Tiineci, y sin valor de sufijo 
en carmesí, baladi, jabalí. 



128 

85. Prefijos. — i] Al contrario que los sufijos^ 
los prefijos en romance son átonos; si en el período- 
primitivo del romance se conservaba uno que otra 
tónico, cómpatrém, cuémpadre; cóncúba, ctién* 
coba^ se eliminaron luego, quedando sólo alguno- 
como compütus, cuento, que tiene apoyo en la 
conjugación (§ 6 -). 

2] La acumulación de sufijos que sobre todo ve- 
remos en el verbo (§ 126 J produce la conversión de- 
ex-en in-ex-: así exagium, ensayo; exemplum^. 
ant. ensiemplo; examen, ^w;íím6r^; y por confusión' 
con éstos axungia, enjundia; absinthium, en- 
jenzo (y ajenjo), 

3] Todos los prefijos son de origen latino. El ar- 
tículo árabe al- a- no es un verdadero elemento de 
composición en español, pues no tiene significación 
alguna: alcantarilla, alcalde, alquería^ adarga, acémi- 
la, etc.; se halla en voces latinas ó griegas arabiza- 
das como alcázar (csLstra); alberchigo (persicus); azú- 
car (saccharum), y en voces de origen puramente la- 
tino como mitulus, al-meja; *materíneus (por 
materinus), al-madreña; 6 sustituyendo á otro prefi- 
jo *ad-morsus, almuerzo; ó á otra vocal inicial 
amygdála, almendra; h3iemorYh{oiáes)^ almo» 
rr{anas), 

86. Clases de prefijos. — Pueden distinguirse- 
compuestos de sólo prefijos, y de prefijo y sufijo á 
la vez. 

i] En los de sólo prefijo pueden distinguirse dos- 
clases, según el oficio del prefijo. En los preposi- 
cionales el prefijo hace veces de preposición que 
rige al nombre con que se compone, formando am^ 



129 

bos un simple complemento gramatical, pues el ver- 
dadero nombre no se expresa: anteojo = [lente paral 
ante el ojo. En los adverbiales el prefijo hace ve- 
ces de adverbio, el nombre que forma parte del com- 
puesto es sujeto cuyo sentido modifica el adverbio 
antepuesto, y se sobrentiende un complemento: ante- 
brazo = brazo ó parte del brazo que está delante [del 
brazo propiamente dicho]. La palabra anteiglesia es 
un compuesto preposicional cuando significa la lonja 
de delante de la iglesia, y es adverbial cuando signi- 
fica iglesia principal ó parroquial; también es curio- 
so en latín ver compuestos de igual palabra, ora con 
la preposición in, ora con el adverbio prefijo priva- 
tivo in- (ambos de origen independiente), como in- 
di n i s = inclinado (prep.), ó = sin inclinación (adv.), 
é igual immixtus, immutabilis, etc. — Ejemplos 
de los principales prefijos. Preposición: exconsul, 
exdipntado; procónsul, po-meridianus, in- 
tervallum; y en vulgar ante-annum, antaño; 
in-odium, enojo; pos t-auricula, ^es/or^yo; y en 
romance di- dios, -plomo; ditsXQ-pecho, -cama, -sala^ 
antifaz; contrai-veneno, -bando, -fuero ^ -pelo; entre- 
cejo, -acto, -linea; en- bozo ^ -salmo (curación por 
medio de palabras del salterio); SOhre-todo^ -mesa, 
•cena, -natural, -humano; so-capa^ -panda (sostén de- 
bajo de un pandeo), -lomo; ultrdi'mar . Adverbio: 
praecoquus ó praecox; co-gnatus, cuñado; 
bis-coctus, bizcocho; bi-saccium, bizaza; bí- 
fera, breva, y bajo latín contraproducentem , 
vulgar antenatus, alnado; compáter, compa- 
dre; commáter, comadre, y romances ante-/'or- 
tada, -foso; contrSi prueba, -orden, -peso; entre- 

9 



130 

tiempo, -abierto, -cano, -fino; sohre-diente, -pelliz, 
'CargUy 'escrito f -juez, -agudo, -abundante; SO-caz, 
-chantre; tVdiS-pie (pie que se coloca detrás), -sudor 
(sudor que viene tras una congoja); TQ-bneno (§ 79 -); 
hieiH'- amado, -andante; mSii-parado, -hallado; el pre- 
fijo privativo latino -in apenas dejó más derivado 
que in- i mi cus, enemigo; in-firmus, enfermo, é 
in-cincta, mujer encinta \ y fué sustituido por 
dis, desdén, des-hora, -honra , -amor, -honesto, 
•igual; dis-gnsto, -conforme. 

2] Los compuestos de prefijo y sufijo á la vez se 
llaman parasintéticos, de irapá, que indica la yux- 
taposición, y o-'jv9£Tt.xóí;, la síntesis de varios elementos 
que forman un término nuevo; como desahnado, don- 
de sin que exista un substantivo "^ desalma, ni un ad- 
jetivo '^almado, la reunión de los tres elementos for- 
ma un compuesto claro y expresivo. En latín ante- 
muranus, valla alzada ante el muro; antesigna- 
nus, soldado que combate ante las banderas; ob- 
vius, lo que se encuentra en el camino ó al paso; 
subterraneus, soterraño , y luego companage, tras- 
nochador, pordiosero, embolado, etc. 

87. Composición propiamente dicha. — Dos ó 
más palabras que conservan en la lengua su signifi- 
cado aparte se unen para formar una sola, represen- 
tando á la imaginación una idea única y adoptando 
un solo acento. Este en latín podía recaer sobre el 
primer elemento flavicómus; pero en romance 
siempre va sobre el segundo; sólo algún derivado que 

* Los cultos son abundantes; indiscreto, imposible, in- 
directo, etc., que se ha vulgarizado inaguantable, indino. 



131 
<:arece en romance de carácter de compuesto halla- 
mos el acento en la primera parte, como tripe- 
-dem, trébede, treiide. El plural afecta también sólo 
al segundo elemento, salvo algún caso de unión de 
dos nombres, intactos, que aún no han fundido en- 
teramente su significado, como ricosJioinbres, genti- 
leshombres^ casasquiíiias, guardiasciviles, junto á guar- 
diaciviles; hijosdalgos, junto á hidalgos, hideperros, y 
aunque ahora choca, se hallan á veces, en los buenos 
autores, plurales como montespíoSy sordosmitdos^ bocas- 
inangasy bocascalleSy salvoscondiictos. 

88. Clases de compuestos. — Son de tres 
clases. 

i] Compuesto por yuxtaposición. Varias pala- 
bras unidas conforme á las leyes sintácticas ordina- 
rias, por usarse á menudo asi unidas vienen con el 
tiempo á soldarse; entonces se borra en el pensa- 
miento la imagen particular de cada una de esas pa- 
labras, sustituyéndose con una imagen simple y úni- 
ca. Ora un substantivo y un adjetivo: musaraneus, 
musaraña; avis tarda, avutarda; vinagre, hilván, 
disanto y melcocha, murcie go, y viceversa: bajamar, 
primavera, mediodía, vanagloria, — Ora dos substanti- 
vos, uno de ellos en genitivo: agricultura, juris- 
consultor, que en su forma latina sobrevive en pe- 
zuña, orpimientCy condestable (§ 74 4), aquamanüs, 
aguamanoSy y que en español se imitó muy poco: 
hi-d-algOy espíritu de vino y con pérdida de la d inter- 
vocálica (§ 41 2) Aldealpozo, Majaelrayo, Maja(d)a' 
{d)elrayo, Puentelareina, Villagonzalo. — Ora dos adje- 
tivos conjuntos; sordomudo, tontiloco, jocoserio, y los 
substantivos clarobscuro, altibajo, — Además hay otra 



132 

yuxtaposición fecundísima en los romances y entera- 
mente ignorada del latín; éste carecía de los com- 
puestos de verbo y substantivo que el griego po- 
seía (ayl-o-TpaTOí;), y usaba sólo los de adjetivo verbal 
en segundo término, como caprimulgus, arml- 
gér(us) (t-^Qüo-ccáyoí;); el romance abandonó éstos y 
creó aquéllos: chotacabras, portaguión^ saltatumbas, 
matamoros, perdonavidas, saltamontes ^ quitasol, corta- 
plumas, abrojo, hincapié, sacacorchos; verbo y adver- 
bio: bogavante, catalejo; verbo y vocativo: tentemozo; 
sólo verbos: tiramira, ciaboga, duermevela^ ganapier- 
de, correveidile; es evidente la forma de imperativo 
que tiene el verbo en este último; pero la persona Él 
de presente indic. mezclada con el imperat. aparece 
en vaivén, que primitivamente sería "veiven. Un per- 
fecto aislado en cochitehervite. 

2] Compuesto elíptico. Otros compuestos no- 
son, como los anteriores, una simple suma de dos 
términos, sino que expresan más ideas que las con- 
tenidas en sus dos elementos; la sola yuxtaposición 
de éstos no tiene sentido por sí, sino se sobrentiende^ 
una relación entre ambos. Se forman, pues, me- 
diante la elipsis de una relación, y no son, como los^ 
anteriores, producto lento de la fusión de dos pala- 
bras y dos ideas que antes vivían juntas sin soldarse, 
sino que el compuesto nace de una vez, mediante 
una síntesis de concepción. — Compárense con los de 
la clase anterior los compuestos de substantivo y ad- 
jetivo. El de yuxtaposición aguardiente resulta un 
substantivo, y no significa más que «agua-ardiente,)? 
mientras el elíptico boqíiirrasgado es un adjetivo, y 
se sobrentiende en sentido posesivo «que tiene laj 



133 
boca rasgada.» Además, hoy boqiiirrasgado^ alterando 
la final del primer término, suelda más íntimamente 
sus partes que aguardiente; pero esto no es esencial^ 
y hasta el siglo xiv, aunque se decía rabigalgo, cabez- 
corvo f manvacio f etc., se prefería, acaso por mante- 
ner la integridad de ios dos términos , bocarrasgado, 
■bocabierto, barbapuniente, «águilas que llaman cuello 
albas, n (n cigüeña, pico abierta;)) en el siglo xv se im- 
ponía ya patitieso^ zanquituerto, crestiberniejo, etc., 
única forma hoy conocida. Estos compuestos son 
muy raros en el período latino: oridurius, boqui- 
duro; oriputidus, nariputens, y en bajo latín 
barbirasus; la lengua literaria usaba una forma 
opuesta, con el adjetivo antepuesto: flavicómus, 
pelirrubio; longimánus, manilargo. — Dos subs- 
tantivos. También raro en latín. Los soldados decían 
arcúballista, ballesta combinada con un arco, y 
los labradores caprificus, cabrahigo ó higuera 
macho, y sin duda también *cannaférúla, caña- 
Jierla^ cuyo segundo componente no se conserva en 
español; además casatienda, puercoespino ^ aguanieve, 
coliflor, arquibanco, calofrío^ ajipuerro, carricoche, 
pavipollo, pimpollo, pino nuevo, etc. Cuando el se- 
gundo substantivo tiene valor de genitivo, como bo- 
cacalle, bocamanga^ telaraña^ maestresala, puntapié, 
es difícil decir si la elipsis de la relación de genitivo 
es propiamente sintáctica, ó sólo fonética: iela[d¡eara' 
ña, como es evidente por el artículo en Aldealpozo 
y los casos citados en el número anterior; el geniti- 
vo en primer lugar es muy raro: zarzamora, zarza- 
rrosa, casapuerta, ferrocarril; en latín cordolium, 
cordojo. — Dos adjetivos, no asociados por copula- 



134 
ción, sino de significado opuesto y cuya unión expre- 
sa una cualidad intermedia, como agridulce, verdi- 
negro» 

3] Los compuestos parasintéticos son muy po» 
eos: cadañero j sin que existan aparte ^cadaño ni añe- 
ro; casqiiimnleño, caballo con casco pequeño como- 
las muías; capigorrón^ maleante que anda en el tra- 
je estudiantil de capa y gorra; sanjuanada, 

NUMERAL 

89. Cardinales. — ij. Los latinos de i á i6 
persisten en español como en casi todos los romances: 
u n u m , ímo, un (§ 78 ,); u n a m , una; — d ü o s , *dúoSy 
"duósj dos; duas, ant. duas y dueSy usado aún en el 
siglo XIII, luego confundido con el masculino dos; — 
tres, tres; — quattüór, vulgar quattor (§ 30 ,); 
quaíro, cuatro (§§ 3g ^ y 62 g); — quinqué, vulgar 
cinque (§ 66 g), cinco, con vocal final influida por 
cuatro; — séx, seis, y anticuado y asturiano seyes con 
adición de jv (§ 68); — séptem, siete;— ócto, oche; 
— novem, nueve, y ant. también nuef (como tam- 
bién se decía alef]unio áaleve, naf iunio á nave, nuf 
]\i\\io k nuve); — décem, diez; — ündécim, vulgar 
úndéce (port., fr., prov. «onze;» cat. «onse»), onze,. 
mod. once; — duodécim, vulgar dodéce (§ 3o 3); 
ant. dodze, doze; mod. doce; leonés dolze (§ 60 .); — 
tredécim , tredze, treze, trece; leonés trelze; — quat- 
t(u)ordecim, catorce {% ?)(^ ^); quindécim, quin- 
ze, quince; — sedécim, ant. sedze, seze, 

2] Este último numeral se perdió en la lengua 



135 
moderna y se formó analíticamente diezyseis. Esta 
tendencia analítica invadió en lo antiguo hasta el 
número 12, y se dijo en algunas regiones diez e dos, 
dizedos, dizetres; pero en la lengua moderna sólo se 
usó desde el 16 al 19, y en vez de septendécim 
se adoptó la forma analítica ya usual en el latín 
clásico decem et septem, y lo mismo por octo- 
décim y novendécim se dijo decem et octo, 
d. et novem. Sólo hay que advertir que en lo an- 
tiguo se reducía el diptongo de diez, diciendo dizesic' 
te, dizeocho. 

3] De 20 á 100 se conservaron todas las decenas 
latinas: viginti (§ 11 ,), ant. veinte, veyente (§ 68), 
mod. veinte (§ 6 ^) (y lo mismo viginti unus, v. 
dúo, V. tres, etc.); — triginta, treinta^ (§ 71), mod. 
treinta; — quadragínta, qiiaraenta, áiail. quaraiiia^ 
moa. cuarenta; — quinqu3Lgintaj cinquaenta, dial. 
cincuaenta, mod. cincuenta; — sexaginta, sesaenta, 
arag. xixanta, m. sesenta; — sept(u)agin ta (§ 3o 2), 
setaenta, setenta; — oct(u)aginta (no octog.), 
ochaenta, arag. otaenta, ochenta; — n on ag i n ta , ant. 
nonaenta, y *novagínta, novaenta, arag. novan- 
ta, mod. íioventa; — céntum, ciento, cient, cien (y 
centum unus, centum dúo, etc.). Berceo dice 
una vez tres vent por 60, sin duda copiando la nu- 
meración vigesimal que el francés usó por influen- 
cia del antiguo galo; «deux vins, treis vinz, quatre 
vins.» 

4] De 200 á 900 el español conservó tres com- 
puestos latinos: dúcénti, -ae, -a, dozientos, -as^ 
v^h^oho^n doscientos^ -as; — trecénti, -ae, -a, tre- 
zientos^ trescientos, -as; — q u i n g é n t i , quinientos, -as; 



136 

pero formó nuevo compuesto para quadringenti^ 
sexcenti, septingenti, octingenli, non- 
gen ti, diciendo cuatrocientos ^ seise-, setec-, ochoc-, 
novec-. 

5] Mille, mili, mil, junto al cual se usa subs- 
tantivado el adj. milliarius, ant. miliaria , mod. 
millar (forma culta, la popular mijero designa la mi- 
lla), y el vulgarismo m^7^/íí^ formado analógicamen- 
te sobre las decenas. En vez de los compuestos dúo 
milla, tria milla, decem milia, se usan otros 
en que el plural milia fué sustituido por el singular 
mille: dos mil, seis mil, porque antiguamente se 
usaba la perífrasis dos vezes mil, quaraenta vezes mil. 
La voz millón es moderna y deriva del ital. «milio- 
ne;» de ella se sacaron billón, trillón; en la Edad 
Media se decía "mil vezes mil, desconociéndose nu- 
meral superior á mil; por lo que decían las Parti- 
das, II, 21, 2: «mil es el más honrado cuento que 
se puede seer, et de allí adelante non puede haber 
otro cuento nombre señalado por sí, et ha de tor- 
narse por fuerza a seer nombrado por los otros que 
diximos que se encierran en el millar.» 

6] Respecto de la flexión, el romance restringe 
aún la ya restringida flexión del latín, i distingue 
género y número; en composición con decenas, cen- 
tenas ó millares sólo distingue el género y tiende á 
perderlo cuando precede al subst.: ant. ^veintiuna 
casa» mod. ((veintiuna csisas)) ó a v eintiú n cslsrs.» 2 en 
lo antiguo distinguía el género; modernamente sólo 
lo distingue ambos. La flexión latina de 3, como dis- 
tinguía sólo el masc.-fem. tres del neutro tria, no 
pudo subsistir; así que de 3 á 99 no hay flexión. Las 



137 
centenas distinguen el género, como en latín. No se 
conservó el plural mi lia. 

90. Ordinales. - i] Primarius (no pri- 
xn u s ) , primero, -er, -era; — s e c u n d u s , segundo, -a; 
— tertiarius (no tertius), tercero, -er, -era; — 
quartus, quarto; — quintus, quinto. De 6° en ade- 
lante la lengua moderna usa casi sólo las formas 
-cultas copiadas del latín más ó menos mecánica- 
mente; V. gr., quincuagésimo y el nuevo cincueniési ■ 
nio; las formas populares que existieron desde 6® á 
lo^ se perdieron ó se conseivan substantivadas: 
séxtus, siesta (vulg. séstus, como déxtéra, 
-diestra; comp. § lo,); — séptimus, ant. sietmo; — 
octavus, ochavo; — nonus; — décimus, diezmo. 
De 11^ en adelante se olvidaron las formas latinas; 
salvo que la lengua antigua substantivó quadra- 
gesímus, quaraesma, cuaresma, y quinquagesí- 
ma, cinquaesma. En vez de postremus se dijo ^os- 
írero, -er, -era (§, 71). 

2] La lengua antigua poseía un sufijo ordinal 
-que aplicaba á todos los números desde 2, especial- 
mente desde 7 en adelante. Es el sufijo adjetivo 
- e n u s , que el latín aplicaba á los distributivos (seni, 
septeni, noveni, deni, viceni, centeni); sirvieron de 
punto de partida seteno, noveno^ centeno, y luego se 
hicieron quatreno, cinqueno, sesseno, ocheno, dez-, onz-, 
doz-, írez-, catorz-, dizesses-, dizesset-, veynteno, veynt e 
dosseno, veynt e tresseno; se perdieron, y sólo sobre- 
vivieron algunos como substantivos colectivos, las 
setenas, decena, docena, cuarentena. 

3] Con estos ordinales se usaba el cardinal para 
los compuestos de uno: «la estrella veynte e una^» y 



138 
á veces para los otros: la qiiaraenta, la qiiaraenta e 
dos, etc. Modernamente en números más altos de 20 
se usa también el cardinal por el ordinal; en núme- 
ros más bajos lo tiene por galicismo Vargas Ponce 
en 1791; por ejemplo, decir siglo trece, epístola doce: 
«ya se ha impreso repetidas veces Luis quince y has- 
ta Alfonso diez; se dirá en breve Carlos tres, y Picx 
seis.ít Bello admite con razón, sin nota de extranje- 
rismo, la ley dos, el capítulo siete, el siglo diez y 
nueve. 

91. MÚLTIPLOS Y FRACCIONARIOS. — l] De loS- 

multiplicativos sólo dúplex, doble, y triplex, an- 
ticuado treble, dejaron derivado vulgar; los demás 
sólo culto: simple, dnplo, triple, cuadruplo, etc., 6 
traduciendo el -plex latino: «le vuelvo cuatro do- 
blado), «con cien doblada alegría»; la perífrasis la- 
tina con el adverbio numeral «bis tantum, quin- 
quies tantum,» es la que da el múltiplo vulgar más- 
usual: dos tanto, cuatro tanto, ciento tanto, 

2] Para los fraccionarios, salvo dimidia, que 
en vulgar se sustituyó por medietatem, mitad ^ e\ 
latín no tenía forma especial; usaba el ordinal so- 
brentendiendo pars: tertia, quarta, de donde s& 
tomaron tercia, cuarta. La lengua culta los usa más 
generalmente en terminación masculina *. 

Además, la lengua reparó en el único sufijo ordi- 
nal tónico (§ 83 ,) que existe en latín, que es el de 
octavus, y tomó -avo como terminación fraccio- 



* Décimo influyó para que se aceptara el substantivo 
céntimo por centésima, cambiando el acento del fr. cen- 
lime. 



139 
naria dozavo, centavo, ant. sextao, veinticuatrao^ iren- 
iao *. 

' El sufijo - 1 m u s de sietmo y diezmo sirvió para for- 
mar seísmo 6 sesmo y algún otro usual en las revesadas par- 
ticiones de medidas y propiedades antiguas; en un docu- 
mento de 12 II se halla «uendemos ennas acennas de fuera 
la di^eduesma part del quarto del medio sesmo.)) 



CAPITULO VI 
EL PRONOMBRE 

92. Idea general. — El pronombre tenía en la- 
tín por lo general una flexión algo diferente que el 
nombre, y en romance ambas flexiones se diferen- 
cian bastante. El nombre perdió todos los casos la- 
tinos, salvo el acusativo, mientras el pronombre 
mantuvo, además del acusativo, el nominativo sin- 
-gular (en los pron. personales, demostrativos y rela- 
tivo), el genitivo de singular (en el relativo), el de 
plural (en el dialectal lur, § 97 g), el dativo singular 
{en los personales de i.^ y 2.^ persona) ó el singu- 
lar y plural (en el personal de 3.^ persona). Además 
el pronombre conservó el género neutro singular (en 
el personal de 3.a persona, en los demostrativos y en 
el relativo), que el adjetivo dejó perder. Para esta no- 
table diferencia que existe entre la flexión del nom- 
bre y del pronombre, influyó en parte el haber mayor 
distinción entre ciertos casos en la flexión pronomi- 
nal latina que en la mayoría de la nominal; pero, 
sobre todo, el deseo de la lengua de buscar transpa- 
rencia y facilidad en la expresión. 

Fuera de esto, la flexión del pronombre muestra 
otra riqueza, distinguiendo en el caso régimen dos 
formas: una acentuada y otra inacentuada; distin- 
ción cómoda en que aventaja el romance al latín 



141 

clásico. En éste se usaba sólo m i junto á m i h i ; En- 
nio empleó sam, sos, sis, por suam, suos, 
suis, formas acortadas del posesivo que sin duda 
conocía el latín vulgar. 

PRONOMBRE PERSONAL 

93. Formas acentuadas. — i] Primera y se- 
gunda persona. El nominativo égo se abrevia en 
latín vulgar éo, que da *ieo, *ío (§ lO ,), yo 
(§ 3i 2 i) — tu, da tú. — El aragonés ant. usa el no- 
minativo ttí para el caso régimen con preposición; 
<(tú et tod el pueblo con tú,)) «si d tú place,» como el 
provenzal ant. y el catalán; el arag. moderno exten- 
dió este uso á la i.^ persona con yo, pa yo; como el 
provenzal moderno, «peryeou;») valenciano, oá yo.» 

El dativo mi ó mihi da mi — tibi, tí — am- 
bos siempre usados con preposición para todo caso 
régimen; las formas latinas mecum, tecum, se 
ofrecen en documentos vulgares: micum, ticum; 
y anteponiendo otra vez la preposición ya pospuesta, 
resultan los pleonasmos conmigo, contigo. 

En el plural sólo hay una forma de nominativo- 
acusativo: nos, nos; vos, vos, usados en lo anti- 
guo; pero que al fin de la Edad Media se reempla- 
zaron por nos-otros, vos-otros, antes empleadas enfá- 
ticamente para poner la i.a ó 2.^ persona en contras- 
te con otra, y luego usadas en todo caso como for- 
mas únicas: nos y vos quedan relegados al estilo ele- 
vado y cancilleresco. En vez de nobiscum, vobis- 
cum, decía el vulgar noscum, vos cu m (§74 8), 
de donde los anticuados con ñusco, con vusco. 



142 

2] El pronombre reflexivo sigue igual flexión^ 
«alvo carecer de nominativo y tener el plural igual 
al singular: dativo, sibi, si; consigo. 

3] El latín no tenía pronombre especial para la 
tercera persona: cuando necesitaba de él empleaba 
cualquiera de los demostrativos; pero el romance es- 
cogió ille. 

En singular el nominativo sirve para el caso suje- 
to y el caso régimen con preposición. — Mase: ille, 
elle, forma usada en el Poema del Cid y en los textos 
de la primera mitad del siglo xiii (Berceo, Alexandro, 
Fuero Juzgo); esta forma tenía una variante: ellí, 
usada por Berceo y otros '. Desde el siglo xiii se 
impuso como general la apócope él (§ 63 g). — Fem.: 
Illa, ella. — Neutro: illud, ello. 

En plural el acusativo sirve para el sujeto y el ré- 
gimen.— Mase: íllos, ellos. — Fem.: illas, ellas. 

94. Formas inacentuadas para el caso régi- 
men. — i] La primera y segunda persona sacan sus 
formas átonas del acusativo. — Singular: me, me; 
te, te, — Plural: nos, nos; vos, z^os; ésta, á fines 
del siglo XV, empezó á generalizarse en la forma 
abreviada os (antes, en unión del imperativo, § ii5 J; 
Nebrija en 1492 da como forma única la de v- inicial, 
vos; pero en el siglo xvi Juan de Valdés decía que 

* La 'i final de algunos pronombres puede explicarse 
por la influencia de la tónica de qui (§ loi j). Esto es más 
sencillo que acudir á las variantes del latín vulgar ílll , 
ísti, etc., cuyo resultado romance debiera ser *ille, *iste 
{%% II 2 y 28 ,), que para convertir en elli, esti debiéramos 

suponer influido por la inicial de elle y por la final tónica 

-de qui. 



143 
«tal V- nunca la veréis usar á los que agora escriben 
bien en prosa.» Por influencia de la consonante ini- 
cial de me se dijo mos en vez de nos en algunos di- 
plomas antiguos, en el lenguaje villanesco de nues- 
tro teatro y hoy en el habla vulgar de muchas re- 
giones. Además, por influencia de te se dice en Ri- 
bagorza y parte del Somontano de Aragón tos, por 
vos ú os, «Uegátos á casa». 

2] Igual es el reflexivo se, se, para sing. y plu- 
ral. En el habla vulgar de Castilla, Aragón y Amé- 
rica se le añade la -Uy signo de plural del verbo «al 
marcharse/i ellos, siéntens^fí ustedes, váyásen.* 

3] La tercera persona difiere en distinguir el 
dativo del acusativo. 

Singular. — Dativo mase, y fem.: illi, "¿7/^, le; 
dialectal li. — Acusativo mase: illum, *elio, lo; 
fem.: illam, la. 

Plural. —Dativo mase, y fem.: illis, les; dial. 
lis. — Acusat. mase: illos, los; fem.: illas, las. 

Se notará que en todos los casos pierde la sílaba 
inicial il-; pero el dialecto leonés conservaba la // en 
el dativo diólle, y en castellano sólo por disimilación 
cuando el dativo iba unido á un acusativo del mismo 
pronombre "dió-lle-la, formando ambos un todo áto- 
no (todo que no se forma cuando al dativo sigue el 
artículo también átono dió-le la-carta), el cual lie, 
sustituyendo la // por g (ambas eran en lo antiguo 
palatales continuas, § 35), fué en castellano anti- 
guo dió-ge-lo, y en moderno dió-se-los; igual serie de 
cambios ocurre en collécta, ant. collecha, vulgar 
cogecha, mod. cosecha. Cuando el dativo es plural, 
su -s se asimila á la /- siguiente (comp. en la pro- 



144 
nunciación rápida de hoy: todo' los días), y por dio- 
lles-lo, como se dice en leonés, se dijo dio-ge'- lo, dio- 
selo d ellos. — En el uso las funciones del dat. y acus^ 
aparecen bastante confundidas; el leísmo domina er> 
Castilla, atribuyendo á le funciones del acusativo 
masculino lo, y aun lo extiende al plural les por los; 
aunque menos, se aplica á la vez el laísmo que atri- 
buye al acusativo la, /íís funciones de dativo femeni- 
no, y entre el vulgo se abusa también del loísmo 
atribuyendo á lo significado de dativo. 

4] Todas estas formas enclíticas podían perder 
en los antiguos romances su -e final del singular 
cuando la palabra en que se apoyaban terminaba en 
vocal; y así, no añadiendo sílaba, daban á la lengua 
brevedad y energía que se perdió después por buscar 
la uniformidad gramatical: «aqueste escaño quenr 
diestes; siempret maldizré; nos detiene; fuel veer, » y 
Ja m y la. t sufrían los cambios propios de consonan- 
tes finales: utengon por pagado; f usted meter tras la 
^'ig^>> (§§ 62 j, 63 ,), ó de mediales: «vos ruego 
quemblo fagades»; tóveldo = túvetelo (§§ 5g 5, Sy 5). 
Como las consonantes m y t dejaron pronto de ser 
finales en romance, la apócope del pronombre de 
I. a y 2.^ persona cayó en desuso ya en el siglo xiv.. 
Subsistió hasta fines de la Edad Media la de 3.a per- 
sona. 

5] Otra manifestación de la unión íntima de estos 
enclíticos con la palabra acentuada es su fusión fo- 
nética, ora mediante asimilación: serville = servirle;^^ 
to'/nase — tornarse (§ 106); ora mediante metátesis: 
dalde = dadle; dandos =■ dadnos (§ ii5 ,). 

6] La tendencia opuesta á acentuar el pronom- 



145 
bre es mucho menos marcada; en poesías del si- 
glo XVI, y hoy día, se dan ejemplos de levántate, en- 
tiéndeme, siempre con imperativos, para redoblar su 
fuerza. 

PRONOMBRE POSESIVO 

95. Generalidades. — El posesivo en español 
se deriva únicamente del acusativo latino. — Tiene do- 
bles formas, pero no tan radicalmente distinguidas en 
la lengua antigua como las del pronombre personal. 
Verdad es que la lengua moderna llegó á distinguir- 
las completamente; pero aun así, más bien que for- 
mas tónicas y átonas debemos llamarlas formas de 
pronombre substantivo y de adjetivo; pues si bien 
estas últimas en el lenguaje general de Castilla la 
Nueva, etc., son hoy átonas poclíticas, mi-pádre, 
niiestra-cdsíiy no lo eran en castellano antiguo mió 
padre, ni lo son en la pronunciación de varias regio- 
nes como León y Castilla la Vieja, donde se dice 
mí padre. — El pronombre adjetivo llevaba antigua- 
mente artículo, como por arcaísmo se conserva aún 
en la traducción del Padrenuestro: el tu nombre, el tu 
reino; el español moderno, al hacer proclítíco el po- 
sesivo, le despojó del artículo. 

96. Posesivo de un poseedor. — i] Como 
substantivo tenemos para el masculino meüm, 
*m¿eo, mío (§ lo J, que en español antiguo era tam- 
bién mió (§ 6 j), «mientre lo mió durare non vosfal- 
drá aver» es un verso de 7 -í- 7 sílabas; mió subsis- 
te hoy en Asturias. — me os, míos, ant. y ast. íniós. 
Para el femenino méam, mía, — meas, ínias, 

10 



146 

Como adjetivo, se usaban antes para el masculino 
las mismas formas mío, -s y mió, -s, subsistentes am- 
bas en Asturias; asi en versos de siete sílabas halla- 
mos «myos antecesores,» ó bien «catando mió fijue- 
lo,» y para el femenino mía, -s (raro); míe, -s; mi, -s: 
se distinguía, pues, diciendo «mié madre e mió pa- 
dre;» pero las confusiones son antiguas, y á princi- 
pio del siglo XIII se podía decir ya en leonés «vtió 
muyer,» prefiriendo el masculino para todos los 
usos, como hoy en Asturias; mientras en Castilla, 
prefiriendo el femenino, se mezclaba á veces «íkío 
padre e mi hermano,» y esta última forma al fin ex- 
cluyó enteramente á mió. 

2] Substantivo mascul.: tüum, súum, hw, 
SHO, reducido á to, so, ó á tuyo, suyo (§ 68), en don- 
de se ve la influencia del posesivo relativo cuyo; el 
plural añade una -s. Femenino: tuam, suam, 
iua, sua, mod. tuya, suya. 

Adjetivo: las formas -uo -a, -uyo -a del substan- 
tivo son raras en uso adjetivo: «swo señor e suos ami- 
gos, » más raro aún: «con las síiyas cuerdas.» La for- 
ma corri-ente del mase, era to, so, y la del femenino 
iiie, tu, sue, su; hay manuscritos del siglo xiii y xiv 
que distinguen con regularidad los géneros; pero las 
confusiones abundan en toda la Edad Media, y lo 
mismo se decía sus que sos estrellas^ ó to lo mismo que 
íu poder, y al fin prevalecieron las formas femeninas 
como exclusivas para todos los usos; en asturiano 
subsisten to, so para el masculino y femenino. 

97. Posesivo de varios poseedores. — i] El 
latín junto á vester conocía ya vóster, y la ana- 
logía generalizó esta forma en el latín vulgar: nos- 



147 
t r u m , V ó s t r u m , dieron nuestro, vuestro, con -s en 
plural, con -a en femenino. Se usan como subst, y 
adj.; como adj., en la Edad Media existía, aunque 
raro, nucstre, femenino con final igual á mic, suc^ 
etc. La lengua antigua y vulgar conoce otra forma: 
líuesso, vuesso, con un desarrollo raro de -str- (que 
tiene una pareja en monstrare, inossar, dcmuessa, 
etc.), contra el § 5i ,; y con influencia de la ini- 
cial del posesivo de un poseedor, se dice también 
inuesso^ como se dice uios por nos. 

2] Para la 3/^ persona, el español, el portugués 
y el rético, igual que el latín, usan el mismo suus, 
stc, como posesivo de uno y de varios. Pero los de- 
más romances crearon un derivado del genitivo 
illorum para el posesivo de varios; el aragonés lo 
conocía también: lure, lur, plural tures, probablfi- 
.mente advenedizo del provenzal ó catalán. 

PRONOMBRE DEMOSTRATIVO Y ARTÍCUI^O 

98. Noticia general. — i] Los demostrativos 
y el artículo en español se derivan del nominativo la- 
tino de singular y del acusativo de plural. Conservan 
el neutro singular, siempre como substantivo, 

2] En vez de hic, iste, lile, el romance es- 
tablece una gradación con iste en primer término, 
ipse en segundo (pronombre de identidad latino, 
que los romances tomaron como simple demostrati- 
vo) y un compuesto de i lie en tercero. Ule por sí 
solo sirve de pronombre personal y de artículo. Hic 
se perdió, salvo en frases como hoc anno, ogaño; 
hac hora, agora, ahora. Ipse conservó su si^ni- 



148 

íicado clásico sólo en algunos compuestos arcaicos; 
que se hallan en textos del siglo xi al xiii: sepse^ 
sese; s i b i i p s i , sise; s u u s , i p s e , suyose; i 1 1 e i p - 
sus, eleiso (uno con altro sese inquinare; si él por 
sise fiziesse penitencia; las animalias se son vestidas- 
de suyose; per sibi eleiso); aún se puede añadir algu- 
na frase: por ejemplo, «como yo esté harto, eso me 
hace que sea de zanahorias que de perdices.» El pro- 
nombre de la identidad fué en romance el reforzado 
metipse en superlativo (gr. auTOTaTO?); Ja partícula 
de refuerzo met, no sólo se usaba tras los pronom- 
bres ego-met-ipse, yo mismo y sino que en latín 
se anteponía simplemente á ipse, de donde med- 
-i psi(ssi)-mus (§ 66 3), meismo, mismo; éste tomó 
los dos sentidos de ipse y de idem. El determi- 
nativo definido is se perdió en todos los romances. 
3] Los demostrativos se refuerzan en latín con 
el adverbio demostrativo ecce, por ejemplo: ec- 
cillan (fr. ant. icele, mod. celle); eccistam (fr. 
iceste, cette), y en latín vulgar además con el de- 
mostrativo ya reforzado éccum (en los cómicos la- 
tinos por ecce eum), de donde eccu(m)iste, 
aqueste, agüese. También se refuerzan con alter 
pospuesto: estotro, esotro, quillotro, etc. 

99. Los TRES PRONOMBRES EN PARTICULAR. 

i] íste, este, ant. también esi ó esti; la -i final no 
se explica sino por influencia de la tónica de qui 
(§ 9^ s> íiota); ista, esta; — istud, esto. — Pluralr 
istos, estos; istas, estas. 

2] ipse, ese (§ 49), ant. también es ó essi; — 
Ipsa, esa; — ipsum, eso. — Plural: ipsos, esos; 
ipsas, esas. 



149 

3] eccu(m)-ille, aquel, ant. aqitellí, aquella,, 
aquello, Comp. § 128 ,. 

100. El artículo no existía en la lengua lati- 
na; sólo en la última época el latín vulgar sintió la 
necesidad de hacerse con un artículo como el grie- 
go, y se lo creó de diversas maneras en los diversos 
territorios romances. — i] El artículo no es sino un 
demostrativo que determina un objeto más vaga- 
íTiente que los otros demostrativos, sin significación 
accesoria de cercanía ni alejamiento; sjrve sólo para 
señalar un indiv iduo particuiai: -satre- tQdQ&. lQ.s-.4ue 
abarca la especie designada por el substantivo; así 
que cualquier demostrativo pudo haber debilitado su 
significación y quedar con la vaga determinación de 
artículo. En la lengua antigua se usan en este senti- 
do vago todos los demostrativos: «mió Cid aguijó 
con estos cavalleros quel sirven» (se refiere á los ca- 
balleros en general); «vayamos en aquel día de eras» 
(el día de mañana); «es dia es salido e la noch en- 
trada es.» Pero en general los romances se fijaron 
en el derivado de ille, salvo en Cerdeña, las Ba~ 
leares, algo de Cataluña y Gascuña, donde prevaleció 
el de ipse (sa casa = la c); un documento antiguo 
aragonés usa siempre también esse como artículo. 

2] El artículo es átono desde su origen; prueba 
de ello es que, para abreviarlo, se perdió la sílaba 
primera del pronombre, la que llevaba el acento 
cuando tenía su plena fuerza pronominal. Sólo el 
nominativo mase. ílle, por llevar -e final (§ 28 3), 
mantuvo la inicial; en los demás casos se conservó 
la sílaba final por llevar vocal más resistente y por 
expresar la flexión; singular: ílle, el (§ 63 ^), y en 



I50 
lo antiguo ante vocal ell, mantenida la -//- como 
medial de palabra (ell estudio, ell apostóligo); íjla, 
da (ela casa, ela iglesia), simplificada la -//- por in- 
fluencia del masculino el, y abreviado en la general- 
mente, salvo ante nombres que empiezan por vocal, 
especialmente a-, con los cuales se abreviaba en el ó 
ell (ell alma, el alimosna, el otra, del estoria);Nebri- 
ja aún podía decir de tres modos: la espada^ el espa- 
da, ell espada; pero luego se admitió el tan sólo en el 
caso de que siguiese á- acentuada; — íllud, elo (elo 
que ovier), lo. — Plural: illos, elos^ ellos (ellos con- 
des), los; — illas, elas, las. 

3] Contra el § g8,, en vez del nominativo singu- 
lar se conservó el acusativo en antiguo leonés y ara- 
gonés lo (lo Egipto, por lo anno); aun hoy en Sobrar- 
be se dice lo fuego y o fuego (perdida la /-, como os 
machos, as navajas, etc.) 

4] El artículo es generalmente enclítico; hoy 
sólo se suelda á la preposición precedente en del y 
al; pero antes á todas las terminadas en vocal: fa- 
zal alba, coniral monte, sol manto; y en período an- 
terior, sobre todo en leonés, aun á las terminadas 
en consonante: pollas casas; enno palacio; coima otra 
(asturiano mod.: pol mundo, pola; nel fuego, na, 
nos; col, colas); los manuscritos castellanos, aunque 
no verificaran esta soldadura, indicaban la enclisis 
escribiendo unida la preposición y el artículo: «enla 
parte déla huerta.» 

La proclisis y apócope se halla en aragonés y leo- 
nés con el masculino lo: «Tuno et l'otro, l'espíritu,» 
y con el femenino la: «Tagua, Talteza» (compárese 
el'alma, punto 2 de este párrafo). 



151 



PRONOMBRE RELATIVO E INTERROGATIVO 

101. Qur, cujus, QUALis. — i] En el latín vul- 
gar de España la flexión del relativo se redujo al 
nominativo mase, qui, al acusat. mase, quém y 
al neutro quid: estas formas se emplearon lo mis- 
mo para el acusat. que para el nominativo, para el 
singular que para el plural, para el masculino que 
para el femenino, pues no se creyó necesario preci- 
sar el género y el número que van ó pueden ir de- 
terminados con claridad por el antecedente del rela- 
tivo. Se reservaron para designar personas qui y 
quien (mase, y fem., sing. y plur.), generalmente sin 
artículo ni otro determinativo: es raro «aquel quien, » 
etc., que (mase, y fem.» sing. y plur.) sirvió para 
personas y cosas, con y sin determinativos. En el 
siglo XIV caía ya en desuso qui, por inútil duplicada 
de quien; éste en el siglo xvi se creó un plural: quie- 
nes, que aunque calificado todavía de inelegante por 
Ambrosio de Salazar en 1622, se generalizó, si bien 
aun hoy día se dice alguna vez «los pocos ó muchos 
de quien ha tenido que valerse.» 

2] También se conservó en español, portugués 
y sardo cüjus, -a, -um; cuyo -a, -os -as. 

3] Qualis, -e, además de expresarla cualidad, 
sirve en todos los romances como simple relativo, 
precedido del artículo el, la cual; los, las cuales. 

PRONOMBRES INDEFINIDOS 

102. Sus GRANDES CAMBIOS. — Sí los pronom- 
bres anteriores conservan con relativa exactitud los 



152 

tipos latinos, en los indefinidos se perdió casi todo 
el caudal latino y se sustituyó por otro de formación 
nueva. 

i] Algunos se conservan en romance, como 
unus, 2mo; el neutro arcaico alid por aliud, antic. 
al. De omnis y totus subsiste sólo el segundo, 
todo; de alius y alter, sólo otro; de quidam y 
certus, ^(Ao cierto ; áQ nemo y nullus, sólo mí/, 
nnlla^ anticuado. 

2] En vez de él subsiste una formación romance 
nueva: nec unus, ninguno (§128 4), y también ho- 
mo natus: «non lo deve fazer omne nado,'» y luego 
(»non es nado que lo pueda fazer;» en vez de nihil 
se dijo res nata, nada; QvwQzáQ quisque se dijo 
cata usado en la Vulgata, (gr. xaTa) cada^ cadauno; 
en vez de quilibet, qualislibet, etc., se usaron 
los equivalentes quien ó quiqíiier (ant.), qualquier^ 
qual-se-quiera, etc.; el plural es quienesquiera, cuales- 
quiera, 

3] En cuanto á la flexión, vemos que en general 
la tienen igual á los adjetivos otro -a, -os -as; pero 
hay una tendencia á dotarla de las particulares ter- 
minaciones de la de los pronombres. Así, la -i final 
de qui, la -ien de qtiien y la -e de este, ese, se intro- 
dujeron en otri, nadi, y otre, misme, y otrien, alguien 
(por ^dignen), que se acentuó también alguien, nin~ 
guien, y aun fundiendo las dos terminaciones -i y -e 
se dijo otrie, nadie, todas envejecidas menos alguien 
y nadie. 



CAPITULO VII 

EL VERBO 

103. Comparación general de la conjuga- 
ción LATINA Y española. — La conjugación fué con- 
servada por el romance en muy buen estado, contras- 
tando con el olvido de la declinación. Mientras las de- 
sinencias casuales por su vaguedad (§ 74 ^) resulta- 
ron instrumento inservible en romance, las desinen- 
cias verbales, completamente claras y terminantes, 
se mantuvieron vivas. Entre am-abas y am- 
•emus hay una riqueza de diferencias precisas en 
las relaciones de modo, tiempo, número y persona 
que no permite confusión alguna; las desinencias 
-abas y-emus encerraban en latín, y siguen en- 
cerrando para los pueblos neo-latinos, una idea ab- 
solutamente clara, un sentido preciso, transportable 
á cualquier otro verbo de invención nueva. 

La conservación de la conjugación no fué, sin 
embargo, perfecta. El verbo latino, que ya represen- 
ta un estado empobrecido del verbo indo-europeo, 
pues carecía de la voz media, del modo optativo, 
del número dual, continuó empobreciéndose en latín 
vulgar, sustituyendo varias formas sintéticas por 
otras analíticas. Dejó perderse la voz pasiva entera, 
salvo el participio amatus (con el cual, unido al 
verbo esse, expresó las formas personales de la pa- 



154 
siva soy amado, etc.) De los tiempos perdió el futura 
indicativo amabo (sustituyéndolo por la perífrasis 
amar-he)] en el subjuntivo el imperfecto amarem 
(sustituido por el pluscuamperfecto), y el perfecto- 
ama vérim (sustituido por haya amado)] el infinitivo 
pasado amavisse (sustituido por haber amado); el 
participio futuro amaturus y los dos supinos ama- 
tum y amatu (que no reemplazó por una forma 
especial). Además se enriqueció con tiempos que en 
latín no existían, como he amado, hubiese amado,. 
amaría, habría amado. Todas estas perífrasis son de 
dos clases: una, muy numerosa, se forma con el 
participio pasivo del verbo y todos los tiempos de 
los auxiliares haber (activa) y ser (pasiva); otra se 
forma con el infinitivo del verbo y sólo el presente 
é imperfecto indic. del auxiliar haber, producienda 
el futuro y el condicional; estas dos últimas formas 
llegaron con el tiempo á constituir una síntesis gra- 
matical: amaré, amaría, semejante á la del futuro la- 
tino amabo, cuya característica -bo proviene del 
auxiliar fui. 

Las personas latinas se conservaron todas, salvo 
las 3.^^ de imperativo: amato, amanto (sustitui- 
das por el pres. subj. ame, amen), y las 2.^^ enfáticas: 
amato, amatóte. 

FONÉTICA VERBAL 

104. La fonética y la analogía.— El verbo 
se sujeta en general á las mismas leyes fonéticas que 
otra palabra cualquiera. Pero se comprende que las 
múltiples formas que reviste un mismo tema en la 



^55 
conjugación, estando unidas estrechamente entre sí- 
por la unidad esencial de significado, no pueden de- 
jar de influir unas sobre otras más fuertemente que 
dos palabras extrañas en su origen: así que la ana- 
logía (§ 71) es mucho más activa en la conjuga- 
ción que en ninguna otra parte del dominio grama- 
tical, y continuamente veremos formas que tuercen 
su desarrollo fonético para seguir la analogía con 
otras del mismo paradigma conjugable. El que ha- 
bla advierte en la conjugación un tema g^ue encierra 
la idea verbal y una desinencia que modifica esa 
idea con circunstancias de modo, tiempo y persona;, 
así que tiende á mirar el tema como invariable, pues 
invariable es la idea que expresa, y así unas veces la 
lengua conserva intactas las variaciones fonéticas de 
un tema como: sient-^s (sentís), sÍnt-a/«os ( sen- 
tí amus); otras veces busca la uniformidad como en 
vist-ís (vestís), Yist-nmos (véstiamus). Ame- 
nudo veremoscasos por el estilo. Como ejemplos nota- 
bles de creación de unas formas á imitación de otras, 
véase el de miuiir y henchir citados (§ io5 j.); el de 
honrar (§ 106 j); las variaciones del tema de presente 
(§ 112 etc.), ó las del tema verbal en general (§ io5); 
las mudanzas de acento (§ 106) ó de desinencia (§ 1075),- 
etc., etc. La acción analógica no se ejerce sólo entre 
las formas de un mismo paradigma latino: es fre- 
cuente el cambio de paradigma, ora total (§ iii), ora 
parcial, como en el cambio de forma de perfecto,, 
creándose los perfectos débiles en vez de los fuertes 
latinos (§ iig ,), ó asimilando unos perfectos fuer- 
tes á otros (§ 120 3), el gerundio al tema del perfec- 
to (§ ii5 3). 



156 
105. Diferencias entre el vocalismo de la 
'CONJUGACIÓN ir Y EL DE LA cr. — i] La Icngua hizo 
una diferencia profunda entre las conjugaciones -if 
y -&r. La vocal temática -e -o de la conjugación -er, 
fué sustraída á los cambios fonéticos que le imponía 
la yod, sea ésta propia de la flexión latina (§ 113), 
sea desarrollada en la flexión romance; salvo en par- 
te el verbo teneo (que hace tengo^ conforme al 
§ 10 -; pero teniendo contra el § 18 3), los demás no 
hacen caso alguno de la yod, que sólo es acatada 
.por los verbos en ir; así ver, deber ^ hacen veo video , 
debo debeo, contra el § 11 ,,, mientras medir lo 
-acata diciendo mido metió. Esto trae una dife- 
rencia radical para los verbos con tema de vocal e ú 
^o, según sigan la conjugación -er ó la -ir: los en -er 
no mudaron nunca su vocal, aunque el verbo en latín 
tuviese yod, mientras los en -ir inflexionaron su vo- 
cal siempre, lo mismo cuando el verbo tenía yod en 
latín, como en los ejemplos debeo, video, vé- 
nio, etc., que cuando no la tenía, como en com- 
peto, quaero, que tomaremos precisamente como 
ejemplos en el punto 2. La única excepción á esta 
doble regla la forman los perfectos fuertes y sus tiem 
pos afines, que adoptan una vocal suya propia inde- 
pendiente de la del resto del verbo; los de la con- 
jug. -er no hacen caso de la invariabilidad de la vo- 
cal e: así quaesit, quisiste, quisiese; y los de la con- 
jug. -ir no hacen caso de la inflexión: así viniste^ 
mnimos, viniera; esta excepción en su comienzo era 
sólo de los verbos que en el perfecto tenían i, como 
dixiste, misiste, y luego se extendió á los que tenían 
otras vocales, como quisiste, fiziste (§ 120 ^ fin y j.). 



157 
2] Tomemos aparte los verbos con vocal temáti- 
ca e. La diferencia se notará mejor en verbos igua- 
les con doble conjugación; el tema coincide en las- 
formas que carecen de yod etimológica ó analógica^- 
y divergen bajo la influencia de la yod. 

sin yod. 

-er I -ir 

competer,-petimos,-petí, | competir,-petimos,-petí^ 
querer, verter, | requerir, advertir. 



Con yod latina. 



competa, competamos, 
queramos, vertamos, 



compita compitamos, 
requiramos, advirtamos» 



Con yod romance (§ i8 o)- 



competió, competiendo, 
queriendo, vertió, ver- 
tiera. 



compitió, compitiendo, 
requiriendo, advirtiera. 



Según esto, ferviente, por su c (además de por siy 
/-), es un arcaísmo, resto de la conjugación fervev, 
perdida; mientras hirviente es la forma correspon- 
diente á la conjugación hervir. Como regla práctica 
puede darse ésta: las formas débiles (| io6) de Ioíí 
verbos en e,.,-ir^ tienen e ante una i acentuada, y 
en todos los demás casos la influencia de una yod les 
hace tomar vocal i; esta vocal domina, pero no atra- 
jo á sí las formas con e porque la disimilación ante í 
tónica lo impedía. Debe advertirse que los perfectos 
fuertes (| 120) se sustraen á esta inflexión así: vinis- 
te, vinimos, viniera. El imperfecto en la lengua anti- 
gua ofrecía yod é inflexión (| 117 J. 



Los verbos con & temática tenían en latín ée.í. 
Los que tenían i deben mantenerla en romance, ora 
tónica, ora átona (|| 12 y 19), y así tenemos vivo, 
vivimos, vivir ^ escribía^ escribir; pero como estos ver- 
bos son tan pocos, y los en e ofrecían tantas formas 
con ¿, tendían á confundirse, y dice re, frigére y 
ridere hicieron decir ^ decimos; freir, freí; reir, 
reiste; es decir, tomaron vocal e por disimilación 
ante toda i acentuada (| 66 ,, salvo en el perfecto 
fuerte dijimos, etc.), y conservaron su i en los de- 
más casos: digo^ frió, rieron, con lo que vinieron á 
coincidir con el paradigma de los verbos e...-ir; an- 
tiguamente se dijo también vevir y escrebir; pero es- 
tas formas analógicas no prosperaron sino entre el 
vulgo, que añade decedimos, ad- re-metir y otros. El 
caso contrario de verbos e..,-ir asimilados á la poco 
numerosa clase de los i.., -ir es naturalmente muy 
raro; no obstante, recípio, á pesar de su herma- 
no concebir hizo todas sus formas con /: recibir, re ■ 
cibimos^ recibiste \ 

3] Semejante diferencia encontramos entre los 
verbos o...-er y o. ..-ir; las formas verbales con yod, 
citadas en el número anterior, pueden compararse 
en los verbos recorrer y recurrir; y en igual caso es- 
tán coger, cojci, respecto del anticuado aragonés cu- 
llir, cMlla ó los arcaicos confonder, toller, respecto 
de coufVLndir^ tullir. Pero aquí se simplificó en extre- 
mo la diferencia: así como los verbos o..-er no alte- 



* Los verbos cultos imprimimos, dirigir, dividís, redi- 
miste, que en lalín tienen í, no son chocantes (véase pági- 
na 32. nota *). 



159 
ran nunca su vocal temática (salvo el extraño pudien- 
do, por influencia del perfecto fuerte pude, en vez del 
ant. y pop. podiendo), así tampoco los en o. ..-ir mu- 
daron de vocal, adoptando para todas sus formas u... 
-ir^ aunque no tuviesen yod en el paradigma latino, 
y lo mismo se dijo huímos que huyendo; dado que en 
estos verbos no había la razón de disimilación que 
alegamos respecto de los verbos e...-ir, se compren- 
de que las pocas formas con o sintieran la atracción 
de las formas con u. Pero esta uniformidad es mo- 
derna y el vulgo de muchas regiones conserva los 
arcaísmos ordir, compliste, cobría, etc. La lengua li- 
teraria conserva todavía tres verbos que mantienen 
la vocal o (ó ué) en las formas sin yod, y son: podrir 
(en camino de convertirse en pudrir), dormir y mo- 
rir (| 114 , ¿ y 2); mayor excepción constituye oir, 
que salvo en las formas muy arcaicas udades, iidi 
(ajustadas al § 114 , ¿,), nunca altera su o. 

Una vez que los verbos o.. -ir uniformaron su vo- 
cal en í/, coincidieron en su vocal temática con los 
verbos que tenían en latín ü, que en todas sus for- 
mas también habían de tener w, como addücere, 
aducir; sólo en la lengua antigua eran posibles el 
paso de estos verbos con ü al paradigma o.. -ir: ado- 
cir somir, zoiní (| 114 , ¿,); paso análogo al de decir , 
freír, reir. 

106. Acento del verbo. — Para abreviar, apli- 
cando caprichosamente dos términos de la gramáti- 
ca alemana, llamaremos formas verbales fuertes 
las que tienen el acento en el tema {ama, dije), y 
DÉBILES las que lo tienen en la terminación {amd^ 
.mes, anidba). 



1 6o 

i] El acento latino se conserva en general; así, 
salvo la reformación de algunos verbos compuestos 
de prefijo (| 6 3), los verbos que tienen esdrújulas 
las formas fuertes perdieron su postónica interna: 
recupero, recobro; col locas, cuelgas; vindi- 
cant, vengan; vigílat, vela; cólli(g)at, coja; 
tempera, templa \ Es de notar que estas formas 
fuertes tenían á veces en latín acento movible á cau- 
sa de la yod de derivación, y el romance uniformó 
el lugar del acento, ora prescindiendo de la yod 
(|ii3 J:apério hizo a6fo, uniformándose con apé- 
ris, abres; apérit, abre; é igual copérío, co- 
péris,' cíí^ro -^s; repaenitéo, -paenites, arre- 
piento -es; ora tomando por norma las formas con yod: 
recípio, recibo, sirvió de norma á recipis, recibes; 
recütio, recudo^ influyó sobre re cutis, recudes. 
2] Algún verbo rehizo sus formas fuertes en vis- 
ta del infinitivo y demás formas débiles; así ho- 
norare, honorabant, honrar, honraba, etc., sir- 
vieron para formar honro, honren, etc., que no salen 
de honoro, honorent. El substantivo estiércol 
impidió la pérdida de la protónica en stercórare, 
estercolar (| 24 -), y sobre este infinitivo se rehicie- 
ron las formas fuertes stercóro, estercolo, 3int.es- 
ter cuelo. 

* Como así quedan todas estas formas siempre llanas 
en el verbo castellano, los verbos cultos dislocaron el acen- 
to latino para hacer llanas las formas latinas esdrújulas re- 
cupero, coloco, vigila y otros muchos, como s ú p p 1 i c o , 
imagino, fructí-, amplí-, notí-fico, de- 
término, hábito, arrogo, ággrego, ele- 
vo, íntimo. 



i6i 

3] Los verbos en -iar conservan el acento lati- 
no en el tema: abbrévío, abrevio; allevio, ali- 
vio; cambio, cambio; copio, envidio ^ codicio^ ajusti- 
cio, aprecio, espacias, concilia, rabio; rumígo, ru- 
mio; litigo, lidio; pero del infinitivo -iár se sacó 
una forma sin diptongo, acentuando ío, á imitación 
de los verbos en -car que hacen éo, y como pasear, 
paseo, se dijo de vaciar, vacío ']unto á vacio (ésta es la 
acentuación clásica), ansio junto á ansio (ambas 
acentuaciones en Espronceda), vidria (así Becquer, 
etc.) junto á vidria (acentuación hoy corriente), con 
lo cual se hace resaltar más la derivación verbal ,^ 
diferenciando fuertemente el verbo del nombre que 
le sirve de base: yo auxilio, auxilio, reconcilio; él 
se gloría, glorio r; formas que en el lenguaje lite- 
rario todavía admiten hoy el diptongo átono {auxi- 
lias, reconcilian), con otras que no admiten sino el 
acento en la /: z;ano, vario; amplío, amplio; con- 
trario, él expatría, historia, inventarío, aunque coinci- 
da con el del nombre: enfría, espía, envía, inviat 
(astur. íimbia). Los verbos -ear tenían etimológica- 
mente -éo, señoreo, falseo (| I25 ge )» y á ellos se amol- 
daron otros de diferente origen, como fumigo, hu- 
meo; delineo, delineo. Este, sin embargo, á causa 
de linea se dice también delinea, alíniense, junto á 
alinéense (aunque los gramáticos tachan esta acen- 
tuación como incorrecta); la vacilación entre -ear é 
-iar es vieja: el Poema del Cid, en vez de cambiar, 
dice camear, y el vulgo de todas partes la continúa^ 
prefiriendo -iar: en Asturias, trapiar, trápia, estro" 
pia, pero al contrario cambear; en Colombia, Chile,^ 
la Argentina, etc., golpiar, gahpiar^ rastriar, pera 



102 

también abundan los casos contrarios: copeas (por cJ- 
pias)^ agravio^ aprecio ^ congracéan, rucear = rociar. 
4] En cuanto á la acentuación de las formas 
verbales en particular, hay que observar: — a) Las 
personas Nos, Vos, tienen generalmente acento di- 
ferente que las otras cuatro y conservan la diferen- 
cia en romance el Pres. ind., subj. é imp.; pero en 
cuatro tiempos lo uniforman, retrayendo el acento: 
Imperfec. iNDic: amabamus, amabátis, era- 
mus, eratis, se acentuaron donde amant, 
erant, diciendo: amábamos, amabais, éramos, erais. 
Pluscuamperf. indic: amaveramus, -vera- 
tis, fueramus, fueratis, amáramos, fuerais. 
Pluscuamperf. subj.: amavissemus, -visse- 
tis, vidissétis, amaseis., viésemos. FuT. subj.: 
amaverimus, veneritis, amáremos, viniereis. — 
bj La mayoría de los perfectos fuertes se uniforma- 
ron con los débiles ó normales (| 119 ,), quitando el 
acento del tema: j ácui se hizo yació, á amitación de 
partió. Y aun en los perfectos fuertes conservados se 
conservaron sólo en el singular (Yo, El); pero amol- 
daron el plural (Nos, Ellos) al de los perfectos débi- 
les, asi como los tiempos afines al perfecto (§ 120 ,). 
— cj La conjugación -ere se perdió en masa, uni- 
formando su acento sobre el de la -ere, tanto en el 
infinitivo (| lio), como en Nos, Vos, Pres. indic, y 
Vos, imperat.; asi vendimus, venditis, v en- 
dite se acentuaron, como vi de mus, -etis, -ete; 
vendemos, vendéis^ vended. El único resto de la con- 
jugación -ere lo ofrecen en español tres verbos: 
fác(é)re, fer; fác(í)mus, femos; ik c(i)ii^, fe- 
ches; fac(i)te, fech; vá(di)mus, vamos; va(di)- 



163 

lis, vades; trahíte, tred, todas anticuadas menos 
vamos, vais. — dj Para el imperfecto indic. en la Edad 
Media 3iCQntua.do ponicn (| 117 2). 

107. Las desinencias. — El latín tiene tres cla- 
ses de desinencias verbales: unas generales, otras 
propias del imperativo y otras del perfecto indic. 

i] Desinencias generales: — Yo, -m, que se pier-? 
de (| 62 ,), ó ninguna desinencia. — Tu, -3, conser- 
vada hasta hoy (| 62 «). — El, -t, perdida (| 62 ,), 
pero que todavía aparece alguna vez escrita en los 
primeros monumentos: sientet, facet^ si bien parece 
simple recuerdo de la ortografía latina; además de 
la -t se puede perder la e que la precede en la con- 
jugación -er, -ir y según el punto 4. — Nos, -mus, 
-mos; en Ribagorza -n, cantan, cantaban^ poden; para 
algún cambio de acento, v. | 106 ^ ad la -s final de 
-uws se pierde al unirse al pronombre enclítico nos^ 
vámcnos, salímonos, y lo mismo en el perfecto hizí- 
m'onos. — Vos, -tis, ant. -des y mod. -is (| 28 ,), por 
pérdida de la -d- entre vocales (| 41 .), ocurrida en 
dos épocas diferentes. En virtud del | 106 ^ c» lasfor* 
nías esdrújulas de esta persona en la conjug. -ere, 
v e n d í t i s , vcndédes, desaparecieron; pero se crearon 
otras según el | 106 ^ « (amüíií/^s, amdrades, amdse- 
des, amáredcs)^ y su suerte fué diversa: en el siglo xiil 
conservaban su -d- lo mismo las formas llanas, 
amades, favedcs, que las esdrújulas a?«a6a£/^s, /dría- 
des; en el siglo xv las formas llanas perdían la -d-^ 
anides -ais, -ds, sues -ois -os, queréis -és, decís; pero 
no las esdrújulas, que mantuvieron la £Í hasta bien 
entrado el siglo xvii, en que Cervantes, Lope, Que- 
védo y Tirs*^ todavía prefieren aniibades, hiibiessedes^ 



164 

mientras Villegas en las Eróticas, 1618, olvida la 
dental. En aragonés antiguo se perdió la e^ tanto en 
las formas llanas comoesdrújulas,y se hizo podiaí^ = 
podiades, forma conservada hoy en Sobrarbe y R¡- 
bagorza: podez = podedes; cantaban = cantábades. 
— Ellos, -nt, -«, sólo en muy antiguos manuscritos 
sabenif dant, 

2] Desinencias del imperativo. — Tu, sin ningu- 
na. — Vos, -te, 'd (véase | ii5 ., y io3 fin); la -d anti- 
guamente podía escribirse t: andat, sabet. También se 
pierde en ciertas regiones (| 63 ,, nota), y esa pérdida 
estuvo de moda entre nuestros clásicos: anda, hazé^ 
subí; como hoy, por ejemplo, en la Argentina: amá^ 
pone, y en la lengua literaria ante el enclítico -05, an- 
daos^ salios. En leonés antiguo conserva la -e dade, 
fazede, salide, y moderno dai^ facei, saliy como en 
portugués. 

3] Del perfecto. — Yo, -i, -e. — Tu, -sti, -ste. 
Como esta desinencia no lleva la -s que caracteriza 
á la desinencia general, vino á añadírsele, diciendo 
el vulgo de todas partes tomaste-s^ dijiste-s; ya hay 
ejemplos de esta práctica vulgar en el siglo xviii 
(Cañizares, 1676-1750), y debe ser más antigua, 
pues también dicen cogites por cogiste los judíos 
de Oriente salidos de España á principios de la 
Edad Moderna. — El, -t, perdida; en un manuscrito 
del siglo XI se halla cadiot = cayó. — Nos, -mus, 
-mos, para un cambio de acento (| 106 ^ 5). — Vos, 
-Stis, -sies; hasta el siglo xvii sólo se decía amastes; 
pero se quiso uniformar esta desinencia con la gene- 
ral y, 6 se la proveyó de la dental de amdssedes, etc.. 
-diciendo distedes, tendencia que no arraigó, ó se la 



i65 

proveyó del diptongo de amáis, diciendo amcíbays: 
esta forma se acepta ya en el paradigma de una 
Gramática de i555, aunque en las Novelas Ejempla- 
res de Cervantes, i6i3, aparece sólo una vez: hizis- 
teis; Calderón todavía usa -tes, pero luego se gene- 
ralizó -teis. — Ellos, -runt, -ron. 

4] En las desinencias verbales aparece á veces 
-e final latina que debe perderse tras t, d, s, z, y, n, I 
(| 28 j), y se pierde, en efecto, cuando alguna dees- 
tas consonantes es propia, no del tema, sino de la 
desinencia, es decir, de todos los verbos, lo cual suce- 
de en los infinitivos: amare, a w¿ir, y Vos imperati- 
vo, ama- te, amad, Pero cuando esa consonante 
aparece en el tema, esto es, en unos pocos de verbos sí, 
y en todos los demás no, entonces la lengua vacila y 
propende á conservar la -e para uniformar la termi- 
nación de todos los verbos; esto sucede en Vos im- 
perativo de las conjug. -er^ -ir^ donde pierden la -e: 
«al i, sal, val, vale; pon, ten, ven, haz, restos moder- 
nos de las más abundantes formas arcaicas />/¿ = pi- 
de; promed = promete; descend = desciende; fier = 
hiere; ast. cues = cose, ofrez, los cuales conservan su e 
como la mayoría que no podía perderla: corre, cum- 
ple, inche, etc. Otro caso en que la pérdida de la -e final 
latina es eventual por depender de la naturaleza de 
ia consonante del tema, es en la persona Yo de los 
Peif. Fuertes y Tu de todos los Perf , que antigua- 
mente eran piid, pus, quis, vin, fiz, dix, trox = tra- 
je; adiix, of = ove (| 120 J; pris = prise ó prendí, y 
salvesi = salvaste; fíist = fuiste; prometist, recebist, 
etc.; esta segunda persona no era admisible en espa- 
ñol moderno (que rechaza -st final, | 63), ni en la pri- 



i66 

mera podrían admitir la apócope stipCf cupe y otros^ 
ni modernamente hube; así que la uniformación se 
impuso, conservando siempre la -e. En el caso de -c 
final romance, en que había una -m ó -t final latina, 
el español moderno nunca pierde la -e (| 28 -); pero 
antiguamente se podía perder, siendo éstos los casos: 
el Pres. indic. de los verbos -er^ -ir: faz, plaz, me- 
rez, suelf sal, pon, fien, vien, quier, pued, todas, me- 
nos la última, usuales hoy en asturiano; así comx> 
ios, cues =: cose. Yo El, Pres. subj. de los verbos 
-ar: pech, pes, perdón = perdone; muy rara. Yo El, 
Pluscuamperf. subj.: dixies, fablas, tan corriente 
como dixiese, etc., usual hoy en asturiano. Yo El, 
subj.: mandar, vinier, quisier, usuales también en 
asturiano. 

EL INFINITIVO Y LAS CONJUGACIONES 

108. Forma del infinitivo. — La -e final se 
pierde (| 63 J. Alguna vez que aparece como en 
alaudare, mirare, etc., no es debida á la etimología, 
sino á una paragoge posterior usual en la poesía an- 
tigua ó en las montañas de León y Ribagorza. La r 
ñnal en algunos dialectos desaparece (andaluz, alto 
aragonés), y en otros se asimila al pronombre per- 
sonal /- S-: vedallo, marchasse. Sólo merece notarse 
que la asimilación cogella, etc., no muy abundante 
en la Edad Media, se puso ¡de moda en la corte de 
Carlos V por predilección de Garcilaso, y aunque la 
desecharon los secretarios de Felipe II, continuaron 
asándola los poetas durante todo el siglo xvn. 

109. CoNjUGACJ|ÓN -are. — De las cuatro conju- 



i67 

gaciones latinas la en -are era la más rica, y lo 
continúa siendo, con mucho, en romance. No se en- 
riqueció con verbos de las otras conjugaciones lati- 
nas, de las cuales permanece aislada, salvo en raros 
casos comunes á los romances, como torrére, tu* 
rrar ; minuére, menguar; móllire, mojar; me- 
jére, mear; fidére, fiar^ comp. (| 124) *; pero en 
ella ingresaron los verbos de origen germánico: 
trotten, //'oíar; wítan , guiar {^2A\o \o^ termina- 
dos en -jan que van á la conj. en -ir, alguno con 
duplicado en -ccer: róstjan, rostir; warjan, gua- 
rir ^ guarecer; *warnjan, guarnir, guarnecer; véan- 
se los verbos citados, | 4 ,), y según ella se forma- 
ron y se siguen formando cuantos verbos nuevos 
crea la lengua: todos los sufijos derivativos son de 
esta conjug. salvo uno: -scere (| 125). Es la con- 
jugación fecunda por excelencia, 

110. Conjugaciones -ere y ere.— Ya el latín 
vacilaba en algunos verbos fervere, olere, ful- 
ge re, stridere, y varios romances ofrecen el 
paso de -ere á -ere en sapére, cadére, capé- 
re, potére (por posse); pero el latín vulgar de 
España (salvo en Cataluña) verificó la fusión com- 
pleta de las dos conjugaciones, olvidando la -ere: co- 
rrer^ leer^ romper , verter. Sobre algún resto de la con- 
jugación -ere, el infinitivo /^r, etc., v. | 106 ^ c Esta 
conjugación no ha adquirido verbos de las otras (sal- 



• El cm\io prosternar está influido, no sólo por cons- 
ternare, forma accesoria de conste mere, sino por 
postrar^ queá su vez está sacado del participio pr o st ra - 
lus de prostérnere. 



i68 

vo un raro caso, como tussire, toser), y sí ha per- 
dido muchos que pasaron en corto número á la -are 
y en abundancia á la -iré; no se presta á ninguna 
formación nueva más que con el sufijo - s c e r e 
(I 125 ,), por el cual únicamente podemos considerar 
á la conjugación -ere como dotada de fecundidad, 
considerable en el período primitivo del idioma, aun- 
que casi ninguna hoy. 

111. La conjugación -iré es la segunda en 
riqueza después de la -are. Como se distingue por 
llevar yod en el pres. indic. yo y nosotros, y en todo 
«1 imperf. indic. y pres. subj., se atrajo aquellos ver- 
bos en -ere que llevaban esa misma yod; la identi- 
dad de fugio con sen ti o hizo que ya los autores 
latinos ofreciesen ejemplos de la confusión fu gire 
en vez de fugére, cupire en vez de cupére. 
pariré en vez de parére, moriri en vez de morí, 
por donde los romances dicen huiy, parir, morir, 
y el español dice sacudir por succütio -ere, reci- 
bir por recipére, concebir (otros, como capio, 
sapio, los conserva en -er). Además, pues la ^ en 
hiato sonaba en latín vulgar como yod, podían tam- 
bién confundirse con sentio los verbos en -ere; 
como ejemplos antiguos, comunes á varios roman- 
ces, pueden citarse repaeniteo, arrepentir; lu- 
ceo, lucir; putreo, podrir; compleo, cumplir; 
impleo, cnchir, y el español añade otros varios, 
como rideo, reir; moneo, inuñir, etc. Sin la se- 
mejanza de la yod pasan otros verbos á la conjuga- 
ción -iré, como exconspuere, escupir; sequi, 
seguir; suf ferré, sufrir; dicére, decir; pe té re, 
pedir. En otros casos la lengua vaciló entre las for- 



i6g 

mas -er é -ir; por ejemplo, recorrer y recurrir; herver 
(en el Diccionario de Nebrija, y vulgar en España y 
América) y hervir (literario); decender y decendir (am- 
bos en Nebrija); cerner, verter (literarios), y cernir, 
vertir (vulgares en América); combater, tollerj render, 
eñader , cofoiider (anticuados), y combatir ^ tullir, 
rendir, añadir^ confundir (modernos); coger, tener, 
querer, atrever (literarios), y cullir, teñir, queri(r) , 
atrebi{r) (aragonés ant. y mod.) ' (véase § io5 « y 5). 
Además, esta conjugación se apropió algunos verbos 
de origen germánico (§ 109). Pero todos estos au- 
mentos los recibió en el período primitivo del idioma, 
y después quedó como conjugación enteramente esté- 
ril para la producción de nuevos verbos. 

Sobre las particularidades de su vocalismo, véa- 
se el I io5. 

EL PRESENTE 

112. Temas terminados en gutural. — i] 
En los verbos -ar el subjuntivo ofrece á la gutural 
condiciones diversas que el indicativo, ya que éste 
la hace seguir de a y aquél de e; en el subjuntivo, 
pues, la gutural debiera palatalizarse (| 34), pero no 
lo hace por influencia del indicativo: llegue, pague ^ 
llague, y lo mismo en los verbos cultos: aplaque, etc. 

* Los verbos cultos convierten generalmente la conju- 
gación ere en ir, como fingir, regir, restringir, aJU- 
gir; no obstante, tenemos competer (aunque junto á com- 
petir, repetir), compeler, ejercer, ant. también exercir; 
por su significado más vulgar parecen populares so-, cO', 
re-meter, frente á di-, ad-, re-mitir cultos. 



170 

2] En los verbos -evy -ir, el subjuntivo ofrece 
en contacto con la gutural una -a; pero no todo el 
indicativo ofrece -e -i, sino que la persona yo ofrece 
también vocal posterior -o, sirviendo de apoyo al 
subjuntivo; así que á causa de este mayor equilibrio 
se mantuvo la variedad fonética digo diga dices, ha- 
gan hacen, nazco naces; lo mismo aducir y semejan- 
tes (v. punto 3). No obstante, hay casos de unifor- 
mación en que también cede el subjuntivo: coq(u)o 
hacía antiguamente ctiego^ cueces, pero luego se uni- 
formó cuezo, cueces, y los verbos en -ngo, que ha- 
cían antes plango plañes, tango tañes, cingo ciñes, cos- 
tringo, etc., hacen hoy plaño ^ taño, ciño, costriño, 
fraño *. 

3] Los incoativos hacían antes etimológicamen- 
te na-sco, niere-sces, luego -seo, -ees, y después la c 
(ó z) entró en lugar de la s para asemejar ambas ter- 
minaciones, diciéndose -zco, -ees. Esta conjugación 
se extendió por analogía á otros verbos en -cer que 
en latín no llevaban sufijo incoativo, como yacer,, 
yazco (ant. yago), yaces, complazca, mezca (así desde 
el Fuero Juzgo hasta Lope y Hermosilla; hoy se 
generaliza nieza)^ y lo que es más raro, verbos en 
'Ucir, como a- con- tra- re-diizco (ant. adugo), re- des- 
luzca, que sobre no tener sufijo incoativo, no siguen 
la conjugación -er, 

112 bis. Verbos cuyo tema tiene coy otros 



« Los verbos cultos no tienen ñ: restrinjo, finjo (popu- 
lar heñir), unjo. El infinitivo sirve de base para todo el ver- 
bo como en los verbos con gutural simple: elijo, colija^ 
exija, rijamos. 



ANALÓGICOS.— i] El presente tiene nueve formas 
fuertes (yo, tú, él, ellos, del Pres. indic. y subj., y tú 
del Imperat), mientras las siete restantes son débi- 
les. Esta mudanza del acento no tiene importancia 
cuando la vocal del tema es a, é í, i, o ú, ü, pues 
éstas igual sonido tienen cuando acentuadas (cas- 
tigo, castigo), que cuando potónicas (castiga- 
mus, castigamos); pero cuando el verbo lleva é ó 
habrá de tener ie ue en las nueve formas fuertes 
(tentó, tiento, y lo mismo téntas, téntat, tén- 
tant; téntem, téntes, téntet, téntent; tén- 
ta), y e o en las siete débiles (téntamus, tenia» 
mas, téntatis; téntemus, téntetis; téntate; 
téntantem, téntandum). En igual caso están 
trémulo, tiemblo; re-paenites ', arrepientes; 
crépo, 3Lnt. criebo, mod. quiebro, quiero^ enciendo^ 
vierto; c ó 11 ó c o , cuelgo; decollo, degüello; f o 1 1 1 - 
co, huelgo, ruego, suelo, cuento, y todos los demás 
verbos con é ó. 

2] Pero esto no es absolutamente regular. Las 
siete formas débiles sin diptongo y todos los otros 
tiempos de la conjugación influyeron sobre las nue- 
ve formas con diptongo para que lo perdieran: ex- 
pendo se decía en la Edad Media espiendo, esplen- 
des, espiende, espendemos, espendedes, y las ultimas- 
formas atrajeron las primeras, y hoy se dice espen- 
do, espendes; lo mismo sucedió con praesto pries^ 
to, integro entriego, mórat muera, confór- 
tat confuerta. En el siglo xvi se decía todavía vie- 



* Esta es la ortografía de los mejores manuscritos lati- 
nos, no poenitet, y la apoya la fonética española. 



172 

da vétat, tiempla témperat, aniega nécat, 
arriedro ad-rétro, pretiendo, hoy desusados, y 
siempre se decía atiesta, derrueca, que hoy tienden á 
suprimir el diptongo. En aterrar quieren los gramá- 
ticos hacer una distinción entre atierro en sentido 
•de echar por tierra, y aterro en el metafórico de 
consternar, creyendo, sin duda, que en esta segunda 
acepción el verbo se deriva de terror. Siempre se 
dijo tornan, compran, etc. Sólo dialectalmente se ha- 
lla respuendo en Asturias, suerbo en Asturias y Amé- 
dca, avientan en Salamanca. El literario avenían es 
-chocante contra el número siguiente. 

3] El caso contrario de que las nueve formas con 
•diptongo influyan sobre toda la conjugación es, na- 
turalmente, más raro. Sólo se pueden señalar ejem- 
plos de verbos derivados de un nombre con dipton- 
go, la forma del cual está presente á la memoria del 
que pronuncia el verbo; así, el substantivo diezmo 6 
el adjetivo grueso influyen para que se diga diezmar^ 
engruesar, y de igual modo deshuesar, amueblar \ 
adiestrar^ entiesar, cuyas formas sin diptongo se van 
desusando, y el vulgo añade otros muchos: empuer^ 
car, regüeldar, meritndar, y nunca se dice sino avie- 
jar, ahuecar, por ser de formación posterior á los an- 
tes citados. Fuera de este caso de verbos de origen 
nominal, el leonés y aragonés antiguos ofrecen bas- 
tantes ejemplos, como emiendar, tiengades, ruega- 
mos, etc.; en la lengua literaria se puede señalar 
uno: levare en la Edad Media se conjugaba etimo- 

« Adviértase que mueble lleva diptongo, derivando de 
móvilis por influencia del verbo moveo. 



173 
lógicamente liévOy liéva^^ liéva, levamos, ¡evades; ly- 
se pronunció //- y se extendió á todo el verbo: llevo, 
llevamos, llevar. 

4] La abundancia de los verbos de doble forma, 
con y sin diptongo, atrajo á sí á otros que no tenian< 
en su tema é ni ó. En la Edad Media se usaban las 
formas etimológicas sembra7i, seminant; pensa, 
pénsat, al lado de las analógicas siembrajt^ piensa; 
en el siglo xvi era usual frega, fricat, y hoy día 
se usa plega, rep-, desp-, plícat, juntamente con 
friega, pliega. Así se introdujeron también riega 
jiieva, que en latín tienen í, y cmla, cuesta, consiie' 
la, muestra, que tienen o. En los dialectos hay más 
ejemplos: ciieso, cueseSy co(n)suo, se usa en Astu- 
rias y América; en Buenos Aires y Montevideo es 
general el diptongo para los verbos en o: ruempa, 
Ineses^ duebla, 

113. Presentes con yod derivativa. — Mu- 
chos presentes de las conjugaciones -ere, -iré, 
ofrecen una yod en las personas Yo pres. indic, y en 
las seis del pres. subjuntivo; esta mezcla de formas, 
con yod y sin ella, trae complicaciones en el desarro- 
llo que no existen en los verbos en -are, ya que 
en éstos, si se ofrece la yod, es uniformemente en 
toda la conjugación como parte del tema y no como 
elemento flexional; se comprende la diferencia de 
doleo doles, y al-lineo al-lineas, calceo 
-eas, malleo -eas, lanceo -eas, spolio -ias. 

En el resultado fonético de la yod derivativa de- 
ben considerarse tres casos: 

i] Si el tema acaba en las consonantes conti- 
nuas -ny -ly, en vez de resultar -ñ -j (§ 53 5, J 



174 
'<que sólo se ve en el aislado moneo, muño), se ba- 
cila -ng -Ig, pues queriéndose conservar la -n ó -/ 
que aparece en todas las demás formas sin yod, se 
modelaron sobre los verbos en -ngo, como plango, 
/>/íí7l^s(| 112 2), diciéndose téneo tengo, tenes tie- 
nes, vengo, y analógico, aunque sin yod latina, ^ow^^o. 
A imitación de los verbos en n se hicieron los en /: 
valgo, salga^ junto á los ant. valo, sala, á los que 
primitivamente se añadió sudgo sueles, tuelgo ttie- 
lies, y uno en r: fievgo fieres. Se vino á añadir tam- 
bién un verbo en -s: asir (problamente del germánico 
sazjan), que hasta el siglo xvi era aso ases, y hoy 
es asgo ases. Estos verbos con -g en las siete for- 
mas con yod tuvieron fuerza para asimilarse otros 
del núm. 2 y 3 de este párrafo, según diremos. 

2] Si el tema acaba en explosiva sonora -[- yod. 
resulta -y, que se pierde cuando la precede e- 6 i- 
(1 53 3): *cadéo (vulgar "cadere, por cadére), 
ant. cayo; '^cades, cades, caes; video, ant. veyo, 
mod. veo; vides, vedes, vees, ves; sedeam, seya, 
mod. sea; rideo, riyo, rio; rides, ríes; audio, 
ant. oyo; a u d i s , ant. odes; h a b e a m , haya 
(| 53 ,); y analógicos vadam, vaya; rado, rayo; 
radis, raes; rodat, roya; rodis, roes; "trago, 
ant. trayo; *tragis, traes; credo, ant. creyó. — 
Este estado primitivo sufrió dos alteraciones prin- 
cipales. El verbo oír propagó la j' á otras formas 
(véase abajo J; en fugio, el segundo verbo, don- 
de vemos lajy en todo él, puede tenerse por etimo- 
lógica fugis, huyes (| 43 ,), y por analogía de éste 
todos los verbos cultos en -ZííV, destrúere, destru- 
ye; de-, re-stítuére, destituyes; d is -, con-. 



175 
at-tribuére, contribuyen; in-, ex-, re-, con-cluyes, 
■arguye; in-, re-fluir, disminuir. — Varios verbos to- 
maron la g de los del núm. i de este párrafo; en el 
siglo XVI aún se decía cayo, caes; trayo, oyó; y luego 
se generalizó caigo, caes; traigo, traes; oigo, oyes, y 
junto á rayo se dice raigo, y aunque no son hoy usa- 
dos deben recordarse otros presentes en -ay y los en 
-uy, que nuestros clásicos hacían alguna vez haiga, 
vaiga, huiga, destruigo, restiiuigo; el vulgo sigue aún 
usando los tres primeros y añaden otros, por ejem- 
plo en Bogotá: creiga, leiga, reiga = ría. 

3] En tres casos en que el tema acaba en explo- 
siva sorda -I- yod, ésta se atrae á la sílaba anterior 
cap i o ^'caypo, quepo (v. | 9 ,, y para la conserva- 
ción de la sorda tras el diptongo ay, comp, lo di- 
cho | 47 J, capis cabes, sapiat sepa^ sapit sabe, 
placea t plega, placet place. Este último des- 
acuerda de los dos anteriores en debilitar la sorda; 
además, estando aislado entre los terminados en -c 
(v. núm. 4 de este párrafo), y usándose frecuente- 
mente unido á otro subjuntivo de la conjugación 
-ar, «que pese ó que plega,» se dijo á veces que ple- 
gué, sin que nunca haya existido un verbo aplegar 
con sentido de placer ó agradar. — Los verbos en -c 
siguieron más generalmente otro camino, asimilán- 
dose á los del núm. i en tomar la g; la alternancia 
de consonante ^n yago^ yaces (núm. 4), provocó la 
mezcla de ambas en yazgo, y lo mismo en plazgo: 
coquo da cuego; coquis, cueces; luego, nuestros 
clásicos dijeron á veces cuezgo, cueces. Igual conduz- 
i^o, conduces, adiLzgo, reduzga, usado por Cervantes 
V hasta no hace mucho. 



176 

4] Falta aún advertir que gran porción de los 
verbos -ere, -iré, perdieron su yod derivativa por 
influencia de las muchas formas que carecían de 
ella. Ya en latín existían férvo, ólo (romance 
hiervo, huelo), de la conjugación -ere, junto á las 
formas corrientes de la conjug. -ere \ Ejemplos de 
temas acabados en consonante continua: d o 1 e o ^ 
duelo (ant. también dolgades); soleo, suelo (leonés 
suelgo), y todos los en -r: ferio, hiero (ant. fiergo); 
3.pério, abro; parió, paro. Ejemplos con explosiva 
sonora: debeo, debo; móveo, muevo; ardeo, ardo. 
En los temas de explosiva sorda debe notarse que los 
en 'f nunca modifican ésta á causa de la yod, aunque 
esa yod influya en la vocal temática: recütio, re- 
cudo; metior, mido; foeteo, Jiiedo; partió, par- 
to; véstio , visto; s é n t i o , siento; paeniteo^ 
arrepiento; méntio, miento, y que los en -c tam- 
poco, así: fac(i)o jac(e)o hago yago, facis ja- 
ces haces yaces ^ confundiéndose con el paradigma 
dico dicis. — La yod contada ó no para la unifor- 
mación de acento (| 106 ,). 

5J Mucho más raro es el caso contrario de uni- 
formación del paradigma generalizando la yod á to- 
das las formas: m ó n e a m u s , muñamos, mimo y 
etc., sirven para formar todo el verbo muñir; en 
igual caso esiáenchir, citado (| 63 ,); audio, ant.- 
oyo, oya^ Qtc, propagaron la. y á las otras formas: 
oyes (en vez de audis, odes^ '^oes), oye, menos cuan- 
do sigue otra i; para esto había también el apoyo 



• Los verbos cultos pierden también la yod: p e r s u a 
d e o , persuado; nutrió, nutro. 



177 
del gerundio oyendo y del perfecto oyó. En cuanto á 
huir y sus afines, véase arriba punto 2. 

114. Influencia de la yod derivativa en la 
VOCAL de los verbos EN -íf. — Según la fonética, la 
yod debe obscurecer la vocal precedente, sea tónica 
ó átona; pero ya sabemos que esto sólo sucede en los 
verbos -ir^ no en los -er (| io5, con la excepción de 
oir). Veamos los pormenores de la inriuencia de la 
yod; en los ejemplos que á continuación se pondrán 
van muchos que no tienen yod en latín, ó que la per- 
dieron en latín vulgar (| ii3 J, en los cuales señala- 
remos expresamente las formas como analógicas sólo 
en cuanto á la vocal temática, no en cuanto á la yod. 

i] Según la fonética, eí y oü bajo la influencia 
de la yod deben hacerse i y n, tanto cuando son tó- 
nicas (II II j, 14 3), como cuando átonas (|| 18 2, 
20 j). Pero las siete formas del presente con yod (yo 
indic. y todo el subj.), atrajeron á sí en más ó me- 
nos número las cinco formas sin yod, viniendo aqué- 
llas á tomarse como características de la conjug. -¿r, 
á diferencia de la -er, 

a) En el caso de vocal temática e í la atracción 
analógica fué sólo de las formas fuertes; que, pues en 
la conjug. -ar y -er eran todas iguales {tiento, -ízs, -a^ 
•an, tentamos), se igualaron también en la -ir; las dé- 
biles llevaban una i tónica, que impidió por disimila- 
ción el cambio de la e protónica en i. Así tenemos en 
indicativo: metió, mido; métis, *m^igs, y analógi- 
ca mides; metit, *mede^ mide; metimus, medi- 
mos; métitis, medís; *metent (| ii5 ,), *meden, 
miden; el subjuntivo todo con yod: métiam, mida, 
-íís, -a^ -amos y etc.; en igual caso están cíngére, cmo, 

12 



178 

ciñes, ceñimos; tinge re, tino; fingere, hiño; rin- 
gére, nwo; concipére, concibo. A este paradigma 
se afiliaron analógicamente muchos verbos con é y 
algunos con i; los de é acaso por reducción del dip- 
tongo ie á ¿, y por coincidir en nos y vos con los de éi: 
[hiramos = midamos, 1 18 ^.herimos = medimos), coin- 
cidencia, que pudo servir de base á la asimilación; se- 
gún ella, servio, que en leonés y aragonés se conju- 
gaba como herir (núm. 2 de este pá.rYSifo) , siervo sier- 
ves servimos, sierva sirvamos, vino en castellano á asi- 
milarse á medir, y lo mismo véstio, visto; peto, 
des-f ex'y pido (dialectal antiguo viesten^ pteden); in- 
véstio, embisto; detéro, erére, derrito; séquor, 
con-, pro-, per-sigo; *rendo (réddo, influido por 
prendo), rendir; ingrédio, ^/jo^no '. Algunos ver- 
bos con i, que la debieran mantener tanto tónica 
como protónica, se asimilaron á éstos por una disi- 
milación de la i protónica ante í acentuada: dico, 
digo; d i c i m u s , decimos ; f r i g o , freimos ; r i d e o , 
-ere, reimos; véase | io5 2, para otros verbos arcai- 
cos y vulgares, vevimos, etc., y para el caso contrario 
de recibimos contra concebimos. 

bj En el caso de o ü sólo pütreo guarda hoy 
entera analogía con los verbos de e í, haciendo ^zí- 
dro pudres podrimos; antes era general este para- 
digma (y se decía foid, sobimos, complides); pero ya 
desde los tiempos primeros del idioma viene mar- 



* Y los verbos cultos e I Tg o , e/i/'o, colijo, corrí jOy y 
de é: r c g o , rijo; g 5 m o , gimo; competo, compi- 
to, repito. El habla vulgar añade á éstos también el verbo 
hervir y que hace hirvo, hirve, hervimos. 



179 
■candóse la tendencia, que hoy triunfó completa- 
mente, de generalizar la imitación del vocalismo de 
las formas con yod, no sólo á las formas fuertes, 
«ino á todas, uniformando en absoluto su conjuga- 
ción: fügio, liuyo; fügis, huyes, y además fügi- 
mus, huimos (ant. foimos); huís (ant. foides)^ etc.; 
en igual caso están los demás: ordio, urdimos; 
recútio, a-, sa-, re-ciidís ; confundo, confundís; 
«xcürro, ¿s -, in-, re^currir; sübeo, subimos; * su- 
frió (por süfféro), sufrimos; bul lio, bullís *. 
Esta conjugación, uniforme en sus vocales, atrajo á sí 
á los verbos con ó, como móllio, mullimos; có- 
perio, cubrís; moneo, muñís; excónspuo, es- 
cupís; cómpleo, cumplimos; abhórreo, aburrís. 
Todos estos verbos, uniformando en la conjugación 
su vocal en 7¿, se confundieron con los verbos que 
tenían ü, la cual había de permanecer inalterable 
siempre, como addüco, adugo; addücimus, 
ndiicimos; mugió, mujimos; la lengua antigua co- 
nocía también cambios entre la conjugación de los 
verbos con ü y oú, y á semejanza de complimos de- 
cía adocimos; pero la lengua moderna desechó siem- 
pre la o, y aun la única excepción, podrir, se va 
usando mucho pudrir, y más aún repudrir. 

2] Bajo la influencia de la yod, é y ó no se dip- 
tongan cuando tónicas (|| 10 3, "i3 5), y se reducen 
á i y u cuando átonas (|| 18 ^, 20 j). De hecho, los 
verbos en é y ó (salvo la única excepción de vén ¡o, 
que cumple la primera de estas leyes y no la según - 



* Y los verbos cultos, como ü n g c r e . ungimos; r es- 
t ú c r e , restituís (comp. pág, 33, nota *). 



i8o 

da, para amoldarse á su gemelo el verbo en -er, té^ 
neo, y hace vengo, vienes, venga, vengamos), todos- 
cumplen únicamente con la segunda ley, por ser co- 
mún con los verbos del paradigma mido, y para, no 
cumpliendo la primera ley, conseguir la igualdad de 
las formas fuertes, que también había conseguido- 
por otro medio el paradigma mido. 

Así tenemos, enteramente paralelos^ siento, con 
alternancia ié tónica, e átona: midOf con alternancia i 
tónica, e átona, y ambos con i átona en nos vo& 
subjuntivo: 



Indic. 



Sub. 



séntio 


asiento (por 


* sentó) 


mido 


sentís 


sientes 




^ mides 


séntit 


siente 




t mide 


séntimus 


sentimos 




medimos 


séntitis 


sentís 




medís 


*séntent 


sienten 




"^ miden 


séntiam 


\ sienta 




mida 



séntiamus sintamos midamos 



Siguen el paradigma siento otros verbos con éi 
con- re- presentir; m en tío, mienta, mintamos; re- 
paeniteo, arrepiento; ferio, hiero, ad- za-herir,. 
re- pre- pro- trans- con-ferir^ con- ad- contro-vertir, 
hervir, requerir; pero muchos se pasaron en todo al 
tan semejante paradigma mido, según se dice en el 
núm. I, a, de este párrafo, y losen o se pasaron to- 
dos al paradigma huyo (núm. i, ¿>), salvo dos solos- 
que permanecieron con diptongo, como siento, y son; 
dórmio, duermo, duermes, dormimos, duerma, dur- 
mamos, y mório, muero. Antiguamente había al- 



I8l 

gún otro; en leonés y aragonés se decía cuehre, co- 
perire; nuezen, nócére. 

3] La -i final de la persona Tu del imperativo 
de los verbos -ir produce inflexión igual á la de la 
yod (II 10 5, II ,), y en realidad esa persona Tu 
tomó igual vocal que la Yo Pres. indic: mide, huye, 
siente, duerme, ven. Como el verbo -er, temer es en 
todo igual á venir, hizo un imperativo ien, cual si 
derivase de *téni, en vez de téne. 

115. Los PARADIGMAS. — i] He aquí el del Pre- 
sente de indicativo *: 

canto canto ti meo temo dórmio duermo 

-as emitas -es temes -is duermes 

-at canta -et teme -it duerme 

-amus cantamos -emus tememos -imus dormimos 

— atis ^^"*'''^" -etis ^'""^^ — itis ^'"'"'^^" 

cantáis teméis dormís 

cantas temes, temls 

-ant cantan -ent temen *dÓrment duermen 

Para tím(e)o, § ii3 ^. La pérdida de la conjug. 
ere hace que Nos y Vos de esta conjug. se acen- 
túen, como en -ere (| io6 ^ J- Además, en Ellos, 
vendunt es suplantado por venden; el latín vulgar 
de España, al contrario de la generalidad de los ro- 
mances que usan la terminación -unt olvidando 
-ent, introdujo ésta también en la conjug -iré en 
vez de -iunt. Para la persona Vos recuérdese el 

* En los cuadros de paradigmas que seguirán, marco 
con letra del tipo ordinario las formas modernas; en tipo 
chico las arcaicas, dialectales ó vulgares, y con una t las 
analógicas. 



l82 

S 107 ,; como contracciones vulgares de esta perso- 
na Vos pueden señalarse presumas, acordás, sabésr 
usadas en el siglo xv-xvi y hoy en la Argentina, y 
vis, comis, queris de que se señalan ejemplos en Ara- 
gón y Chile; esta última no es una asimilación á la 
conjug. -ir, porque también se ofrece en el -eis del 
subjuntivo -ar: jiintís. 
2] Presente subjuntivo: 

cantem cante timeam tema dórmiam duerma 

-es cantes -eas temas -ias duermas 

-et cante -eat tema -iat duerma 

-émus cantemos -eámus temamos -iamus durmamos 

-etis c^"^'^" — eatis ^*""^^" — iatis 4m^"^'^^^ 

cantéis temáis armáis 

cantes, cantís 

-ent canten -eant teman -iant duerman 

Las formas débiles Nos Vos se uniforman con las- 
fuertes en Andalucía y Bogotá, diciendo en las con- 
jugaciones -er, -ir: tengáis, dyais, veamos, veáis, va- 
yamos, vayáis, 

3] Imperativo (Véase § 107 ^ y 114 .): 

canta canta time teme dórmi duerme 
cántate cantad tímete temed dormite dormid 

cantJt temé dormí 

Para ven díte igualado á tim ete (| 106 ^c); para 
saly pon, etc. (v. § 107 4). Es de notar que haz no de- 
riva del literario fac, sino del arcaico face; délos 
imperativos latinos acabados en -c sólo se conserva 
dic, di; antiguamente el imperativo de aducir evA 
«ííw, que responde á addüc. Antiguamente los pro* 



i83 
nombres nos y le se fundían con Vos imperativo me- 
diante metátesis: dandos, yudos = idnos; daldas, de" 
zildes, valelde, metátesis que con nos se desusó ya 
en el siglo xiv; con le se usaba aún en el período 
clásico; con {v)os en la Edad Media se decía indis- 
tintamente vsnidvos 6 venidos; en la época clásica se 
usa esta segunda forma, y -ios, que es la moderna. 

4] El Gerundio y Participio presente tienen igual 
vocal tónica y protónica: cantandum cantando, ti- 
me n d u m temiendo, dormiendum durmiendo; 
cantante m cantante, timéntem temiente, dor- 
miéntem durmiente. 

En Aragón el gerundio tiende á seguir el tema 
del perfecto: supiendo, hiciendo, dijendo, quisiendo. 

La -e del participio se perdía en la Edad Media: 
dormient, 'amanezient, y después envolvién, andan, 
hazién; formas éstas muy usadas por los judíos es- 
pañoles, y de las cuales admite el idioma literario 
recién, como adverbio. 

116. Presentes irregulares. — i] El verbo 
esse tomó algunas de sus formas de sedere. In- 
dicativo: — i.^, sum, yo son^ rara (§62 ,), sustituida 
por so, usada aún algo en el siglo xvi, en que la 
reemplaza soy (comp. doy, estoy, voy); — 2.^, es fué 
en leonés y aragonés yes; pero el castellano tomó ex- 
trañamente el futuro eris, eres (| 73); — 3.^ é^i, ye, 
en leonés y aragonés; pero en castellano no dipton- 
ga como voz empleada átona, es; — 4.'^ súmus, so- 
mos. Según Suetonio, Augusto pronunciaba simus, 
de donde el vulgar sernos; — 5.'\ éstis desdice de la 
4.* y 6.^ y se uniformó á ellas haciendo *sutis, ant. 
sodes, mod. sois; — 6.^, súnt, son. 



i84 

Subjuntivo. El clásico sim, sis, y el arcaico 
siem, sies, se perdieron en todo el territorio ro- 
mance, donde se dijo *siam, que en España sólo 
vivió en Aragjón: sia, sias, sia. En Castilla se empleó 
sédeam, ant. seya, y sea, seas, etc. 

Imperativo. También es, éste, dejaron su pues- 
to á sede, se; sédete, ant. seed, luego s^íí. 

Gerundio. Falta á esse^ y se dijo sédéndum, 
seyendo; luego, siendo. 

2] Ha be re tenía antiguamente formas deriva- 
das del clásico habes (no de la i.* babeo) habet: 
ave (§ 41 ,) aves avernos avedes aven. Pero prevalecie- 
ron otras derivadas de una contracción que en latín 
vulgar sufría este verbo para facilitar su frecuente 
uso como auxiliar; en ella se conserva la vocal acen- 
tuada y la desinencia: i.% haio, heo 6 hey, anti- 
cuadas, y he;— 2"^, has, has,-— 3.^, hat, ha, y uni- 
do al adverbio y resulta el hay impersonal; — 4.^, 
(hab)emus, hemos; — 5/\ ( h a b ) e t i s , hedes, 
heis; — 6.^^ hant, han. Estas formas son las que 
prevalecieron, duplicando la 4.^ con habernos, y reser- 
vando la 5.^ para el empleo como^uxiliar [amar-eis, 
y clásico heis de estar, etc.), poniendo en su lugar 
habéis para los demás casos. 

Subjuntivo. El clásico habeam se refleja clara- 
mente en el dialectal asturiano eha, ebas, etc. La 
contracción vulgar hajam, -s, -t, es la que produjo 
la forma corriente haya, hayas, etc. | 53 j. 

Imperativo: habe, ave, usado aún por nuestros 
clásicos; h abete, habed, poco usado hoy. 

3] Sapére no debe citarse sino por Yo Indic. 
Lo mismo que c a p i a m quepa , s a p i a m hace 



1 85 
sepa (conservada la j^ tras el dipt. ai, comp. | 47 5)» 
y como quepo capio, debiera ser "^'sepo, de sapio; 
pero en los romances esta persona se hizo igual que 
Ja del verbo haber ^ y como he, se dijo se (port. hei, 
sei; catal. hé, sé; ital. su, ho; franc. ai, sais). Dia- 
lectalmente se dice sabo por analogía con sabes, sa- 
ben, etc. 

4] Daré y stare hacían en vulgar Yo Indic. 
*dao, *stao (provenz. dau, estau), de donde el as- 
turiano don, estóu; castell. ant. do, esto, usadas aún 
en el siglo xvi en que las reemplazan doy, estoy 
^comp. soy, voy). — Junto al subjuntivo clásico dem 
des dét (ésta arcaica por el clás. dét), que pro- 
duce dé des de demos, esté, etc.; existió en vulgar 
•'deam, *steam, que produce el leonés día, es- 
iia, cuya vocal i (| 117 ,, fin) se mudó por la de de, 
jesté para ser en asturiano dea, estea. 

5] Iré fué sustituido casi enteramente por va- 
lere, (salvo actualmente id, yendo, ir). El pre- 
sente indic. éo no dejó más rastro que imus, itis, 
ant. irnos, ides, aún algo usados en el período clási- 
co, pero hoy dialectales (astur. y imus, yidis; aragonés 
2W, is, I 107 ,). La flexión completa la posee " vao, 
asturiano vou, castellano vo, sustituido en el siglo xvi 
por voy (comp. soy, doy)) 2/, *vas, vas; 3.*, ^vat, 
s^íi; 4.*, *vamus (§ 106 ^ c), vamos; 5.", *vat¡s, 
vades, vais; 6.*, *vant (por vadunt), van. 

Subjuntivo: eam se perdió; vadam dio el ana- 
lógico vaya (| ii3 ,) ó el etimológico arcaico y raro 
vaa, vaas, vaamos, etc., que en la lengua común se 
usó sólo en las personas 4.* y 5.", «hacedme merced 
que os vais, » y aun hoy en frases optativas vamos! 



i86 

Imperativo: i se perdió; Hq id — vade reducida 
á *vae, ve; vadite, perdido. 

Gerundio: eundum trocó su arcaica terminaciór^ 
-undu (repetudae, gerundae, oriundus...), por la co- 
rriente -endu, ^ÍQuáum, yendo. Se perdió va- 
dendum. 

EL IMPERFECTO 

117. Su FORMACIÓN Y PARADIGMAS. — El sub- 
juntivo amarem se sustituyó por el pluscuamper- 
fecto (§ io3). Veamos sólo el indicativo: 

i] En latín clásico los verbos -are tenían su im- 
perfecto con la terminación -aba-; los -ere y -ere 
con -eba-, y los -iré con -ieba-, que el latín arcaico- 
y vulgar hacia -iba-, hallándose hasta en Ovidio y 
Catulo audibat. El romance conservó la b de 
-aba-, escrito hasta el siglo xvii -ana (| 41 ^); en 
las otras conjugaciones la -6- subsiste en limitadas- 
regiones: püdeba, teneha, dormihay en Sobrarbe y Ri • 
bagorza; veniban, traiva, en Salamanca; en generad 
-e(b)a-, i(b)a-, se confundieron en /a- (como vía, 
vía, comp. § 10 „ fin). 

2] Este -ia- se conservaba hasta hoy. Pero en la 
Edad Media se convertía en -ie-, salvo en la Pers. Yo, 
que mantuvo generalmente -ia-. Ese -ie- llevaba eti- 
mológicamente el acento en la i, y aún perdía la -e 
final, diciéndose aví, teñí, trai; esto era raro, siendo 
más común deshacer el hiato formando un diptonga 
con trasposición de acento: tenién, comién, vinién, 
consonante de bien. Estas formas dominaron en el 
siglo XIII, pero ya en el xiv perdían terreno; no obs- 



187 

tante, se usaban algo aún en el siglo xvi, en que ha- 
zien era un defecto de pronunciación «con que Ios- 
toledanos ensucian y ofuscan la polideza y claridad 
de la lengua castellana,» al decir del zamorano Doc- 
tor Villalobos. 

3] He aquí los paradigmas (para el acento de 
Nos y Vos, véase el § 106 4 a): 



-Slbam cantava 

cantaba 


-e(b)am temía 

temebn 


-i(b)am dormía 

dormita 


—abas cantauas 

cantabas 


-ebas temías 

te mies 


-ibas dormías 

durmies 


— abat cantaua 

cantaba 


-ebat temía 

temie, temí 


-ibat dormía 

dtinnie 


■abamUS cantáuamos 

cantábamos 


-ebamus -tamos 

temiemos 


-ibámus -íamos 

dttnniemos 


-abatis cantauades 

cantabais 


-ebátis temíais 

temiedes 


-ibátis dormíais- 

durmiedes 


-abant cantauan 

cantaban 


-ebant temían 

temien 


-ibant dormían 

diirmien 



Nótese que hoy el tema del imperfecto es igual al 
de las formas débiles del Pres. Indic. (Pers. Nos y 
Vos); pero antiguamente en los verbos -ir de vocat 
temática o 6 e, á causa de su diptougo ie, sufría in- 
flexión, de modo que su tema era igual que el de 
las mismas formas débiles del Pres. Subj.: sirvien, 
diciemos, murien, y lo mismo con -ia-: reqniria, sir- 
via (| 105 ,). La terminación -ia- era un monosílaba 
aun para los poetas del siglo xvi, como se ve en el en- 
decasílabo de Garcilaso, «que me haviades de ser en- 
algún dia,» ó en el de Francisco de Figueroa, «quan- 
do en mi libertad vivía seguro,» y aun en el octosí- 
labo de Tirso, «esto que havia de humillarme.» 



'i88 

4] Imperfectos irregulares. Un verbo en -ir con- 
-serva su b en el imperfecto: ibam, iba -as, etc. El 
imperfecto éram tampoco diptonga su vocal (como 
•en Tú, Él, Pres. Indic, § 116 ^), era -as, etc., salvo 
-en leonés y aragonés: yeya, y eras. Habere, como 
auxiliar de un infinitivo para formar el condicional 
'(| 123 ,), conserva sólo su vocal acentuada y la ter- 
minación (hab)e(b)am (§ 116 ^),ía, ias,ía, tamos, 
iades ó íais, tan, anticuado ía, ies^ íe ó i, iemos, etc. 

el perfecto y tiempos afines 

118. Perfecto de las conjugaciones -ere 
-IRÉ. — i] La forma latina ordinaria -avi fué olvi- 
dada en vulgar, el cual contrajo en una las dos si- 
labas de esa terminación, como ya hacía á veces el 
Jatín literario. En éste era muy frecuente la contrac- 
ción cuando -av era protónica (Tú, Vos, Ellos), pre- 
firiendo acentuar uniformemente la a: amavi, ama- 
■*(vi)sti, amavit, amavimus, ama(vi)stis, ama(ve)runt. 
Pero, aunque rara vez, también las formas Yo, El, 
Nos, perdían su y.* Yo, pro b ai, en inscripciones; 
El se contraía en las inscripciones, ora -ait ó -aut, 
prevaleciendo en latín vulgar -aut, que ya se halla 
en las inscripciones de Pompeya; Nos, enarra- 
mus, señalado en Terencio; mutamus, en Pro- 
percio. En los tiempos análogos al perfecto las con- 
tracciones literarias son también vulgares. 

2] Los perfectos en -i vi usaban más contrac- 
xiiones en el latín literario, ya que junto á i vi tenía 
las dos formas Yo -i i, Él -iit, en las cuales hay que 
advertir que aunque los poetas miraban como breve 



iSg 

la primera i, por la regla de «vocal ante vocal se- 
abrevia,» contando áudii, dórmíit, esta regla es 
sólo para los efectos de la métrica^ mientras en pro- 
sa esa i seguía larga como antes de hacerse la con- 
tracción, pronunciándose audii, acentuado audíi. 
El latín vulgar sustituyó la contracción El audiit 
por audiut, y al lado de Ellos audierunt hizo 
*audirunt; por lo demás conservó las literarias 
Yo audii, Tú audisti, Vos audistis, y dijo 
Nos audimus ó audiímus. En los tiempos aná- 
logos al perfecto las formas españolas reposan sobre 
las contracciones del latín literario audieram, 
audiissem, audiero. 

3] Asi tenemos los paradigmas del latín pa- 
pular: 



cantal 



cante 



cantasti \ cantaste 

canteste -esti -est 
t cantastes 

cantaut cantó 
cantamus cantamos 

-\ cantemos 

cantastis ^««'«^^f, , , 
t cantasteis 

1; cantésteis 

cantarunt cantaron 

t cantaron 
\cantoren 



dormii 
dormisti 

*dormiut 
dormimus 

ó dormiimUS durmiemos 



dormí 
dormiste 

áormht -istí 
t dormistes 

durmió 
dormimos 



dormistis 

ó dormiístis 

dormierunt 
ó dormirunt 



dormistes 

'\ dormisteis 

durtniestes 

durmieron 

dormirán 
t durmioron 
t durmieren 



Para Tú cantastes y Vos cantasteis § 107 3; para 
El durmió §§ io5 3 y 6 ,. Para las apócopes cantest^. 
etc. § 107 4 y lo mismo para los paradigmas que si- 
guen: cantas{e), cartar(e). 



igo 

Pluscuamperfecto indicativo: 

€antaram cantara dormiéram durmiera 
ó *dormiram dormirá 

cantaras cantaras dormiéras durmieras 

ó * dormirás dormirás 

Pluscuamperfecto subjuntivo (Imperfecto en ro- 
mance): 

cantassem cantasse-as -ase dormiisem dunmesse -ies -tese 

ó dormiSSem dormisse 

cantasses cantasses -ases dormiísses durmiesses -ieses 

Ó*dormÍSSeS dormisses 

Futuro subjuntivo: 

cántaro cántaro dormiérO durmiero 

t cantare -ar t durmiere -ier 

cantaris cantares dormíeris durmieres 

dorndres 

4] El Perfecto Tú canteste, que domina en el si- 
glo XIII, lo mismo en textos leoneses que castellanos 
que aragoneses, debe explicarse como etimológico 
de - as ti con a tónica hecha e á causa de la i final 
(comp. § II j), más bien que como analógico con e 
tónica tomada de la persona Yo; se conserva aún en 
Asturias y Santander; luego se sustituyó por -aste 
para uniformar la vocal con las demás personas del 
plural y tiempos afines al perfecto. O al revés, se 
propagó la é al plural Nos levantemos, alcontremos, Vos 
bajésteis, usadas en leonés, y -emos general al vulgo 
de las dos Castillas. Subiemos, perdiemoSy se conser- 
A^a aún en Asturias. Ellos con ó, ió tónica es analó- 



gico de la persona Él; se halla en textos aragoneses 
phgoron, estahlecioren, y más abundante en leonés 
gnioron, cobrioron, pedioron, y hoy en el Alto Aragón 
se dice puyoron, contoron (Ansó), dioren, dicioren 
(Bielsa), y en Asturias y Salamanca subsiste echo- 
ren, mudoren, salioren; la e final es analógica de la 
desinencia general (echen, salen, saliesen, etc.), como 
en el asturiano oriental de Ribadesella, que dice 
echaren, gastaren, prendieren. 

5] En la conjugación -ir es especialmente leone- 
sa antigua la -i en vez de -ie- en los tiempos afines 
al perfecto y en Ellos del Perfecto: feriron, bastiron, 
servirá, oirá, acreclranios, morisse, sentiren, veucires. 

6] En el Futuro Subjuntivo la persona Yo con -o 
final etimológica fué usada en los siglos xii á xiv: 
fallaro, tomaro, pndiero, sopiero, junto á las formas 
en -r ó -re que luego prevalecieron completamente. 
En leonés se sincopaban las formas esdiújulas Nos, 
Vos: pecarmos, parardes, destroírmos, comirdes, qtn- 
siermos, podierdes; el castellano aceptaba antes la 
síncopa de Vos, como advierte Nebrija: v]por amare - 
des, leiéredes, oiéredes, dezimos ama? des, leierdes, 
oierdes.» En algunas regiones esta síncopa debe re- 
montarse á época muy remota, pues se halla obier- 
tes, prisiertes, quisiertes, finarles en Oña, Arguedas, 
etc., tratando rt como grupo latino (§ 64 ,). 

119. PÉRDIDAS SUFRIDAS POR EL PERFECTO 
FUERTE DE LAS DOS CONJUGACIONES -ERE. CREA- 
CIÓN DE UN PERFECTO DÉBIL PARA LA CONJUGACIÓN 

-ER. — i] En el perfecto hay que distinguir dos cla- 
ses: una que entre el tema y la desinencia pone la 
vocal a ó i propia de los verbos derivados, esto es, 



192 

de los verbos -a-re, -i-re, que acabamos de exami^ 
nar, los cuales á causa de esa vocal derivativa tie- 
nen acentuación débil en todas sus formas (am-a- 
vi, am-avímus); otra propia de los verbos primiti- 
tivos de la conjugación -ere, que, careciendo de vo^ 
cal derivativa, tienen en latín las personas Yo, Él, 
Nos, Ellos, con acentuación fuerte (dix-i, dix í- 
mus). También los verbos -ere mantenían la primi- 
tiva forma fuerte del perfecto: flor ui, dol-ui, ten-ui, 
momordi, movi, etc.; algunos como ferb-ui conserva- 
ban fuera del perfecto al lado de la flexión débil ere 
una completa flexión ere (§ iio). Los pocos que en 
el perfecto adoptaron vocal de unión, como impl-e-v¿ 
(este se hizo en romance verbo -íV), su-e-vi, qui e-vi, 
no pasaron á los idiomas modernos. Así los verbos 
-ere ere no ofrecían á las lenguas romances un per- 
fecto débil análogo á -a-vi, -i-vi, y los romances, eD 
su tendencia á la uniformación de los paradigmas, die- 
ron á los verbos -er el perfecto débil de los •/;' (ten- 
dencia que ya apunta á latín, por ejemplo: sapére, 
sapivi, junto á sapui; cupére, cupivi; capes- 
sére, capessivi; comp. § m), y por cecidi dijo el 
español cflj'ó, y por timui, valui, dijo temió, va- 
lío, más ejemplos en el § 120 , á 5), y lo mismo en los 
tiempos afines, temiera, valiere, etc. En el § 120 se 
verá también cómo el español antiguo conservaba 
aún muchos perfectos fuertes que la tendencia uni- 
formadora hizo perder en el español moderno. 

2] El único rastro de un perfecto -evit lo ofre- 
ce el leonés en la persona El únicamente: metéo, 
vendéo, escoyéo, conoscéo, que subsisten hoy en astu- 
riano: metéu, rompego, nacego. 



193 

120. Perfectos fuertes conservados en es- 
pañol. — i] El perfecto fuerte latino, no sólo do- 
mina en las conjugaciones -ere, «ere, sino que se 
conserva aún en varios verbos -iré, como salui, 
aperui, cooperui, sensi, veni, y en varios en 
-are, como fricui, tonui, vetui, etc. Este gran 
arraigo del perfecto fuerte hizo que se mantuviese 
aún en romances como el español que perdió toda 
la flexión fuerte -ere (§ 10.6 ^ c). Pero se mantu- 
vo con mucha pérdida, pues la mayoría de los ver- 
bos rehicieron un perfecto débil, como va dicho en el 
párrafo anterior; y en los pocos conservados, si bien 
el latín tenía débiles sólo las personas Tú Vos, los 
romances hicieron débil también Nos diximus, y 
el español escogió la forma débil de Ellos, que en 
latín tenía doble acentuación, dixérunt y dixe- 
runt, ó mejor dicho, tomó esta forma de los per- 
fectos débiles en -z>, domierunt; además, se per- 
dió la acentuación fuerte de todos los tiempos afines 
al perfecto dixéram, dixéro, etc. En resumen, 
quedan como únicas formas fuertes Yo y Él Perf. 
Indic; El con o final analógica de las débiles: di- 
xit, dixOf pues *dixe se confundiría con Yo (con 
la excepción única de fué); el plural del perfecto y 
todos los tiempos afines fueron uniformados al para- 
digma de los verbos ir. 

3] Ningún perfecto fuerte de la conjugación -are 
se conservó en español, que dice fregué, vedé, etc.; 
ya en latín la mayoría tenían, al lado de la forma 
fuerte, una débil: crepui increpa vi, secui exse- 
cavi, domui domavi, sonui sonavi, implicui 
implicavi. No pertenecen á la conjugación -are los 

13 



194 
dos verbos daré y stare, cuya a es radical, y sus 
dos perfectos fuertes subsistieron: 

dédi die, diey, di {% lo f,) 

dédisti *deiste (§ II 2), diste 

dédit diéo, dio (comp. Dios, § 10 a)- 

El plural y tiempos afines idénticos al paradigma 
débil de los verbos -ir, y en vez de dédimus, 
*deemos, * deestes, *deeron, se dijo diemos 6 dimos, 
diestes ó distes disteis, dieron; diese, diera, Stéti 
dio antiguamente un resultado semejante: estide, es- 
tidiste, estiedo estido, estidieinos, etc. — Como estos 
dos verbos hacen su infinitivo en -ar atrajeron á 
unos cuantos acabados en -dar ó -tar^ como andar 
andide, demandar demandit (| 107 4), catar catido, 
entrar entridiere. Todos perdidos hoy menos dio. 

Dedi y steti son los únicos perfectos con redu- 
plicación que dejaron descendencia. Todos los de- 
más: vendídi, momordi, totondi, tetendi, pependi, 
fefelli, cucurri, cecídi, etc., rehicieron un perfecto 
débil. 

3] Los perfectos en -id son los ordinarios de los 
verbos ere y se perdieron en gran cantidad: timui, 
salui, ferbui, cooperui, aperui...; hasta los conserva- 
dos en otros varios romances, como dolui, debui, va- 
lui, parui, se hicieron débiles en español, lengua que 
con el portugués son particularmente refractarias á la 
flexión fuerte. Sólo dejaron descendencia habui, 
sapui (á pesar que el latín tenía también el débil 
sapivi), *capui (por cepi de capio), jacú i, pla- 
cui, *traxui (por traxi, de trabo), — potui, pó- 
sui, cognovui (por -o vi, de cognosco). De estos 



195 
verbos los que tienen vocal temática a la hacen o por 
atracción de Ja u postónica (| 9 -), ove, sope, cope, 
jogue, plogne, tyoxe, y los que la tienen o, al mez- 
clarse con la u la hacen /;: pude, puse^ connvo. Los 
verbos con e se asimilaron' ora á OVo, ora á ^ud^, 
«egún su consonante final fuese z> ó í/, y *crevui (por 
crevi, de cresco) dio cro^e, crovo; tribuit, atrovo; 
*cre(d)uit (por credídi, de credo), crovo, crovie- 
ron; se(d)ui (porsedi, de sedere), sovo; te(n)ui, 
iOYoót}x6.iere; "stetuit (junto ástetit), ora ¿5/OV0, 
ora est\xá.o, como andovo ó andudo. La mezcla de 
las dos vocales o y u y la tendencia de la lengua mo- 
derna por la H protónica (^| 16, 20 ,), trajeron la 
uniformación de la misma en u; modernamente se 
"dijo hube, supiste^ plugo, cupimos, trujiste (antic. y 
dialect.); iuvieron, estuviera, anduviese, de.igual modo 
que pude y puse. Los otros se sustituyeron por las 
formas débiles j'íící, conociste, creció, atrevimos, creís- 
teis. 

4] Los perfectos en -si se perdieron también en 
gran número; -ere: arsi, torsi; -éte: planxi, junxi, 
strinxi, sumpsi, rexi, erexi, direxi, finxi, y los que se 
conservaron no resistieron mucho, olvidándose casi 
todos en la época moderna del idioma. Hasta ahora 
duran díxi, dixe, dije; düxi, a- con- re-duje; tra- 
xi, traje; *quaesi (por quaesii, de quaero), quise. 
Pero hoy se sustituyeron por débiles los perfectos 
fuertes antiguos: requisiemos, hoy requerimos; con- 
quiso (de conquerir, hoy conquistar); mi si, mise, 
metí; risit, riso, rió; remansit, r^m^íso (hoy in- 
coativo, remaneció); destrüxit, destruxo, destru- 
yó; cinxit, cinxo , ciñó; tinxit, tinxo , tiñó; 



196 

scripsit, escriso, escribió; cóxit, coxo, coxiere, co- 
ció; *tanxit (por tetígit), tanxo, tañó; "füxit, (por 
fugi),/íí^o, huyó; *presit {[)or prtnáii), priso, apri- 
sa, prendió; *dispesjt (por dispendit), despiso, 
comp. expendió; *resposit (por respondit), repuso^ 
respondió; éste se conservó hasta hoy con la forma 
repuse (comp. repuesta por resp.), que se creyó del 
verbo reponer: «podrá decirse eso, pero es fácil repo- 
ner que...» Como la mayoría de los verbos tenían 
ü ó i temática, se asimilaron á é[\os prise, quise y re- 
puse (| io5 ,). — Aparte debe citarse vixit, que dio 
un perfecto fuerte culto, trastocando la doble conso- 
nante X en se: visque^ visquiste, visco, etc.; á seme- 
janza de éste también se dijo nasco, jiasqiciesies, etc. 
5] De los perfectos con inflexión vocálica se salva- 
ron menos; legi, vérti, fregi, sedi, vici, rüpi, recepi^ 
etc., se perdieron; sólo cuatro se transmitieron á los^ 
romances y esos subsisten en el español moderno. El 
resultado fonético de feci qs fize (§ 11 .J el de fe- 
cisti ts feziste, fecit fezo, y en Tplur.f ezinws ó fizie- 
mos (§18 ^)j fezistes 6 fiziesíeSf fizieron; pero en el mis- 
mo siglo XII se practicaba ya la uniformación fizist, 
fizo (§ io5 ,), que rige hoy hice, hiciste, hiciesse, etc^ 
En igual caso está veni, que al lado del etimológico 
vin, venist, veno, viniemos, tuvo ya desde los más an- 
tiguos tiempos las formas analógicas viniste, vino. 
Por su i no tuvo estas vacilaciones: vidi, vide (con- 
servado hoy en el habla vulgar) vid, de donde el mo- 
derno vi^ vidisti, viste; vidit, vido (hoy vulgar) 
vio (en los textos antiguos consonante de río), y mo- 
derno vio (§ 5 2), viemos ó vimos ^ etc. En fin: fui 
ofrece un desarrollo complicado porque supone dos 



197 

•etimologías; al lado de la forma literaria existía otra 
contracta vulgar; ambas, salvo en la persona Yo, 
llevaban vocal breve inexplicada: 

fui Júe, fui, fué (vulgar en Astur., Salamanca y Bogotá), fui 

fúíSti /ím/^ (§ II g), t/««'« fÚSti /«sí(«), ast. t /osít 
fúit /<ií, /«, filé fÜt /o, leonés ast. /o>^ 

fúimUS fnemos, ^fuimOS {ümUS fotnos, f f untos 

füístis fuestes, ffuisteS fústis fostes, f fustes 

füérunt fueron fürunt foron, t/< 



furon 



Todas estas formas existían en la lengua antigua 
y hoy se conservan dialectalmente; las formas ana- 
lógicas obedecen á la uniformidad de la vocal, que 
Ja lengua literaria en tiempo de Nebrija lograba 
así: fue f ueste fue fueinos fuestes fueron; pero para el 
triunfo del paradigma moderno se tuvo en cuenta el 
perfecto ordinario tejnt temimos temisteis temieron. 
En los tiempos afines existían las tres formas: fuera, 
fora, fura; fuesse, fosse, fusse, etc.; pero prevalecie- 
ron naturalmente las formas con e por ser las eti- 
mológicas y contar con la analogía de los verbos -er 
'ir: temiera, etc. 

EL PARTICIPIO PASADO 

121. El participio débil. — i] Para el parti- 
cipio pasado de los verbos -ar -ir se siguen los tipos 
Jatinos: 

cant-atum canteado dorm-itum dorm-ido 

Estos tipos se aplican hoy sin confusión alguna 
«ntre sí; pero en textos del siglo xiii ó xiv se hallan. 



198 

algunos verbos -ar con partic. -ido, robido, amodorn- 
da, desmaido, y en ast. oriental subsiste condenüc . 
por condenado; comp. lat. domare domítus, cre- 
pítum, y en Varón dolitus por dolatus. Tam- 
bién para los verbos -ar hay un participio sin sufijo, 
muy común en italiano y no desconocido en el es- 
pañol dialectal: en Asturias se dice «está /a^o, » los 
judíos de Oriente canso, en ant. arag. «el día era 
nubloso hasta el clásico Francisco de Figueroa es- 
cribe: «mi esperan 9a ha seca, i sin vigor dexado,»- 
aunque quizá por itaiianismo. — Sólo hay que adver- 
tir que en el habla vulgar se pierde la -d- en -ao 
-aa, -io -ia, y lo mismo en los plurales; pero el ha- 
bla culta sólo la pierde en -ao -aos; la razón es que 
estando la lengua baja y extendida para pronunciar 
a, y teniendo que elevarse de atrás y retirarse para 
pronunciar la vocal posterior o, esquiva la elevación 
de adelante que exige la d, mientras esa elevación 
anterior no dificulta la pronunciación de otra a si- 
guiente -ada; en cuanto á -ido también es más fácil 
que -ado, pues la i es vocal que se pronuncia con 
elevación anterior muy próxima á la que exige la d^ 
2] Como en el perfecto, los verbos -ere care- 
cían de la correspondiente forma débil de participio- 
-etum; los pocos verbos que lo tenían se perdieron 
en romance: implétum (impleo pasó á verbo -ir), flé- 
tum, deletum, quietum (sólo vive adjetivado quedo), 
así que tomó también su forma ordinaria de la conju- 
gación -ir: metido por míssum, corrido por cursum, 
vendido por vendítum, habido por habítum, cabida 
por captum, etc.; comp. en latín quaesitum capes- 
situm. La forma propia de laconjug. -e/'es -ütum. 



199 
que correspondía en latín á algunos verbos -ere con 
perfecto -ui: statütus, consütus, minütus, acütus, 
tribütus atrevudo, battütus batudOf y analógicos co- 
nosgudo, vencudo^ esparzudo, ardtido, sabudo, defen^ 
dudo, ascondudo; esta forma -iido^ muy común en el 
siglo XIII, y que en otros romances es la regular de 
los verbos -er, cayó muy luego en desuso en es- 
pañol. 

122. Participio fuerte. — Pueden dividirse en 
dos clases: 

i] Terminados en -su, escasos en español. An- 
tiguamente se usaban prénsus preso, expensus 
espeso f defensus defeso, y analógico repiso junto 
á repe^itido; pero modernamente sólo se usa preso y 
el culto impreso junto á imprimido. Como simples 
adjetivos íncensus eíiceso^ rasus raso, ten sus 
tieso y confuso, circunciso, y como substantivos dehesa, 
remesa. 

2] Terminados en -tu. — En -stu hay posítu 
puesto, *vistus (por visum) üisío, y analógicamen- 
te el participio débil quaesitum se convirtió en el 
aájQÚy o quisto.- — En -Itu choca también hallar dos 
participios débiles hechos fuertes: volütus vuelto , y 
sólütus suelto (éste hoy sólo aplicado á los com- 
puestos de -solver, ab- re- di-, pero en el simple sus- 
tituido por so/íaio); además *tollitus (por subla- 
tum) ¿zí^/ío anticuado. — En -rtu: abierto, cubierto, 
muerto; como simples adjetivos expergítus des- 
pierto, tortus tuerto, — En -ptu : scriptus insc- 
prese-, escrito, r u p t u s roto. — En -ctu: dictus 
dicho, factus re- contra- hecho, satisfecho, f rictus 
frito, y como simples adjetivos subsisten los partid- 



200 

píos antiguos cocho coctus, trecho tractus (junto 
á maltraído), ducho ductus, correcho correctus. 
—-En -nctus subsisten como adjetivo ó substanti- 
vo tres que antes eran participios: tinto tinctus, cin- 
to cinctus, junto junctus. — En vocal -f- tu hay 
sólo i tus ido y el anticuado natus nado, usual 
antes junto al moderno nacido. 

3] En cuanto al tema, si bien preso se aparta del 
perfecto priso, se igualan con él dicho (que en leonés 
y en castellano prehistórico fué decho), quisto, miso, 
que debieran llevar e. La tendencia uniformadora se 
manifiesta en la creación de los participios débiles 
modernos en vez de los fuertes arcaicos indicados, y 
en la admisión de duplicados, como rompido, freído, 
proveído, que probablemente acabarán por desterrar 
á los fuertes correspondientes; los dialectos avan- 
zan más en este camino, ora prefiriendo el tema del 
perfecto fuerte dijido (que se extiende extrañamente 
á otros participios débiles en su origen, como siipid o 
tuvido), ora prefiriendo el tema del presente decido, 
escribido, ponido, volvido, morido, etc. 

EL FUTURO Y EL CONDICIONAL 

123. Su FORMACIÓN É HISTORIA. — i] Entre los 
tiempos de creación romance (§ 103) sólo merecen 
examen los compuestos de infinitivo -f- pres. ó im- 
perfecto indic. de haber^ por haberse verificado entre 
sus dos elementos una fusión más íntima que en los 
otros. El auxiliar haber reviste las formas contrac- 
tas que hemos apuntado ya (§§ 116 3 y 117 ^). El 
infinitivo se antepone proclítico al auxiliar, y la vo- 



20I 



cal de la sílaba -ar -er -ir queda así en calidad de 
protónica; y como la a no se afecta por esta cualidad 
<§ 23), los verbos «^unirán simplemente el infinitivo 
al auxiliar: cantar 'é -ás^ -ía -ias^ etc.; pero la e y la i 
protónica debe perderse (§ 24). 

2] Y en efecto: la lengua de los siglos xii-xiv 
perdía la. e ó i de los verbos -er -ir, lo mismo cuando 
la consonante final del verbo podía unirse simple- 
mente á la -r del infinitivo: b-r, concibredes, red- 
brían, bevrds, vivrdn, movríen; r-r, conquerrd, f erre- 
des^ parrd; d-r, comidrdn, eüadrd^ cadrd; rd-r, ar- 
drd, perdnís; rt-r, partríemos; nd-r, prendríe, ren- 
jdriedeSf entendyemos, fendrd; nt-r, repentremos, con- 
sintrd, mintrieu; que cuando la unión de ambas con- 
sonantes exigía alguna epéntesis ó metátesis que ve- 
nían á desfigurar el tema: m-r (§ 69 ,), com-b-ré; 
n-r (§ 59 ^), reman-d-rdn, pon-d-rd b pornd, vernd, 
ieniia, también porrd, verrd, terria, ó simplemente 
ponrd, venría, tenrd; l-r, mol-d-rie, doldvd (vulgar en 
España y América); faldrdáQ fallir, toldrien de toller 
ó simplemente salrc, valrd. En el caso de z-r, ó se 
usaba la simple unión: yazremos, dizré, luzrd, 6 la 
-epéntesis de la dental sonora (como sonora era la z, 
I 35 ,), yazdrd^ bendizdré, ó la supresión de la frica- 
tiva diré, adurd; en el caso de c-r ó simple unión 
creará, parecredes^ vengriemos, ó la epéntesis de la 
dental sorda (pues sorda era la g)falleztrd, conoztría. 
Pero la tendencia á mantener entera la forma del in- 
finitivo hizo ir olvidando todas estas contracciones 
á partir del siglo xiv. La lengua moderna sólo con- 
serva estos casos esporádicos: hab'ré, habrás, habría, 
etc., cab'rd, sab'ré, quer^ré^ po^d-ré, ven'd-ré, pon* 



202 

d-ré, ten'd-ré, vaVd-ré, saVd-vé y diré; no es de com- 
parar con éstos haré, porque no envuelve el infiniti- 
vo hacer sino el contracto /<;zr, usual antes junto áfer 
(§ io6 4). La misma tendencia á mantener entero el 
infinitivo coexistía en el siglo xiii con la contracción, 
y no sólo se decía como hoy morirá^ temerás^ etc., 
sino haberé, saberas, (usual en Salamanca), poderla^ 
salir é. 

3] La lengua no perdió el sentido de la compo- 
sición de estos tiempos sino muy entrada la Edad 
Moderna. Hasta el siglo xvii se admitía la interpo- 
sición entre el infinitivo y el auxiliar de uno ó más 
pronombres: venir vos edes, por os vendréis, dar le has 
por le dardsy dezir uos lo he, traer nos lo ha, holgaras- 
híades. 

FORMACIÓN VERBAL 

Podemos considerar la derivación inmediata ó sirí 
sufijo, la inmediata, la prefijación y la composición. 

124. La derivación inmediata se hacía en la- 
tín agregando inmediatamente las terminaciones de 
la ñexión verbal al nombre que se habilitaba como- 
verbo: color-are, autumn-are, pens-are (del partici- 
pio de pendo), alb-ére, fid-éie, fin-ire. Pero los ro- 
mances no admitieron derivación sino en -are é 
-iré, prefiriendo la primera, así que en vez de fi- 
dére el latín vulgar dijo fidare fiar, en vez de 
studére, estudiar, en vez de invidere envidiar; 
además el español rechaza también los derivados en 
2>^, así que de finiré ái'p finar, áQ custodire cus- 
todiar, y otros muchos nuevos, lo mismo derivados 



203 

de substantivos gran-ar, card-y roci-, esciid-, ocasion-r 
parlament'^ fech-, dat-, fusil-, timhr-, que de adjeti- 
vos igual-ar, grav-, estrem^, limpi-^ vaci-, llen-^ me- 
jor-. Se asocia con la prefijación (§ 126 5). 

125. Derivación mediata. — El latín aplicaba 
á los sufijos todas las conjugaciones caec-utire balb- 
utire, fac essére cap-essére incip-issére, ama-turire;: 
pero ya la mayoría seguían la conjugación -are^ 
única que el romance conoció, exceptuando sólo eL 
caso del sufijo -scére. 

i] Este sufijo, de significación incoativa, ciar- 
esco, flor-, es de gran vitalidad en romance. El 
español á muchos verbos ir creó un doble en -ecer: 
fallir y fallecer, seguir y ant. seguecer, adormir y 
adormecer, aburrir y aborrecer, pudrir y podrecer, y 
en general la incoativa hizo olvidar la simple, así 
contecer prevaleció, olvidándose cuntir, y bastecer^ an- 
ticuado bastir; establecer, ant. establir; endurecer, an- 
ticuado endurir; embravecer, ant. embravir; enflaque- 
cer, ant. enflaquir; agradecer, ant. gradir; padecer,. _ 
ant. padir. Lo mismo en derivados de verbos ger- 
mánicos: escarnecer, ant. escarnir; guarecer, ant. giM- 
rir; guarnecer, ant. guarnir. Este sufijo da las úni- 
cas formaciones nuevas de la conjugación -er que son^ 
generalmente de adjetivos: obscur-ecer, verd-, fortal- 
(adjetivo desconocido), empobr-^ emblanqu-^ envej-, 
envil^ embell-, ensord-^ amort-, aunque también de- 
substantivos: vell-, favor-, tard-, enmoh-, encall-^ en- 
sarn-, embosqu-, aman- (ant. man por mañana). ün> 
prefijo ayuda muchas veces la derivación en este su- 
fijo (§ 126 -). Para la conjugación especial de este: 
sufijo y verbos analógicos, v. § 112 5. 



204 

2¡ Los sufijos -are son muchos. Los más im- 
portantes son: a>/ -icare , judicare; judgar, mo- 
•derno juzgar; vind- vengar , *auctor- otorgar, 
maLSt' mascar^ *caball- cabalgar, *matur- madru- 
gar; es sufijo muerto que no produjo nuevos verbos 
desde el período histórico de las lenguas romances. — 
■b) También es muy antiguo -ntare, tomado del 
participio presente para formar factitivos; el latín 
<:lásico no admitía esta derivación sino en prae- 
sentare, pero el vulgar la practicaba mucho, de 
donde expave ntare espantar, sedentare sentar^ 
.acrece-, apace-, quebra-^ cale-, ahuye-, etc. — c) Los 
dos sufijos propiamente activos de los romances eran 
desconocidos del latín clásico y salen del griego 
-Í^EW que designa una imitación (kXkr^vi'C.iú), y el latín 
vulgar en la época imperial lo acogió en la forma 
-ídiare, en español -ear (comp. sea, correa, § 53 ,), 
^ue es el sufijo más comunmente empleado, á veces 
junto al derivado inmediato y sin diferencia de sig- 
nificado: colorar y color-ear, ó con diferencia pasar pa- 
sear, plantar plantear; estas formaciones son innu- 
merables y siempre crecientes, para crear toda cla- 
se de verbos nuevos: blanqu-ear, amarill-, guerr-, 
^abec'y zapat'y señor , victor-, cañón-, ielefon-; para 
acentuaciones y confusiones, v. § io6 3. El mismo 
sufijo griego, interpretado por los autores eruditos de 
la decadencia, fué -izare; así baptizare fué bau- 
tizar, y según la forma vulgar batear, latinizare 
latinizar y barbar-, juda-, español-, colon- y autor- , sutil-, 
suav-, etc. 

126. Prefijación. — i] El antiguo latín al mo- 
dificar un verbo con un prefijo acentuaba éste y de- 



205 

bilitaba la vocal temática: a en e 6 i (ex- con-sper- 
gére, per ficére), é, ae en i (com-primére, in-cidére)^ 
au en u (ex-cludere); pero ya en latín mismo hubo 
en época posterior la tendencia á mantener la iden- 
tidad del tema, y asi llegó á decirse luego con- 
sacrare por consecr., conquaerére por conquir.y. 
y nunca se dijo sino prae-paro, com-placeo 
(frente á displiceo), ex-pendo. El romance siguió^ 
esta tendencia; consagrar, conquerir, preparar, etc., y 
muchos verbos con vocal reducida los compuso de 
nuevo, y por re-ficére dijo rehacer, por attingé- 
ve atañer, ipoY re- de-cidére re- de-caer ^ retiñere 
retener. Sólo cuando la composición no fué sentida 
por la lengua se mantuvo la reducción de la vocal 
como en re- con-cipére re- con-cebir, commen- 
dare encomendar, los demás romances rehacen co- 
mand. como demandare. Raro es que el corriente 
comparare fuese en vulgar com-perare (§23). 
También en el acento el romance busca la identidad 
del tema verbal en composición con el mismo sin 
prefijo (I 6 5). 

2] No sólo los prefijos latinos que han subsistido 
en romance como partículas independientes son ap- 
tos para la formación de verbos nuevos; alguno de 
los prefijos inseparables del latín ha persistido útil 
para la composición, como re- y dis-, que mere- 
cen citarse entre los más fecundos, el uno señalan- 
do repetición: re-nóvo, renegó, redüco, reso- 
nó, re luce o, recontar, recortar, retoñar^ recompo- 
ner, el otro indicando separación dis-puto, di- 
ffido, desconfiar, descoser, deshonrar, deshacer. Da- 
los separables merecen citarse ad-: adduco, at- 



206 

tendo, accurro, *adbattére, apparesco, aco- 
meter^ asaltar^ acof^er; in-: implico, includo, 
impedio, inclino, involvo, emprestar, encubrir; 
ex-: excoquo, exspiro, exsucare, excurro» 
escoger, estirar; sub- con muy diversas formas en 
romance: succurro socorrer, su br ideo sonreir ^ 
sonsacar, suffumo sa-humar, su f fundo zahondar^ 
za-bullir y zani-bullir, san-cochar, *subpotare 
cha-podar ' (v. §§ 20 ,, Sy ^ ^ , , 128 J. 

3] El papel principal de los prefijos no es el de 
-unirse á los verbos latinos para modificar su senti- 
do; más fecundos son para formar parasintéticos 
(I 88 5); éstos son verbos nuevos de temas nomina- 
les logrados mediante la derivación inmediata, que 
muy á menudo se acompaña de un prefijo: ef- fe- 
minare, in-carcerare, a-mujerar, a-bar quillar, 
des-corazonar, eii-des-cabezar, en- des-car rilar, en-bar- 
car, re-trasar, re-patriar^ en-simism-ar, son-rosar, 
son-rojar, cha-puzar. Nótense los muchos verbos con 
prefijo y sin sufijo, que tienen otro derivado sin pre- 
iijo y con sufijo, -ear, como en-pliimar , plumear, y 
lo mismo en-bromar, en-cartar, a-puntar, a—codar, 
u-rastrar, a-ojar, a-sombrar. A veces también la de- 
rivación mediata se acompaña de prefijo inexpresi- 
vo, como a-pedr-ear, a-pal-ear (frente á em-pedrar, 
cm-palar), acrecentar, amamantar, amedrentar, agra- 
decer, añadiéndose el prefijo aun á muchos verbos ya 
derivados latinos: (Z-woc/í^ce?' por noctesco, a-dole- 



' Las voces cultas conservan la forma latina del prefijo 
-disj>utar^ disentir^ inhibir, explorar, suceder, suscribir, 
suspirar (ant, sospirar). 



207 

ceripor dolesco, a- es-clarecer^ en-cahecer, en-cane- 
cer^ ensordecer, en-ternecer, en-vilecer; no obstante 
Ja derivación mediata tiende á prescindir del prefijo 
cuando no es claramente expresivo; así han desapa- 
recido en— cabal- ^ai incaballicare, es-calentar^ 
en-prestar, etc., que se usaban antes. 

4] Además de la suposición de sufijo {enmendar 
por emendare) ó confusión del mismo {escuchar, 
esconder, § 71), y del trueque {convidar invitare), 
debe tenerse muy en cuenta la acumulación de sufi- 
jos, pues á menudo los compuestos latinos ofrecían al 
romance aspecto de simples, que se prestaban á nue- 
va composición. Así cóm-edére pudo agregar de 
nuevo el mismo prefijo haciendo con-comer; aparecía 
como un simple con-süére coser, y en vez de dis- 
suére ^^ á\]o des-coser, des-consolar^ sumando dos 
prefijos contrarios, como en vez de dif-fidére se 
dijo des—confiar (más anómalamente, ya que existe 
«I úvn^\t fiar). Son frecuentísimos casos de acumu- 
lación, como *de-ex-pergitare despertar por 
expergére, *in-, *ex-com-initiare, encomen- 
dar, escomenzar, etc.; ya en latín se decía in-com- 
m en daré, encomendar. Sobre todo es de considerar 
el caso de en-ex-; se comprende que ex- antes 
buscase su salvación trocándose por en-: exsicca- 
re ensecar t exsaniare ensañar, exsucare enjugar 
(§ ^7 2 6); pero también sin s- siguiente hallamos 
*exaltiare (por exaltare) ensalzar, examinare 
enjambrar, *exaquare (por exaquescére) enjuagar, 
*exalbicare (por exalbare) enjalbegar. Véase el 
§ 85 .. . 

127. Composición propiamente dicha. — Es 



208 

muy pobre. El latín componía verbos con facérer 
de segundo elemento, procedimiento no imitado en 
los romances, salvo casos aislados: calefacére, 
*calefare, escalfar, y muchos en -ficare quedan 
derivado en -iguar (§ 24 ,): sant-iguar, atest-, y 
antic. much-, friich-, viviguax, etc. Con un tema no- 
minal manumittére, manü teñe re mantener, 
manifestare, ant. man/estar (mod. culto manifes- 
tar^ ambos sin valor de compuestos, como tampoco 
zaherir, | 67 J, maniatar, alicortar, perniquebrar. 
Con dos tema nominales: mancornar, machihembrar,, 
justipreciar. Con preposición y nombre compangar, 
que debe ser del latín vulgar *com-pan-icare,. 
forma muy antigua á juzgar por el sufijo (| I25 , o). 



CAPITULO VIII 

PARTÍCULAS 

128. Adverbio. — i] Los adverbios latinos se 
conservan en gran número: adhuc aun, ante, an- 
ticuado ante^ mod. antes, circa cercay hodie hoy^^ 
jam ya, magis más; non, ant. non, mod. «a; 
quando cuando, quomodo, ant. cuomo cuerno, 
mod. como; sic si, tan tu m tanto; además los anti- 
cuados en español: aliquando alguandre, eras 
eras, ibi i, inde ende end en, post pues, («nin pues 
nin ante non ovo compannera»); prope prob («Sanct 
Per de Cardenya prob de Burgos»), ubi o, unde 
onde on; sürsum, vulgar süsum suso, y la vocal 
acentuada de éste influyó para que deorsum, vul- 
gar deosum, dejase de decirse yoso, como se dijo 
antiguamente, para hacerse yuso. 

2] En el latín antiguo ó imperial aparecen las 
combinaciones de preposición y adverbio abante, 
deintus, deforis, demagis, extunc, inan- 
te, insursum, pe rinde, y los gramáticos del Im- 
perio censuran algunas de estas combinaciones y 
otras por el estilo, como «d]e post illum.» El ro- 
mance continuó practicando esta unión: afuera, de- 
fuera, deintro dentro, adentro, de dentro^ demás, 
a-demás; ant. ^s¿o;í, extúncce, ant. estonce, in- 

14 



210 

tuncce, entonces; ant. y vulg. enantes^ dein-ante 
denantes (it. dinanzi, prov. denan), delante, adelante; 
porende, después^ de-ex-post después^ de trans 
detrás, atrás, ad-illic alli, ad-illac allá, ad- 
hic í/M, y los anticuados ad-vix abes, acerca, ayu- 
so, desuso, dende, retro arriedro, etc. — Otras com- 
binaciones; la conjunción düm con el adv. inté- 
rim da domienlre, que confundido con los com- 
puestos con de-, fué demientre, demienires, y como 
hay tantas dobles formas como demás mis^ dende 
ende, defuera fuera, etc., se creó una mientre ó mod. 
mientras. Dos adverbios: jam magis jamás, ec- 
cum (arcaico y vulgar por ecce eum) -[- hic ó hac 
ó índe ó íUac, aquí, acá^ aquende, acidia, y aná- 
logamente ellum (arcaico por en illum) -+- índe 
a/Z^wí/^, si no viene de illic -+- índe; la íí de todos 
estos compuestos quizá es la conjunción ac ó la 
preposición ad antepuesta. Preposición y nombre 
ad satiem asaz, aprisa, de prisa. Con un verbo qiii- 
sabe^ qtiisab, mod. quizá. 

3] Lo que apenas conservó el romance fueron 
los modos de formación adverbial que usaba el la- 
tín. Las terminaciones -ter (firmi-ter, turbulen- 
ter), -e del antiguo caso instrumental (certe firme, 
turbulente), - i m , antiguos acusativos (cert-im, 
conjunct-im, partim, passim), -tus (caeli-tus, ra- 
dici-tus), se han perdido en romance; sólo hay de- 
rivados aislados del adverbio en -e: hene bien, ma- 
le mal, longe lueñe^ tarde tarde. El romance for- 
mó sus adverbios nuevos mediante la combinación 
del substantivo méntem, ant. miente, mientre, 
mod. mente, y un adjetivo antepuesto: buenamente, 



211 

fieramente, que de expresiones en que mente tiene su 
sentido propio, pasó á toda clase de usos: «corría 
velozmente, 9 etc.; la lengua antigua se servia tam- 
bién de guisa (germánico wísa), «lloráronle muy 
íiera guisa,» como en alemán gleicherweise, folgen- 
derweise, y en inglés otherwise, anywise. Como el 
Jatin hacía advervios de adjetivos, ablat. certo, 
cito, directo, multo; acus. neutro multum, 
tantum, minus, secundum, commodum, 
etc.; asi el romance, no sólo conservó cedo, mucho, 
iantOy menos, segundo^ etc., sino que formó otros tam- 
bién de cualquier adjetivo: fuerte, pocOy algo, «ella 
hablaba recio ^y> etc. Fa.rúcip'io durante , mediajite . Nu- 
merosas frases de subst. ó adj. con preposición ame- 
ntido, de pronto, de frente, ant. de so-uno, de con-so- 
uno^ mod. de consuno. Subst. y adj.: además del la- 
tino quomódo hay hac hora agora, moa. ahora; 
hoc anno ogaño. 

4] La analogía fonética se deja sentir en los ad- 
verbios. La -s de menos, más, jamás, después^ atrás, 
y de los anticuados /lí^/as foras, amidos invitus, 
ahés, eras, aprés appresum, se ipvopRga. á antes, en- 
tonces, mientras^ quizás^ al árabe marras, y á los an- 
ticuados nunqu^is, certas, sines (por sin, usado á ve- 
ces como adverbio «sines de licencia»), y á las fra- 
ses d ciegas, á tontas, de veras, á hurtadillas, á pie 
jimtillas, arag. de noches^ de baldes, ant. aosadas, — 
La -n de Jion ant. por no, bien, y de la conjunción 
sin se extiende á aun, por adú, aragonés, y á los an- 
ticuados allín, asín, otrosín, así como á la preposi- 
ción son sub, comp. | 126 ,, con la conjunción nin 
por ni (como ninguno), — La -a de contra, nunca, fue- 



212 

ra, etc., influyo en muñirá , mod. mientras por dcr-^ 
mientre, 

129. Preposición. — Las principales latinas se- 
conservan: ad a, ante ante, circa cerca, contra 
contra, ant. escnentra escontra, cum con, de de, in- 
en, ínter entre, post ^m^s, pro por y pro ad^ 
Sint. pora, mod. para, secundum ant. segundo se- 
gundarnos, se gim, sine sm, sub ant. so (mod. 60:70, 
debajo), super so6r^, trans /ros. Las perdidas son- 
ab, ex, reemplazadas por de y desde (de-ex-de),*^ 
apud, sustituida por caput cabo, ó en cas de, en^ 
junto; cis por el adv. acá ó de la parte de acá; erga, 
ant. por contra (piadoso contra sus padres), mod. ha^- 
cia, etc.; extra por fuera; intus por el adv. den- 
tro; juxta y prope por junto; ob, propter y 
per por por, por causa de; praeter por salvo, fue- 
ra, supra ^or sobre, tenus por el árabe /o/íí, /zo/o;, 
mod. hasta, arag. entro^ tro a á^ íntro; ultra por 
además, más allá; ver sus por hacia, de faza, ant, 
(viníe faz a él), que también se decía «miró cara al 
cielo,» luego carra y con la inserción de la misma i 
carria. 

130. Conjunción. —La copulativa ét era ^n 
castellano mirada generalmente como átona, y por 
lo tanto resultaba e, pero en leonés ye, y asi en cas- 
tellano cuando se la consideraba acentuada por estar 
junto á un enclítico (los cuendes ye los res), y el dip- 
tongo se reducía á ¿ (§ 10 g, quel guardasse yl sir- 
viesse... is acorvan), especialmente cuando prece— 
día á una e (por él y ella); luego la i se generalizó, y 
hoy domina, salvo cuando sigue palabra que empiece 
con i-. Las otras conjunciones conservadas soi> 



213 

»nec, ant. nen^ nin (su -«, § 128 J, aut o, s¡ sí, 
ajuare, arag. ant. car, cast. ant. ca. Entre las per- 
didas están etsi aunque, ant. maguer (del griego 
•jxaxápie), etiam también^ ut que (del pron. neutro 
quid), sed mas, pero, empero, nam y quia pues, 
igitur y ergo luego, quum cuando. El romance 
forma conjunciones de adverbios y preposiciones» 
ora solos (cowo, pues), ora asociados á que {aunque, 
jantes que^ porque, ya que, etc.) 



bibliografía 

Pueden apuntarse entre las obras más útiles las siguientes: 
Tratados generales: 

F. Diez, Grammaire des lattgues romanes, trad. par A. 
Brachet, G. Paris y A. Morel-Fatio: París, 1874- 1877. 
Tres tomos. 

P. Foerster, Spanische Spachlehre: Berlín, 1880. 

W. Meyer-Lübke, Grammaire des langues romanes^ trad. 
par E. Rabiet, E. et A. Douireponi: París, 1890- 1900. 
Tres tomos. 

A. Bello, Gramática de la lengua castellana^ sexta edi- 
ción^ con notas de R. J. Cuervo: París, 1898, 

R. J. Cuervo, Apuntaciones- criticas sobre el lenguaje bO' 
gotano, cuarta edición: Chartres, 1885. 

G. Góber, Grundriss der romanischen philologie: Strass- 
burg, iSgo-ipoi. Tres tomos, y especialmente tomo I, 
págs. 689, etc., que contiene el trabajo de G. Baist, Die 
spanische Sprache. 

E. Gorra, Lingua e letteratura spagnuola delle origini: 
Milano, 1898. (Reseñas de A. Farinelli, en tRassegna bi- 
bliográfica della letteratura italiana,» tomo Vi, pág. 223. 
— Ch. C. Marden, en tModern language notes:» March, 
1898. pág. 170.— A. Tobler, en «Archiv für das Studium 
der neueren Sprachen,» tomo C, pág. 469.) 

El Conde de la Vinaza, Biblioteca histórica de la Filolo- 
gía castellana: Madrid, 1893. 

Para el § 7, véase 

F. d'Ovidio, Della quaniita per natura delle vocali in po- 
si^ione. (Miscellanea Caix é Canelo: Firenze, 1886, pá- 
gina 393.) 



2l6 

Para las vocales: 

J. Gornu, Études de phonologie espagnole et portugaise: 

(Romanía, 1884, Xlll, 285.) 
C. Joret, Loi des finales en espagnol: (Romanía, 1872, 

1,444.) 
E. Porebowicz, Revisión de la loi des finales en espagnol: 

París, 1897. 

Sobre las antiguas consonantes b u, ss s, c z, x j h: 

R. J. Cuervo, Disquisiciones sobre antigua ortografía y , 
pronunciación castellanas. (Revue Híspanique, i8q5, 

n, I.) 

El mismo asunto (salvo la ¿, «), trata 

J. D. M. Ford, The Oíd Spanish Sibilants (Studies and 
Notes ín Phílology, tomo II, 1900; Harvard Uníversíty), 
y las reseñas de esta obra, que versan principalmente 
sobre la c f, de Horning y de Herzog (Zeitschrift für ro- 
manische Philologie, Halle, XXVI, 359); en fin, 

J. Saroihandy, Remarques sur la phonetique du c et du z 
en anden espagnol. (Bulletin Híspanique, 1902, IV, 198.) 

Para el § 88 2. 

A. W:son Munthe, Observations sur les composés es- 
pagnol s du type caliabícrto.» (Recueíl de mémoires phi- 
lologiques préseme á M. Gastón París, págs. 3i-56.) 

G. Baist, Lóngimanus und manilargo. (Romanische Fors- 
chungen, X, 471.) Véase Romanía, XXX, 6o5. 

Munthe, Bemerkungen ^u Baists Schrijt Lóngimanus und 
Manilargo. (Sártryc.k ur Uppsatser i Romansk Filologi 
tillagnade Prof. P. A. Geijer: Upsala, 1901.) Véase Roma- 
nía, XXXI, 444. 

Para los pronombres: 

J. Cornu, Le possessif en anden espagnol: Romania, 1884, 

ÍIII, 285, y Zeitschrift, XXI, 415. 
E.'Gessner, Das spanische PersonalprónOtnén (Zeitschrift, 

1893, XVIl, pág. i).— Z)¿w sp. Possessiv- und Demons- 



217 

trativpronomen (Zeit., XVII, 329).— D¿is sp, Relcttiv- 
und Interrogativpronomen . (Zeit., XV1II,449.) 

F. Hanssen, Das Possessivpronomen in den altspanischen 
Z)i¿i/e/f/e«.' Valparaíso, 1897. — Sobre los pronombres po- 
sesivos de los antiguos dialectos castellanos: Santiago 
de Chile, 1898. 

R. J. Cuervo, Los casos enclíticos y procliticos del pro» 
nombre de tercera persona en castellano: (Romanía, 1895, 
XXIV, 95.) 

Sobre el verbo en general: 

A. Gassner, Das altspanische Verbum: Halle, 1897. 

F. Hanssen, Sobre la Conjugación de Gonsfalo de Berceo: 
Santiago de Chile, 1895, y Suplemento á la conjugación 
de BerceOf 1S95. — Estudios sobre la conjugación leo- 
nesa, i8g6.— Estudios sobre la conjugación aragonesa^ 
i^g6.— Sobre la conjugación del Libre de Apolonio, 
1S96. 

Para el S 105: 

W. Fórster, Beitrdge ^ur romanischen Lautlehre (Zeit., III, 
5C7), y las observaciones á este trabajo hechas por H. Schu- 
chardt (Zeit., tomo IV, pág. 121) y por J. Cornu. (Rom., 
XIII, 296-297.) 

Para el § 107 t ^ 3: 

R. i. Cuervo, Las segundas personas de plural en la con- 
jugación castellana: Rom., 1893, XXII, 71. 

Para el S 1171 

F. Hanssen, Sobre la formación del imperfecto en las 
poesías de Gonzalo de Berceo: Santiago de Chile, 1894. 

F. Hanssen, Sobre la pronunciación del diptongo ¡e en la 
época de Gom^alo de Berceo: Santiago de Chile, 1895. 

Para el § 1183^,4: 

J. Cornu, La troisieme personne du parfait en -íoron dans 
PAlexandre: Romanía, 1880, IX, 89. 



2l8 

G. Baisty Noch einmal -ioron. (Zeit., 1893, pág. i.) 
Para el § 1 19 3 y para el perfecto en general: 

F. Hanssen, Ueber altspanischen Prdterita von typus «ove 
pude:i Valparaíso, 1898. 

Para el § 123 a*. 

J. Cornu, Recherches sur la conjugaison espagnole au xiii*^ 
et au xiv^ siécle (en la Misceilanea di filología e lingüís- 
tica in memoria di N. Caix e U. A. Canello Firenze, 1886^ 
pág. 217). 



ÍNDICE ETIMOLÓGICO 



a 62 2. 

a- 86 I. 

abdega (ant) 22. 
abeja 40. 
ábrego 48. 
abrevadero 14 3. 
abrótano 22. 
abuelo 43 2. 
acebo 42. 
acedo 11, 81 i. 
aceadrar 59 4. 
acetrero 22. 
adral ladral 56 i. 
agosto 41 3, 66 I. 
agrado 9 i. 
agua 52 I. 
aguamanos 88 i. 
agüero agoiro 14 3, 41 3, 

53 2 66 I. 
águila 32 2' 
aguilón (ant.) 52 n. 
aguzar 2, 534. 
ahora 98 a. 
-aje 84 I. 
ajenjo 85 2. 
ajeno 11. 
al (ant.) 102 x. 

al- 85 3. „ 
alambre 18 3. 
albérchigo 4 3, 85 3. 
alcanzar 72. 
alcázar 4 3, 85 3. 
aledaño 17 4. 
alfaquí 75 3. 
alga 47 2. 
algo 52 2, 62 2. 
alguien 62 i, 102 3. 
algun(o) 78 I. 



aliento 67. 

almadreñas 85 3. 

alma 2620, 59 5. 

almeja 57 3, 85 3. 

almendra 85 3. 

almorranas 85 3. 

almosna (ant.) 22. 

almuerzo 13, 85 3. 

alnado 17 i, 24 i, 61 3. 

alondra 68. 

alto 9 3. 47 2. 

altozano 70. 

alzar 53 4, 

allá allí 62 3, 128 3. 

allende 128 2. 

amatista 76. 

ambos amos, 47 3, 62 2.. 

amistad 17 i. 

adorrido (ant.) 121 i. 

amueblar 112 bis 3. 

an (por aún) 31 211. 

ánade 25. 

ancla 26 2 n» 61 i. 

ancho 53 7. 

andar (perf.) 120 2 y 3. 

andas 75 i. 

ande (adonde) 31 an. 

anegar, aniego 112 bis 2» 

aneldo (planta) 57 3. 

aneldo (aliento) 67 i. 

ángel 29 2, 47 3 n 2- 

anillo 83 I. 

ánsar 47 3. 

ansiar, ansio, 106 3. 

ante- 86 i, antes 128 i y 4. 

anteiglesia 86 i. 

antojo 17 I. 

antuzano 70. 



22o 



añadir, añade 45, iii. 

-añal 4630. 

añojo 17, 

apóstol 29 2. 

-aprendor (ant.) 66 3. 

apretar 67 2. 

aquél 99 3. 

aquese, aqueste 98 ,. 

aquí, aquend 128 2. 

arado 66 3, 

araña 53 5. 

árbol 5, 26 2, 63 4. 

•arce 67 2. 

arcilla 47 i. 

arredrar, arriedra 112 bis 2. 

arrepentir 54, arrepiento 

112 bis 2* 
arriba 40. 
artejo 3. 
arveja 18 3. 
•asaz 128 2. 
asestar 55. 
asir, asgo 113 i. 
asomar 46 i. 
astilla 83 I. 
atar 49. 

aterrar, atierra 112 bis 2- 
atestar, atiesta 112 bis %, 
atestiguar 24 2* 
atril, ietril 61 4. 
atrever, atrovo (ant.) 120 3. 
aun 128 1X4. 
auxilias 106 3. 
avellana 80 2. 
aventar, avienta 112 bis 2, 
avestruz 74 g. 
avezar 18 n. 
avispa 47 4. 
-avo 91 2. 
avutarda 88 i. 
ayuno 38 3, ayunar 43 i. 
-azgo 84 I. 
azor aztor 61 3. 
azre 56 3, 67 2* 
azúcar 85 3. 
azufre 71 i c. 

bsid'ú 63 6. 



balanza 18 3. 

baño 37 I. 

barbecho 9 a, 18 3, 37 2. 

barrer 18 3. 37 2- 

basura 18 3, 37 2, 47 j. 

batalla 53 5. 

bautismo 47 4. 

bayo 37, 53 3. 

bazo 53 3. 

behetría 61 4. 

beodo, bebdo 62, 60 1, 81 2, 

bermejo 37 2, by 2, 81 1. 

besar 17 3. 

beso 9 2, 30 2. 

berza 53 3. 

bien 128 3, bien- 86 i. 

billón 89 5. 

bimbre 77 i c 

bizcocho 9 3. 

bizma 22, 38, 7710. 

bledo 39 2. 

boca 8, 45. 

boda 37 2, 77 2- 

bodega 22, 40. 

bodigo 37 2. 40 n. 

bolla 14 I ni, 4630. 

borceguí 75 3. 

bostar 2. 

braza 77 2. 

brazo 39 i. 

breva, bevra 56 3. 67 2- 

brótano 22. 

buen(o) 13 i, 44,, 78 i. 

buey 28 2, bueis, 75 3. 

buho 74 6. 

buitre 47 2. 61. 

Bureba 13 2- 

burg(u)és burzés 63 2, 83 3. 

ca, car 130. 

caber, quepa 9 2, 120 3^ 

113 3, cabré 1*3 2- 
cabestro 17, 51. 
cabrahigo 88 2. 
cabildo 3, 40 n, 57 3. 
cable 57 I. 
cabo 62 a. 
cachas 37 i, 77 a- 



221 



cacho (subst.) 6r 2. 

cacho (adj.) 30 2, 5o i. 

cada 102 2. 

cadañero 89 3. 

cadera 6 i, 40 n, i8. 

cadiello (ant.) 83 i. 

caer, caigo 1 13 2. 

cal 74 6. 

calaña 39 4. 

calcañar 2, 67 i. 

caldo 26, 47 a. 

calidad 39 4. 

calma 77 i «. 

caloña (ant.) 53 5 n. 

calostro 20 3. 

calza 9 3. 

calzar 53 4. 

calze (ant.) 55, 63 3. 

cambiar camiar, 47 3. 

candado 24, 58. 

canilla 83 i. 

canoa 4 6. 

cansar 51 2* 

cañaherla 23, 38 2. 

cañajelga 4 5, 38 2- 

capa 45. 

capacho capazo 40. 

capicúa 4 5. 

capigorrón 8S 3. 

caramillo 23. 

cárcel 63 4, 66 2. 

cascar 39 4, 55. 

casi 39 4. 

casquimuleño 88 3. 

catar 49. 

catorce 61 3, 89 i. 

cauce 55 I. 

caudal cabd. 54 3, 60 i. 

caudillo cabd. 60 i. 

caz 63 3. 

cebo 8. 

cebolla 5, 40. 

cedazo 37 2, 53 4* 

cedo 29. 

cedrino 83 i n. 

ceja 77 2. 

cena (ant.) 39 3„. 

cendra 59 4, 75 i. 



céntimo 91 m. 
centro 10 n. 

ceñir, cingo, ciñes 112 2^ 
cepo 1 1 I, 45. 
Cercedilla 83 i, 
cercen 5, 26 2- 
cercillo 18 3, 37. 
cercha 61 2. 
cerezo 9 2- 
cernada 59 4. 
cerner, cernir iii. 
cerraja 2. 
cerrar 37 2. 
cerrojo berrojo, 70. 
cervillera 24. 
césped 26 2. 
cetrero 22. 
cicercha 61 2. 
ciclón 22. 
cicuta 40 n- 
ciego 10. 
cielo 8, 10, 
cient(o) 54, 78 X. 
cigüeña 14 3, 40. 
cimiento í8 2. 
cinco 89 I. 

cincuenta 66 2, 89 3» 
cincuentésimo 90 i. 
cincho 61 2' 
cinto 51 2, 122 2. 
círculo 3. 
cirio 30 2, 83 I. 
ciruela i8 2. 
cisma 37 2, 39 3 n- 
ciudad, cibd. 19 i, 60 i- 
cizra (ant.) 56 3. 
claustro-a lémz, 77 en- 
clavija 39 2. 
clueca 39 2. 
cobertera 14 3. 
cobra, cobre 4 5. 
cocer 52 3, cuezo ii2 2, 

cuezgo 1133, coxo 12O4, 

cocho 122 2. 
cocina 52 3. 
cochurero 37 i. 
codicia 20 I, 53 4, 60 I. 
cofradía 66 3. 



222 



cogulla 40. 

cohombro 59 2, 75 2* 

cojo 133. 

■col 14. 

colgar, cuelgo 63, 13. 24 n- 

colmo 59 3. 

columbrar 59. 

comadreja 2. 

combatir, -er iii. 

como, cuomo, cuerno 394. 

compangar 127. 

compaño -on. 74 5. 

comprar 23, 61, 12Ó 1. 

comulgar 24 2, 55 i. 

con 62. 

concejo 53 e n. 

concha 54 d, 61 2. 

condado 5, 24. 

conde 3, 55. 

condestable 74 4. 

conducir, -uzgo (ant ) 1133. 

confortar, -fuerta (ant.) 1 12 

bis 2- 
confundir -fonder iii. 

conmigo 93 I. 

conocer, conuvo(ant.) 120 3. 

conquiso (perf.) 120 4. 

consuno 128 3. 

contendedor, contendor 
663. 

contigo 93 I. 

contra- ^6 i. 

convidar 126 4. 

copa 1 3. 45. 

copla 57. 

corambre 20, 30. 

coraza 30, 5324. 

corcho 61 3. 

corlar 24 „, 59 6. 

coronado 24 2. 

correa 53 3. 

correcho 122 2. 

cosa 42 . 

coser 47 3. 

coso 47 I n. 

costar 51 3. 

costreñir, -ngo, -ñes 112 2. 

costura 24. 



coto 47 5. 

coz 9 3, 03 3. 

cráter 74 6. 

creer, cree 31, 59, 41 2, 

crovo 120 3. 
cresta 47 4. 
cristalino 83 i n- 
Cristóbal 42. 
cruz 141 n I. 
cuaderno 39 4. 
cuadro 39 4, 48. 
cuajo jO 2, 39 4» 37 2- 
cual 39 4, loi 3. 
cualidad 39 4. 
cualquier 102 2- 
cuan 62. 
cuando 29, 39 4. 
cuarenta 48, 89 3. 
cuaresma 90 j. 
cuasi 39 4. 
cuatro 89 I, 
cuba 15, 43. 
cubrir, cubierto 122 2. 
cuchara 53 7, 75 i. 
cuchillo 10 2, 47 2- 

cuémpadre (ant.) 85 i. 

cuéncoba (ant.) 85 i. 

cuenta 6 3, ói 3. 

cuento 13 I n. 

cuerda 47. 

cueva 2. 

cuévano 42 2. 

cuidar 24 3. 43 i. 

culantro 20 2, 30 2' 

culebra 13 2, 20 2. 

cumbre 61 4. 

cuñado 20 2, 37- 

cuño 14 2. 

custodiar 124. 

cuyo loi 2' 

cha- 126 2. 

chapodar 37 2. 

chapuzar 37 2. 

chico 37 2, 81 I. 

chícharo 37 2» 40. 

chinche 37 2. 55 3- 

chisme 37 2, 39 3 n. 

chistera 37 2. 



223 



choclo 37 2. 
chotacabras 88 i. 
chusma 77 la- 

-daño 54 I. 

dar (pres.) 116 4, (perf.) 
120 2. 

decidor 83 3. 

decir, decía io5 2, 66 i, 
digo dices 1 12 2, 40, di 
62 3, dije 28, dijiste 5o 2, 
dicho 122 2 y ^, diré 
123 2. 

dechado 18 °, 80 3. 

dedo 37. 

dehesa, dev. .12 2,47 3. 

delgado 40 n. 

dentro 128 2- 

derecho 65. 

derrengar 24 2- 

derrocar, -ueca 112 bis 2. 

des- 86 I. 

desahuciar 41 2. 

desalmado 8ó 2. 

desdeñar 50 3. 

descender, -ir iii. 

descoser 12Ó 4. 

desmaido (ant.) 121 i. 

desnudo 41 2. 

despertar 126 4, 122 2. 

despecho 47 4. 

despojo 13 3. 

después 128 2. 

deuda 1 1, 60, 

día 75 I, 76. 

diestro 71. 

diez 10. 

diezmar, dezmar 24 i, 71, 
112 bis 3. 

diezmo 26211, 58, 90 |. 

Dios 6 2, 10 2, 31 z, 62 2, 

75 3- 

dizedos (ant.) 89 2. 
doblar ^8. 
doble 78 I, 91 I. 
doblegar 20 n, 48 n. 
doce, doze, dolze 261,60 3. 
89 I. 



doler, dolgadeS (ant.) 1134. 

doloroso 24 3. 

domeñar 20, 53 5. 

don 14. 

doncella 61 3. 

donde 14, 28. 

dormir, dorm. durm. 20 2, 

duerm. 114 2. 
dos, dues 89 i. 
ducho 122 2- 
dudar, dudas 27. 
duende, duendo 37 i, 55 i, 

81 2. 
dueño 26, 47 3. 
Duero. Doiro 14 3. 
durazno 58. 
dureza 21. 

echar 17 2, 38 3, 50 1. 

edrar 24, 56 i. 

eje 9 2- 

ejemplo ensiemplo 50 2, 

852. 
el II 1, 28 3, 100. 
él, elle 93 3. 
Elvira 38 3. 
emellizo (ant.) 38 3. 
emer (ant.) 383 n. 
empecer 31 2- 
empeño 50 3, 77 i b. 
emplear 51. 
en- 86 i, 
en 62 2- 

encalzar (ant.) 72. 
encía 38 3, 43 2, 47 3- 
encina 2, 54 &. 
encomendar 126 i. 
encontrar, encuentra 51. 
enebro 38 3. 
-engo 84 2- 

eneldo (planta) 2, 17 4, 57 3. 
enero 38 3. 
engendrar 24 2, 59 4. 
engeño (ant.) 53 5n. 
enj- (en verbos) 126 4. 
enjambre 77 i c, 85 2- 
enjenzo 85 2. 
enjuUo 57. 



224 



enjundia 85 2- 

-eno 90 2' 

ensañar 126 4. 

ensayo 53 3, 85 2. 

enseñar 5o 3 n. 

entenado 24 i. 

entendedor, entendor663. 

entero 6 i, 10 3, 48. 

entonces 128 2 y 4. 

entraña 77 2- 

entre ii, 62 2. 

entre- 86 i. 

entregar 67 2, entriego 
112 bis 2> 

envidia 47 3, 53 3 n, -ar 124. 

erizo 53 4. 

escalfar 127. 

escamujar by 3. 

escaño 39 3, 47 3. 

escena escénico, 39 3 n. 

esconder ase. 17 4, 51 3. 

escribir, escribo 39 3, es- 
criso 120 4, escrito 122 2. 

escuchar, ase. 14 2, 17 4» 

47 2 4» <j6. 
escudilla 10 2» 21. 

escupir, escupo 66 3. 

escuro 20 4. 
ese 49, 98 2, 99 2- 
esmeralda 39 3, 76. 
esotro 98 3. 
espacio 39 3. 
especie, -ia 75 3. 
espalda 57 3. 
España 53 5. 
español, españon 66 2. 
esparcir 47 i. 
espárrago 17 4, 25. 
espasmo 393 n. 
espejo 10 3, 39 3. 
esperanza 2. 

esperteyo(ast.)pág. 7, 74 6. 
espender, espiendo 112 

bis 2. 
espíritu 29 n, 39 3. 
espiritual, espirital 30 m. 
estar 39 3, ( pres. ) 116 4, 
(perf.) 1 20 2 3. 



este 99 I. 
Esteban 42. 
estera, estuera 13 z- 
esiiercoíl) 77 i «. 
estío 43 2, 80 2. 
estotro 9^ 3. 
estropajo 68. 
estruendo 67 2. 
estrujar 67 2. 
estrella 68, 
estudiar 124. 

facerir (ant.) 67. 

fe II, 38 2, 63. 

febrero 48. 

feito (arag.) 5o i. 

feligrés 74 4. 

feo 8^ II, 38 2, 4í 2. 

ferviente 65 i, 105 2' 

fiar 124. 

fidelidad, fieldad 24 1 n 2.- 

fiel 63 6. 

filtro 5i I. 

finar i2¿j. 

firme 78 i. 

flaqueza 83 3. 

fleco, flueco 13 2, 39 2. 

follada 4 5» 

fondo 38 2. 

frañer,'francer (ant.) 47 3. 

frente, fruente 13 2. 

fregar, friega 112 bis 4. 

freir 105 2, frito ^22 2. 

fresno 6 2, 39 i, 61 4, 76,- 

frontera 39 i. 

fuego 38 2. 

fuella (arag.) 4 5. 

fuellar 4 5. 

fuelle 38 2. 

Fuerojuzgo 74 4, 

fuerte 38 2. 

gacho 50 I. 
galgo 37, 54. 
Galicia 53 4^ 
gato 45. 
gavia 53. 
gayola 4 4- 



225 



gemido 6311, 383U2. 
gemir 38302. 
gente 10 n, 38 301- 
gentil 38302. 
giba 383 na, 45- 
gigante 38302- 
glera 9 2. 39 2. 
goldre 34 4^ 68. 
golpe 29 2, 55. 
gonce 67 a. 
gorgojo 74 6. 
gozne 67 2. 
gozo 37, 53 3. 
gozque 60 3 n. 
grajo 39. 

gran(de) 63 i, 78 2. 
graso 39, 46. 
greda 39, 40. 
grey 10 3, 39. 
griego 10 I. 39. 
grueso 46 I. 
grulla, grúa 75 i. 
gruñir 46 3. 

haber, (pres.) 116 2, haya 
113 2, (imperf.) 117 4, 
íperí.) 120 3, 17 3, 30 2, 
habré 123 2. 

hablar 38 2. 

haca 38 2. 

hacedor 83 3. 

hacerir (ant.) 67. 

hacer 38 i. 40, (perf.) 
120 5, hecho 9 2. 38 2, 
50 I, 122 2. 

hacia 129. 

hambre 59. 

harto 5 1 2. 

hastío 53 3. 

hebilla 66 i, 83 i. 

helar, elar 38 3. 

hembra 59 i. 

henchir, hinchamos 53 7. 

heñir 3. 

herir, ñergo 113 4. 

hermano, ermano 38 3. 

hermoso 20 4. 

herrén 9 2. 



herrín 71. 

hervir, -er in. 

hiél 38 2, 62 2. 

hielo 38 3. 

hierro 38 2, 46 2. 

hijuelo 6 2. 

hiniesta 18 2. 38 3. 

hinojos, inojos 38 3, 57 2. 

hinojo (planta) 57 2. 

hirviente 18 2. 

hito 81 2. 

hogaza 40. 

hoja 13 3» 38 2, 53 6. 

hojaldre, hojalde 57 3, 68. 

holgar 38 2- 

hollín 63 5, 71. 

hombre 64 4, 69 i. 

hombro 59 2. 

hondo 47 3, 81 I. 

honor 44 2- 

honrar 24, 59 4. 

hormazo 2. 

hornazo, hornacho 40. 

hospedado 24 3. 

hoto 47 5, 

hoy I 3 3, 28 2. 

boya 13 3, 53. 

hoz (de segar) 9 3, 63 3. 

hoz (de un río) 141 02. 

hueso 77 I e» 

huésped 26 2. 

huey (arag.) 4 5. 

huir, huyes 113 a, fuxo 

120 4. 
humear 24 3, 41 3. 
humildad 24 2. 
humillar 53 e. 

ídola (ant.) 7720. 
iglesia 48. 

indino 11 i n, 5030. 
ingle 54 b, 61 I, 77 I c. 
inicuo, inico 3020. 
intervalo 630. 
invierno 43 2, ipi 80 2» 
ir, vaya 113 2. (pres.) 116 5. 

(impf.) 117 4, ido 122 2. 
isla 2620, 61 4. 

i3 



226 



tvierno 19, 43 2. . 

^abón 37 2. 
jaca 4 2 5, 382. 
jalde, jaldre 68. 
jalear 4 5, 38 2. 
ajamas 583111. 

jamelgo 4 5, 26 2 0,382, 55- 

jaula 4 4. 

javalí 80 2, 75 3. 

ierga 80 2. 

jibia II 2, 372, 53 2. 

íjornada 30 2. 

jornal 30,2. 

'joven 38 3. 

judío 10 2 n, 38 3* 

-juego 13,383. 

jueves 28, 38 3,74 4. 

iuez 383,746. 

jugar 20 2. 

•jugo 37 2. 

juicio 21, 31 2, 383. 53 4. 

julio 38 j. 

juncia 83 I. 

junco 38 3. 

junto 38 3, 122 2. 

jura 38 3. 

juzgar 241 n, 60 3. 

labio 53. 
labrar 24 1 n. 
lacio 39 2, 41 2. 
lagaña 18 3, 55. 
lambrija 20 3. 
lámpara 47 3. 
landre, lande 39 2, 61. 
lardo 55 2. 
latir 39 2. 
laude 60. 
lazo 5z 3. 
leal 31, 41 3. 
lecina (arag.) pág. 7. 
leche 9 2, 77 1 *. 
lecho 10 3, 50. 
lechuga 17 2, 40. 
leer 28, 31, leo 29. 
-leedor 83 3. 
lego 9 2. 



legumbre 18, 41 3. 

lejía 43 2. 

lengua 52. 

leña 77 2. 

lera 39 2. 

letra 3ó 4. 

letrado 24 n. 

ley, leyes 75 3. 

leyenda 43. 

liar 31, 41 3. 

librar 36 2. 

libre 78 I. 

lid 28 3. 

lidiar 12. 26 2, 41 3. 

liebre 26. 

liendre 6r. 

limosna 22, 55 3. 

limpio 12, 26 2, 41 2. 

lindar 19, 24 n. 

linde, limbde 53 i. 

liño 53 5n. 

lirón 39 2. 

Lisboa 4 5. 

lo (art. dial.) 100 3. 

loa 41 2- 

lobo 40. 

lodo 14. 

lograr 20 n. 

logro 14 I n I. 

lomo 47 3. 

longaniza 2. 

loza 37. 

lucillo 20 2. 

lucio 41 2. 

lucha, luchar 14 2, 21 

luengo 47 3. 

lueñe 128 3. 

lugar 20 2. 

Lugo i5. 

lumbre 62 2. 

lumbrera 24 n, 59. 

luna 44 2. 

lunes 71. 

lur (arag.) 91 i. 

llaga 41 3. 
llama 39 2, 46. 
llamar 39 2. 



227 



llanta 39 2, 47 3- 

llantén 9 2, 39 2, 54 4. 

llave 39 2- 

lle.t;ar 18, 39 2. 

lleno II, 39 2. 

llera 39 2. 

llevar, lievo 112 bis 3. 

llosa 3() 2« 

llueca 39 2. 

lluvia 39 2, 53. 

mucho (sexo) 61 2. 

macho (mulo) 4 5. 

macho (martillo) 61 2. 

madeja 9 2. 

madera 10 3. 

madrugar i25 ¿^ 

maestre 74 6. 

maestro 6 ¿a, 43 i. 

maguer 130. 

maíz 4 5, 6 2 n. 

mal- 86. 

mal(o)44 3, 78 i, 128 3. 

manco 47 3. 

mancha ói 2» 68. 

manga 55. 

manilargo 88 z» 

mano 9 i, 76, 

manzana 68, 77 2. 

mar 28 3. 

maravilla 23, 53 e. 

mármol ó6 2. 

martes 74 4. 

masa 46. 

mascar 24 n, 61 3, 125 2- 

masera 4 5. 

mayo 43. 

mayor 43, 79 2. 

mear 43, 109. 

mecer, meza mezca U2 3, 

media, calza 80 2. 

medio, meyo 10 3, 53 30. 

médula 5. 

mejilla 17 2, 50 2. 

mellizo 38 3. 

membrar 54 4, 59 2. 

menester 29 2. 



menos 78, 79 3. 

menudo 18 n, 40 n. 

meollo 5, 41 2, 46 3. 

Mérida 22. 

mermar 59 5. 

mes 28 3. 63 2- 

mesón 17 2, 47 3. 

mesta 184, 51 2. 

mestenco, mestengo 18 4. 

mesurar 18. 

meter 45, miso 120 4. 

mezclar 2, 01 2. 

miel 62 2. 

mielga 60 3. 

mientras demientre 128 2 4. 

miércoles 71. 

mies Ó3 2. 

mijo 53 6- 

mil 28 3, 63 6, 89 5. 

milagro 57 2, 67 i. 

milenta 89 5. 

Millán 22. 

millón 4 4, 89 5. 

mimbre 77 i c 

mío 10 2, 96 I. 

mismo 98 2. 

mitad meitad, 60 2. 

mocho 37. 

molde 3, 57 3. 

mondo 14 n- 

morir, muráis 20 2, mue- 
ro 1 14 2. muerto 122 3. 

morar, muera mora 1 12 
bis 2. 

mosca 47 4. 

mostrenco i8 4, 68, 84 2. 

moyo 53. 

mostolilla (león.) pág. 7. 

much(o) 14 2, 47 2, 78 I. 

muelle 37. 

mundo 14 n. 

muñir 113 i y 5. 

muralla 53 6- 

murciego, murciélago 2. 

musaraña 88 i. 

muslo 15. 

mustrela (arag.), mustu- 
liella (astur.) pág. 7. 



228 



nada 8o 2, 102 2. 

nadie 102 2 y 3. 

nacer, nasco 120 4, nado 

122 2. 
nalga 4 5, 60 3. 
nao 76 n. 

narizón, narigón 83 3. 
natío 3. 
nava 4 j. 
navaja 20 3, 57 2. 
Navalquejido 70. 
navegar 41 3. 
navio 37. 
negar 41 3. 
negro 11, 48. 
ni 62 3, nin 130. 
nido 41 2. 
niebla lo, 37, 57. 
niel 43. 

nigromancia 70. 
ningun(o) 78 i, 102 2» 
níspero 10 2. 
no 62 2' 

noche 13 3, nueite 4 5. 
nombrar 20. 
nombre 14, 54, 62 2. 
nombre (ant.) 14 n» 
nosotros 93 i. 
noventa nonaenta 89 3. 
noviembre 511. 
novillo 80 2. 
nublo 15, 57. 
nudo 2. 
nuera 71, 76. 
nuestro 51 i, 97 i. 
nueva 8, 43 2. 
nueve 13 1, 61 1; nuef 89. 
null(o) (ant.) 78 i, J02 i. 
nunca 52 1. 

o 62 3. 

obispo 18 4, 26, 61 3. 

oblada 48. 

obra 72 3. 

oca 47 5. 

ochavo 90 I. 

ochenta 89 3. 

ocho 13 3. 



ogaño 98 2. 

oir 31 I, 42 ¿, io5 3; oigo 
113 2, oyes 113 5. 

ojo 13 3, 26, 57 2. 

olmo 47 2. 

once 61 3, 89 I. 

oreja 20, 26. 

orgía 630. 

orín 18 4, 71. 

orofrés orfrés 74-4. 

orondo 20. 

oruga 184. 

orza 53 4. 

orzuelo 53 4. 

os, vos 94 I. 

oso 47. 

ostra 30. 

otero 17 3» 47 2. 

otoño 47 5. 

otorgar i25 3. 

otro 61 I, otri otrien 102 3, 

paella 4 5. 
pagado 40 n. 
país 6 2 n. 
paja 53 6. 
pájaro 75 2. 
palabra 67. 
palafrén 70. 
palomo 47 3. 
panera 17. 
panza 61 3, 75 1. 
paño 46 3. 
pañuelo 17. 
paraíso 23. 
páramo 4 i. 
pardo 54 fl. 
parar, pare 28 3. 
pared 6 2- 
parejo 44. 
pasmo 39 3 n. 
patriarca 76 n i- 
pavón 43 2. 
payés 43. 
payo 4 5. 
pebrada 24. 
pebre 56, 62 2, 77 1 c 
pecado 45, 



229 



pecho 10 3, 77 I ¿>. 

pedigüeño 14 3. 

pedir, pido 1 14 i. 

pegujal 53 6 a. 

peinar 61 3. 

peine 10 3, 37. 

peldaño 72. 

peligro 57 2, 67. 

pelirrubio 88 2. 

pelo 44 3. 

pelliza 83 3. 

pellizcar 24 a. 

pensar, pienso pensó 112 

bis 4. 
peñera 4 5. 
peños (ant.) 77 t 6. 
pepita 65 2- 
per- 79 3- 
perdigón 83 3. 
pereza 48. 
Peri- 79 3- 
pesebre 67 2. 
pestillo 83 I. 
pestorejo 20 4. 
petral 24 n, 61 4, 67 2. 
pie 2, 10 I, 63 1; pies 31 2, 

41 2, 75 3- 
piedad 30. 
piel 28 3, 63 6. 
piesco 77 2' 
piezgo 37 I, 60 3. 
placer 40, plazgo plega 

113 3, plogo 120 3. 
plañir 39 2, 47 3; plango 

plañes 112 z. 
plaza 39 2, 33 4. 
plazo 54 4, 60 2, 60 3 n. 
plegar 39 2, pliegas plegas 

112 bis 4. 
pleita 4 5. 
pleito 60 a. 
plomo 39 2. 
pobre 47 5- 
poco 14, 47 5. 
poder, pude 120 3. pudien- 

do 105 3, podré 123 2. 
podrir, pudro 114 i 6. 
poleo 53 3. 



polvo 47 2. 

pollo 46 3. 

pómez 74 6. 

poner, puse 120 3, pondré 

123 2, puesto 122 2. 
ponzoña 68. 
pordiosero 86 3. 
porfía 53 3. 
pórpola (ant.) 14 n. 
portaguión 88 x- 
portazgo 60 3. 
portugués 4 5. 
posar 20, 42. 
postilla 83 I. 
postrer(oj 90 i, 78 j. 
poyo 13 3, 53. 
pozo 53 4. 
pozuelo 6 %. 
Prádanos 40 n. 
prefacio 74 e- 
prenda 61 4, 77 2. 
prender, priso 120 4, preso 

122 I y 3. 

preñar 39. 

prestar, priesto presto U2 

bis 2- 
preste 74 e, arcipreste 61 3. 
pretender pretiendo i i 2 

bis 2. 
pretina 07 2- 
prez 63 3. 

priesco prisco 77 2, 80 2. 
primer(oj 29 2, 78 i, 90 ■^■' 
prisión 65 i. 
prob (ant.) 128 i. 
profeta 76 n t. 
proveer 31 2, 41 Z' 
puches 14 2, 47 2. 
pueblo 5,26, 57. 
puerta 47. 
pues 128 1. 
puesto 26. 
pulga 55 I, 75 I. 
pulgar 20 2. 
pulpo 26211, 55» 
puño 14 2. 

que loi 3. 



230 



quebrar crebar 39 i, 67 2. 

quemar cremar 39 i. 

quera 75 i. 

querer, quiero lo, 39 4, 
quise 120 4, querré, 
123 2, quisto 122 2 y 3. 

queso 9 2. 

quillotro 98 3. 

quien 39 4, 62 i; qui loi i. 

quince 5, 26, 39 4, 62, 66 2. 

quinientos 39 4, 66 z- 

quiñón 39 4. 

quizá(s) 128 2 y 4. 

rábano 25, 42 2. 

rabia 53 i, 75 i. 

racimo 40. 

raer, rayo 113 2. 

raíz 6 2 n, 37. 

rastillo rastrillo 68. 

raudo 26 2 n, 60. 

raya rayar 53 3. 

raza 63 3. 

re- 79 3- 

real 28 3, 31 2, 41 3. 

recibir, recibo 35 4, io5 2- 

recobrar 24 2, 56; recobro 

14. 
reconcilian 106 3, 
recorrer recurrir 3. 
red 8, 37. 

redondo 20 4, 40 n- 
reducir, reduzga 1133. 
regir 3. 
registro 68. 
regla 3. 
reina 6 2, 31 2. 
reino 50 3 n. 
reir, ríes 1132. 
reloj 20 4, 22. 
remaso (perf.) 120 4. 
rencilla 47 3. 
rendir 114 i «. 
renegar, reniego 6 3. 
renovar, renuevo 6 3. 
reñir 47 3. 
repoyo (ant.) 53 31,. 
repuso (perf.) 120 4. 



retar 24, 54 3. 

retener, retiene 6 3. 

revés 28 3. 

revesar 47. 

rey 28 21 reyes 75 3. 

rezar 60 2, rezo 6 3. 

rezno 58. 

ribera 19. 

rienda 58. 

río 43 2. 

risueño 14 3. 

roano rodano 20 j. 

robín 71. 

robido (ant.) 121 1. 

roble 34 fl, 66 2, 71 i c. 

robrar roblar 24 n 

roer, roya 1 13 2. 

rolde 3, 13 1 n, 57 3. 

romper, roto 122 2. 

rondar 54 4. 

rucio 41 2. 

ruido 20 2, 43 11 43 1 n- 

rumiar 41 3. 

sa- 126 2. 

saber 53 2, (pres.) 116 3, 
sepa 53 2, 113 3; (perf.) 
120 3, 47 5; sabré 123 2. 

sabuco sabugo 40 n, 43 2. 

sacho 61 2« 

saeta 5, 43. 

saetero 43 t n. 

sagramiento (ant.) 48 n- 

sahumar 20 3, 42. 

salce 55, 63 3. 

salir, salgo 113 1, saldré 
123 2. 

salmuera salmoira 30 2. 

salto 9 3, 47 2. 

saludador 24 a. 

salvaje 18 3, 29 2. 

san- 126 2. 

san sant 63 i, 78 i. 

sangre 54 c, 61. 

Sanquircc 74 5. 

Santander 55 i. 

Santiago 3í 2. 

saña 75 I. 



231 



«artén 9 2, 63 5. 
-sastre 62 2, 74 6. 
sauce 55. 

SdUCO 40 n, 43 2' 

-scer, -SCO -zco 1123. 

•seco 45. 

segar, siega 40. 

reglar 18 24 n. 

«eguir, sigo 52 2. 

según 63. 

seis seyes 10 3, 62 2, H9 1. 

sello seello 43. 

semana sedmana 24 i, 61 4. 

sembrar 59 i, siembran 1 12 

bis 4. 
sencillo 61 3. 
senda semda 26, 54 4. 
sentar 125 2. 
seña II, 50 3. 
señardá (astur.) 24 2. 
señor 18, 33 5. 
seo 76 02- 
sequedad 83 3. 
ser seer (ani.) 31 2, son 

62 j, sea 53. 3. (pres.) 

116 i,(imperf.) 117 4, fué 

foi 14 3, 120 5. 
serondo 58. 
serpiente 47 i, 74 e- 
servir, sirvo siervo 114 i. 
sesenta sesaenta 43 i, 89 3. 
seso 47 3, 29. 
setenta setaenta 89 3. 
seto 54 3. 

si I I 2, *>2 3. 

sidra ^6 3. 

siempre 62 2- 

sierpe 74 e. 

sierra 2. 

siervo 47. 

sieso 46. 

siesta 3, 5i 2, 9c» i. 

siete lo, 49. 

sietmo (ant.) 10 n, 90 i. 

siglo sieglo 10 2, 26, 57 2. 

silla sielia 10 2. 

singularidad 24 2. 

simiente 65. 



siniestro 71. 

sino 5o 3n' 

sise (ant.) 98 a. 
so- 86 ,. 

soberbia 20 i, 41 i. 
sobre- 79 3, 86 1. 
solaz 63 3. 
soldada 24. 
soldar 55 2. 
soler, suelgo 113 4. 
soltar, suelto 122 2. 
soltero 55. 
somero 37. 
somorgujo 65 i, Ó5 2. 
sondar 43 2. 
sonsacar 68. 
sorce 55. 
sorra 43 2. 
sosacar 68. 
sospecha 20. 
soterraño 86 a- 
soto 9 3, 47 2- 
sucio 15, 26 2. 
suegra 76. 
suelto 55. 
sueño 37, 47 3. 
surco sulco 47 2. 
suyo 96 2. 
súyose (ant.) 98 2. 

tablado 57. 

tajar 53 5. 

tajuela 6 2, 53 6. 

tallar 53 e. 

tan 62. 

tañer, tanxo 120 4. 

tarde 128 3. 

tea 37, 41 2. 

techo 50. 

teja 37, 57 2. 

tejo 9 2, 50 2> 70. 

tejón 17 2- 

temblar 5, 58 3, 59 3, 66 3. 

témpano 25. 

tempesta 74 e. 

templar 24 n> tiempla 112 

bis 2. 
temprano 24, 61 1. 



232 



tener, tengo 113 i, tuvo to- 

vo tudo 120 3, tendré 

123 2. 
tercer{o) 90 i, 78 i. 
tercia 91 2. 
tesoro 42. 
tibio 26 2, 41 2. 
tiemplo (ant.) 10 n. 
tiempo 29 I, 47 3, 77x6. 
tierno 59 4. 
tieso 81 2. 
tiesto 47 4. 
tilde 3, 1 1 n, 57 3. 
tiniebla 6 i, 18 2. 
tinto 122 2. 

toller I ir, tuelto 122 2. 
torcaz torcazo 52. 
torce 52 3. 
torcer 52 3. 
tod(o) 14 I, 78 I. 
tonga 55. 
topo 9 3. 

Tordadijo Tornadijo 70. 
tornar 47. 
traer, traigo 113 2, troxe 

120 3, traje 120 4, trecho 

122 2. 
tras- 86 i. 
tratar 17 20. 
través 28 3. 
travieso 28 2. 47. 
trébede 40, 87. 
Ireble (ant.) 91 1. 
trébol 42 2- 
trece tredze 60 3, 89 i. 
trechar (prov.) 17 2 n, 70. 
trecheo 17 211. 
trecho 9 2. 
treinta 89 3. 
treudo 18 i n, 43 2. 
trigo 54, 60 3. 
trillo 39, 57. 
trillón 8 - 5. 
troncho 61 2. 
trucha 14 2, 39. 
truchuela 70. 
trujal 20 2, 67 2. 
trueno tueno 68. 



tu, ti II 2, 93 I. 
tullir III. 
tusón 20 2. 
tuyo 96 2. 

ubre 77 1 í. 

-ucir, verbos en; adugo 

aduzco, etc. 112 3. 
uebos (ant.) 77 i 6. 
uebra 77 %. 
ultra- 86 i. 
uncir uñir 38 3, 47 3. 
un(o) 78 1, 89 I. 
uña 26. 
urce 54 4. 
-uir -uyes-uya 113 2. 

vaciar, vacío 106 3. 
vagabundo vagamundo 70, 
vaina 6 2, 43 i* 
valer, valgo 113 i, valdré 

123 2. 
valle val 28 3, 46 3, 63 e. 
varbasco 18 3. 
varraco 18 3. 
vecindad 24 2, 54. 
vaso 77 1 e. 
vecino 40, 66. 
vedar, vieda 112 bis 2. 
vela 77 2. 
veinte 71, 89 3. 
vejiga 40. 
velar 41 311, 43 i n. 
vendimia 11 2, 53* 
vengar 24 n, 61 3. 
venir, vengo vienes 1 14 2t 

113 I. 10 3; ven 28 3, 

viene 120 5, 1 1 2, 28 i; 

vendré 123 %. 
ver 31 2, veo 53 3, vesvees 

1x3 2, ve 41 2, (perf.) 

120 5. 
verbasco iS 3. 
verano 80 2. 
verdad 54 j. 
verde 26, 37. 
verga 47. 
vergel 24, 29 2, 63 4. , 



233 



vergüenza 14 3, 24, 53 3. 
verija 53 5. 
verraco 18 3. 
vestir, visto 114 1. 
veta I í . 
viaje 29 2, 37- 
vidriar, vidria 106 3. 
vidrio II 2, 80 2, 83 !• 
viejo 3, 57 3. 
viernes bg 4, 74 4. 
viesso (ant.) 47 n !• 
viéspera (ant.) 10 2. 
vigía 4 5. 
viña 33 5, 83 1. 
vino (ant.) 74 e. 
viruela 6 2, 17 2. 30. 
visque visco 120 4. 
viuda 6 2. 
vodivo (ant.) 40 n. 
vodo (ant.) 40 n. 
vosotros 93 I. 
vuelto 55 I, 122 2. 
vuestro vuesso 97 i. 
vulpeja 47 2. 

y Í30. 

ya 38 3 n, 62. 

yacer, yace 38 3, yazco yaz- 



go yago 112 3, ií3 3; yo. 

gue 120 3. 
yegua 10 i, 52 i. 
yeguarizo 83 3. 
yema 38 3, 46. 
yemdo"(ant.) 38 30- 
yente (ant.) 10 n. 
yermo 26, 55 3. 
yerno 10, 38 3, 59 4. 
yeso 38 3, 49. 

yo 93 í- 

yugo 38 3. 
yuso yoso 128 i. 



za- 126 2. 

zabullir 20 3, 37 2, 68. 
zaftro 76. 
zaherir 07. 
zahondar 20 3, 37 2. 
zahorra 37 2, 43 2. 
zambullir 68. 
zan-, zam- 126 2. 
zapuzar 37 2- 
zarcillo 18 3. 
zoclo 37 2. 
zozobrar 37 2. 
zueco 37 2. 



tfl 



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PC Menéndez Pidal, Ramón 

4.101 I^nual elemental de 

M4. gramática histórica española